jueves, 30 de junio de 2011

Despedida

"Utilizar el último aliento para decirle a esa persona cuánto la amas, vale la pena, aunque no la vuelvas a ver nunca."
-by Bill

Un par de disparos siguieron a los que salieron del arma del infeliz, mezclando su estruendo con el grito de Tom.

El tipo cayó inerte al suelo. Me llevé la mano al pecho y al ver mi propia sangre, las fuerzas me abandonaron. Tom me alcanzó a tomar entre sus brazos al tiempo que Michel salía detrás de él. -No puedo dejarte solo un atemporada, niño. Siempre tengo que cubrirte.

No le respondió. -Michel... Bill...- mantenía la vista fija en mí.
-Hay que llevarlo al hospital rápído, Tom.

Me cargó hasta el Cadillac, sentánoce en la parte trasera con mi cabeza sobre su pecho.

-Tom...- tomó mi mano entre a suya. -...duele.
-No te preocupes, Bill. Estarás bien.
-Tengo sueño... Tomi...- mis párpados me pesaban una tonelada. -...abrázame... no me sueltes.
-No te soltaré... nunca. Quédate conmigo, Billi.
-Tengo frío...
-No... nononononono... ¡Bill, no! ¡Date prisa, Michel!
-¡No me tienes que gritar, chico!- podía sentir cómo aceleraba.

Tom me abrazaba fuertemente, confortándome un poco. Al llegar al hospital, cerré los oos, escuchando el ajetreo de los doctores y las exigencias de Tom para que hicieran lo posible por salvarme.

Y de pronto, nada. Sólo oscuridad y silencio... una terrible nada. Me sentía solo... abandonado... y lleno de temor. Sumergido en un estado de suspención, sin saber nada del mundo; sin sentir pasar el tiempo ni escuchar su voz. Sentía... creía estar muerto, pero no. No podía irme sin verlo por última vez.

Dentro de mí... en éste mundo de vacío, comencé a desesperarme y me obligué a volver.

Por fin, tras varios intentos, pude abrir los ojos lentamente, sin lograr enfocar nada, ya que el blanco de la habitación resaltaba las siluetas, deformándolas. Moví la smanos despacio, al igual que la cabeza, topándome con Tom recostado a mi lado.

Coloqué la mano sobre su cabeza, viéndolo dulcemente.

La puerta se abrió, dejándome ver a mi pequeña hermana con gesto preocupado, que cambió a una media sonrrisa al verme despierto. -Bill...- se acercó, debando mi frente y pasando su mano por mi rostro. -...hermanito... qué bueno verte despierto.
-Tom...- mi voz a penas se oía.
-No se ha separado de tí.- sonrió, volteándolo a ver. -No ha dormido bien.
-¿Cuánto tiempo...?- no pude completar la pregunta por el dolor.
-No hables, Billi. HAe un par de semanas esperáamos ésto.

Un doctor irrumpió en la habitación, viéndonos con cierta indiferencia. -Me alegra verlo despierto, joven Kaulitz. Pensamos que lograría ver la luz de nuevo, pero supongo que los cuidados de sus hermanos lo hizo posible.- Intenté enderezarme, pero una punzada en el pecho me lo impidió. -Si yo fuera usted, ni siquiera lo pensaría.- lo ví interrogante. -No fue sólo una, sino tres las balas incrustadas en su cuerpo: una en el pecho,a la altura del corazón; una segunda en el vientre y otra más en el costado izquierdo. Fue un milagro que la primera no lo matara al instante.
-¿Cuándo podremos llevarlo a casa?
-Paciencia, señorita. Aún está grave. Tiene que quedarce un tiempo más.- sin despedirce, salió de la habitación, dejándonos solos.

Jenni acercó una silla y se sentó a un lado de mí, contrario a donde se encontraba Tom. -Mamá ha estado preguntando pr tí. Ella y Matt llegarán en unos días.- dijo triste. -Yo llegué al día siguiente de que me avisaran. ¡Oh, Bill! Me tenías tan preocupada...- alargué el brazo hasta tocar su mano.

Tom se movió un poco. A penas despertó y me vió, me abrazó efusivamente, haciéndome quejar bajo. -Lo... lo siento.- sonreí. -Me tenías... nos tenías preocupado.- corrijió al ver a jenny ahí con nosotros.
-Yo... eh... iré por algo. ¿Quieres un café o algo, Tomi?
-No, gracias, nena.- se fue.
Tom se acercó más y acarició mi mejilla. -¿Te digo algo? Por segunda vez tuve miedo, Bill. Temía perderte...
-Tom...
-No hables, niño tonto. Puedes lastimarte más.
-...escucha, Tomi...- hice un esfuerzo por hablar. -...tenía que verlos... por última vez.- sus ojos se pusieron vidriosos al instante.
-¿De qué hablas?
-Yo... mi tiempo terminó.- se echó para atrás. -Lo supe desde que llegaste por mí.
-No digas eso: te pondrás bien, ya verás.- pude sentir su nerviosismo. -Saldrás de aquí... y podremos empezar de nuevo. Ya no más líos; ya no más engaños ni mentiras...
-Tom...
-...ya no me liaré con nadie más, lo prometo.
-Tom...
-...ya no estarás solo, lo juro.
-Tom... escucha, por favor.- Se quedó en silencio, viéndome fijamente. -Sólo quiero... que... se queden conmigo.- cerré los ojos al sentir una nueva punzada en el pecho.
-No te dejaremos solo... nunca.- volvió a acercace, tomando mi mano. -Una vez te prometí que no te dejaría solo. Si te vas... te seguiré... a donde sea.
-No...- tomé aire. -...tú no irás a ningún lado.

JEnny entró en silencio. -¿Qué pasa?
-Bill está delirando, nena.- la voz de Tom temblaba.
-Pequeña lata...- sonreí. -...cuida de Tom, ¿sí?
-¿Por qué dices eso? Ese es tu trabajo... mantenerlo lejos de líos... ¿te sientes bien?- colocó su mano sobre mi frente.
-Déja eso...- tosí un poco. Cubrí mi boca y al observar la palma de mi mano, se alarmó.
-Llamaré al doctor.- antes de que se alejara, Tom la retuvo del brazo.
-No.- una lágrima resbaló por su mejilla. JEnny lo vió un momento, terminando por ceder al comprender lo que pasaba.
-Bill...- y concentró la mirada en mí. -...tú no... no.- automáticamente las lágrimas salieron de sus ojos.

-Lo... lamento.

¿No le sha pasado que cuando más ganas tienen de llorar, las lágrimas desaparecen? Así estaba yo en esos momentos: con un dolor insoportable en el pecho y un nudo en la garganta creao por todas las palabras que deseaban salir; con un montón de cosas por decir... y poco tiempo para decirlas...

lunes, 27 de junio de 2011

Salvación

"Hay veces en las que el querer salvar a una persona se convierte en tu perdición; hay otras más en las que se veulve tu salvación... ¿qué suerte me tocará correr con mis acciones?"
-by Bill

Seguía hincado frente al muro de la construcción, con la boquilla del arma en mi nuca.
Sólo habían pasado unos segundos, pero a mí me parecían horas. -Debe ser el destino, ¿no? El morir por alguien que te salvó la vida una vez. Lo trsite porque no salvarás a nadie así.- Abrí los ojos sin voltear a verle.
-¿Qué quieres decir?
-Thomas volverá a lo que dejó por tí. Volverá a la vondena porque no sabe otra manera de descargar sus penas. Así que aquí nada se salva...- sentí cómo se acomodaba mejor. -...y nada se pierde.
"Sí existes... si no me guardas rencor por haberme metido con mi propio hermano, ayúdame, por favor..." en mi vida pocas veces había pedido ayuda al cielo... así que me sentía un tanto raro haciéndolo ahora.
Un disparo resonó en el lugar. Sentí un líquido resbalando por mi cuello... La bala había dado en el blanco. ¿En serio había disparado?
Estaba muerto... ¿Lo estaba?
-¡Atrás! ¡Todos ustedes atrás!- La voz de Tom se escuchaba muy lejana... así que dejé que la oscuridad me rodeara por completo, dejándome caer hacia adelante. Si estaba muerto, ya pronto dejaría de escicuchar todo a mi alrededor.
-Bill... Bill.. ¡Tú, atrás!- Sentí cómo se acercaba a mí, aún demasiado lejos. -¡Bill! Maldita sea... ¡Bill, arriba!
-Tom...- hablé, casi susurrando. -...me voy.
-No digas patrañas.
-ME voy, Tom. Me disparó...- se comenzó a reir.
-Eres un idiota, Billi. Vamos, ¡Arriba!- ME levantó, sintiendo mi cuerpo muy pesado...
-Lo siento.
-Estúpido que eres, Bill... ¡Él jamás disparó su arma!
-¡¿Qué?!- Abrí los ojos de golpe y llevé la mano a mi nuca. Al verlo que tenía, me asusté un poco. -¿Y entonces qué es ésto? ¡estoy sagrando!
-No es tuya...- dijo en una sonrisa. -...es del infeliz deRobert. ¡Mira!- Dimos vuelta y ahí estaba él, tirado en el suelo con un tiro que había casi atravezado su cráneo.
Todos los tipos estaban alejados, viéndolo con temor. -Te dije que llegaras a casa. ¿por qué ahora que quería hablar seriamente contigo estás retrasado o no llegas?
-Lo siento.- Mientras hablábamos, uno de los tipos se movió para tomar el arma de su compañero caído. Tom se dió cuenta y disparó a su mano.
-Si te atreves a hacer algo, la próxima terminará entre tus ojos. Lo mismo va para todos, ¿entendido?- nadie respodió. -¡¿Entendido?!- asintieron. -Y en cuanto a tí...- se giró a verme, relajando sus facciones. -...no sabes lo preocupado que me tenías.
-Lo lamento. Te compensaré, ¿sí?
-Eso espero... además de ciertas explicaciones.
Nos dimos vuelta para salir de ahí.
Estábamos por llegar a su vehículo cuando unos pasos nos estaban dándo alcance. -¡Thomas!- ambos giramos, al tiempo que él sacaba un arma de su traje. -Ésto aún n termina, Tom.
Alg en el aire nos mantuvo paralizados.
El tipo jaló del gatillo. Mis ojos se abrieron al máximo, mientras la risa dle infeliz taladraba mis oídos y las cosas a nuestro alrededor se movian en cámara lenta.

martes, 21 de junio de 2011

Ocultas

"Es increíble cómo las cosas se pueden mandar al carajo al intentar proteger a alguien."
-by Tom

El reloj seguía su marcha... y él no aparecía por ningún lado. ¿A caso le era tan difícil llegar solo a casa?
La cena se había enfriado; las velas se habían consumido y mi paciencia se estaba agotando. Tirado en el sillón con la cabeza hacia atrás intentaba relajarme, diciéndome que ya vendría en camino... a pesar de que todo apuntaba a que no llegaría.
Me cansé de escuchar el tic-tac haciendo eco en la casa, así que me puse d epie y subí a nuestra habitación. Todo estaba en orden, como a él le gustaba: la cama arreglada, las fotografías sobre los muebles... ni una cosa fuera de lugar.
Caminé a lo largo de la pieza, viendo los cuadros que adornaban la pared. Llegué al armario. Había algo en él que me llamaba la atención. Lo miré de arriba abajo, sin notar algo raro. Lo observé de nueva cuenta con mayor detenimiento, logrando ver un sobre en la parte superior.
Lo bajé. No tenía remitente ni destinatario y en el interior parecía tener un mar de papeles.
Dudé al abrirlo. Si era para Bill y se enteraba que lo había leído, se enfadaría; de ser para mí, llevaría mi nombre en la parte inferior izquierda.
La tentación y la curiosidad pudieron más que yo y terminé por abrirlo. Saqué del interior unas cuántas hojas. Todas eran notas un tanto largas. En un principio pensé que eran letras que Bill acababa de escribir, pero al verlas mejor, me percaté que no era su letra, así que empecé a leerlas despacio.

"Querido Thomas, ¿Cuándo te dignarás a darnos una respuesta? Hemos estado esperando pacientemente pero ni siquiera has llamado, ¿por qué?
Ahora no importa. Ésta es nuestra última oferta, y deberías aceptar: tu libertad a cambio de él... sabes que te conviene. ¿Qué más dá una víctima más? Después de todo, su muerte no pesará sobre tu espalda: sólo tendrás que entregárnoslo y nosotros haremos el resto. Cuidaremos que no sufra mucho.
Si intentan huir, no podrán escapar. Los tenemos bien vigilados... sabemos todo a cerca de ustedes..."

Sentí cómo la sangre bajaba a mis piernas mientras mis manos apretaban el mensaje.
Seguía con recuerdos de mi vida como sicario... todo lo que esperaba poder olvidar, estaba plasmado frente a mí, recordándome que monstruo una vez, lo sería siempre.

"Vamos. De todos modos, su vida es mucho más insignificante que la tuya...."

Hice trisas la hoja, tirando los pedazos lejos de mi vista. La rabia creció en mi interior de manera descontrolada.
Bajé a la pequeña habitación que nos servía como bodega, bufando. Revolví las cosas de la última caja a la izquierda, sacando del fondo mi vieja amiga; la misma que utilizara Bill para salvarme de Marc. La escondí entre mis ropas.
Ni siquiera me molesté en cerrar el cuartillo. Salí de casa, azotando la puerta y subiendo a mi auto, repitiendo las últimas palabras del mensaje. "Su vida a cambio de la tuya."
Pisé el acelerador, ignorando los señalamientos, con la sola idea de matar a los malditos bastardos que se habían metido con lo más querido y sagrado para mí.
-Juré protegerte de todo mundo; que nadie te haría sufrir de nuevo ni te haría llorar... Prefiero quemarme en el infierno por la eternidad a verte derramar una sola lágrima más.
De pronto, una punzada en el pecho me hizo frenar bruscamente. Menos mal que a esas horas la carretera estaba prácticamente desierta.
Me sentí palidecer... ¿y si ya era tarde?

sábado, 18 de junio de 2011

Esperando lo Peor

"Morir, vivir... ¿qué diferencia hay si de ninguna de las dos fromas puedo dejarrte de amar?"
-by Bill

Bajé la mirada, escuchándolo en silencio. Ahí, de espaldas a él, aguantaba el llorar, diciéndome a mí mismo que no valía la pena hacerlo ahora.
Enfocaron las luces en mí mientras sus pasos se acercaban decididos y firmes. -¿En serio estás dispuesto a seguir con ésto?- asentí sin decir nada; sin dejar caer ni una lágrima... tratando de no mostrarme temeroso. -Yasabes cómo salir.- asentí una vez más. -¿De verdad estás dispuesto a ésto? ¿por qué lo proteges?
-Por amor.- mis labios temblaron al decirlo.
Me tomó de los hombros, obligándome a ponerme de rodillas e inclinpandoce él en seguida, a la altura de mi oído. -¿Vale la pena morir por alguien por amor? ¿En verdad morirás por alguien que te ha abandonado en manos de unos asesinos? ¿Por alguien que te vendió a cambio de su libertad?- sus palabras de algún modo abrieron heridas en mi alma. -Por eso es que hay que matar los sentimientos; Tom lo había aprendido bien porque la vida le obligó a disfrazarce y matar su corazón... es una lástima que tú no hayas aprendido eso.- volvió a enderezarce. -Te lo preguntaré una vez más. ¿por qué?
-Porque lo amo.- repetí con firmeza.
Quería decirle que sus palabras eran falsas y que Tom no tenía la culpa de nada. Él no me había abandonado ni vendido... ni siquiera sabía dónde me encontraba. ahbía terminado frente a éstos asesinos por mi voluntad, queriendo salvarlo.
-Traté de salvarte, niño.- Pasó su mano por mi rostro. yo lo retiré de inmediato, haciéndolo reir un poco. Retrocedió y sacó un arma de sus ropas. -¿Sabes que el corán condena a los homosexuales? Pero claro, los musulmanes condenan muchas cosas- rió. -Me tocará hacer justicia sin ser creyente. Qué ironía.- colocó la boquilla del arma en mi nuca. -Saluda a Lucifer de mi parte, chico.
Cerré fuertemente los ojos, viendo pasar la historia que había escrito con Tom: cuando nos conocimos en el colegio; nuestra primera vez en la sala; las veces que secó mis lágrimas y cuidó de mí; cunado nos mudamos... nuestros distanciamientos y cuando me engañaba... cuando nuestro pequeño mundo se hizo trizas y cuando lo arregló todo. Todo pasaba como una película frente a mis ojos, dejando libres las lágrimas por fin.
Apreté los labios, listo para sentir la bala incrustándoce en mi cabeza.
Ya había visto la muerte de cerca antes, ¿qué maás daba si en lugar de dejarla pasar a mi lado, la atraía y cerraba con unbeso el pacto para que pudiera llevarme con ella de manera definitiva?

lunes, 13 de junio de 2011

Camino al Final

"Me condené desde el momento en que acepté sus besos y caricias... ¿por qué no terminar de sellar el pacto con el demonio para salvarlo siquiera?"
-by Bill

La última carta que habían mandado era un ultimatum: era su vida o la mía. Tendría que escoger entre mandarme al matadero para salvarse o irían por los dos y nos matarían a ambos. Y la última opción era la que menos quería yo.
Durante el tiempo que Tom estuvo a mi lado, traté de sonreir y esconder mis miedos y tristezas detrás de una sonrisa... y resultó mejor de lo que pensé.
Me quedé solo con los chicos, quienes hacían bromas y platicaban un poco de todo. A nuestras espaldas, pude ver a los mismos tipos que habían ido aquella vez a casa, buscando a Tom. Me hicieron varias señas, dándome a entender que me esperaban a las afueras del lugar.
Como pude, respondí que en cuanto estuviera solo, sin que los chicos me vieran. El resto del tiempo lo pasé intentando ahogar el miedo en un par de tragos de alcohol, hasta que Geog fue el primero en retiarse, seguido unos minutos después por Gustav.
-¿Seguro que no quieres que te lleve?- preguntó Guz acercándoce a mí. -A Tom no le gustará saber que te hemos dejado solo.
-No hay problema, Gus. Sé cuidarme solo.- las palabras apenas me salían de la boca.
-Está bien, pero por favor: no te desviés del camino a casa.
-¿Por qué tan preocupado?- sonreí nerviosamente. Era cierto que él era el que más se preocupaba por mí y el más serio y todo eso, pero no era normal que me dijera eso. Jamás me lo había dicho y no tenía sentido el que me lo dijera ahora si él no sabía nada de ésto.
-No lo sé. Siento como si fuera a pasar algo.- suspiró y me lanzó una mirada llena de preocupación. -Ten cuidado, ¿de acuerdo?- no dije nada. Sólo asentí en silencio, pasando saliva.
Esperé a que mis amgos desaparecieran por completo para salir por la parte trasera del lugar, seguido de aquellos tipos. Estaba sacando un cigarrillo, listo para encenderlo cuando uno de ellos lo quitó de mis labios y lo arrojó al suelo. -No es bueno fumar, chico.
-Lo he hecho desde muy chico.- respondí nervioso. -¿Por qué no?
-Puedes quitarnos el placer de acabar con tu vida.- susurró a mi oído, haciendo que un escalofrío recorriera mi espalda.
-Bien...- mientras se alejaba, su compañero me tomaba de la espalda y me conducía a un vehículo estacionado cerca. -...entonces, a Thomas aún le queda un poco de inteligencia y ha decidido salvar su vida.
No dije nada. Me quedé callado, dándoles a entender que efectivamente era mi vida a cambio de la suya; que la vida de tom valía mucho más que la mía. Abrieron la puerta el auto y de un empujón, me internaron en él.
Me mantuve con la vista hacia fuera, siempre en silencio, escuchando las indicaciones que le daban al conductor.
En menos de una hora nos encontramos dentro de una bodega. Me obligaron a salir y ponerme contra uno de los muros.
-Parece que nuestro querido Thomas valora en demasía su vida.- un sujeto de tez blanca y cabello oscuro apareció de entre las sombras. Se acercó despacio a mí, observándome atentamente. -Bill Kaulitz... ¿eh? Parece que Tom no tiene tan malos gustos después de todo.- trató de tocar mi rostro, pero lo evité, moviéndome a un lado. Él sólo rió. -Vamos, Billi...
-No me llames así.- a pesar del miedo que sentía, me atrevía a actuar de manera retadora... bonita costumbre la que me había dejado mi vida pasaa. -Así sólo me llama Tom.
-Pero Tom ya no estará más cerca de tí. Te ha entregado... ya no eres nada para él.- a pesar de ser mentira, me dolieron sus palabras en lo más profundo del alma.
Cerré los ojos fuerte y pasé saliva. Él no me había entregado... él jamás podría hacer eso... Ahora no velía de nada el decírcelos; ya no me podía hechar para atrás.
-¿Sabes que fue un error lo que hizo?- no respondí. -Te daré una oportunidad para salir de ésto.- abrí los ojos, clavando la vista en el piso. -Dime dónde está Tom y te dejaré ir en cuanto lo tengamos en nuestras manos.
¿Entregarles a Tom? ¿Quién me garantizaba que en verdad me dejarían ir? ¿Qé les decía que les diría dónde encontrarlo así?
-No.- dije bajo.
-¿No?
-¡No!
-Vamos, es un buen trato. Una segunda oportunidad para tí.
-No.
Morirme a cambio de darle vida a él... a mí me parecía buen trato... un trato que por nada del mundo cambiaría.

lunes, 6 de junio de 2011

Salida

"Todo está mejor que nunca. ¿Por qué no celebrar ésto y hacerlo formal?"
-by Tom

Las semanas pasaban de manera tranquila. Creí que se darían cuenta en seguida de la ausencia de Marc, pero parecía que ni siquiera se habían dado cuenta de nada, pues no me buscaban ni mandaban cartas o amenazas.
Bill parecía sereno, así que me parecía un buen momento para darle una sorpresa que estaba seguro le encantaría.
Llamé a los chicos y les cité en un club cercano, con el pretexto de querer salir a divertirnos junto con Bill.
-Vamos, pequeo... sólo un momento, ¿sí?
-No quiero, Tom. Quiero dormir un poco.- dijo aferrándoce a la almohada. Todo el día había estado un poco flojo, pero eso no era razón suficiente para dejarlo en casa de nuevo.
Me acerqué a él y acaricié su rostro. -No has querido salir con los chicos desde el incidente con Marc. No quiero que eso te afecte, Bill. Tienes que reponerte de eso.
-Eso quedó atrás, Tommi, en serio.- sonrió.
-Demuéstramelo.
-¿Te he dado razones para creer que no estoy bien?
-No. Siempre estás de buenas y actúas normal, pero no has querido salir con nosotros. Anda, sólo un rato, ¿sí? Será divertido.- sonrió un poco, pero no respondió. -Por favor...- besé su mejilla. -..anda... ven.
-No dejarás de molestar hasta que diga que sí, ¿cierto?
-Cierto.- sonreí al igual que él.
-Entonces... está bien, iré si prometes que después de todo ésto tendrás tiempo sólo para mí.
-Sabes que tengo todo el tiempo del mundo para tí... pero también necesitas salir a divertirte.
Se paró despacio, un tanto perezoso.
Le besé los labios y salí un momento. Al regresar a su lado, aún no se arreglaba del todo. -Tom...
-¿Qué pasa?
Se quedó un momento en silencio. -Nada.- y sonrió de nuevo. Aunque su sonrisa tenía algo extraño, no me detuve a preguntarle el por qué. Le besé la mejilla y salí a encender el auto.
Unos momentos más y ya estábamos en camino al lugar donde los chicos nos habían citado.
Todo el tiempo se mantuvo un poco distante, supongo que pensando en el giro que habían dado nuestras vidas en los últimos días.
Los chicos se dedicaban a hacerle sonreír y platiar de sus cosas... con lo que el tiempo se pasó muy rápido.
Antes de las 12 decidí retirarme, pidiéndole a los chicos que cuidaran bien de Bill, pues yo tenía cosas que arreglar en casa.
-¿Puedes llegar a casa solo?- le pregunté pegando mi frente con la suya.
-No tengo 3 años, Tom. Claro que puedo llegar solo a casa.- sonrió.
-Está bien. Te espero.- me despedí con un beso y me fui.
Quería reafirmar mi compromiso de una manera que a él le gustara, así que necesitaba tiempo para arreglar las cosas.
Una cena con velas y rosas... algo que yo no acostumbraba a hacer, pero que por él, lo haria a diario si quería.