(Bill)
En el sillón estaba él; sosteniendo un cuerpo delgado y suave... como de porcelana. Tom la sujetaba de la cintura, mientras el cabello negro ocultaba sus facciones.
Me quedé parado, viéndolos... escuchando sus gemidos... viendo el placer que Tom había encontrado en ella.
Las lágrimas se habían atorado en mi garganta; mi corazón latía a mil por segundo y los nervios hacían que mis manos y todo mi cuerpo temblara.
-Tom.- ni siquiera yo escuchaba mi propia voz con claridad. Con las demás gemia, sí, pero no con tanto placer como ahora.
Echó la cabeza hacia atrás, acompañada de un gemido agudo; sus cabellos dejaron al descubierto su rostro: sus facciones dibujando el placer... restregándome en la cara lo idiota que era.
Tom dejó escapar su nombre en un grito... justo como lo hacía conmigo. Al escuchar su nombre, una lágrima se abrió paso entre mi garganta cerrada, cayendo al suelo.
Ambos se miraron directamente a los ojos, sonriendo... él sólo hacía eso conmigo... esos eran nuestros gestos... y ahora los regalaba a ella.
No pude más. Me dí la vuelta y eché a correr por la calle, sin mirar hacia dónde iba. Si pasaba algún automóvil y me arrollaba, no me importaría; si caía en algún desagüe destapado por un descuido, no me importaría... si me metía en un callejón oscuro y unos tipos salían y me asaltaban o violaban o mataban... tampoco me importaría... me harían un favor enorme en esos momentos...
-Jenni.- el nombre de mi hermana acompañado de los gestos de Tom... de mi Tom... no dejaban mi cabeza; su grito... Dios, ésto no podía estar pasando. ¿Por qué ella?
"Te dijo que ya no era una niña; que no era una niña buena... que ni siquiera era como te la imaginabas..." y la estúpida voz de niño seguía dándole vueltas a mi cabeza.
Seguí corriendo bajo el cielo que oscurecía con suma rapidez, hasta chocar con alguien que me sostuvo entre sus brazos. -¿Qué pasa?- tenía cerrados los ojos, tratando de impedir que las lágrimas dejaran de salir y moví frenéticamente mi cabeza de manera negativa, intentando darle a entener que era un tonto y que lloraba por nada. -Bill, dime qué pasa.- la voz me era conocida, pero no quería verla. -Lloras por Tom, ¿verdad?- su nombre me lastimaba demasiado. El llanto creció. -Es por él... escucha, lo que sea que haya hecho yo no...
-¡De seguro tú lo sabías!- le grité, alejándome un poco. -¡Nathaly y tú están en ésto desde el comienzo, Cecilia! ¡No vengas ahora aquí a decirme que tú no sabes nada y te quieras hacer un ángel conmigo! Eso no resultará... ¡Ella me quiere matar por dentro... tú me quieres matar en todo aspecto!- me dí la vuelta para seguir corriendo... buscar una manera de huir de la realidad, pero me retuvo. -Te equivocas: yo en verdad que no sabía nada de ésto... ni siquiera sé por qué estás así.- Traté de soltarme, pero entonces me puso la otra mano encima. -Necesito saber dónde está Tomi y tú lo sabes. Dímelo, anda.
-¡No quiero saber nada de ese mal nacido!
-¿Así te diriges a tu novio ahora?- sonrió, mas al ver que seguia llorando, borró su sonrisa. -En serio, Bill. Ahora no tengo ganas de pelear contigo ni de matarte. En verdad necesito saber dónde está él... lo buscan y tengo que encontrarlo antes de que lo encuentren ellos.- relajamos nuestros cuerpos.
-Te diré si me das una salida a ésto.
-Primero dime por qué estás así y sí.
Suspiré; tomé aire y fuerza para responderle. -Él y... él y Jenni estaban... estaban teniendo sexo en la sala de la casa de Andreas...- sus ojos se abrieron a más no poder. -...tenían sexo... y no sabes el placer que estaban teniendo. Nunca lo había visto así con nadie más...
-Yo... él... ya deberías de saber que Tom no tiene arreglo. Es una clase de monstruo y no cambiará...
-Creo que hasta los peores monstruos tienen arreglo.
-Ese es tu problema, Bill: siempre pensar bien de los demás. Aunque te metas en millones de líos y dañes físicamente a unos cuantos, tu corazón seguirá siendo el mismo: blando y bueno... eso no tiene arreglo. Conociendo a personas como Tom o como yo, ya deberías hacerte a la idea de que nada es como lo piensas: que en cualquier momento, cualquier persona con un poco de oscuridad sobre sus ojos o en su corazón puede llegar y arruinarte la vida en un parpadeo.- ya no sabía qué decirle. Me quedé callado, dejando que las lpagrimas bañaran mi rostro y terminaran en el suelo; perdiéndoce con mi dolor... -Tengo que ir por él. Será mejor que te vayas.
-¿Y a dónde?
-No sé, ese es tu problema, no el mío.- se fue, dejándome solo.
Me recuperé un poco y seguí caminando, hasta llegar a casa. Entré en la que mi hermana creía era mi habitación; tomé entre mis manos una fotografía que había de Tom sobre una de las paredes. La observé y terminé por arrojarla contra la puerta.
-¡¡¡BILL!!- los gritos de mi hermana se oían claramente desde la entrada. -¡¡¡BILL, ya llegamos!!!- cada una de sus palabras me dolían en lo más profundo de mi alma.
Subió las escaleras y tocó. -¿Bill?- no respondí; hundí más mi rostro entre mis manos, ahogando el llanto que no había parado aún. -Creo que no está.
-Seguro debe andar con los chicos... aunque no me dijo nada.
-Eso me recuerda: no estaré aquí hasta mañana en la tarde.
-¿Se puede saber a dónde irás?
-Con unas amigas. Tranquilo, estaré bien.
-Cuídate, ¿sí? Si te pasa, algo tu hermano me matará.- ambos rieron.
-No puede matarte, porque sabe que te quiero. Él nunca haría eso con alguien que él estima y que a mi me gusta y quiero.- esas fueron las palabras de muerte. Quería abrir la puerta de golpe y decirles que por mí, los dos podían irse al infierno... -Me voy, Tomi.- fue todo.
En cuanto la puerta de entrada se cerró, Tom tocó insistentemente. -Vamos, Bill: la puedes engañar a ella, pero yo sé que estás ahí dentro. Abre.- Me paralicé: si le abría, muy probablemente no aguantaría las ganas de golpearlo... y no quería hacerlo. De no abrirle, me moría solo con mi dolor sin explicaciones... ¿pero para qué quería escuchar explicaciones después de lo que ví con mis propios ojos? -Bill, abre. ¿O será que me escondes algo? ¿Una sorpresa, quizás?
-Sí, claro. Una gran... sorpresa.- dije armándome de valor y abrirle. En cuanto me vió serio y enfadado, borró su sonrisa.
-¿Qué pasa?
-Tú sabes muy bien lo que pasa.
-Creí que ya habíamos hablado de eso. Ellas me tienen una noche, Bill y tú...
-Yo soy sólo el idiota que se cree cada una de tus mentiras. No soy nadie en tu vida...
-Bill...
-...un juego fácil para tí. Nada más.
-...sabes que eso no es cierto.
-Te creería... te hubiese creido eso hace unas horas; te creí eso cuando te encontré con Nani, pero ahora es diferente.
-¿Qué lo hace diferente? Te avisé que llegaría tarde. Sabías que estaría con alguien... ¿qué lo hace diferente?
-¡Que te metiste con mi hermana! - se quedó callado. -Te ví, Tom. Nathaly me lo dijo. No directamente, pero lo dijo.
-Ella...
-¡¡¡MI HERMANA, TOM!!! ¿Por qué con ella? Puedes meterte con millones de chicas... hay miles de dónde escoger, ¿y tenías que meterte con ella?- agachó la mirada. - Inclusive Ceci no lo podía creer... pero terminó asimilándolo mejor que yo, porque ya está acostumbrada a tus cosas, pero yo no. No puedo creer... no puedo aceptar que seas así... no.- levantó el rostro y trató de limpiar mis lágrimas. -No te atrevas.
-Es mi debilidad.- se atrevió a mirarme directo a los ojos.
-Debilidad o no, el hecho de saber que estabas con MI hermana te habría detenido.
-No lo entiendes: ella es tan adictiva como tú.
-¡Eso es aparte! Es imposible hablar contigo.- Tomé mi chaqueta y salí corriendo de ahí, sin importarme sus gritos.
Llegué a casa de mi madre. "¿Qué piensas hacer para olvidar ésto?"
-Ya verás.- me dirigí directamente a la cocina. Abrí las puertas superiores de la alacena y eché abajo todas las cosas, hasta toparme con las botellas de licor que mi madre guardaba en el fondo. Siempre creyó que no sabíamos dónde las ocultaba, pero estaba equivocada.
Tome unas tres botellas. "¿Crees que sea suficiente?"
-El alcohol no alivia el dolor... pero por lo menos te ayuda a olvidar, o ver las cosas como te gustaría que fueran.- dejé las cosas regadas en el suelo y subí a mi habitación. Cerré con llave y me tiré en el suelo, sujetando fuertemente las botellas. "¿Qué te gustaría ver?"
-Nada. Sólo quiero olvidar.- abrí la primera, llevándola enseguida a mis labios. No acostumbraba a tomar demasiado, pero la imagen de Tom empapado en sudor y gozando del cuerpo de mi hermana seguía en mi mente.
Pasé casi media botella de golpe por mi garganta. Cerré los ojos; la separé unos momentos para terminar de pasar el trago y la volví a juntar con mis labios, para terminarla, sin nunca abrirlos. Me haría efecto en seguida... no quería ver cómo se deformaban las cosas a mi alrededor.
"No deberías hacer ésto."
-¿Tú qué sabes? Eres sólo una voz dentro de mi cabeza. Tu opinión ya no cuenta desde ahora.
"Pero... pero... sólo te harás daño. Nos haremos daño... no podrás olvidar y terminarás con nosotros..."
-Si te puedo callar haciéndolo, lo haré. Si puedo perderme un momento... un sólo minuto sin saber nada de nadie, lo haré. Sólo quiero olvidarlo... por un momento.- terminé. No dejé de lado las demás, a pesar que con una ya había tenido para empezar con los mareos. Vacié la segunda y la tercera lo más rápiado que pude.
Abrí los ojos con trabajos, pues ya comenzaban a pesarme; las cosas se veían vibrantes y toda la habitación parecía dar miles de vueltas... pero las imágenes seguían tan palpables en mi memoria...
Como pude me puse de pie agarrándome de los muebles y las paredes, cayendo muchas veces antes de llegar al pasillo. -Eres un idiota... eres un imbécil... un estupido...- no podía dejar de insultarme a mí mismo.
Alguien tocó a la puerta. Intenté decir que se fuera. Quien quiera que fuera... que se largara y me dejara solo, pero no me salían más palabras de la boca que no fueran insultos hacia mí. Por lo menos la endemoniada vocecilla había callado.
Los toques seguían insistentes. Me senté en las escaleras, agarrándome fuertemente de los barandales, viendo fijamente la puerta. -¿Puedo pasar?
-Largate.- me costó trabajo, pero pude articular la palabra. Me ignoró y pasó.
-¡Pero mira nada más cómo te has puesto, Bill!- Ceci subió de inmediato... como si le importara lo que me pasara o dejara de pasar.
-Lárgate.- repetí. Trató de pasar su mano por mi rostro, pero le tiré con la mano al aire. -Déjame.
-Te has bebido más de una botella, ¿verdad?
-Qué te importa.
-Me dijiste que a cambio de decirme dónde estaba él, tendría que darte una salida a ésto. ¿Aún quieres un escape?- con la cabeza baja asentí en silencio. -Ven acá.- Me ayudó a ponerme de pie y caminamos de nueva cuenta hasta mi habitación. Me senté en el suelo, recargado en la cama. Ella dejó la puerta abierta. Abrió su bolso y sacó un paquetillo, haciéndolo sonar delante de mí. -Dicen que algunas pastillas alivian el dolor del corazón y que otras te hacen olvidar... ¿te interesa?- no respondí, así que la tiró a mis pies. -Yo misma he probado una que otra y funcionan. Créeme.- alargué el brazo hasta tomarlo. Lo abrí despacio: su interior estaba repleto de pastillas de todo tipo y colores. -Anda, pruébalas. Cualquiera sirve.
Tomé un puñado de ellas y las introduje lentamente en mi boca. Volteé a mi derecha: una de las botellas aún tenía un poco de alcohol. La tomé y con el líquido acompañé las pastillas. -¿Funiona?- su tono de voz parecía divertido.
Negué con la cabeza. -Aún está aquí.- señalé mi frente. -No se irá. Y me duelo...- en seguida señalé mi pecho. Tomé otro puñado de pastillas... todo se deformaba a mi alrededor... pero los sonidos y sus gestos seguían presentes.
-Tus malditas pastillas no sirven.- una lágrima rodó por mi mejilla. Tomé lo que restaba del paquete y lo arrojé a sus pies.
-Hay otra salida...- levanté mi rostro. -...pero no creo que quieras tomarla.- sacó una navaja de su bolso. El filo brillaba con la luz de la habitación. -Si no puedes olvidarlo con eso... no podrás hacerlo con nada más que con ésto.- la movía de un lado al otro; esos movimientos se mostraron tan sensuales y tentadores ante mi vista... Me la alargó. No la tomé.
-Quizás así olvide.- dije para mí. -Pero no lo haré.
-Como quieras.- iba a guardarla de nuevo, cuando le detuve.
-Yo no lo haré... pero tú sí.
-¿Seguro?
-Siempre me has querido matar... ahora te doy ese lujo.- extendí mis manos. Volví la mirada al suelo.
-¿En serio? ¿No te da miedo morir?
-Ya no me importa nada.- se acercó despacio y se agachó. Intentó buscar mi rostro entre los mechones de cabello que me lo cubrían, pero yo agachaba más la cara para evitar que me encontrara.
-Aquí voy, amor.- colocó el filo y presionó un poco. Me dolió, pero resistiría. La intoxicación por las pastillas y el alcohol disminuirían el dolor.
Un corte rápido y preciso... me hizo creer que ya tenía tiempo haciéndolo. Se quedó unos minutos frente a mí, observando cómo me quedaba sin fuerzas y caía de lado. -Pronto dejará de dolerte.Si las pastillas no terminan contigo, el corte lo hará.- Besó mi cabeza y se fue.
El tic tac del reloj hacía eco en mi interior... sólo unos segundos que parecían horas recostado en el suelo, desangrándome... queriendo olvidarlo.
-¡Bill!- la voz de Tom llegó a mis oídos de manera distante. Intenté hablarle, pero mi voz se había apagado. -Sé que estás aquí... escucha: lo lamento, ¿si? En verdad lo lamento.- sus pasos se acercaban lento... como si me buscara a cada centímetro a su alrededor. -Por favor, Billi: dame una señal que me escucharás. Si te sientes mejor, desapareceré de sus vidas para siempre... pero déjame verte.- Llegó a la habitación. En cuanto me vió, se precipitó a tomarme entre sus brazos.
Las pastillas comenzaban a ganarle la partida al desangrado... me iba y esta vez, para siempre. Nada de doctores; nada de hospitales ni luces en la oscuridad: esta vez estaba seguro de que no iba a poder regresar...
Por lo menos dejaría de pensar en él...


OmG :O ¡!!!!! NECESITO QUE PONGAS OTRO ¡,, omggggggg ESTA INCREIBLE!!!!!!!!!! PONE OTRO PLEASE !!!!
ResponderEliminarQue madltio Tom que se metio con la hermana de Bill :@ eso si me cayo mal.... Hahahha ya quiero otro cap pleaseeeeee