sábado, 26 de febrero de 2011

Confeción

(Bill)

Cerré de golpe la puerta. Esperaba encontrar a Tom sentado en la cama, tocando la guitarra, diciéndome en una sonrisa que todo era mentira y estaríamos bien de nuevo, pero la habitación vacía golpeó mis sentidos, manteniéndome en la dura y cruel realidad. Tenía unas ganas tremendas de llorar, pero todas las sensaciones se juntaron en mi garganta, haciéndose nudo.
Me quedé parado unos momentos en la puerta, escuchando cómo mi madre despedía a mis amigos que habían a felicitarme... en un cumpleaños de mierda.
Mi mirada se había perdido en el vacío. El sobre escapó de mi mano, cayendo ligeramente en el piso. A mi lado estaba el mueble lleno de fotografías. La más próxima, era una de él sonriente en el estudio, sosteniendo su guitarra.
La tomé entre mis manos. Susurré su nombre y entonces una lágirma cayó sobre el cristal. -Lo sabías, ¿verdad? Por eso no regresaste.- fui cayendo despacio, siempre con la espalda en la puerta. Me encogí en el piso, aaferradno la foto contra mi pecho... dejando que las lágrimas se apoderaran d emí por fin.
Tenía tanto qué gritar... pero el llanto me lo impedía.
El tiempo pasaba. Fui dejándome caer de lado, hasta quedar acostado, hecho un ovillo con la fotografía apresada entre mis manos y mi pecho, cmo un niño asustado abrazado a su oso de peluche.
La luz del solo se alejó rápidamente de la ventana, dejándome en completa oscuridad.
-Bill, ¿puedo pasar?- De momento, no me  moví. -Por favor, bill, déjame entrar.- Me enderecé despacio, dejando de lado la fotografía. Abrí sin decir nada.
-Jenni me abrazó de inmediato, sin detenerce a ver mi rostro. Ambos estábamos mal... y buscábamos consuelo en los brazos del otro. Me olvidé por completo de lo que había pasado entre ella y Tom... después de todo, los dos necesitábamos de algo que nos sostuviera ahora.
-¿Y mamá?
-Dormida en el sillón. Creo que no se irá hasta que regrese Tom.
-Si lo sabe, no regresará.- hubo un corto silencio.
-La vida es injusta.
-Lo sé.- nos separamos despacio. Limpió las lágrimas de mi rostro. A ella creo que ya se le habían agotado. -¿Dónde estuviste?
-En el parque.- sonrió. -¿Sabes? Estuve pensando las cosas y... tal vez... no sea tan mala idea el tenerlo como hermano.- no dije nada. -Así lo tendríamos cerca, siempre.
-¿Y lo que dijiste?
-Creo que aprenderé a quererlo como hermano... Quizás estaba equivocada cuando dije que lo amaba.- Mi corazón aún se sobresaltaba cuando lo decía. -Pero tú, ¿estás bien?
-No.- comencé a llorar de nuevo. -No lo estoy. Mi mundo se terminó.
-¿Por qué dices eso, Billi? No todo ha terminado.
-Para mí sí.
-¿Quieres contarme?- tomó mi rostro entre sus manos.
-Ahora que sabemos lo que somos, ya no va a ser lo mismo.
-Será mejor.- sonrió, tratando de hacer que sonrriera con ella. -Podrán estar juntos a diario.
-No será lo mismo.
-Bill...
-Tengo que decirte algo, Jenni.- Tomé sus manos entre las mías.
-Lo que quieras y si puedo ayudarte...
-Lo amo.

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