sábado, 26 de febrero de 2011

Confeción

(Bill)

Cerré de golpe la puerta. Esperaba encontrar a Tom sentado en la cama, tocando la guitarra, diciéndome en una sonrisa que todo era mentira y estaríamos bien de nuevo, pero la habitación vacía golpeó mis sentidos, manteniéndome en la dura y cruel realidad. Tenía unas ganas tremendas de llorar, pero todas las sensaciones se juntaron en mi garganta, haciéndose nudo.
Me quedé parado unos momentos en la puerta, escuchando cómo mi madre despedía a mis amigos que habían a felicitarme... en un cumpleaños de mierda.
Mi mirada se había perdido en el vacío. El sobre escapó de mi mano, cayendo ligeramente en el piso. A mi lado estaba el mueble lleno de fotografías. La más próxima, era una de él sonriente en el estudio, sosteniendo su guitarra.
La tomé entre mis manos. Susurré su nombre y entonces una lágirma cayó sobre el cristal. -Lo sabías, ¿verdad? Por eso no regresaste.- fui cayendo despacio, siempre con la espalda en la puerta. Me encogí en el piso, aaferradno la foto contra mi pecho... dejando que las lágrimas se apoderaran d emí por fin.
Tenía tanto qué gritar... pero el llanto me lo impedía.
El tiempo pasaba. Fui dejándome caer de lado, hasta quedar acostado, hecho un ovillo con la fotografía apresada entre mis manos y mi pecho, cmo un niño asustado abrazado a su oso de peluche.
La luz del solo se alejó rápidamente de la ventana, dejándome en completa oscuridad.
-Bill, ¿puedo pasar?- De momento, no me  moví. -Por favor, bill, déjame entrar.- Me enderecé despacio, dejando de lado la fotografía. Abrí sin decir nada.
-Jenni me abrazó de inmediato, sin detenerce a ver mi rostro. Ambos estábamos mal... y buscábamos consuelo en los brazos del otro. Me olvidé por completo de lo que había pasado entre ella y Tom... después de todo, los dos necesitábamos de algo que nos sostuviera ahora.
-¿Y mamá?
-Dormida en el sillón. Creo que no se irá hasta que regrese Tom.
-Si lo sabe, no regresará.- hubo un corto silencio.
-La vida es injusta.
-Lo sé.- nos separamos despacio. Limpió las lágrimas de mi rostro. A ella creo que ya se le habían agotado. -¿Dónde estuviste?
-En el parque.- sonrió. -¿Sabes? Estuve pensando las cosas y... tal vez... no sea tan mala idea el tenerlo como hermano.- no dije nada. -Así lo tendríamos cerca, siempre.
-¿Y lo que dijiste?
-Creo que aprenderé a quererlo como hermano... Quizás estaba equivocada cuando dije que lo amaba.- Mi corazón aún se sobresaltaba cuando lo decía. -Pero tú, ¿estás bien?
-No.- comencé a llorar de nuevo. -No lo estoy. Mi mundo se terminó.
-¿Por qué dices eso, Billi? No todo ha terminado.
-Para mí sí.
-¿Quieres contarme?- tomó mi rostro entre sus manos.
-Ahora que sabemos lo que somos, ya no va a ser lo mismo.
-Será mejor.- sonrió, tratando de hacer que sonrriera con ella. -Podrán estar juntos a diario.
-No será lo mismo.
-Bill...
-Tengo que decirte algo, Jenni.- Tomé sus manos entre las mías.
-Lo que quieras y si puedo ayudarte...
-Lo amo.

Cumpleaños Para Olvidar

(Bill)

-Nena, ¿qué tienes?
-Que te diga mamá.- ella alargó el brazo, invitándome a tomar asiento junto a ella.
-Es algo... simplemente hermoso, hijo. Ésto es... un milagro.- por alguna razón, sus palabras me alteraron.
Mamá sostenía un sobre entre sus manos temblorosas. Volteé a ver de nuevo a mi hermana: sus ojos estaban a punto de dejar libres las lágrimas.
-Jenni, ¿qué tienes, nena?- pregunté ignorando las palabras de mi madre. Jenni bajó aún más el rostro. -Nena, no me asustes, ¿qué pasa? ¿Por qué estás así?
-Hace poco estuviste en el hospital por causa de una tontería...- no entendía por qué mamá hablaba de eso ahora.
-Sí. Escucha, mamá: lo lamento, pero...
-Tuviste de tu lado a una persona muy noble que te salvvó la vida siendo tu donador, ¿sabes quién fue?
-Sí: Tom. ¿Y eso qué? Le estoy muy agradecido por haberme salvado.
-Me surgieron lgunas dudas desde que lo ví... pero no les tomé importancia hasta que me dijo el día de su cumpleaños... y que era adoptado. Ese día se presnetó la oportunidad ideal para apoyar o desmentir mis sospechas.- La ví de manera interrogante, pues no le entendía absolutamente nada. Me dió el sobre. Lo tomé, pero no lo abrí. -Aí están los resultados.- Me hizo señas para que lo abriera de inmediato, pero me negué. -Eso confirma definitivamente mis sospechas.
-No sé de qué me estás hablando, en serio.- me pidió una vez más que abriera el sobre. -Dime primero qué se traen.
-Bill, por favor...- su voz comenzó a temblar. -...sólo ábrelo.
-Mamá...- interrumpió Jenni, también con voz temblorosa. -...dile ya.
-No puedo.- sonrió de lado, dejando escapar una lágrima. -Es que es tan...- suspiró. -Es el mejor regalo de cumpleaños que porías esperar... ¡Después de todo éste tiempo!
-¡Ya dime qué pasa, por favor!
-¡Lo que pasa es que Tom es nuestro hermano!- gritó mi hermana, volviéndoce hacia delante y estallando en lágrimas. -Resultó ser nuestro hermano...tu gmelo.- Mamá se puso de pie y tomó sus manos.
-Me dijiste que había muerto.- Dentro de mí algo se había roto. No podía dcir con exactitud lo que había colapsado, pero lo escuché claramente. Sentí que ese algo se había mezclado con mis emociones y no me dejaba llorar... no demostrar nada más que confución.
-Eso pensé, pero... tu padre nos hizo pensar eso, pero no. Lo abandonó a su suerte... Gracias a Dios se topó con una buena familia. Ahora, después de tanto tiempo...
-¿Qué? Eso... no lo creo. No te creo.- Sentía cómo se ensombrecía mi mirada.
-Tom es NUESTRO HERMANO, Bill.
-Eso no es cierto.- Me levanté y las dejé solas.
-¡Bill, por favor! No entiendo por qué reaccionas así. ¡Deberías alegrarte!
-No lo culpo... y no deberías reclamarle.- Desde las escaleras podía escuchar la discución que mi hermana estaba por comenzar con nuestra madre.
-¡Jenni! ¿Tú también?
-La vida es injusta, madre.- Era la primera vez que la llamaba así de manera tan formal... sonaba extraño. -Hubiesemos preferido jemás enterarnos.¡Todo iba bien hasta que se te ocurrió hacer los malditos estudios!
Me quedé parado frente a la puerta de la habitación principal... de nustra habitación. Mientras abría la puerta, escuché los gritos de mamá llamándola, que se apagaron con el portazo de la puerta de entrada, seguido del mío.
Algo que a ella le daba felicidad y la esperanza de tener completa a la familia tras años de estar separados se había convertido en el fin de nuestro mundo y de nustra felicidad.
Me recargué en la puerta, esperando poder deshacerme de lo que sentía en ésos momentos.
Las voces de los chicos llegaron a mis oídos a manera de susurro... preguntando po el "cumpleañero". Se les escuchaba felices... y ella les arruinó la alegría al decirles que no estaba de humor para fiestas.
Bonito cumpleaños... toda la realidad que esperaba levantar al lado de Tom, se había desvanecido en el aire sin siquiera tener los cimientos listos.

viernes, 25 de febrero de 2011

Sorpresa, Sorpresa...

(Bill)

Pasamos la noche en la sala, levantándome más temprano que de costumbre, para ducharme y arreglarme para salir y no encontrarme con Jenni cuando volviera. Pasé días y días sosteniendo una sonrisa falsa en mi rostro cuando me veía, pero ya no quería seguir con lo mismo. Aún me dolía el verla a los ojos.
-Tomi: saldré un momento.- susurré en su oído. Besé su mejilla y salí de casa, cuidando de no olvidarme de las muñequeras.
Caminé un par de calles, con las manos dentro de la chaqueta. -¡Hey, Bill!- David me encontró a unas calles del centro comercial. -Ven, sube.- le agradecí con una sonrisa. -¿A dónde te llevo?
-A cualquier lugar donde pueda conseguir algo para Tom.- respondí con una sonrisa.
-Para Tom, ¿eh? ¿Se puede saber cuál es el motivo de que le andes comprando regalitos?
-Mañana será su cumpleaños y quiero regalarle algo lindo.
-Creí que era tu cumpleaños...
-También. Se supone que cumplimos años el mismo día.
-En ese caso, el centro comercial es el lugar más indicado.- giró a la derecha, internándoce en el estacionamiento. -Nos vemos aquí en treinta minutos, ¿te parece bien?
-No hace falta que me lleves de regreso, pueod volver solo.
-Quiero esperarte, ¿hay algún problema?- me agradaba el que fuera amable... pero en éste caso sentía que estaba encima de mí en sobremanera.  -En media hora nos vemos aquí mismo.- se dió la vuelta y me dejó solo.
Fui a las tiendas de ropa: infinidad de prendas con bastante estilo... por lo menos para mí, pero para Tom, nada.
Caminé de tienda en tienda, buscando el regalo ideal para él. Algo que ni fuera muy grande y estorboso... pero tampoco tan pequeño y que pareciera insignificante. Nada que cruzara mi mente me parecía lo suficientemente bueno... qué molestia.
Pasé frente a una joyería. El dueño, al verme parado viendo el aparador, me invitó a pasar: dijes, collares, anillos, esclavaas de todos tamaños y diseños se mostraron hermozos a mis ojos. -¿En qué le podemos ayudar, joven?
-Verá: estoy buscando un regalo...
-Quizás un anillo.- sacó uno de plata, con un pequeño diamante en el medio. -O un collar...- me mostró uno de oro, con una gota de rubí en el centro.
-Es hermozo... pero busco algo... diferente. Quizás un dije... o una esclava.- sacó una especie de catálogo con todos los diseños disponibles. Hice una mueca con mi boca, que él entendió como incorfomidad o disgusto.
-¿Pasa algo, joven? ¿No son de su agrado?
-No es eso. Todo es hermozo... muy lindo, pero me pregunto si le gustará...
-¿Su novia?
-No.- sonreí. -Es para una persona muy especial que me ha salvado la vida.
-Oh, ya veo. Entonces déjeme sugerirlo ésto.- Fue a la parte trasera, regresando con una pequeña aja de terciopelo.
La abrió, dejando a descubierto un hermoso dije plateado, con una piedra azul incrustada.  -Es un relicario. La piedra es una indicolita. Hermozo, ¿no?
-Es... perfecto.- me acercó el estuche, invitándome a tomarlo y admirarlo mejor.
-Podemos grabar algún nombre, si así lo quiere.
-¿Puede grabar una frase?
-Lo que quiera.- me pasó un trozo de papel y un lapicero. Traté de escribir lo más legiblemente posible. Al verlo, sonrió. -¿Por detrás o en el interior?
-Atrás.
-En unos diez minutos lo tendré listo. ¿Gusta esperar o regresar después?- miré el reloj que tenía en frente: me quedaban cinco minutos antes de que terminara el plazo que David me había dicho. -Creo que mejor regresaré por él mañana.
-De acuerdo. Se lo tendremos listo. ¿A nombre de quién?
-Bill Kaulitz.- hizo una nota, me dió una copia y salí de ahí.
Caminé en direcció  a una dulcería que estaba a unos metros. Mi estomago me reclamaba un poco de comida... pero lo que más quería era unos dulces. Gomitas, quizás... mi  dulce delirio.
-¡Bill! ¿Qué haces aquí?- Ni siquiera pude poner un pie dentro.
-Pensé que seguirías dormido.- le sonreí a Tom a manera de saludo. -Creí que me daría tiempo de regresar antes de que despertaras.
-Tenía que recoger unas cosas. Salí casi detrás de tí.
-¿Entonces por qué no me alcanzaste para venir juntos?
-No quería arruinar la sorpresa.
-¿Sorpresa? ¿Cuál sorpresa?
-Si te digo, ya no será sorpresa.
-¡Hey, Bill!- David se acercó por nuestra espalda con un parv de bolsas. -Ah, hola, Tom. Veo que decidiste a pasear un poco.
-Sí. Oye, David... lamento los retrazos.
-Olvida eso. Me gusta que seas cumplido y eso, pero olvida eso por el momento. Ya habrá tiempo de sobra para continuar. ¿quieren que los lleve? Digo, si es que ya terminaron de hacer compras.
-Nos quedaremos un poco más.- Tom y o nos despedimos dándole la mano.
-¿Qué querías comprar?
-Unos dulces.- me tomó de la mano y entramos a la tienda. Fuí en busca de varios paquetes de dulces, mientras él me seguía por detrás, sonriente.
Pagó y fuimos al estaconamiento. -Dijiste que venías a revcoger unas cosas, pero yo no veo nada.
-No podía andar por ahí cargándolas. Están atrás.- queria revisar, pero no me dejó. Me tomó del brazo y me besó.
-¿Qué haces?
-¿No puedo besar a mi novio cuando se me pegue la gana?- me hizo sonreír y devolverle el gesto. -Volvamos a casa, ¿quieres?- asentí.
Cuando llegamos, Jenni aún no estaba en casa. -Llamó hace unos momentos. Dijo que acompañaría a Simone al hospital.
-¿Se sentía mal?
-No. Tienen que recoger unos papeles... o algo.- su celular sonó. Se apartó de mí. Yo distraídamente fui a la cocina, a preparar unos aperitivos, pues mi estómago me decía que con los dulces no bastaría.
-¿Qué será bueno preparar?- revisé la alacena. -Mmm... pasta... pasta... pasta... debí haber echado un vistazo a la despensa antes de salir.- caminé a la sala. -Mejor pido algo. ¡Tom! ¿Se te antoja la pizza para comer?
Él entró con prisas. -¿Qué?
-No hay nada más que pasta... y ahora no quiero. ¿Quieres que pida pizza?
-Ah, sí... lo que quieras.- tomó las llaves del auto, de nuevo.
-¿Vas a salir?
-Sólo un momento. Haré lo posible por llegar antes del amanecer.
-¿Es otro de tus "trabajitos"?
-No. Es acerca de lo que estaba invesigando.
-Tu familia...- asintió.
-Parece que Marc y Michel han encontrado algo nuevo.- ni siquiera se despidió de mí.
Pedí la pizza y me senté frente al televisor. Pensaba en ir a recoger de una vez el relicario, pero... qué pereza. Sería mejor ir por él a la mañana siguiente.
Las cinco. Y, ¿dónde se habían metido todos? Estaba solo en casa, comeindo... sin nada interesante qué ver o qué escuchar...
El teléfono sonó. -¿Hallo? ¡Jenni! ¿Dónde están? Ah... pero... está bien. Mañana estarán aquí, ¿verdad? ¿Tú qué crees? No quiero pasar un cumpleaños sin tí... Ok, confiaré en que llegarás. Sí, Adiós.- colgué.
Como no había nada qué hacer y había dormido muy poco, me acosté en el sofá.
Me quedé dormido, esperando a Tom... peor no llegó.
Le llamé un par de veces, pero no contestó. No podía estar con una chica... no con la prisa que llevaba. Seguramente se le habían complicado las cosas... Sí, de seguro era eso.
Me duché y salí a recoger el relicario.
Pedí que lo envolviera para regalo y regresé corriendo a casa, con una sonrisa en el rostro; imaginándome el gsto de Tom cuando lo viera.
 Me apresuré a subir las escaleras. -¡Bill!- cuando la voz de mi madre me llamó desde la sala. -¿Puedes venir un momento?
-¡¿No puede ser después?!- pregutné desde la mitad del pasillo.
-¡Es importante, Billi!- dí media vuelta y bajé con desgano.
Mi madre tenía un gesto extraño en su rostro, con los ojos rasgados; Jenni estaba de brazos cruzados, sumida en el sillón y esocondiendo su rostro. -Nena, ¿qué tienes?
-Que te diga mamá.- ella alargó el brazo, invitándome a tomar asiento junto a ella.
-Es algo... simplemente hermoso, hijo. Ésto es... un milagro.- por alguna razón, sus palabras me alteraron.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Memorias

(Bill)

Salimos del hospital, directo a casa. En un par de días sería mi... nuestro cumpleaños número 20. Quería hacer una fiesta enorme... Pero debido a mi condición, no podría hacer mucho.
Los chicos nos acompañaron; mamá se desvió en el caminmo a casa de Winckler, a darle el pésame a su familia, en compañía de Jenni.
-¿En verdad cumplen años el mismo día?
-Eso parece.- dijimos al mismo tiempo. Sonreímos.
-En verdad que parecen hermanos.- Gustav se dejó caer en una de las sillas del estudio.
Habíamos decidido pasar un rato ahí en lugar de la sala; rodeados de los instrumentos musicales, recordando que tendríamos que regresar a las grabaciones cuanto antes.
-Pero no lo somos.- dije serio. -No me gustaría ser su hermano.
-¿Y por qué no? Se llevan bastante bien.- Georg tomó una de las guitarras acústicas y comenzó a improvisar.
-¿Quién quiere ser hermano de un chico raro como él, Geo?- rió Gustav.
-Creo que tienes razón.- sus notas le daban un aire más agradable a nuestro alrededor. -¿Ya pensaron en algo para festejar?
-Quería una gran fiesta, pero no creo poder disfrutarla así.
-Cero alcohol, cero cigarrillos, cero diversión, chico.- Tom dejó caer sus manos sobre mis hombros. -Mejor algo discreto. No sé: quizás sólo algo entre amigos.
-Suena bien... mientras podamos traer a algunas chicas para que no sea aburrido.
-¿Tienes a alguien en mente, Georg?- pregunté con curiosidad.
-¡Claro! En el colegio hay varias chicas que estoy seguro estarán gustosas de venir a felicitarlos.
-Creo que vendrán a felicitar a Tom, a mí nadie me recuerda.
-Eso no es cierto: hay muchas que se acuerdan de tí.
-¿Y tú cómo sabes?
-Me lo dijo Ufhaa.
-¿Y desde cuando son amigos?- preguntó un poco molesto Gus.
-Tranquilo. Nos hablamos desde que comenzó a salir contigo. Es agradable la chica... si no te apresuras a pedirle que sea tu novia, se lo pediré yo.- reímos, pero a él parece que no le hizo mucha gracia.
-Bueno, será mejor que nos vayamos. ¡Hasta luego, chicos!
-¡Esperen! ¿Por qué tan pronto? Acabamos de llegar...
-Las chicas son impacientes, Bill, lo sabes mejor que nadie.- Se fueron.
-¿Y ahora qué, Tom?
-Bueno, Jenni no creo que llegue hasta más tarde. No quiere verme, así que...
-¿Le dijiste?
-Le dije que ya tenía a alguien especial en mi vida y me dijo que, en ese caso, no quería meterce.- suspiré aliviado. -¿Temes que se dé cuenta de nosotros?
-Es que me imagino que será un shock tremendo el enterarce que su hermano es...
-¡Hey! No creo que lo vaya a tomar tan mal.- me besó delicadamente en los labios. -Verás que se alegrará por nosotros.
-Eso espero.- bostecé. Quizás uno de mis mayores defectos o malos hábitos era dormir todo el tiempo; ser perezoso. Ni todo el tiempo que estuve en el hospital "descansando" me había bastado para dormir bien.
-Vayamos a la cama, ¿si?
-Apenas son las cuatro de la tarde.- tallé mis ojos, tratando de no verme somnoliento. -Mejor veamos una película.- fuimos a la sala. Tom sacó de una caja algunas peliculas.
Puso una de terror. Se sentó junto a mí, rodeándome con uno de sus brazos. -Tom...
-No me digas que te ha dado miedo.- sonrrió.
-No es eso, tonto. Tiene que ver contigo y tu "trabajo".- desvió la mirada de la tele a mí. -Si él me sigue amenzando... tendrás que seguir en eso.
-Sí.
-¿No hay manera de salir?
-La única manera sería matándolo.
-¿Y por qué no...?
-Alguien ocuparía su lugar y sería lo mismo... o peor. Ésto es un cuento sin fin, Bill. Cuando te enredas en ésto, muy difícilmente puedes salir.
-Encontraré la manera de sacarte de éso y podremos ser felices.
-¿Sacarme de ésto?- rió. -¿En serio?
-No te rías. Tú me has salvado...
-Estuviste a punto de morir por mí causa.
-...me trajiste de regreso. Me salvaste de cierta manera... ahora me toca salvarte a tí. Ya veré cómo hacerlo.- me abrazó y besó mi frente.
Alcé el rostro, para besarlo. Poco a poco mis manos se colocaron alrededor de su cuello. -La última vez que estuviste en el hospital fue lo mismo.
-¿Quién ha dicho que será lo mismo?
-Lo dicen tus besos.- elevó mi cuerpo, colocándolo encima de él, sosteniéndome por la cadera. -¿Tienes energía para ésto?
-Es para lo único que la he guardado.- sonreímos pícaramente. -Tengo que disfrutarte al máximo ahora que eres mío.
-¿Tuyo?
-Mío... para siempre.- nos besamos, mientras me movía de adelante hacia atrás, rozándo nuestros miembros por encima de la ropa. -¿Verdad?- fui bajando por su cuello, esperando su respuesta.
-Sabes que sí... por lo menos hasta que algo nos separe definitivamente.- Sus manos tomaron mi cara y la fijaron al frente de su mirada. -Pero me aseguraré que eso no pase. Tú llevas mis marcas en tus muñecas; yo llevo tu nombre en mi alma... supongo que eso es suficiente para pertenecernos el uno al otro.- le sonreí dulcemente... o tontamente, diría. -¿No sería mejor que me dieras un regalo como éste en dos días?
-Tómalo como tu regalo adelantado.- Las lenguas chocaban entre sí, profundizando el beso.
Bajé mis manos a su entrepierna, desabrochando su pantalón; haciendo lo mismo con el mío.. Me puse de pie un momeento, para deshacerme de mis prendas y sentarme en su miembro de un golpe; rodeando su cuello con mis manos.
Tomó uno de mis brazos y lo observó con cuidado. -No me gustan.- aún con sus gemidos y lo bien que la estábamos pasando, no podía dejar de pensar en eso.
-Ya te dije que las cubriré...- Me safé de entre sus dedos, aferrándome a su cuello de nuevo. -Mmm... Tom... extrañaba ésto...
-¿Y crees que... ah... yo no?
Subía y bajaba con rapidez, estallando en gritos; dejando que su nombre saliera de mis labios entre gmidos.
Me detuve en cuanto sentí que se corría; aferró sus manos a mi cadera, mientras mi cabeza se hacía hacia atrás, empapada en sudor, al igual que la suya.
-Me evndría bien un regalo igual el día de mi cumpleaños.- dijo sonriente Tom.
No me aparté de él. Me quedé sobre su cuerpo, dejandp caer mi cabeza sobre su pecho. -Quiero estar así siempre, Tom.
-¿Te quedan energías para hacerlo siempre?
-Idiota. Quiero decir así de cerca de tu corazón.- puso su mano sobre mi cabeza.
-Niño tonto: tú ya vives en mi corazón.- sonreí.
-Dentro de dos días será nuestro cumpleaños.
-No me lo recuerdes, ¿quieres?
-¿Por qué?
-¿Sabes cuántos "feliz cumpleaños" he escuchado en mi vida?- negué.
-Uno. Es muy doloroso recordarlo.
-¿Con tu familia?
-Con la chica que había amado; con la que estaba a punto de escapar del mundo que conocía...- sus palabras me dolieron. Eso significaba que yo no era en verdad alguien que quisiera de manera especial... me hicieron dudar de él de nuevo. -..de la persona que alejaron de mi vida demasiado pronto.
-¿Qué pasó?
-La mataron.- la sangre se heló en mis venas. -Esa fecha no significa nada para mí: no hay felicidad ni ansias por el 1 de septiembre. Sólo dolor... un amargo dolor...- suspiró. -Un día lluvioso llegó con un pequeño pastel... ella misma lo preparó. Por primera vez en mi vida savía lo que significaba una felicitación... y al salir de casa, ¡bam! una bala le atravezó el pecho. Jamás supe quien fue o por qué terminó así, pero es doloroso... aún duele la herida cuando la presionas lo suficiente.
-¿Cómo se llamaba?- sabía que no debía preguntar. No me correspondía a mí abrir una herida así.
-Daniela. Tenía un año menos que yo...- le ví a los ojos: estaba triste. No lo suficiente para llorar, pero sí para opacar su mirada un poco. -La mataron por tratar de iluminar mi vida. La perdí para siempre... y creí jamás encontrar a alguien más... hasta que te conocí.
-¿Encotraste algo de ella en mí?
-No se parecen en nada. Tú eres más... lindo.- sonrió. -Estoy contigo no porque me recuerdes a ella, sino por que eres diferente: en verdad te he llegado a tomar cariño.- acarició mi rostro. -Te amo.
Todas las dudas que me surgieron en el instante, desaparecieron con esas simples dos palabras. Podía tragarme todo lo que dijera sin detenerme a pensar con que me dijera eso una sola vez más. -No quiero que me aparten de mi amor... No sería justo que terminara con el ángel de mi infierno.

martes, 22 de febrero de 2011

Atrapado

(Bill)

Me puse de pie en cuanto Tom salió de la habitación. Su mirada me decía que algo no iba nada bien... y que haría algo que posiblemente lo sumiría en caso de que lo descubrieran.
Lancé la mirada a ambos lados del corredor, aegurándome que nadie me viera salir. Ya me habían quietado las sondas y cuanto aparato estuviera conectado a mi cuerpo, así que no hubo problema en salir, más que por la debilidad que me hizo tropezar un par de veces.
Lo seguí hasta uno de los laboratorios, guardando la distancia. - -Era su vida o la de Bill. Lo lamento tanto... le agradezco todo lo que hizo por él, pero no podía dejarlo con vida sabiendo que él podía morir a manos de un maldito desalmado. Entiende, ¿verdad?- sus palabras me dijeron al instante que algo no andaba bien.
Me asomé a la entrada, viendo a sus pies al doctor Winckler y a Tom viéndolo fijamente, sosteniendo lo que pude reconocer como un tipo de alambre. -¿Tom?- se giró de inmediato.
-Bill...¿qué haces aquí?- se mantuvo en su lugar. Yo me recargaba en el marco de la puerta, para no caer, esperando que de alguna manera, no hubiera hecho lo que sospechaba. -Deberías estar en tu cuarto.
-Winckler... tú, ¿qué hiciste?
-Será mejor que regresemos.- se acercó ya sin ahcer caso de lo que le decía; sin detenerce a mirar una vez más lo que había hecho.
-Dime qué fue lo que pasó.
-Regresemos, Bill. Por favor.
-¿Está...?- me tomó del brazo, invitándome a regresar, pero no quería apartarme de ahí, así que no encontró otra salida que cargarme en sus brazos, ignorando mis preguntas.
Parecía como si todo el personal del hospital se hubiese esfumado para que él pudiera cometer aquello: ni un alma se encontraba en los pasillos cuando salí y cuando volvimos. -Espero que ésta vez te quedes en cama. No estás en condiciones de andar deambulando por ahí como si nada te pasara.
-¿Quieres dejar de tratarme como un niño pequeño y contestar mis preguntas?- se guardó el alambrillo en el pantalón. -¿Qué fue aquello?
-Nada.
-¿Nada? ¿En serio? ¿Entonces por qué Winckler estaba tirado en el suelo, a tus pies?- iba de un lado al otro, quizás buscando las palabras para salir de ésto. -¿Qué es eso "Era su vida o la de Bill."?- paseaba la vista por el piso. -Me dijiste que era contra tu voluntad, ¿me lo dirás todo o te harás el mudo para siempre?
-Es complicado.
-Mi vida y la tuya también son lo son y creo entenderlas bien. No conozco del todo la tuya, pero la entiendo. De seguro puedo entender ésto.- tomó aire, tocando mi rostro.
-Te prometí que cuidaría de tí; que nadie te lastimaría. Fallé al ser yo la causa de tu aflicción al encontrarme con tu hermana y quiero remediarlo. No quiero que nada más te dañe...
-Eso lo has repetido miles de veces. Quiero que me lo digas todo con exactitud.- tomé su amno entre las mías. -Dímelo todo, anda.
-Te asustarás.
-Después de haber estado al borde de la muerte, ¿aún crees que haya algo que pueda asustarme?- sonreí, tratando de darle ocnfianza para seguir.
-Marcus...
-¿Esl tipo que te metió en ésto?- Asintió.
-Él, vino hace unos momentos y me contó que lo d eRonald había salido a la perfección; que sus contactos se habían enterado de eso y el trabajo nos sobraba. Le dije que ya no quería nada en éso, que dejaría todo eso atrás... pero él sabe cómo atarte por completo al "trabajo".
-Me utilizó.
-Sí: amenazó con hacerte daño si no cumplía con los nuevos encargos... no tuve opción, Bill. Era él o tú... y no quiero perderte.- la habiotación quedó en silencio; él desviando su mirada de la mía; yo, buscando algunas palabras... o buscándo algo qué hacer para poder borrar de él la culpa y tratar de aminorar su dolor.
-Tenemos que irnos. Si se dan cuenta...
-No lo harán.
-Su cuello puede tener marcas, Tom.
-Las tiene: éstas cosas podrían rebanarte la garganta aplicando la fuerza necesaria, pero no se darán cuenta.
-¿Cómo estás tan seguro?
-Soy un maestro en ésto. Soy un artísta de la navaja y las armas... no me pueden descubir tan fácilmente. Nunca dejo rastro: no puedes buscar a un animal sin tener pista de él. Verás que no pasará nada.
-Pero si pasa, te atraparán y te alejarán de mí... no quiero que eso pase... no quiero...
-Hey...- tomó mis rostro en sus manos. -...nada pasará. ¿No me has escuchado? NADA pasará. Para todos soy como un fantasma: aparezco de entre las sombras; hago lo que quiero y al desaparecer nadie se entera de lo que ha pasado. Nadie tiene idea que existo; que soy un maldito hijo de la oscuridad que sobrevive con el dolor ajeno y vive de la tibia sangre de mis víctimas que baña mi cuerpo. Un demonio que vive en las pesadillas de los niños... soy mitología: un cuento que nadie cree y todo temen. Nadie puede atrapar a un fantasma así, Bill.
-Vendrán y harán preguntas...
-Mentiremos.
-Nunca he sido bueno para mentir.
-Déjame eso a mí. Tú estas muy débil para estar enredado en éstas cosas.- me aferré a él.
Al cabo de unos minutos, se comenzaron a escuchar pasos presurosos y voces en el corredor. Comencé a temblar entre sus manos, tratando de no imaginar ya a la policía que entraría en cualquier momento y se lo llevarían para siempre de mi lado.
-¡Tom!- Gustav entró de nuevo con Jenni a sus espaldas. -¿Están bien?- sin darnos tiempo de separarnos.
-Bill ha tenido pesadillas y está un poco nervioso, pero sí, estamos bien.- se acercaron a nosotros. -¿Por qué? ¿Qué pasa allá afuera?
-Acaban de encontrar muerto al doctor Winckler.- dijo son aire nervioso el chico. Yo apreté más la palyera de Tom. -Creen que estában buscando a alguien y que él se negó a ayudarlos.
-¿Cómo?
-Es sólo una supocición: él se mezclaba con todo tipo de personas. Era bueno, pero no las personas a las que trataba.
-¿Cómo saben que fue más de uno?
-Bueno, debió haberce necesitado por lo menos a dos: uno para distraer al personal y otro que hiciera eso, ¿no? Me imagino que no pueden darce las condiciones ideales para que lo haya hecho sólo uno... a menos que la vida esté de su lado...
-O tenga demasaida suerte.- Le interrunmpió Tom.
-Nos quedaremos con ustedes un rato, ¿sí?
-¿Qué pasa con mamá?- le pregunté a mi hermana, aguantando el nerviosismo.
-No quiero que se dé cuenta aún: sabes que eran muy amigos.
-Sería mejor que se lo dijeras antes, nena.- Tom le sonrió. Ella parecía que no quería verle.
-Quizás... está bien. ¿Puedo confiar en que cuidarán de mi hermano?
-Tenlo por seguro.- Se fue. Al cabo de unos minutos, entraron un par de doctpores, acompañados por una pareja de oficiales. Coemnzaron a registrar cada rincón del cuarto y a cuestionar a Gustav y a Tom en un punto en que no pudiera escucharlos.
-¿Por qué buscan aquí? Creí que había pasado eso abajo...
-Sólo es algo de rutina, chico. Para cumplir las normas... aunque no creo que el asesino se haya quedado en el edificio. No puede ser tan tonto.
-¿Pueden atraparlo?- pregunté con nervios. Miré a Tom de reojo.
-Tranquilo.- creyeron que era temor. -No tenemos pistas, pero daremos con él.- miré al ratafario de reojo: estaba tranquilo; con los brazos cruzados y respondiendo absolutamente todas las pregusntas de manera demasiado natural. En verdad que parecía sólo un testigo silencioso en ésto.
-Bien, gracias por su cooperación. Disculpen.- se fueron. Gustav los acompañó afuera. Tom seacercó de nuevo a mí.
-¿Todo bien, niño?
-Sí. Ya pasó todo, ¿no?
-Disculpen que los interrumpa...- una enfermera entró con un sobre en la mano. -...el doctor tenía contemplada para hoy la salida del joven Kaulitz, pero dado el incidente...
-¿Podrás aguantar un día más aquí?- él se giró. -¿O quieres que entre en iscución para que te dejen ir de una buena vez?
-No hay problema en quedarme.- le sonreímos a la enfermera, quien se fue apenas escuchó mi respuesta. -Mañana estaremos ya en casa, ¿verdad?
-Dalo por hecho.

Pasamos la noche solos. quería hablar con él, pero estaba tan cansado que se quedó dormido en la silla a un lado de la cama, con la cabeza descanzando en el colchón.
Dormí alrededor de unas dos horas... la verdad, no quería esperar a salir del hospital y alejarme de todo eso.
Mamá llegó en cuanto estaba listo para salir de la habitación. -¡Bill!- me abrazó con fuerza, con lo que le girté que no lo hiciera... y obligándola a separarce de inmediato. -Lo siento... Me alegra que estes bien, mi bebé.- sus ojos estaban vidriosos, por lo que supuse ya sabía lo de Winckler. -Me han avisado que su velorio será ésta tarde y...
-Esperas que vaya, ¿verdad?
-No te obligaré, pero sería lindo que fueras...
-Mamá: no creas que soy un desagradecido, pero me sería mejor no ir.
-Lo entiendo.
-No se preocupe, Simone.- Tom se adelantó. -Estará bien.
-Confió en que sí... ¿no se les hace algo pronto para vivir juntos?-  me parece que cambiaba de tema para no sentir tanto la muerte de uno de los pocos amigos que tenía.
-Ya tengo 18 y Bill tendrá 20 dentro de poco, mamá. Además, tú ya tienes a Matt, ¿no?- no respondió. -Tranquila, ¿si? Hablando de próximos cumpleaños, Bill...- se volvió a mí. -¿Sabes quién más cumple el mismo día que tú?- negué con una sonrisa en el rostro. Señaló con la mirada a Tom.
-No tiene importancia.
-¿Cómo dices eso? ¡Hay que hacer una fiesta enorme!- casi gritó Jenni al mismo tiempo que mi madre.
-Con que estén conmigo, al igual que los chicos, está bien.- Tom sonrió dulcemene.
En cuanto me dijeron que él y yo compartiamos el día de nacimiento, sentí que éste año traía consigo algo sospechoso...

lunes, 21 de febrero de 2011

Contra Voluntad

(Tom)

Los días pasaban; Bill se recuperaba de manera sorprendente. Los chicos se enteraron al día siguiente de haber despertado, gracias a Jenni. Winckler no se despegaba de su lado, igual que su madre, así que no tenía tiempo a solas con él, más que en las noches, gracias a que el doctor había convencido a Simone de descansar un momento y me dejara a cargo de su hijo.
Bill dormía la mayor parte del tiempo, así que no podíamos hablar mucho: sólo me sentaba a su lado, contemplando la aparente serenidad de su rostro y hablándole bajo; haciéndole promesas que, como él decía, quizás no cumpliría.
Que ya no me liaría más con chicas... sin importar lo sexys y hermosas que fueran... como sus enfermeras; que me concentraría sólo en las grabaciones sin pensar en nada más; que me alejaría de su hermana a cualquier costo; que en cuanto llegàramos a casa llamarìa a Marcus y me alejarìa por completo de "mi trabajo"; que no estarìa màs solo... y si necesitaba a alguien a quien golpear para descargar todas sus decepciones y corajes, podrìa hacerlo conmigo... podrìa abrirme el pecho y arrancarme el corazòn si con eso lograba hacerlo sentir mejor...
-¿Siempre haces promesas imposibles de cumplir?- La voz de Gustav resonò a mis espaldas. Volteè a verl, sin pararme de mi lugar.
-Creì que ya nadie estaba afuera.
-Georg ha ido a casa... estaba bastante cansado; Simone y Jenni se fueron hace unos minutos. Yo preferì quedarme al pendiente de ustedes.
-¿Temes que lo mate en un descuido?
-No.- se colocò a mi izquierda. -Sòlo quiero quedarme por si hay novedad, es todo.
-¿No confìas en mì?- preguntè regresando la mirada a Bill.
-Me has demostrado que no lo puedes cuidar todo el tiempo...- arrastrò una silla a mi lado. -Pero tambièn me has demostrado que te preocupas por èl y le quieres màs de lo que muchos imaginan...
-¿Què tanto?
-Demasiado.- al igual que yo, clavò la mirada en su rostro. -Me alegra que pueda contar con alguien como tù en èstos momentos... asì que sì: confiò plenamente en tì ahora.
-Bueno... gracias.- dije sin darle mucha importancia a sus palabras.
-Ahora recae en tì su cuidado.
-¿Què?
-Bueno, ahora vive contigo... lo quieres como un hermano, ¿no?- esa palabrita aùn me daba un poco de nerviosismo cuando se referàin a Bill. -Ahora es tu trabajo cuidar todo el tiempo de èl.
-No soy niñera... y èl no necesita una.
-No. Necesita alguien que se preocupe por èl y le sirva de guìa para no perderce en el camino.- hubo una pausa. -Ya ves lo que ha pasado por no tener a nadie con quien contar en esos momentos. Geo y yo no hemos estado tan la pendiente de èl como antes... quizàs por las grabaciones, quizàs por las chicas... no sè bien, pero tù lo has tenido cerca...
-Yo no puedo servirle de ese modo...
-...Si no fuera por tì, ya estarìa... tù sabes.- asentì, sin decir màs. -Si no te molesta, me gustarìa quedarme con ustedes.
-Eres bienvenido.- dibujè una media sonrisa màs por compromiso que por simpatìa.
La noche se me hizo eterna por no poder hablar con èl... necesitaba estar a solas con Bill; haciendo planes para cuando despertara y pudièramos regresar a casa.
Me quedè dormido en mi asiento, soñando con la sonrisa de mi chico, hasta que escuchè hablar a Gustav con èl.
-Està un poco desvelado. El muy idiota no se ha ido a descansar.
-¿En serio?- su voz se escuchaba baja y ronca, pero ya podìa entablar una conversaciòn màs extenza.
-Sìp. En serio le urge que salgas de aquì... igual que a nosotros.
-¿Ya te agrada?
-No del todo. Por lo menos ya lo tolero.- dijo entre risas. Yo permanecìa con los ojos cerrados, escuchando atentamente. -Le debemos demasiado por haberte salvado.
-Me trajo al hospital... los doctores me trajeron de regreso.
-Gracias a que èl los presionò. Ademàs, fue tan terco al ofrecerse a la transfuciòn que terminaron hacièndole los estudios, ¿y sabes què? Su tipo de sangre es compatible, asì que ahora llevas su sangre en las venas.
-Eso... ¿es cierto?
-Muy cierto.-  Jenni entrò a la habitaciòn. La sentì pasar al lado contrario de nosotros, seguramente evitàndome. -Te salvò la vida, hermanito.
-Es bueno verte de nuevo, pequeña.- su voz se escuchaba tranquila y un poco alegre. -Me alegra haber regresado.- abrì lentamente los ojos, enfocando la mirada sòlo en èl.
-Buenos dìas.- la voz del chico rubio era alegre. -¿Has dormido bien?- asentì en silencio.
-Que bueno que despiertas, Tomi.- Jenni me hablaba como si nada hubiese pasado entre nosotros, pero no pasaba la vista sobre mì. -¿Te unes a la plàtica?
-Claro... pero serà despùes de salir un momento, ¿sì?
-¿A dònde vas?
-A estirar las piernas y mojar un poco mi cara.- Bill me dijo con la mirada que no querìa que me fuera de su lado. -Tranquilo, ¿està bien? Te dejo con buena compañìa.- le sonreì y salì de la habitaciòn.
Ya habìa pasado noches a su lado, reciviendo escasas palabras de su parte, pero con eso me conformaba. Suponìa que era justo dejar que los demàs disfrutaran un poco de tiempo a solas con èl.
Bajè al primer piso, caminando en cìrculos, observando a toda esa gente que se me quedaba viendo extraño... como bicho raro.
-Ellos se rìen de tì porque eres diferente, ¿no?- me girè.
-No soy diferente nada màs: soy ùnico, lo sabes.- ni siquiera le saludè. -¿Què haces aquì, Marc?
-Vine a ver còmo seguìa el chico de Matt.
-Bill NO es su chico.
-Le interesa, le preocupa y parece que le quiere... eso lo convierte en su chico.
-¿Què es lo que quieres en verdad?- dibujò una sonrisa.
-Salgamos un momento, ¿Quieres?- le seguì al estacionamiento. -El encargo de Mattew saliò a la perfecciòn; les has dado a la policìa en què pensar: no dejaste huellas ni rastro alguno. Eres el mejor en èsto y...
-Sì, sì, lo sè. Siempre dices lo mismo. ¿Què quieres como respuesta? Soy un maestro para èstos asuntos. ¿Contento?
-Lo eres... y es por eso que ahora el trabajo llueve a raudales, como al principio.
-Escucha, Marc, acerca de eso...
-El primero de la lista se te harà fàcil, es...
-Escucha, Marc...
-...Es un pobre diablo que se topò con las personas equivocadas...
-...Yo no...
-Y no serà problema el terminar con èl por què...
-Ya no seguirè con èsto.
-¿Què?- por fin me hizo caso. -¿Còmo que no seguiràs con èsto?
-Ya no harè el trabajo sucio de nadie.
-¿Es por la paga? Sabes que puedo hacer que te paguen lo doble o lo triple...¡Puedo hacer que te paguen cinco veces lo que han ofrecido! La paga no es problema, puedo hacerte rico en una noche.
-No es el dinero. La paga es bastante buena, pero yo ya no trabajarè en èsto.
-¿Pero por què?
-Hay otras cosas de por medio.
-El por èl, ¿Verdad?
-Le he prometido que ya no me liarè en èsto; ni con nadie màs... que todo serà tranquilo y eso.
-¿Y desde cuando cumples promesas asì?- se echò a reir.
-Las promesas son sagradas, lo sabes.- apretè los puños a los costados de mi cuerpo.
-Las promesas no eran nada para tì; las hacìas y a los cinco minutos las rompìas sin sentir ninùn tipo de remordimiento, ¿y ahora me dices que son sagradas? ¿Qué es lo que te han hecho? ¿Dónde está el Tom al que nada le importaba?
-Murió junto con Dani, Marc.
-Eso que dices es mierda, chico. Aún después de que ella muriera, seguiste en ésto y fuiste mejor; te convertiste en el maestro y en el más ruin de todos los que he conocido. ¿Por qué dejar todo ésto?
Quería decirle que por haberme enamorado de un chico al que tenía que pagarle de algún modo el sufrimiento que le había causado. -Seré famoso, Marc.- así que no se me ocurrió otra sali8da que utilizar lo del contrato con la disquera a mi favor. -Llegaré alto y no quiero que ésto se sepa.
-Tú podrías seguir con ésto si quisieras sin darlo a conocer: nunca dejas rastro, ¿quién podría saberlo? Y siendo artista, ¿quién sospecharía de tí? Anda, sigue. Ya encontraremos la manera de administrar el tiempo entre tus presentaciones y ésto.
-No. ¿No me escuchaste? Ya no quiero estar en ésto.
-Sabes que no es así de fácil.
-Nunca, nada ha sido fácil, Marc. Pero quiero intentar ésto.- pasó la mano por su barbilla. riendo un poco más, de manera baja. -Me retiraré antes de que cometa un error y no pueda remediarlo.- froté mis manos e hice lo que jamás se debe hacer con una persona como él: le dí la espalda, creyendo que me dejaría ir sin más.
Me tomó rápidamente de los brazos, estrellando mi cuerpo contra el cofre de su auto; colocándome de frente a él. -Escúchame bien, niño: tú estás aquí gracias a mí; sobreviviste y aprendiste a defenderte gracias a mí; porque te enseñé todo lo que sé... No me puedes dejar por un maldito marica que supo enredarte en su vida.
-Ese que llamas marica me ha enseñado muchas más cosas en días de lo que tú me has enseñado años. Él vale la pena desafiarte para vivir de manera "normal".
-Un asesino no puede vivir de manera normal después de haber matado a cientos de personas, Tom.- sus manos hacían presión en mis brazos; como si quisiera sumirme en la carrocería de su vehículo. -Tú no puedes dejarme así, con todos éstos trabajos...
-Si tanto te urgen, hazlos tú, como antes de que me encontraras.
-¡Te quieren a tí! ¡Sabes mejor que nadie que te has vuelto un experto en ésto! Yo tuve mis errores en el pasado, pero tú tienes un futuro brillante por delante, ¿por qué desaprobechar tus actitudes?
-Consiguete a otro, Marc. Yo no lo haré más... ni aunque amenaces mi vida.- su fuerza disminuyó conciderablemente, con lo que pude quitármelo de encima. -Yo paso.- me retiré unos pasos, ignorando las marcas que había dejado por encima de mis codos.
-Quizás no sirva de nada amenazar tu vida, ¿pero qué tal la de Bill?
Me detuve a un escaso metro y medio de él. -No te atreverías.- dándole la espalda.
-Te interesa... y no sólo como amigo. ¿Qué si muere?
-No lo digas ni en broma.
-Podemos ayudarlo a cruzar a la siguiente vida... sin errores, esta vez.- regresé a verlo de nuevo: una sonrisa adornaba su rostro.
-Es un hospital, está lleno de vigilancia... no lo harías.
-En un hospital pueden ocurrir muchos accidentes, Tom.
-No te atrevas.- regresé sobre mis pasos, de nuevo frente a él.
-Si haces lo que te pido, nada ocurrirá, en serio.- Como si no hubiese tenido suficiente con el incidente de Bill, ahora ésto.
Lo de menos hubiera sido ignorarlo... pero lo conocpia demasiado bien. si quiere algo, siempre lo consigue a cualquier precio.
-¿A quién debo exterminar ésta vez?- termminé por rendirme, preguntando con la cabeza baja.
-Así me gusta.- sacó de su chaqueta un sobre bastante pesado.
-¿Es toda su información?
-Son todos los trabajos que tenemos.- sacó unas tres hojas. -El primero de la lista es un doctor que se ha negado a cooperar con los Jäger. Los recuerdas, ¿cierto?
¿Cómo olvidarlos? Eran la familia "concentida" de Marcus, ya que eran unos clientes frecuentes en ésto... digamos que eran la fuente de riqueza principal de ambos... osea: tenían decenas (sino es que miles) de enemigos de los que me encargaba.
Asentí. -Pues resulta que éste tipo no quiso quedarce callado al saber que fueron ellos los que han mandado matar a un paciente suyo y...
-Sabes que no me gusta que me den detalles: mientras menos sepa de la víctima, mejor.- le interrumpí friamente.
-Se llama William Winckler.- la sangre se detuvo momentáneamente en mi cuerpo. -¿Qué te ocurre, chico?
-No puedo hacer eso. Será mejor que lo hagas tú.
-¿Quieres que te vuelva a decir lo que podría pasar si no haces tu trabajo?
-No es por él solamente ésta vez.
-¿Entonces?
-Le salvó la vida a Bill; se ha mostrado bueno conmigo... y parece que es amigo de la familia.. yo no...
-Te dije que no era bueno encariñarce con nadie. Los lazos sólo arruinan la vida de uno mismo.
-No lo haré.
-Está bien, pero si Billi no abre los ojos mañana, no será mi culpa.- le puse las manos encima.
-¡No te atrevas a tocarle ni un pelo!
-Eso depende de tí, niño.- pensé las cosas: tenía que andarme con cuidado en ésto. Lo solté y acepté el trabajo. -Te pagaarán bastante bien. No te preocupes.
-Déjame en paz.- me alejé del estacionamiento, directamente a la habitación de Bill, tratando de no moestrarme enfadado.
Dentro no había nadie más que una enfermera. -Con permiso.- que se fue apenas me vió.
-Es linda.- traté de sonreir y esconder mi disgusto.
-Deja eso, Tomi.- alargó el brazo, invitándome a tomar su mano. Al ver sus cicatrices, sentí un par de puñaladas al corazón.
-No debiste.- dije sin pensar.
-Lo sé. Pero no te preocupes: ya no me duelen.- sonrió.
-Fue por mi culpa... y me siento terrible.
-Usaré muñequeras: así no tendrás que verlas.- me hizo sonreir. Las promesas que has dicho...
-Las cumpliré... trataréde cumplir la mayoría de ellas.
-No tienes que cumplirlas.
-Pero...
-Te perdono.- me vio dulcemente. -Me basta con estar de regreso.
-Escucha, yo tengo... aún tengo un trabajo pendiente.
-Pensé que Ronald era el último.
-Yo creí que sería el último. Me equivoqué.
-¿Qué pasa, Tom?
-Es buena la paga y...
-Lo haces por otra cosa. Dime.
Después de todo, tenía razón: yo era transparente a sus ojos. ¿Cómo mentirle? -Es contra mi voluntad, ¿de acuerdo?
-Escapemos entonces.
-No es tan fácil.- me puse de pie. Si quería terminar con ésto pronto, sería mejor que comenzara ahora. -Tengo que irme, Bill. Volveré más tarde, lo rpometo.- besé su frente y salí de la habitación.
Caminé por el pasillo, preguntando por Winckler. Un par de sus colegas me enviaron al laboratorio, en la planta baja.
Entré sin hacer ruido. tomé un pequeño alambre que tenía a la vista y me acerqué a su espalda. -¡Tom! Pero qué susto me has metido.- no respondí. -Si quieres estar aquí será mejor que te pongas ésto.- me entregó un par de guantes y un tapabocas. Los acepté, sin ponérmelos. -Simone quiere unos resultados cuanto antes...
-¿Teme que algo le pase a Bill?
-No. Más bien, sospecha de algo... y quiere... queremos...- se giró y me sonrió. -...confirmar o desmentir algo.
-Tiene que ver conmigo, ¿verdad?
-¿Te lo dijo?
-No, pero no ha dejado de mirarme.
-No puedo decirte nada hasta que tenga los resultados.- me dió la espalda de nuevo. -Pero en caso de que sea cierto, déjame decirte que ...
-Lo siento.- dije bajo, acomodándome más cerca de él.
-¿Qué?
-Espero pueda perdonarme, doc.- coloqué el alambre rodeándo su cuello y lo sujeté con fuerza, cortándole la respiración; escuchando sus jadeos, tratando de encontrar un poco de oxígeno; luchando contra mi fuerza. -Es por Bill... lo siento.- no ví su rostro deformarce, pero me lo imaginaba.
Lo dejé caer al piso, sujetando lo que me había servido como arma con una mano. -Era su vida o la de Bill. Lo lamento tanto... le agradezco todo lo que hizo por él, pero no podía dejarlo con vida sabiendo que él podía morir a manos de un maldito desalmado. Entiende, ¿verdad?
-¿Tom?

sábado, 19 de febrero de 2011

¡Listo!

(Tom)

-¡Listo!- había sufrido un tercer paro cardiaco al cabo de unos minutos de haber realizado la transfución. Afortunadamente fueron rápidos y lograron reanimarlo. La esperanza de que despertara se mantenía con vida.
-¿Fue a causa de mi sangre?
-Fue causa de la debilidad que se ha apoderado de él, Tom.- Winckler se mostraba paciente, sereno y sobre todo, bueno conmigo. Qué lástima que todo lo que yo era frente a él era sólo una pantalla. -Verás que despertará pronto. Los pronósticos señalan que se repondrá.
Me quedé parado, viéndolo fijamente, sin prestar atención al doctor. Jenni acababa de regresar. Ni siquiera me saludó; sólo me vió un par de segundos y se sentó al lado de su madre, abrazándola.
Simone desde que despertó seguía sin quitarme la vista de encima. No era que me incomodara, sólo me hacía cuestionarme del por qué lo hacía.
-Will, tenemos qué hablar.- le escuché llamar a Winckler. -Hay algo en lo que me gustaría que me ayudaras...
-¿Joven Trumper?- Una de las enfermeras que rodeaban a Bill, salió del cuartillo.
-¿Sí?
-Ya está estable. ¿Quiere pasar a verlo?- No dí respuesta. Pasé a la habitación, casi empujándola a un lado.
Me situé a un lado de él. La máquina no dejaba de pitar con cada nuevo latido de su corazón.
Coloqué las manos sobre  la cama,  pidiéndole una vez más que despertara. -Por favor, prometo no liarme con nadie más, en serio.- La máquina seguía inundando la habitación con su agudo pitido. -Prometo que no volverá a pasar nada...- bajé la mirada. -...que todo será aburrido y "normal", para que nada malo pase.- Apreté la sábana entre mis manos. -Juro que nada pasará ya...- sentí un ligero movimiento en la cama. Enfoqué la mirada en su rostro: sus ojos estaban entreabiertos. -¡Bill, despertaste!- No hablaba; sólo movía los ojos tratando de verme con claridad. -Bill... ¡Demonios, Bill! Me tenías preocupado... Creí que no despertarías.- Tomó aire... supongo que para responderme, pero no pudo ni siquiera abrir los labios. -Ni siquiera lo intentes, niño.- dije sonriendo. -No quiero que te hagas más daño.- Pasé la mano por su frente.
No podía hablar o moverse mucho, pero me daba a entender todo con su débil mirada. -Lo sé... lo siento. En verdad  lo siento... no pensé... sabes que no pienso muy claro.- Me pareció que una lágrima salía de sus ojos. -No llores, chico. Prometo que ya nada de ésto pasará. Juro que ya no me liaré con nadie, en serio.- acaricié su mejilla. -Será mejor que le avise al doctor y a tu familia, ¿si?- intentío asentir con la cabeza. -Tu madre se a quedado aquí todo el tiempo... ella y Jenni han encontrado fortaleza en la esperanza de que sobrevivirías... aunque sé que por dentro se estaban muriendo contigo.- Deposité un beso sobre su frente y salí de la habitación, regresando la mirada miles de veces a él.
-¿Segura, Simone?- afuera, Winckler y la madre de ill seguían conversando.
-Tengo mis sospechas. Por favor, Will, sólo eso te pido.
-¿Estás conciente que los analisis tardarán algún tiempo?
-Lo que tengan que tardar... sólo te pido que me los entregues en cuanto estén.
-Perdonen la interrumpción...- me acerqué y dejaron de hablar. -...pero hay alguien allá adentro que quiere verlas.-los ojos de Simone brillaron un poco. Tomó a su hija de la mano y entraron. Yo le seguí por detrás.
Acariciaban la cabeza de mi chico, alegres y llorando de alegría la verle repuesto. Él las miraba unos segundos y volvía la mirada a mí. Le sonreía, intentando hacerlo sonreir conmigo, pero no conseguí nada más que sequedara con la mirada clavada en mí.
-Aún está débil, pero verás que en unos días ya podrá moverce y hablar. Ahora hay que dejarlo escansar.
-Está bien. ¿Cree que pueda quedarme con él? Para que su madre pueda ir a descansar.
-Claro. Ahora ya está mucho mejor.- Me respondió con una sonrisa.
Me quedé a un lado de Jenni y Simone unos minutos, hasta que les dije que teníamos dejarlo descansar. Su madre se resistía a irse... y no sé cómo fue que el doc la convenció de retirarce.
La noche cayó sobre el lugar. Logré que me dejaran quedarme en el cuartillo, en una silla a un lado de él; haciéndole mil promesas y tocando delicadamente su mano y su rostro, como si temira romperlo o lastimarlo más.
El sueño me venció, quedándome recostado en la cama.... soñando con la vez en que me convenció de contarle acerca de mí; de las veces que le prometí cuidarlo...
-Tom.- una débil voz y un roce en mi cabeza me hicieron despertar. -Tom...
-¿Bill?- su mano pasó por mi rostro de manera torpe... era tan bueno sentir su tacto de nuevo... -¡Bill! Cielos... Bill...- me contuve a estrecharlo contra mi pecho. -¿En verdad eres tú? ¿No es un sueño?
-¿Estoy... muerto?- le costó trabajo, pero logró decir más de una palabra. Eso ya era un avance.
-No. Ni siquiera imagines que lo estás... Ésto... es real, Bill. Estás aquí, de nuevo, conmigo.- sonreí. -Estuviste apunto de... pero no pasó eso, afortunadamente. Nos has tenido sufriendo a todos.
-Tom, tú...  yo...
-Fuiste el más idiota del mundo al cometer una tontería así. Pero sé que has sido uno desde que me conociste; que fue por mí que lo hiciste... y me siento tan mal. El que debería estar al borde de la muerte debería ser yo... no tú.- su mano se posó sobre la mía.
-No prometas cosas... que no... vas a... cumplir.- sonrió.
-Ya no hables, tonto. Descansa.
-Te amo.- dijo en un último esfuerzo, cerrando los ojos para dormir, dándome la seguridad de que despertaría en unas horas más y todo volvería a ser como antes... sin los problemas ni nada de eso.


viernes, 18 de febrero de 2011

¿Es Suficiente?

(Bill)

En medio de la oscuridad... caminando de nuevo en medio del vacío y la soledad... Estaba muerto, lo sentía... lo sabía con seguridad. Ahora con un poco de suerte, podría olvidarlo.
"Tienes que despertar..." esa voz me rodeaba sin dejarme descansar. Ya le había dicho en más de una ocación que no lo haría. Si despertando volvía a lo mismo; regresaba a sus brazos y a escuchaba sus palabras que tanto mal me hacían, prefería no hacerlo.
"Escúchame, Bill: ¿dejarás de lado todos los planes que tenías con la banda? ¿Dejarás sola a Jenni para siempre? ¿Qué hay de tu madre?"
-Todos ellos ya sabrán arreglárcelas sin mí. Será un peso menos si me voy... así ya no les causaré problemas.
"¿En serio crees que así podrás olvidarte de Tom? Has pasado unos días en medio de las tinieblas y ni aún así lo has podido olvidar."
Suspiré. - No sé. Si muriendo no me pude deshacer de tí, supongo que no podré deshacerme de él tampoco.
"Entonces, ¿crees que fue buena idea precipitarte de esa manera?"
-Sí.
"¿Seguro?"
-No sé. Ahora que lo pienso, no sé.- me senté, rodeando mis piernas con los brazos. -No sé.
"Somos unos niños aún. Actuamos como unos..."
-Actúo como uno, sí. Tengo miedo...- acepté después del tiempo de no haberlo hecho. -...miedo de no volver a las personas que se han preocupado tanto por mí.- Por primera vez desde que entré en la oscuridad, tenía miedo de no poder regresar. -¿En verdad estoy... estamos muertos?
"Descúbrelo."
-No me dejarás solo ahora... ¿o sí?- esperé respuesta, pero jamás llegó.
Bien, estaba solo. Si estaba muerto ya, ¿cómo podía regresar? ¿Valdría la pena volver? Suspiré.
Llevaba... ¿cuánto? ¿dos días... tres? Nunca me había preocupado llevar la cuenta del tiempo.
¿Cómo poder regresar?
Al principio sí quería morir; le dije a Ceci que no importaba ya nada... creo que me precipité.
Me eché a llorar, queriendo tener una guía para regresar; quería escuchar la voz de alguien... que me dijera que me necesitaba. Con sólo una sola persona que me dijera eso, me bastaría paraintentar volver.
no me importaba regresar en pleno velorio, pero... ¿y si ya estaba tres metros bajo tierra? ¿Quién me escucharíoa y me ayudaría a salir de ahí?
-Por favor, Bill... tienes que despertar.- la voz de Tom resonó en algún punto de la oscuridad. Alcé mi rostro hacia donde creí haberla escuchado.
-¿Tom?
-Por favor, Bill... tú no puedes morir ahora.- Me puse de pie, siguiendo el sonido de su voz. -No me dejes ahora que te he encontrado.
-¿Por qué, Tom? Creí que me querías al margen de tu vida, para que pudieras hacer lo que te agradara más. ¿Por qué me necesitas ahora?- preguntaba como si me fuera a responder... aún muerto, esperaba que me escuchara y me dijera lo que quería oir salir de sus labios.
"¿Estará siendo sincero?" La vocecilla molesta regresó a mi mente.
-No me importa. Dice que me quiere de regreso; que no puedo morir... Quiero creerle.
"No sabes lo que pasará después si le haces caso."
-Ya no me importa lo que pase o deje de pasar... si es algo malo, quiero estar ahí para ver qué tanto se pueden agravar las cosas; si es algo bueno, quiero compartir las cosas con él, con los chicos... con mi familia. Quiero regresar a su lado...
"¿No te bastó con ésto? ¿No te demostró que es un monstruo en el que no se puede confiar? ¿Qué más quieres para alejarte de él?"
-Nada. Ni aunque fuera el mismo demonio en persona lo volveré a dejar. Lo amo... y eso debe ser suficiente para hacerte entender que no importarán las barreras que se pongan entre nosotros; encontraré la manera de regresar con él.
-Bill... vamos... reacciona... regresa... no me dejes solo ahora...
-Quiero creerle. aunque sean mentiras, quiero creerle.- la voz de Tom se iba apagando paulatinamente... dentro de poco ya no la escucharía más y me quedaría atrapado en las tinieblas para siempre. No se abriría la luz para mí por haber cometido un acto suicida... y el infierno no me aceptaría tan fácil sin hacerme sufrir lo suficiente primero.
-Bill.- un último susurro de su parte.
-¡Tom, espera! No dejes de hablarme, por favor... muéstrame el camino de regreso...
Una luz apareció a mis espaldas. -¿Listo?- con una voz gruesa saliendo de su interior.
-¿Qué? ¿Listo para qué?- me detuve, viéndola fijamente.
-Listo.
-Si es para cruzar al otro lado... olvídalo. No quiero ir allá todavía. Quiero regresar.
-¡Listo!
-¡No! ¡No quiero irme! ¡Quiereo regresar!- la luz se amplificó, envolviéndome por completo.
Había muerto... sí... muerto... sin la esperanza de volverlo a ver...

jueves, 17 de febrero de 2011

No Hay Vuelta Atrás

(Tom)

-No puedes morir, Bill. No ahora que he encontrado en tí una manera de volver a la "buena vida"...- Trataba de dormir un poco, pero no hacía más que dar vueltas y vueltas en la cama, con la imágen de Bill tendido en la camilla y lleno de sondas. -...No me dejes solo... no quiero regresar a la oscuridad de nuevo.
"Eso debiste de haber pensado antes de meterte con mi hermana." Me pareció escuchar su voz a mi lado. Abrí los ojos, buscándolo. Nada.
Volví a acostarme. "Cuando un corazón se rompe, ya no hay nada que lo ate a la tierra, Tom. Y es mejor dejarlo partir para que no sufra más. Déjame ir..." su voz resonaba en mis oídos. Intenté ignorarla, diciéndome que él estaría bien; que sobreviviría... y regresaría a mi lado.


Me ví rodeado de gente; toda vestida de negro. Las mujeres llevaban el rostro cubierto con un denso velo negro, ocultándolos por completo del mundo; los hombres las abrazaban fuertemente, bajando la vista.
Pregunté en un par de ocaciones qué era aquello y por qué las caras largas, mas nadie me escuchó.
Me abrí paso entre ellos, llegando casi hasa el frente. Jenni salió entre la multitud, llorando... y pasando de largo frente a mí. Intenté correr tras ella cuando un grito desgarrador me guió unos pasos más adelante: era Simone, quien lloraba descontroladamente entre los brazos de Matt. -¡Mi niño, Matt!- sus palabras me desgarraron el alma.
Sentí palidecerme. Corrí hasta el ataúd que tenían en el centro. -No, no, no, no, no, no, no, no, no, no.... él no... ¡Bill, no!- la sangre se congeló en mi cuerpo al verlo ahí dentro, pálido... sin ningún gesto en el rostro... vestido con las galas de luto correspondientes, dejando ver sus muñecas descubiertas y en ellas, las marcas de la navaja. -Bill...- me dejé caer sobre el féretro.
Los presentes derramaban las lágrimas descontroladamente; lamentándoce de su muerte. ¿Por qué yo no podía llorar?
"Tom." al fondo, una voz me llamaba.  No quería apartarme de ahí, pero la voz me llamó otras cuatro veces y terminé por hacerle caso. "Tom, por aquí."
No veía a naide fuera de los asistentes al velorio. "Hola, Tomi." la imagen de Bill se dibujó frente a mí, con su cuerpo totalmente blanco y una pequeña sonrisa en los labios.
-¡Bill! Sabía que ésto no podía estar pasando... ¡Sabía que no podías morir!
"Todo hombre muere, Tomi. Yo no soy in mortal para no cumplir con esa regla."
-Pero no estás muerto: estás frente a mí...- sonrió más ampliamente. -Estás aquí.
"¿Sabes qué es lo curioso? A pesar de haber muerto, aún sigo pensando en tí. Aún te quiero... aún te amo... y te necesito." El que  dijera eso apuñaló directamente mi corazón.
-Tú no estás muerto. No puedes estarlo. ¡Estás aquí! Estás más pálido que de costumbre, pero estás aquí... eres tú.
"Me tienes que dejar ir, Tom. Así quizás pueda librarme de tu imagen; de tu voz... de los momentos que vivimos juntos y ya no sufriré más. Tú podrás hacer de todo con quien quieras y cuando quieras, sin que me lastimes."
-Tú NO estás muerto.- las lágrimas se agolpaban en mi pecho.
"No quieres verlo porque sientes que es tu culpa, ¿cierto?" no dije nada. "Ésto es tu culpa." Alargó las manos, mostrándome las cicatrices. "Y tienes razón porque en realidad fue por tí que hice ésto; fue por tí que me convertí en un idiota que se tragó cada una de tus palabras sin detenerce a pensar en las consecuencias..." Las lágrimas brotaron de sus ojos, creando un caminito negro bajando por sus mejillas. "Pero no te preocupes: te perdono." sonrió cerrando los ojos; mostrándoce tan dulce... "Te amé como no tienes idea... y creo que te seguiré amando por mucho, mucho tiempo después de ésto. Supongo que es una maldición... y me gusta." rió. "Debo ser masoquista."
-No, Bill. Si es cierto, no me perdones... no me dejes...
"¿Y quién dice que te dejaré? Podré estar cerca de tí. Ya no seremos más compañeros o..." se quedó callado unos momentos. "...pero estaré cerca de tí, esperándote."
-No quiero que me esperes... ¡Te quiero junto a mí en ésta vida! ¡Quiero tenerte cerca... de manera que pueda tocarte!- me desplomé a sus pies. -No quiero perderte... no quiero que te vayas...
"Tom.." sentí cómo su mano se colocó sobre mi cabeza. "...¿no has escuchado? Yo no voy a dejarte." Se agachó; tomó mi rostro con ambas manos y lo levantó a la vista de su cara. "Te amo... pero debes dejarme ir." Me besó. Una luz nos rodeó por completo. él desapareció con ella.
Al no verlo frente a mí, llené mis pulmones de aire y grité su nombre.
El sonido del despertador me sobresaltó, haciéndome caer de la cama. Jenni estaba a un lado de mí, agitada.
-¡Tom! Me tenías muy preocupada.- volteé a verla. -No dejabas de gritar el nombre de mi hermano... ¿tuviste una pesadilla?
-Yo... eso creo.- me puse de pie diciéndole que ya todo estaba bien y que no tenía de qué preocuparce. Me vestí, aún agitado y con la imágens de un Bill pálido y con el camino negro creado por sus lásgrimas y el maquillaje bajando por sus mejillas.
Fuí directamente al hospital... olvidándome por completo de avisarle a los chicos.
Simone estaba dormida frente a la habitación de su hijo. -Joven Trumper, me alegra verlo.- Winckler llegó de mi lado izquierdo.
-¿Cómo está él?
-Sorprendentemente estable. Algo ha pasado con él que se mantiene en constante lucha contra la muerte. Creo que no habrá problemas con la transfución.
-Entonces hagámosla ya.- dije impaciente. Él sonrió.
-Está bien. Por auqí, por favor.- me guió a un lado de Bill. Prepararon todo mientras me acomodaba al lado de la cama, viéndolo atentamente.
Aprovechando que me daban la espalda, platiqué en voz baja con él. -¿Sabes que me has dado un susto de muerte? Creí que... en verdad... habías muerto.- pasé saliva. -Escucha: sé que hice mal, pero en verdad estoy arrepentido. Tienes que luchar y tratar de regresar... por favor.
Cuando todo estuvo en su lugar, introdujeron una aguja en mi brazo, conectándola con los aparatos que tenían... listo para la transfución.
-Si ésto resulta, sólo nos quedará esperar a que Bill reacciones pronto.- Winckler seguía de cerca el proceso.
-Por favor, Bill. Abre los ojos...

miércoles, 16 de febrero de 2011

Soledad

(Tom)

-No sabemos si pase esta noche. Lo siento.- ambas mujeres hecharon a llorar. Dejé de lado a Jenni y me enacaré con el doctor.
-¡¿Cómo que no pasará de ésta noche?! Es su deber salvarlo...
-Hemos hecho todo lo que está en nuestras manos. Ahora tenemos que esperar.
-No se pueden quedar con los brazos cruzados.- dije entre dientes. -No pueden dejarlo morir.
-Si sobrevive a ésta noche, prepararemos todo para la transfución mañana a primera hora. Ahora te aconsejo que vayas a casa y descances, chico.- se fue.
-Será mejor que hagas caso, Tom.- por fin Simone hablaba, siempre con la vista clavada en mí.
-Si me voy no sabré si mi tipo de sangre es compatible con la suya.
-Yo te llamo, Tomi.- las dos estaban sumamente tristes. Incluso pude sentir cómo se derrumbaban por dentro... y aún así trataban de encontrar fuerzas en la esperanza de que sobreviviría. -Ahora ve a casa a descansar...- se acercó para despedirme de mí con un beso. Me alejé de ella, tomándola de las manos y haciéndola a un lado. Ya no quería involucrarme con ella de ninguna forma.
Ví cómo se dibujaba en su rostro la desconcertación. -Adiós. Espero tu llamada.- la rodeé; me despedí de su madre y salí de ahí con la cabeza llena de mil pensamientos confusos y dolorosos a la vez.
Al abrir la puerta de la casa, un aire de culpabilidad me golpeó fuertemente. La ausencia de Bill era demasiado notoria.
Subí a nuestra habitació: todo tan silenciosos a mi alrededor... tomé una muda de ropa y entré en el baño a asearme.
Me miré en el espejo, aún sin vestirme, sólo con la toalla atada a la cintura. Miré mi reflejo, limpiando un poco el espejo... tratando de imaginar el rostro sonriente d ebill frente a mí, pero todo lo que ví fue al monstruo que había terminado con la vida de quien se supone se había convertido en su salvación.
Suspiré; bajé la vista y me vestí.
Salí, lanzando la vista ami alrededor... buscando algo que me hiciera sentirme cerca de él. Abrí la puerta del armario y ví detenidamente su ropa, llenándome de su olor...
Cerré fuertemente los ojos, viendo sus ojos en mi mente. -¿Por qué? Creí que queriéndote no podría dañarte, pero me equivoqué.
Me acerqué a la ventana: la luna estaba en lo más alto del cielo... "A Bill le hubiera encantado verla..." dije inconcientemente.
Él, tan romántico... un buen chico. ¿Por qué me tuve que cruzar en su camino? ¿No pude haber muerto antes de llegar aquí e irrumpir en su vida? "¿Y si muere?" el pensarlo me hizo temblar...
Si muere... si eso llega a pasar... me vuelo los sesos frente a su tumba. Quizás puedo encontrarlo del otro lado y pueda disculparme.
Me sneté en el borde de la cama, con la cabeza entre las manos. Escuchando el silencio que me rodeaba... interrumpido por el sonido de mi celular.
-¿Bueno?- contesté a prisa, creyendo que era Jenni.
-Hola, Tom.- la voz de Marc se escuchó del otro lado.
-¿Qué quieres?
-Esa no es manera de responder las llamadas, chico.
-No me molestes ahora, Marc. No estoy de ánimos y estoy esperando una llamada importante, así que adiós.- colgué sin esperar respuesta.
Me tumbé en la cama, dando vueltas... intentando no sentirme solo...
Solo... se supone que me había acostumbrado a estarlo: toda mi vida viviendo en soledad... y ahora que me faltaba él me dolía estar así. Fantástico.
-¿Tom?- la voz de Jenni me hizo ponerme de pie y abrir la puerta de la habitación.
-Creí que te quedarías en el hospital.
-Mamá me dijo que sería mejor que viniera a descansar.- sus manos temblaban, al igual qu su mirada. -Ella se quedará allá... al pendiente de Bill.- suspiró. Le invité a sentarce a mi lado. -No quiero perderlo.
-Yo tampooc quiero perderlo, nena.
-Sobrevivirá. Siempre lo ha hecho. Además tiene una buena razón para hacerlo: la banda. Y esa chica que lo orilló a hacer esa tontería... me dan ganas de ... no sé. Matarla.
-No tienes idea de lo que dices.
-Eso es lo que siento.- una lágrima bajó por su rostro
-No fue por una chica que se hizo eso.- se me escapó decirlo.
-¿Qué?
-Nada.Olvídalo.
-Además, quería hablar contigo y que me dijeras por qué no me besaste en el hospital.
-¿Crees que sea momento de hablar de eso? Digo: tu hermano está en el hospital...
-Quiero saberlo.
-En primera: jamás debimos hacer eso...- sus ojos se clavaron en los míos. -...segunda: ya tengo a alguien.
-Lo suponía.- se puso de pie. -¿Sabes? Algo me decía que no debíamos hacerlo, pero ya ves en qué terminó todo.- se puso de pie, lista para irse. -Te quiero. No me arrepiento de nada... pero si ya tienes a alguien especial, mejor ya no me meteré más.- se limpió la lágrima. -Por cierto: los resutados ya están. Tienes que estar a primera hora mañana; no debes ingeriri o beber algo...
-Lo sé, lo sé. Estaré mañana... o ¿por qué no mejor me voy desde ahora?
-Descansa. Verás que mi hermano sobrevivirá... siempre lo ha hecho.- se fue.
Me tumbé en la cama. Quise dormir, pero no podía: cada que cerraba los ojos, veía a Bill dentro de un féretro...
Dios... ¿y si.... y si moría? ¿y si no pasaba de ésta noche?
Mi alma se martirizaba con cada pensamiento; mi corazón por primera vez desde que tenía memoria, se quebraba cada vez más con recordar su mirada... con recordar la imagen de su cuerpo tirado en su habitación, desangrándoce.
-Bill, vamos, no te puedes ir ahora... no ahora que te he encontrado...

Emergencias

(Tom)

-Maldición, maldición, maldición, maldición, maldición... ¡Bill, reacciona!- estaba en el piso de su habitación, con las manos estiradas; desangrándoce... y unas tres botellas de licor a su lado.
Lo tomé entre mis brazos y bajé a prisa las escaleras, llevándolo de nueva cuenta al hospital; abriéndome paso entre la multitud de doctores, enfermeras y pacientes. -¡Ayuda!- Un par de doctores se acercaron de inmediato.
-¡Traigan una camilla!- Uno de ellos me lo quitó abruptamente. Intenté ir detrás, pero las enfermeras me lo impedían Lo máximo que pude acompañarlos fue hasta la habitación, quedándome fuera, con la vista clavada en la puerta y las manos aún temblando a mis costados.
-Será mejor que vaya a casa a cambiarce, joven Trumper.- el doctor que la vez pasada había estado a cargo del estado de Bill me habló por la espalda.
Miré mis manos y mi playera: estaban llenas de sangre... de su sangre que se había derramado por mis estupideces. -Quizás después. Ahora no quiero separarme de él.
-Así que su amigo está de nuevo aquí... parece que es grave.- se colocó más cerca de mí. -¿Se puede saber qué pasó ahora?
-Intentó quitarce la vida.- respondí con la vista baja.
-Heridas con abjeto punzo cortante, parece.
-Agréguele que se bebió tres botellas de licor de golpe, creo.
-Una desilución amorosa, ¿no?
-¿Cómo lo sabe?
-Es lo más común entre los chicos. Debe amarla con locura para haber querido quitarce la vida.
-No tiene idea...
-Será mejor que llame a su hermana y esperar a que le den noticias. Si lo quiere, trataré de involucrarme en ésto, pero debe prometer que avisará a su madre también.
-Jenni le dijo que...
-No creerá que en serio me hizo creer que son sólo ellos dos.- no respondí. -Conozco a su madre muy bien: yo la atendí cuando su esposo la maltrataba... debiera haber visto lo graves que llegaban.
-¿Llegaban?
-Ella y el pequeño Bill. Jamás creí que lo volvería a ver de nuevo. A cambiado tanto que no lo reconocí hasta que me dijo su nombre.- las cosas que me decían, del sufrimiento... de la vida tan complicada de Bill... jamás creí encontrarme de frente con quien me pudiera decir eso. Era mi oportunidad para saber de sus sufrimientos; tomar nombres e ir a hacerlos pagar, para terminar con le mayor idiota que lo ha hecho sufrir: yo.
-¿Qué tan grave era su situación?- me vió con curiosidad.
-¿Para qué quiere saber?
-Muchas personas me han dicho que su vida está demasiado enredada y es complicada. Quiero saber qué tanto hay de cierto en eso.
-Tomando en cuenta que eres su amigo... el único sincero y bueno con él fuera de los otros dos chicos, supongo que puedo decirte sin problemas.- sus palabras me hicieron daño. "Sincero y que ha sido bueno con él..." No. Sólo soy un maldito monstruo que llegó a arruinarle la vida. -Desde su primer matrimonio simone sufrió tanto maltrato físico como psicológico: no salía de casa nunca, sólo para asisitir a un pequeño consultorio que yo acababa de abrir a unas casas de la suya y siempre llegaba con heridas de todo tipo... pobre, vivía el infierno en su propia casa. Siempre le dije que sería mejor dejarlo, pero no hacía caso: le tenía demasiado miedo... y fue mayor al saberse embarazada.
-Bill me dijo que tenía un hermano.
-Sí. Fueron gemelos... eran lindos, se parecían un poco a su madre...
-Pero uno no sobrevivió.
-¿Quién te ha dicho eso?
-Bill. Una noche le preguntó a su madre de eso y le contó que su hermano falleció al nacer.
-Pues déjeme decirle, joven Trumper, que eso es mentira.- La sangre comenzó a detenerce en mis venas. -El pequeño no murió al nacer. Desapareció de los cuneros ni bien vió la luz. La pobre Simone no pudo verlo... quizás su esposo le dijo eso.
-Entonces su hermano está vivo.
-Es una posibilidad.
-¿Qué pasó con ellos después?
-Regresaron a casa y fueron víctimas de violencia... en una ocación, Bill llegó con heridas en la espalda demasiado graves y jamás supe con exactitud el arma que su "padre" había utilizado.
-¿Dónde está él?
-Si lo buscarás para hacerle pagar lo pasado, no hace falta: murió dos años después que se separaron.- colocó su mano en mi hombro. -Él ya debe estar en el infierno, pagando sus crímenes. Ya no vale la pena preocuparce por él. Preocúpate por Bill y su hermana, necesitan alguien que sea su ángel para que no se pierdan y permanezcan juntos ante la adversidad.
-Yo no puedo ser su ángel... sólo les traigo problemas.
-Ellos no estarían cerca de tí por nada: tienen un sentido excepcional para diferenciar a las personas buenas de las malas... aunque Bill tiene un imán para los problemas y los buscapleitos, su corazón sabe de quién fiarce y de quién no.
"No sabe de lo que habla. No soy alguien en quien sepueda confiar; no soy el guía que ellos necesitan... soy sólo un maldito monstruo que los ha separado y ha aparecido sólo a hacer de sus vidas un sufrimiento sin fin." dije para mis adentros, apretando los puños.
Uno de los doctores salió de la habitación. -Doctor Winkler...
-Permíteme un momento, Tom.- me dejó, pidiéndole que hiciera lo posible por hacerlo despertar.
Me paseé por el pasillo, dando vueltas... tratando de calmarme diciéndome que todo iba a estar mejor.
-Será mejor que llames a su familia.- la cara del doctor Winkler se asomó unos segundos y volvió a esconderce en el cuarto.
Marqué el número de Jenni. -Hola, nena. Sí, ya sé que no está... escucha, tienes que venir al hospital... no soy yo, es tu hermano. ¿Pelea? No, esta vez es otra cosa... ¿en serio? Entonces será mejor que vengan las dos juntas. Está bien, pero de prisa.- colgué. Miré atentamente mis manos, teñidas de un hermoso color carmín... en mi vida de sicario había visto miles de veces la sangre de cerca; sintiéndo cómo bañaba mi cuerpo y me era placentero, pero ahora... su sangre tenía el color más hermoso que jamás había visto y me lastimaba... algo dentro de mí me hería; sentía cómo me quemaba... ¿Por qué?
Simone y Jenni aparecieron unas horas después. Al verme manchado de sangre, se alarmaron. -¡¿Pero qué ha pasado?! ¿Dónde está mi niño?
-Simone, por favor, cálmate, ¿si?
-Tom, estás... ¿qué pasó? ¿Dónde está mi hermano?
-Él está ahí dentro.- mi voz se quebraba... ¿por qué no podía actuar como siempre para que no se dieran cuenta que me dolia?
-¿Qué pasó, Tom?- su madre aguantaba el llanto. -Dímelo...
-Estaba en casa y... fui a buscarlo. Me tenía preocupado y necesitaba hablar con él, pero... en su cuarto... él...
-¡¿Qué pasó?!
-Intentó quitarce la vida.- dije de golpe. Ellas palidecieron.
-Eso no es cierto...- la vista de Simone se ensombreció. -... mi niño... no.
-¿Ve ésto? Es suya.- extendí mis manos, para que viera la sangre. -Intentó matarce. Se cortó las venas.
-Pero, él está bien, ¿verdad?- las lágrimas se habían atorado en la garganta de la chica.
-No sé.
Winkler salió dela habitación. -¡Will! Dime por favor que Bill está bien.- Simone se lanzó al frente.
-Está demasiado grave, Simone. Le hemos hecho un lavado de estómago: tenía un cocktail de pastillas de todo tipo y lo que dijiste era cierto, Tom: bebió demasiado alochol.- los tres nos quedamos callados. -Intenó quitarce la vida cortándoce las venas... sino hubieras aparecido quizás ya hubiera muerto. Unos segundos más y ya no estaría aquí.
-Pero él estará bien, ¿verdad?
-Está demasiado débil. Por su estado, quizás sobreviva, pero...- el ajetreo dentro del cuarto era perceptible desde fuera. Una enfermera salió de nuevo por él.
-¿Qué pasa?
-Paro cardiaco.- sus palabras nos helaron la sangre. Se internó de nuevo en el cuartillo; la madre de los chicos se desplomó en una de las sillas del pasillo; Jenni se echó a llorar ahí parada y yo... yo me quedé petrificado en mi lugar.
Estaba ahí por mi culpa... estaba a punto de morir por mi causa... ¿qué podía hacer? Quizás mi muerte le devolvería la vida.
-Necesita una transfución de sangre con urgencia, pero en su estado no sabemos si soporte.- Escuché con atención la plática detrás de la puerta.
Ignorando el dolor de ellas, irrumpí en la habitación; varias enfermeras me pidieron que desalojara, pero no hice caso. -Si necesitan sangre para dársela, tomen la mía.
-No sabemos si sea compatible...
-¡Sólo tómenla y désenla! Abran mi corazón y désenla toda... quiero que viva...
-No es así de fácil, Tom.
-¡Sólo tómenla! ¡Vacíen mis venas y sálvenlo, carajo! - todos se me quedaron viendo, mientras intentaba ver a Bill detrás de ellos.
-Está bien, hagamos los exámenes necesarios pronto.- dijeron por fin.
Uno de ellos salió por el equipo necesario, dejándome un espacio para verlo. Ahí estaba, recostado, con un sin fin de artefactos conectados al cuerpo y sondas y miles de cosas a su alrededor.
-Por aquí.- me llevaron de nuevo al pasillo. Ahí, frente a su madre, tomaron la muestra necesaria.
-¿Qué haces?
-Salvaré a tu hijo.- me sonrió, dejando libre  una lágrima. -En verdad quiero que viva... él lo merece, yo no. Si muriendo puedo salvarlo, moriré sin pensarlo.
-Gracias. Eres un gran chico.
-No lo soy, Simone. Si me conocieras, verías que soy el demonio en persona.
-Un demonio no sacrifica la vida para salvar a alguien.
-Pero destruye miles de almas... incluyendo de la persona que quiere.
-Tú no hjarías eso.- si supiera que fue por mi culpa que Bill estaba hí, ella misma me hubiera matado ya.
La enfermera se alejó con la muestra. Me acerqué a Jenni y la abracé. Simone, por alguna razón, comenzó a hablar de su hijo. -¿Sabes? En un par de semanas será su cumpleaños número 20... y aún es mi niño; aún sigue siendo ese bebé indefenso ques e convirtió en mi razón de salir del infernal matrimonio en el que vivía. 20 años ya desde que lo tuve entre mis brazos...- las lágrimas caían silenciosas por su rostro. -...no quiero que pase su cumpleaños en el hospital, conectado a miles de aparatos...
-Mi cumpleaños también será en un par de semanas más.- dije sin verla. -Creo que compartimos más que el gusto por la música.
-¿En verdad?
-1 de septiembre. Hace años que no lo festejo... sería lindo festejarlo con las personas que se han convertido en mi familia.- sus ojos se centraron en mi rostro, quedándoce callada unos minutos.
-¿Has dicho 1 de septiembre?- asentí.
-Es el mismo día del cumple de mi hermano.- Jenni estaba distraída sobre mi pecho. -Qué casualidad.
-¿Cómo que hace años que no lo festejas? ¿Tus padres no hacen nada ese día?
-No creo que a ellos les importe el día en que nació el hijo de desconocidos que abandonaron y ellos adoptaron por obligación.
-¿Qué?
-Tom es adoptado, mamá.
-¿Cómo lo sabes, linda?
-Las chicas me lo dijeron.- Simone no despegaba la vista de mí.
Dentro de la habitación, se volvió a escuchar el ajetreo por espacio de unas horas.
-Hay algo que tienen que saber...- Winkler salió del cuartillo. -...puede que Bill no sobreviva antes de la transfución. Ya ha pasado por un par de paros cardiacos y está a punto de pasar por uno respiratorio. No sabemos si pase esta noche. Lo siento.

martes, 15 de febrero de 2011

"Quiero Olvidar"

(Bill)

En el sillón estaba él; sosteniendo un cuerpo delgado y suave... como de porcelana. Tom la sujetaba de la cintura, mientras el cabello negro ocultaba sus facciones.
Me quedé parado, viéndolos... escuchando sus gemidos... viendo el placer que Tom había encontrado en ella.
Las lágrimas se habían atorado en mi garganta; mi corazón latía a mil por segundo y los nervios hacían que mis manos y todo mi cuerpo temblara.
-Tom.- ni siquiera yo escuchaba mi propia voz con claridad. Con las demás gemia, sí, pero no con tanto placer como ahora.
Echó la cabeza hacia atrás, acompañada de un gemido agudo; sus cabellos dejaron al descubierto su rostro: sus facciones dibujando el placer... restregándome en la cara lo idiota que era.
Tom dejó escapar su nombre en un grito... justo como lo hacía conmigo. Al escuchar su nombre, una lágrima se abrió paso entre mi garganta cerrada, cayendo al suelo.
Ambos se miraron directamente a los ojos, sonriendo... él sólo hacía eso conmigo... esos eran nuestros gestos... y ahora los regalaba a ella.
No pude más. Me dí la vuelta y eché a correr por la calle, sin mirar hacia dónde iba. Si pasaba algún automóvil y me arrollaba, no me importaría; si caía en algún desagüe destapado por un descuido, no me importaría... si me metía en un callejón oscuro y unos tipos salían y me asaltaban o violaban o mataban... tampoco me importaría... me harían un favor enorme en esos momentos...
-Jenni.- el nombre de  mi hermana acompañado de los gestos de Tom... de mi Tom... no dejaban mi cabeza; su grito... Dios, ésto no podía estar pasando. ¿Por qué ella?
"Te dijo que ya no era una niña; que no era una niña buena... que ni siquiera era como te la imaginabas..." y la estúpida voz de niño seguía dándole vueltas a mi cabeza.
Seguí corriendo bajo el cielo que oscurecía con suma rapidez, hasta chocar con alguien que me sostuvo entre sus brazos. -¿Qué pasa?- tenía cerrados los ojos, tratando de impedir que las lágrimas dejaran de salir y moví frenéticamente mi cabeza de manera negativa, intentando darle a entener que era un tonto y que lloraba por nada. -Bill, dime qué pasa.- la voz me era conocida, pero no quería verla. -Lloras por Tom, ¿verdad?- su nombre me lastimaba demasiado. El llanto creció. -Es por él... escucha, lo que sea que haya hecho yo no...
-¡De seguro tú lo sabías!- le grité, alejándome un poco. -¡Nathaly y tú están en ésto desde el comienzo, Cecilia! ¡No vengas ahora aquí a decirme que tú no sabes nada y te quieras hacer un ángel conmigo! Eso no resultará... ¡Ella me quiere matar por dentro... tú me quieres matar en todo aspecto!- me dí la vuelta para seguir corriendo... buscar una manera de huir de la realidad, pero me retuvo. -Te equivocas: yo en verdad que no sabía nada de ésto... ni siquiera sé por qué estás así.- Traté de soltarme, pero entonces me puso la otra mano encima. -Necesito saber dónde está Tomi y tú lo sabes. Dímelo, anda.
-¡No  quiero saber nada de ese mal nacido!
-¿Así te diriges a tu novio ahora?- sonrió, mas al ver que seguia llorando, borró su sonrisa. -En serio, Bill. Ahora no tengo ganas de pelear contigo ni de matarte. En verdad necesito saber dónde está él... lo buscan y tengo que encontrarlo antes de que lo encuentren ellos.- relajamos nuestros cuerpos.
-Te diré si me das una salida a ésto.
-Primero dime por qué estás así y sí.
Suspiré; tomé aire y fuerza para responderle. -Él y... él y Jenni estaban... estaban teniendo sexo en la sala de la casa de Andreas...- sus ojos se abrieron a más no poder. -...tenían sexo... y no sabes el placer que estaban teniendo. Nunca lo había visto así con nadie más...
-Yo... él... ya deberías de saber que Tom no tiene arreglo. Es una clase de monstruo y no cambiará...
-Creo que hasta los peores monstruos tienen arreglo.
-Ese es tu problema, Bill: siempre pensar bien de los demás. Aunque te metas en millones de líos y dañes físicamente a unos cuantos, tu corazón seguirá siendo el mismo: blando y bueno... eso no tiene arreglo. Conociendo a personas como Tom o como yo, ya deberías hacerte a la idea de que nada es como lo piensas: que en cualquier momento, cualquier persona con un poco de oscuridad sobre sus ojos o en su corazón puede llegar y arruinarte la vida en un parpadeo.- ya no sabía qué decirle. Me quedé callado, dejando que las lpagrimas bañaran mi rostro y terminaran en el suelo; perdiéndoce con mi dolor... -Tengo que ir por él. Será mejor que te vayas.
-¿Y a dónde?
-No sé, ese es tu problema, no el mío.- se fue, dejándome solo.
Me recuperé un poco y seguí caminando, hasta llegar a casa. Entré en la que mi hermana creía era mi habitación; tomé entre mis manos una fotografía que había de Tom sobre una de las paredes. La observé y terminé por arrojarla contra la puerta.
-¡¡¡BILL!!- los gritos de mi hermana se oían claramente desde la entrada. -¡¡¡BILL, ya llegamos!!!- cada una de sus palabras me dolían en lo más profundo de mi alma.
Subió las escaleras y tocó. -¿Bill?- no respondí; hundí más mi rostro entre mis manos, ahogando el llanto que no había parado aún. -Creo que no está.
-Seguro debe andar con los chicos... aunque no me dijo nada.
-Eso me recuerda: no estaré aquí hasta mañana en la tarde.
-¿Se puede saber a dónde irás?
-Con unas amigas. Tranquilo, estaré bien.
-Cuídate, ¿sí? Si te pasa, algo tu hermano me matará.- ambos rieron.
-No puede matarte, porque sabe que te quiero. Él nunca haría eso con alguien que él estima y que a mi me gusta y quiero.- esas fueron las palabras de muerte. Quería abrir la puerta de golpe y  decirles que por mí, los dos podían irse al infierno... -Me voy, Tomi.- fue todo.
En cuanto la puerta de entrada se cerró, Tom tocó insistentemente. -Vamos, Bill: la puedes engañar a ella, pero yo sé que estás ahí dentro. Abre.- Me paralicé: si le abría, muy probablemente no aguantaría las ganas de golpearlo... y no quería hacerlo. De no abrirle, me moría solo con mi dolor sin explicaciones... ¿pero para qué quería escuchar explicaciones después de lo que ví con mis propios ojos? -Bill, abre. ¿O será que me escondes algo? ¿Una sorpresa, quizás?
-Sí, claro. Una gran... sorpresa.- dije armándome de valor y abrirle. En cuanto me vió serio y enfadado, borró su sonrisa.
-¿Qué pasa?
-Tú sabes muy bien lo que pasa.
-Creí que ya habíamos hablado de eso. Ellas me tienen una noche, Bill y tú...
-Yo soy sólo el idiota que se cree cada una de tus mentiras. No soy nadie en tu vida...
-Bill...
-...un juego fácil para tí. Nada más.
-...sabes que eso no es cierto.
-Te creería... te hubiese creido eso hace unas horas; te creí eso cuando te encontré con Nani, pero ahora es diferente.
-¿Qué lo hace diferente? Te avisé que llegaría tarde. Sabías que estaría con alguien... ¿qué lo hace diferente?
-¡Que te metiste con mi hermana! - se quedó callado. -Te ví, Tom. Nathaly me lo dijo. No directamente, pero lo dijo.
-Ella...
-¡¡¡MI HERMANA, TOM!!! ¿Por qué con ella? Puedes meterte con millones de chicas... hay miles de dónde escoger, ¿y tenías que meterte con ella?- agachó la mirada. - Inclusive Ceci no lo podía creer... pero terminó asimilándolo mejor que yo, porque ya está acostumbrada a tus cosas, pero yo no. No puedo creer... no puedo aceptar que seas así... no.- levantó el rostro y trató de limpiar mis lágrimas. -No te atrevas.
-Es mi debilidad.- se atrevió a mirarme directo a los ojos.
-Debilidad o no, el hecho de saber que estabas con MI hermana te habría detenido.
-No lo entiendes: ella es tan adictiva como tú.
-¡Eso es aparte! Es imposible hablar contigo.- Tomé mi chaqueta y salí corriendo de ahí, sin importarme sus gritos.
Llegué a casa de mi madre. "¿Qué piensas hacer para olvidar ésto?"
-Ya verás.- me dirigí directamente a la cocina. Abrí las puertas superiores de la alacena y eché abajo todas las cosas, hasta toparme con las botellas de licor que mi madre guardaba en el fondo. Siempre creyó que no sabíamos dónde las ocultaba, pero estaba equivocada.
Tome unas tres botellas. "¿Crees que sea suficiente?"
-El alcohol no alivia el dolor... pero por lo menos te ayuda a olvidar, o ver las cosas como te gustaría que fueran.- dejé las cosas regadas en el suelo y subí a mi habitación. Cerré con llave  y me tiré en el suelo, sujetando fuertemente las botellas. "¿Qué te gustaría ver?"
-Nada. Sólo quiero olvidar.- abrí la primera, llevándola enseguida a mis labios. No acostumbraba a tomar demasiado, pero la imagen de Tom empapado en sudor y gozando del cuerpo de mi hermana seguía en mi mente.
Pasé casi media botella de golpe por mi garganta. Cerré los ojos; la separé unos momentos para terminar de pasar el trago y la volví a juntar con mis labios, para terminarla, sin nunca abrirlos. Me haría efecto en seguida... no quería ver cómo se deformaban las cosas  a mi alrededor.
"No deberías hacer ésto."
-¿Tú qué sabes? Eres sólo una voz dentro de mi cabeza. Tu opinión ya no cuenta desde ahora.
"Pero... pero... sólo te harás daño. Nos haremos daño... no podrás olvidar y terminarás con nosotros..."
-Si te puedo callar haciéndolo, lo haré. Si puedo perderme un momento... un sólo minuto sin saber nada de nadie, lo haré. Sólo quiero olvidarlo... por un momento.- terminé. No dejé de lado las demás, a pesar que con una ya había tenido para empezar con los mareos. Vacié la segunda y la tercera lo más rápiado que pude.
Abrí los ojos con trabajos, pues ya comenzaban a pesarme; las cosas se veían vibrantes y toda la habitación parecía dar miles de vueltas... pero las imágenes seguían tan palpables en mi memoria...
Como pude me puse de pie agarrándome de los muebles y las paredes, cayendo muchas veces antes de llegar al pasillo. -Eres un idiota... eres un imbécil... un estupido...- no podía dejar de insultarme a mí mismo.
Alguien tocó a la puerta. Intenté decir que se fuera. Quien quiera que fuera... que se largara y me dejara solo, pero no me salían más palabras de la boca que no fueran insultos hacia mí. Por lo menos la endemoniada vocecilla había callado.
Los toques seguían insistentes. Me senté en las escaleras, agarrándome fuertemente de los barandales, viendo fijamente la puerta. -¿Puedo pasar?
-Largate.- me costó trabajo, pero pude articular la palabra. Me ignoró y pasó.
-¡Pero mira nada más cómo te has puesto, Bill!- Ceci subió de inmediato... como si le importara lo que me pasara o dejara de pasar.
-Lárgate.- repetí. Trató de pasar su mano por mi rostro, pero le tiré con la mano al aire. -Déjame.
-Te has bebido más de una botella, ¿verdad?
-Qué te importa.
-Me dijiste que a cambio de decirme dónde estaba él, tendría que darte una salida a ésto. ¿Aún quieres un escape?- con la cabeza baja asentí en silencio. -Ven acá.- Me ayudó a ponerme de pie y caminamos de nueva cuenta hasta mi habitación. Me senté en el suelo, recargado en la cama. Ella dejó la puerta abierta. Abrió su bolso y sacó un paquetillo, haciéndolo sonar delante de mí. -Dicen que algunas pastillas alivian el dolor del corazón y que otras te hacen olvidar... ¿te interesa?- no respondí, así que la tiró a mis pies. -Yo misma he probado una que otra y funcionan. Créeme.- alargué el brazo hasta tomarlo. Lo abrí despacio: su interior estaba repleto de pastillas de todo tipo y colores. -Anda, pruébalas. Cualquiera sirve.
Tomé un puñado de ellas y las introduje lentamente en mi boca. Volteé a mi derecha: una de las botellas aún tenía un poco de alcohol. La tomé y con el líquido acompañé las pastillas. -¿Funiona?- su tono de voz parecía divertido.
Negué con la cabeza. -Aún está aquí.- señalé mi frente. -No se irá. Y me duelo...- en seguida señalé mi pecho. Tomé otro puñado de pastillas... todo se deformaba a mi alrededor... pero los sonidos y sus gestos seguían presentes.
-Tus malditas pastillas no sirven.- una lágrima rodó por mi mejilla. Tomé lo que restaba del paquete y lo arrojé a sus pies.
-Hay otra salida...- levanté mi rostro. -...pero no creo que quieras tomarla.- sacó una navaja de su bolso. El filo brillaba con la luz de la habitación. -Si no puedes olvidarlo con eso... no podrás hacerlo con nada más que con ésto.- la movía de un lado al otro; esos movimientos se mostraron tan sensuales y tentadores ante mi vista... Me la alargó. No la tomé.
-Quizás así olvide.- dije para mí. -Pero no lo haré.
-Como quieras.- iba a guardarla de nuevo, cuando le detuve.
-Yo no lo haré... pero tú sí.
-¿Seguro?
-Siempre me has querido matar... ahora te doy ese lujo.- extendí mis manos. Volví la mirada al suelo.
-¿En serio? ¿No te da miedo morir?
-Ya no me importa nada.- se acercó despacio y se agachó. Intentó buscar mi rostro entre los mechones de cabello que me lo cubrían, pero yo agachaba más la cara para evitar que me encontrara.
-Aquí voy, amor.- colocó el filo y presionó un poco. Me dolió, pero resistiría. La intoxicación por las pastillas y el alcohol disminuirían el dolor.
Un corte rápido y preciso... me hizo creer que ya tenía tiempo haciéndolo. Se quedó unos minutos frente a mí, observando cómo me quedaba sin fuerzas y caía de lado. -Pronto dejará de dolerte.Si las pastillas no terminan contigo, el corte lo hará.- Besó mi cabeza y se fue.
El tic tac del reloj hacía eco en mi interior... sólo unos segundos que parecían horas recostado en el suelo, desangrándome... queriendo olvidarlo.
-¡Bill!- la voz de Tom llegó a mis oídos de manera distante. Intenté hablarle, pero mi voz se había apagado. -Sé que estás aquí... escucha: lo lamento, ¿si? En verdad lo lamento.- sus pasos se acercaban lento... como si me buscara a cada centímetro a su alrededor. -Por favor, Billi: dame una señal que me escucharás. Si te sientes mejor, desapareceré de sus vidas para siempre... pero déjame verte.- Llegó a la habitación. En cuanto me vió, se precipitó a tomarme entre sus brazos.
Las pastillas comenzaban a ganarle la partida al desangrado... me iba y esta vez, para siempre. Nada de doctores; nada de hospitales ni luces en la oscuridad: esta vez estaba seguro de que no iba a poder regresar...
Por lo menos dejaría de pensar en él...