"Ahora no me queda más que regalarle unos últimos momentos de tranquilidad. Que me trague el infierno vivo, no me importa si con eso puedo salvar al ser que más amo en mi vida."
-by Bill
Pasaron los días. Traté de retomar las cosas con calma, pero no podía dormir por las noches, porque las pesadillas me sobresaltaban de pronto, y por los días me parecía ver a Marc parado en la entrada, con esa mirada llena de odio... Me estaba volviendo loco la culpa de haberlo matado.
Pero aún así, no le decía nada a Tom. Sólo que las cosas ya estaban olvidadas... una mentira que supe mantener muy bien frente a él y que creyó sin problemas.
Varias noches se quedaba conmigo hasta tarde en la sala, con mi cabeza sobre su hombro y rodeándome con sus brazos. Era... a estas alturas de la vida, me trataba como todo un hermano pequeño; como su tesoro... una delicada pieza de porcelana que temiera romper con cualquier corriente de aire.
Los chicos nos llamaron un par de veces para invitarnos a salir. Yo no tenía ganas de ver a nadie y él se quedaba en casa sólo por mí... y no se m ehacía justo. Así que un día le convencí para que saliera y aceptó... después de una hora de estarle insistiendo y convenciéndolo de que nada me pasaría si me quedaba unas horas solo.
-Me sentiría mejor si vienes conmigo.
-No, amor... diviértete. A mi no me pasará nada. Además, me qedaré por si Jenny viene.
-Está bien, pero regresaré temprano.- sonrei y le besé a manera de despedida.
Pasaron unos minutos desde que se fue, cuando alguien tocó a la puerta y, un poco temerso y fastidiado, me levnté a abrir. Un par de hombretones me empujaron dentro, sin decir nada.
Al empujarme, caí al piso y me quedé ahí, viéndolos. -Tú debes ser Bill... ¿verdad?
-S-sí...
-Bien.- me tomaron de los brazos y me arrojaron al sillón. -Curiosamente nuestro jefe desapareció en cuanto vino a hablar con tu noviecito.- me quedé petrificado, viéndolos de arriba abajo, con esas caras de matones que no podían ocultar. -Y, bueno, resulta que cierta persona vió a tu novio a las afueras de la ciudad de manera sospechosa. Lo seguimos y... bueno, queremos que nos digas qué fue lo que pasó.
-Yo... yo...- yo me moría de nervios y no podía hablar bien.
-Vamos, chico, no tenemos toda la noche.- estaban acercándose más y más... hasta que el ruido de la puerta abriéndoce los distrajo.
-¡Bill!- era Jenny.
Los tiposse acercaron a mi rostro, murmurando. -Ya lo descubriremos. Hasta entonces, mantente callado, ¿quieres?
Mi hermana entró al cuarto al tiempo que ellos salían. Jenny se despidió de ellos y se acercó a mí. -¿Amigos tuyos?
-De Tom.- traté de ocultar mi nerviosismo.
Habló de lo que mi madre acababa de descubrir... de lo que tenía con Tom... pero no le puse atención.
Se fue cerca de las dos de la madrugada, cuando Matt pasó a recogerla.
Los días siguientes llegaron sobres a la casa, dond ele pedían a Tom que les entregara al asesino de su jefe. Que me entregara.
Él estaba tan feliz con mi aparente tranquilidad, que no se me hacía justo echarle a perder la vida que acababa de reparar, así que se las oculté todas.
Después de todo, no habría problemas mientras no corriéramos peligro realmente o nos amenazaran.
sábado, 28 de mayo de 2011
miércoles, 25 de mayo de 2011
Asesinos
"A pesar de todo, sigues siendo el ser más puro que he conocido."
-by Tom
Me faltaba el aire; realmente presionaba fuertemente. Traté de zafarme; de presionar sus brazos, pero las fuerzas me estaban abandonando.
Cerré los ojos, resignándome a que ya todo había terminado... y dejaría solo a Bill.
De pronto, un par de balazos resonaron en la casa. En seguida, Marcus me soltó y cayó al suelo pesadamente y sin emitir ningún sonido.
Me senté a su lado, tomándome de la garganta, tosiendo y tratando de recuperarme.
Lancé la mirada atrás: ahí estaba Bill, sosteniendo un arma entre sus manos temblorosas y los ojos acuosos.
Me levanté con trabajos del lado de Marc y me coloqué frente a Bill. -¿Bill?- no me veía; seguía con la vista al frente, perdido... -Bill...- sosteniendo el arma fuertemente, a punto de liberar las lágrimas. -...amor...
-Tom...- reaccionaba por fin, aunque no del todo. -...yo... yo...- tomé el arma y le obligué a bajarla. -...yo... lo... maté.- dijo casi en un susurro mientras comenzaba a llorar. -Lo maté.
-Bill, mírame.- nada. Su vista estaba totalmente perdida. -Mírame, Bill.- no lo hizo hasta que tomé su rostro con una mano y le obligué a verme. -Escucha: se lo merecía. Hiciste lo correcto.
No hubo respuesta. Sólo se escondió en mi pecho, llorando. Le quité el arma despacio para terminar rodeándolo con mis brazos. -Ya pasó, nene.
-¿Me... me arrestarán?
Reí. -Eres un tontito, Bill. No dejaré que eso pase. Verás que encontraré la manera en que nadie se entere. Será como si nada hubiese pasado. Lo juro.
Un rato más y seguimos ahí, abrazados con el maldito de Marc... o el que había sido él, encima de una mancha enorme de sangre, hasta que las fuerzas se le terminaron a Bill... al igual que las lágrimas, dejándose caer entre mis brazos.
Lo cargué hasta la habitación, donde esperé a que se quedara dormido y bajé de nuevo a la sala.
-Si te ven los malditos que trabajan... o trabajaban para ti, se nos volverá todo en nuestra contra.- lo tomé y arrastré hasta mi vehículo, donde lo subí con trabajos y conduje a las afueras de la ciudad.
Si nadie lo encontraba, todo podría seguir de manera tranquila para Bill y para mí.
Utilicé uno de los clichés más socorridos en todos lados: enterrar el cuerpo en un lugar semi desierto, bajo el abrigo de la noche... por lo menos eso nos daría tiempo para alejarnos de aquí en lo que sospechaban o supieran lo que había pasado y quienes lo había hecho.
Regresé a casa, con el alma tranquila. Claro, yo ya estaba acostumbrado a eso, pero... ¿y Bill? ¿Qué pasaría con él? Realmente estaba muy aturdido.
Entré a nuestra habitación: estaba dormido, de lado... en posición fetal, sosteniendo las cobijas. -Lo siento tanto, pequeño... te he condenado. No era mi intención.- besé su frente y me acomodé a su lado.
Cerca del amanecer, sentí cómo Bill se enderezaba en la cama, deshaciéndoce de mis brazos.
Abrí lentametee los ojos: ahí estaba él, sentado a mi lado, agitado. -¿Bill? ¿Qué pasa?
-Tom... yo... tengo miedo.- me levanté a prisa para abraarlo y hacerlo sentir un poco protegido. Estaba temblando.
-No te preocupes por nada, pequeño. Ya me encargué de todo. Nada pasará.
-Nada pasará.- repitió.
-Volvamos a dormir, ¿quieres?- asintió en silencio y volvimos a recostarnos. Él sobre mi pecho, como hacía siempre.
-Tom.
-¿Qué pasa?
-Lo que hice... me convierte en.. alguien... en alguien despreciable. ¿Verdad?
-¿Quieres saber la verdad?- aferró mi playera, hundiéndose en mi cuerpo. -Sigues siendo ese ángel que me salvó.
-¿Qué?
-Lo que hicisste no te convierte en alguien peor que yo. Sigues conservando ese toque de pureza que siempre has tenido.
-Pero...
-Bill, escucha: no pienses más en eso. Hagas lo que hagas, no podrás mancharte... jamás.- besé su frente. -Si se llegan a dar cuenta de lo que pasó, yo te protejeré a como dé lugar; no me importa si muero en el proceso, a tí no te pasará nada.
-Gracias, amor.
-by Tom
Me faltaba el aire; realmente presionaba fuertemente. Traté de zafarme; de presionar sus brazos, pero las fuerzas me estaban abandonando.
Cerré los ojos, resignándome a que ya todo había terminado... y dejaría solo a Bill.
De pronto, un par de balazos resonaron en la casa. En seguida, Marcus me soltó y cayó al suelo pesadamente y sin emitir ningún sonido.
Me senté a su lado, tomándome de la garganta, tosiendo y tratando de recuperarme.
Lancé la mirada atrás: ahí estaba Bill, sosteniendo un arma entre sus manos temblorosas y los ojos acuosos.
Me levanté con trabajos del lado de Marc y me coloqué frente a Bill. -¿Bill?- no me veía; seguía con la vista al frente, perdido... -Bill...- sosteniendo el arma fuertemente, a punto de liberar las lágrimas. -...amor...
-Tom...- reaccionaba por fin, aunque no del todo. -...yo... yo...- tomé el arma y le obligué a bajarla. -...yo... lo... maté.- dijo casi en un susurro mientras comenzaba a llorar. -Lo maté.
-Bill, mírame.- nada. Su vista estaba totalmente perdida. -Mírame, Bill.- no lo hizo hasta que tomé su rostro con una mano y le obligué a verme. -Escucha: se lo merecía. Hiciste lo correcto.
No hubo respuesta. Sólo se escondió en mi pecho, llorando. Le quité el arma despacio para terminar rodeándolo con mis brazos. -Ya pasó, nene.
-¿Me... me arrestarán?
Reí. -Eres un tontito, Bill. No dejaré que eso pase. Verás que encontraré la manera en que nadie se entere. Será como si nada hubiese pasado. Lo juro.
Un rato más y seguimos ahí, abrazados con el maldito de Marc... o el que había sido él, encima de una mancha enorme de sangre, hasta que las fuerzas se le terminaron a Bill... al igual que las lágrimas, dejándose caer entre mis brazos.
Lo cargué hasta la habitación, donde esperé a que se quedara dormido y bajé de nuevo a la sala.
-Si te ven los malditos que trabajan... o trabajaban para ti, se nos volverá todo en nuestra contra.- lo tomé y arrastré hasta mi vehículo, donde lo subí con trabajos y conduje a las afueras de la ciudad.
Si nadie lo encontraba, todo podría seguir de manera tranquila para Bill y para mí.
Utilicé uno de los clichés más socorridos en todos lados: enterrar el cuerpo en un lugar semi desierto, bajo el abrigo de la noche... por lo menos eso nos daría tiempo para alejarnos de aquí en lo que sospechaban o supieran lo que había pasado y quienes lo había hecho.
Regresé a casa, con el alma tranquila. Claro, yo ya estaba acostumbrado a eso, pero... ¿y Bill? ¿Qué pasaría con él? Realmente estaba muy aturdido.
Entré a nuestra habitación: estaba dormido, de lado... en posición fetal, sosteniendo las cobijas. -Lo siento tanto, pequeño... te he condenado. No era mi intención.- besé su frente y me acomodé a su lado.
Cerca del amanecer, sentí cómo Bill se enderezaba en la cama, deshaciéndoce de mis brazos.
Abrí lentametee los ojos: ahí estaba él, sentado a mi lado, agitado. -¿Bill? ¿Qué pasa?
-Tom... yo... tengo miedo.- me levanté a prisa para abraarlo y hacerlo sentir un poco protegido. Estaba temblando.
-No te preocupes por nada, pequeño. Ya me encargué de todo. Nada pasará.
-Nada pasará.- repitió.
-Volvamos a dormir, ¿quieres?- asintió en silencio y volvimos a recostarnos. Él sobre mi pecho, como hacía siempre.
-Tom.
-¿Qué pasa?
-Lo que hice... me convierte en.. alguien... en alguien despreciable. ¿Verdad?
-¿Quieres saber la verdad?- aferró mi playera, hundiéndose en mi cuerpo. -Sigues siendo ese ángel que me salvó.
-¿Qué?
-Lo que hicisste no te convierte en alguien peor que yo. Sigues conservando ese toque de pureza que siempre has tenido.
-Pero...
-Bill, escucha: no pienses más en eso. Hagas lo que hagas, no podrás mancharte... jamás.- besé su frente. -Si se llegan a dar cuenta de lo que pasó, yo te protejeré a como dé lugar; no me importa si muero en el proceso, a tí no te pasará nada.
-Gracias, amor.
jueves, 19 de mayo de 2011
"Déjalo"
"Pídeme lo que quieras, menos dejarte de amar. Puedo matar por ti, menos dejarte solo en medio de la oscuridad."
-by Bill
Despertamos tarde con los rayos del sol sobre nuestras caras. Levanté el rostro, para ver la carita de Tom: aún estaba con los ojos cerrados, pero en cuanto sintió que me moví, me abrazó aún más fuerte.
-Tom... ya, arriba.
-Cinco minutos más.
-Tom... en tu idioma cinco minutos son dos horas.- reí.
-Ajá.- sonrió. -Entonces... ¿cinco minutos más?
Le besé delicadamente. -Te concedo tus cinco minutos, pero yo ya tengo que levantarme.- me aferró aún más.
-No puedo dormir bien sin ti.
-Eres un amor, Tomi... ¿sabías?- repetí el beso. -Pero en serio tango que levantarme.
-No quiero.- arrugó un poco la frente.
-Pareces niño caprichoso.
-Sí.
-Vamos, déjame...
-No.
-Por favor...
-No.
-Por favor, sé bueno y déjame parar.
-¡No!- me las arreglé para que uno de mis brazos quedara libre y poder apresar una de sus trenzas. -¿Qué haces?- abrió un ojo.
-Si no me dejas ir, te jalo...
-No.- le jalé un poco fuerte, haciéndolo quejar, pero no me soltó, sino que me apretó un poco más.
-¡Tom!
-¿Sí?
-Déjame... tengo que pararme.
-¿Para? Mejor quédate conmigo.
-Tengo que ir al baño, amor.- se rió y por fin me dejó libre.
Me aseé tranquilamente y salí de nuevo a la habitación: Tom aún seguía dormido.
Sonreí, me acerqué a besar su frente y bajé a la cocina a preparar algo de café.
Me desplomé en el sofá, viendo un poco de televisión... aunque no le ponía atención a los programas... sólo pensaba en Jenny, en Tom... en la banda... en mis amigos... En el giro que había dado mi vida.
De pronto, alguien tocó a la puerta. Era mi madre. -¡Bill!- me abrazó como si fueran años sin vernos. -¡Mi niño!
-Mamá... me... asfixias.- afortunadamente hice la taza de café medio vacía a un lado, que sino, me lo hubiese tirado encima y terminaría asfixiado y bañado en café.
-Lo siento, lo siento. Oh, mi niño... lamento el no haberlos ido a recibir...
-No te preocupes, mamá.- Pasamos a la sala, donde me contó de los viajes que ha hecho con Matt.. cosas que la verdad no me interesaban, sólo las escuchaba porque no podía dejarla hablando sola.
-Ví que les fue excelente en sus presentaciones.
-Oh, si... de maravilla. Todo estuvo tan... genial.- dije en una sonrisilla.
-¿Y Tom?¿Ya se llevan bien? Jenny me estuvo contando un poco... y me parece que ya se llevan como una familia.- dijo sonriente.
-Bueno, la verdad es que...
-¡Bill!- Tom entró en la sala con el torso desnudo. La vió por un momento; ella lo saludó sonriente, pero él no devolvió el saludo, sino que la siguió viendo con un poco de coraje. Le dió la espalda, acercándose a mí. -Buen día... amor.- y besó mis labios.
Yo no sabía qué hacer. Sólo me quedé ahí sentado, con los ojos completamente abiertos.
-¡¿Pero qué...?!- se separó lentamente de mí al escuchar el gritillo de mamá.
Se giró despacio, hasta quedar frente a ella. -¿Algún problema, Simone?
-Tú... tú... ¿qué se supone que haces?
-¿Yo? Nada. ¿Le parece raro que alguien salude de esa manera a la persona a quien ama?
Los colores se le subieron al rostro. En verdad que la había hecho enfadar. -¡¿Cómo que "a quien ama"?! ¡No puedes hablar en serio!
Alargó su mano hasta tomar la mía. Yo sólo observaba en silencio, nervioso. -¿Se lo explico con dibujos? Yo, Thomas Trümper, amo a Bill... a SU hijo. ¿Tiene problema con eso?
-Es que... ¡Se supone que son hermanos! MIS hijos...
-No. Creí que había quedado claro que yo JAMÁs seré SU hijo.
-Bill...- su mirada vidriosa se clavó en mi rostro. -...mi niño... ¿qué te ha hecho?
-Él... Tom...- traté de calmarme. Tom apretó un poco mi mano, dándome confianza para hablar. -...Tommi no me ha hecho anda, mamá. Él me ama y yo... también lo amo.- Tom me acercó a su cuerpo, pasando su mano por mi cintura.
-Pero, pero, pero... mi niño... tú...
-Mire, señora: desde que nos conocimos empezamos a... bueno, empezamos a conocernos y terminamos en ésto. Si no le gusta, ni modo. No me importa lo que piensen los demás.
-¿Tú...?
-¿Qué pasa? ¿Es que no entiende o quiere detalles? Desde antes de saber que éramos hermanos empezó esto... y el saberlo no nos hizo cambiar... yo creí que así podría dejarlo... traté de echar a perder ésto, pero no pude. ¿Quiere más?
-Tú... tú... tú no...- parecía como si hubiese entrado en un trance.
-Mamá...- me llené de valor, viéndola al rostro. -...amo a Tom. A pesar de todo, lo amo. ¿No lo entiendes?
-Es que eso no puede ser.
-¿Por qué?
-Son hombres, Billi... además, son hermanos... no se puede.
-Sí se puede, mamá. Así como tú amaste a mi padre... a pesar de todo... así como se aman los demás... así amo a Tom. ¿Desde cuando amar a alguien está mal?
-¡Pero son hermanos!
-¡No! Yo no crecí con él... no nos criamos juntos... no tenemos los mismos padres.
-¡Porque te arrebataron de mi lado, Tom! Pero llevan la misma sangre.
-Eso no significa nada para mí, señora.- su voz era grave. -Si no lo entiende, no me importa.
Un par de lagrimas bajaron por las mejillas de mi madre. -No... yo... tienes razón, Tom: no lo entiendo... ni lo entenderé.- se fue, sin decir más.
Traté de salir tras ella, pero Tom me detuvo. -Déjala que se vaya. Si no lo entiende... no vale la pena que trates de hablar con ella.
-Pero... Tom...- me giré, escondiendo la cara en su pecho. Él me rodeó con sus brazos. -...nos odiará de por vida.
-Que nos odie. Que nos odie medio mundo... con que tú me ames me basta.- me besó.
Sus palabras eran ciertas: nada debería importarnos mientras nos tengamos el uno al otro... pero aún así el odio de mi madre me dolía.
-Tranquilo, pequeño.
-Tom...
-¿Sí?
-¿Cómo será cuaando todos se enteren de lo nuestro?
-Bueno... no sé, peor no deberíamos pensar en esas cosas ahora.
-Tienes razón, lo siento.
Pasamos el día sentados el uno al lado del otro, sentados ene l sofá, ya que no teníasmo ganas de salir... menos después de la desagradable escena con mamá.
Tom parecía tranquilo, peor algo en mi interior me decía que las cosas no estaban bien.
Alguien tocó la puerta cerca de las seis de la tarde. -¿Esperas a alguien, pequeño?
-No, peor puede que sea Jenny. Quizás mamá le dijo lo de... hace rato y ha venido a platicar con nosotros.
-Voy a abrir, ens eguida vuelvo.- besó mi frente. En lugar de quedarme ahí sentado, fui tras él, quedándome en la puerta de la sala.
-¡Hola, nena! Creíamos que...
-¡Tom, muchacho!- no... no era nuestra hermana... era le despreciable de Marcus.
Al verle, me llené de nervios. -¿Qué haces?- le preguntó Tom, molesto.
-Vine a felicitarte por tu excelente trabajo. Y a hablar de los siguientes...
-Alto, Marcus.- le ignoró y entró a la casa, sin quitarme la vista de encima.
-Vamos, hay más tipos esperando. Por cierto: el resto del dinero ya está en tu cuenta.
-No lo quiero.
-No te des aires de "importante", niño. Te lo has ganado.
-Escucha: te devolveré todo y cancelaré la cuenta.
-¿Por qué?
-Porque ya no regresaré más a eso.- un aparte de mí se alegró de escucharlo, peor por otro lado temía por lo que ese tipo podría hacerle.
-¿Estas tratando de decirme que te irás?
-Vaya, creí que sería dificil que captaras, pero sí. Ya no regresaré contigo.
-¿Y por qué? ¿Te quedarás con el marica de tu hermano?- caminó hacia mí, con gesto furioso.
-¡Deténte!- lo ignoró. -¡Bill, vete!
-Vamos, Tom... no le haré nada malo a tu querido hermano-novio.- seguía caminando hacia mí. Retrocedí sólo unos pasos.
-¡Bill! ¿Qué no me escuchas? ¡Vete!- Antes de que pudiera darme alcance, corrí detrás de Tom. -¡Vete! ¡Sal de aquí!
-Estas loco si crees que te haré caso.
-¿Qué? ¡Sólo vete! no sabes lo que es capaz de hacer...
-¡Es por eso que no te voy a dejar!
-¡Pero qué lindura de pareja!- se rió. -Por favor, Billi: ¿por qué sigues con un asesino como él?
-Porque lo amo.- respondí en un hilillo de voz.
-¿Cómo amas al que fue el asesino de tu padre?- sus palabras me helaron las venas.
-Eso... eso no es cierto.
-¡Cállate, idiota!.- Tom apretó los puños, enfadándoce aún más con él.
-Tom...- sentí cómo mis ojos se rasgaron. -...¿verdad que eso no es cierto?
-¡Es cierto, niño! Tu amorcito fue el culpable del accidente que mató a tu padrastro...- se fue acercando a nosotros... y ni siquiera nos movimos.
-Tom...
-Yo...
-¿Por eso actuabas extraño hace tanto?
-Me dolía demasiado saberme culpable de una herida muy grande en tu alma...
-No sabías que era mi padre.
-Eso no es excusa... así como no hay excusa para los errores que he cometido en mi vida.
-¿Ahora resulta que Thomas sí tiene corazón? ¡Ja! Ahora veo quién es el culpable de tu cambio.- sin darnos cuénta cómo ni cuándo llegó a nuestro lado, me tomó del cuello, ante la vista de Tom, que trató de que me soltara. -Si te atreves a hacer algo, tu pequeño hermano se muere ahora, niño.- así que no hizo más que ver cómo me arrojaba a la pequeña bodega que teníamos debajo de las escaleras.
-¿Qué es lo que quieres?
-Te quiero a tí. Pero ya veo que ya no me sirves para nada.- hizo lo mismo que conmigo. Lo tomó del cuello y presionó.
-¡Déjalo! Por favor...
-Fue un desperdicio el que te enamoraras, Tom. Creía que habías aprendido la lección: el amor... y los sentimientos son inútiles.
Corrí hacia ellos, tratando de que lo soltara, pero volvió a arrojarme con suma facilidad al mismo lugar, haciéndome caer sobre unas cajas llenas de los artefactos de Tom... y de algunas otras cosas.
Al pasar las manos por el piso, pude darme de que una pequeña arma de fuego se encontraba cerca de mí.
En mi vida había tenido una de éstas entre mis manos... no sabía disparar... ni siquiera tenía buena puntería... tenía miedo de tenerla conmigo... pero más meido me daba el quedarme sin Tom.
El rostro de Tom.. de mi Tomi estaba completamente rojo y abas manos se aferraban a los brazos de Marcus...
No había tiempo de tener más miedos ahora.
Tompe el arma entre mis manos y la elevé a la altura de su cabeza, tembloroso... rogando que no le diera a Tom.
Un último respiro y jalé del gatillo.
Ahora sí era un asesino completo... como Tom.
-by Bill
Despertamos tarde con los rayos del sol sobre nuestras caras. Levanté el rostro, para ver la carita de Tom: aún estaba con los ojos cerrados, pero en cuanto sintió que me moví, me abrazó aún más fuerte.
-Tom... ya, arriba.
-Cinco minutos más.
-Tom... en tu idioma cinco minutos son dos horas.- reí.
-Ajá.- sonrió. -Entonces... ¿cinco minutos más?
Le besé delicadamente. -Te concedo tus cinco minutos, pero yo ya tengo que levantarme.- me aferró aún más.
-No puedo dormir bien sin ti.
-Eres un amor, Tomi... ¿sabías?- repetí el beso. -Pero en serio tango que levantarme.
-No quiero.- arrugó un poco la frente.
-Pareces niño caprichoso.
-Sí.
-Vamos, déjame...
-No.
-Por favor...
-No.
-Por favor, sé bueno y déjame parar.
-¡No!- me las arreglé para que uno de mis brazos quedara libre y poder apresar una de sus trenzas. -¿Qué haces?- abrió un ojo.
-Si no me dejas ir, te jalo...
-No.- le jalé un poco fuerte, haciéndolo quejar, pero no me soltó, sino que me apretó un poco más.
-¡Tom!
-¿Sí?
-Déjame... tengo que pararme.
-¿Para? Mejor quédate conmigo.
-Tengo que ir al baño, amor.- se rió y por fin me dejó libre.
Me aseé tranquilamente y salí de nuevo a la habitación: Tom aún seguía dormido.
Sonreí, me acerqué a besar su frente y bajé a la cocina a preparar algo de café.
Me desplomé en el sofá, viendo un poco de televisión... aunque no le ponía atención a los programas... sólo pensaba en Jenny, en Tom... en la banda... en mis amigos... En el giro que había dado mi vida.
De pronto, alguien tocó a la puerta. Era mi madre. -¡Bill!- me abrazó como si fueran años sin vernos. -¡Mi niño!
-Mamá... me... asfixias.- afortunadamente hice la taza de café medio vacía a un lado, que sino, me lo hubiese tirado encima y terminaría asfixiado y bañado en café.
-Lo siento, lo siento. Oh, mi niño... lamento el no haberlos ido a recibir...
-No te preocupes, mamá.- Pasamos a la sala, donde me contó de los viajes que ha hecho con Matt.. cosas que la verdad no me interesaban, sólo las escuchaba porque no podía dejarla hablando sola.
-Ví que les fue excelente en sus presentaciones.
-Oh, si... de maravilla. Todo estuvo tan... genial.- dije en una sonrisilla.
-¿Y Tom?¿Ya se llevan bien? Jenny me estuvo contando un poco... y me parece que ya se llevan como una familia.- dijo sonriente.
-Bueno, la verdad es que...
-¡Bill!- Tom entró en la sala con el torso desnudo. La vió por un momento; ella lo saludó sonriente, pero él no devolvió el saludo, sino que la siguió viendo con un poco de coraje. Le dió la espalda, acercándose a mí. -Buen día... amor.- y besó mis labios.
Yo no sabía qué hacer. Sólo me quedé ahí sentado, con los ojos completamente abiertos.
-¡¿Pero qué...?!- se separó lentamente de mí al escuchar el gritillo de mamá.
Se giró despacio, hasta quedar frente a ella. -¿Algún problema, Simone?
-Tú... tú... ¿qué se supone que haces?
-¿Yo? Nada. ¿Le parece raro que alguien salude de esa manera a la persona a quien ama?
Los colores se le subieron al rostro. En verdad que la había hecho enfadar. -¡¿Cómo que "a quien ama"?! ¡No puedes hablar en serio!
Alargó su mano hasta tomar la mía. Yo sólo observaba en silencio, nervioso. -¿Se lo explico con dibujos? Yo, Thomas Trümper, amo a Bill... a SU hijo. ¿Tiene problema con eso?
-Es que... ¡Se supone que son hermanos! MIS hijos...
-No. Creí que había quedado claro que yo JAMÁs seré SU hijo.
-Bill...- su mirada vidriosa se clavó en mi rostro. -...mi niño... ¿qué te ha hecho?
-Él... Tom...- traté de calmarme. Tom apretó un poco mi mano, dándome confianza para hablar. -...Tommi no me ha hecho anda, mamá. Él me ama y yo... también lo amo.- Tom me acercó a su cuerpo, pasando su mano por mi cintura.
-Pero, pero, pero... mi niño... tú...
-Mire, señora: desde que nos conocimos empezamos a... bueno, empezamos a conocernos y terminamos en ésto. Si no le gusta, ni modo. No me importa lo que piensen los demás.
-¿Tú...?
-¿Qué pasa? ¿Es que no entiende o quiere detalles? Desde antes de saber que éramos hermanos empezó esto... y el saberlo no nos hizo cambiar... yo creí que así podría dejarlo... traté de echar a perder ésto, pero no pude. ¿Quiere más?
-Tú... tú... tú no...- parecía como si hubiese entrado en un trance.
-Mamá...- me llené de valor, viéndola al rostro. -...amo a Tom. A pesar de todo, lo amo. ¿No lo entiendes?
-Es que eso no puede ser.
-¿Por qué?
-Son hombres, Billi... además, son hermanos... no se puede.
-Sí se puede, mamá. Así como tú amaste a mi padre... a pesar de todo... así como se aman los demás... así amo a Tom. ¿Desde cuando amar a alguien está mal?
-¡Pero son hermanos!
-¡No! Yo no crecí con él... no nos criamos juntos... no tenemos los mismos padres.
-¡Porque te arrebataron de mi lado, Tom! Pero llevan la misma sangre.
-Eso no significa nada para mí, señora.- su voz era grave. -Si no lo entiende, no me importa.
Un par de lagrimas bajaron por las mejillas de mi madre. -No... yo... tienes razón, Tom: no lo entiendo... ni lo entenderé.- se fue, sin decir más.
Traté de salir tras ella, pero Tom me detuvo. -Déjala que se vaya. Si no lo entiende... no vale la pena que trates de hablar con ella.
-Pero... Tom...- me giré, escondiendo la cara en su pecho. Él me rodeó con sus brazos. -...nos odiará de por vida.
-Que nos odie. Que nos odie medio mundo... con que tú me ames me basta.- me besó.
Sus palabras eran ciertas: nada debería importarnos mientras nos tengamos el uno al otro... pero aún así el odio de mi madre me dolía.
-Tranquilo, pequeño.
-Tom...
-¿Sí?
-¿Cómo será cuaando todos se enteren de lo nuestro?
-Bueno... no sé, peor no deberíamos pensar en esas cosas ahora.
-Tienes razón, lo siento.
Pasamos el día sentados el uno al lado del otro, sentados ene l sofá, ya que no teníasmo ganas de salir... menos después de la desagradable escena con mamá.
Tom parecía tranquilo, peor algo en mi interior me decía que las cosas no estaban bien.
Alguien tocó la puerta cerca de las seis de la tarde. -¿Esperas a alguien, pequeño?
-No, peor puede que sea Jenny. Quizás mamá le dijo lo de... hace rato y ha venido a platicar con nosotros.
-Voy a abrir, ens eguida vuelvo.- besó mi frente. En lugar de quedarme ahí sentado, fui tras él, quedándome en la puerta de la sala.
-¡Hola, nena! Creíamos que...
-¡Tom, muchacho!- no... no era nuestra hermana... era le despreciable de Marcus.
Al verle, me llené de nervios. -¿Qué haces?- le preguntó Tom, molesto.
-Vine a felicitarte por tu excelente trabajo. Y a hablar de los siguientes...
-Alto, Marcus.- le ignoró y entró a la casa, sin quitarme la vista de encima.
-Vamos, hay más tipos esperando. Por cierto: el resto del dinero ya está en tu cuenta.
-No lo quiero.
-No te des aires de "importante", niño. Te lo has ganado.
-Escucha: te devolveré todo y cancelaré la cuenta.
-¿Por qué?
-Porque ya no regresaré más a eso.- un aparte de mí se alegró de escucharlo, peor por otro lado temía por lo que ese tipo podría hacerle.
-¿Estas tratando de decirme que te irás?
-Vaya, creí que sería dificil que captaras, pero sí. Ya no regresaré contigo.
-¿Y por qué? ¿Te quedarás con el marica de tu hermano?- caminó hacia mí, con gesto furioso.
-¡Deténte!- lo ignoró. -¡Bill, vete!
-Vamos, Tom... no le haré nada malo a tu querido hermano-novio.- seguía caminando hacia mí. Retrocedí sólo unos pasos.
-¡Bill! ¿Qué no me escuchas? ¡Vete!- Antes de que pudiera darme alcance, corrí detrás de Tom. -¡Vete! ¡Sal de aquí!
-Estas loco si crees que te haré caso.
-¿Qué? ¡Sólo vete! no sabes lo que es capaz de hacer...
-¡Es por eso que no te voy a dejar!
-¡Pero qué lindura de pareja!- se rió. -Por favor, Billi: ¿por qué sigues con un asesino como él?
-Porque lo amo.- respondí en un hilillo de voz.
-¿Cómo amas al que fue el asesino de tu padre?- sus palabras me helaron las venas.
-Eso... eso no es cierto.
-¡Cállate, idiota!.- Tom apretó los puños, enfadándoce aún más con él.
-Tom...- sentí cómo mis ojos se rasgaron. -...¿verdad que eso no es cierto?
-¡Es cierto, niño! Tu amorcito fue el culpable del accidente que mató a tu padrastro...- se fue acercando a nosotros... y ni siquiera nos movimos.
-Tom...
-Yo...
-¿Por eso actuabas extraño hace tanto?
-Me dolía demasiado saberme culpable de una herida muy grande en tu alma...
-No sabías que era mi padre.
-Eso no es excusa... así como no hay excusa para los errores que he cometido en mi vida.
-¿Ahora resulta que Thomas sí tiene corazón? ¡Ja! Ahora veo quién es el culpable de tu cambio.- sin darnos cuénta cómo ni cuándo llegó a nuestro lado, me tomó del cuello, ante la vista de Tom, que trató de que me soltara. -Si te atreves a hacer algo, tu pequeño hermano se muere ahora, niño.- así que no hizo más que ver cómo me arrojaba a la pequeña bodega que teníamos debajo de las escaleras.
-¿Qué es lo que quieres?
-Te quiero a tí. Pero ya veo que ya no me sirves para nada.- hizo lo mismo que conmigo. Lo tomó del cuello y presionó.
-¡Déjalo! Por favor...
-Fue un desperdicio el que te enamoraras, Tom. Creía que habías aprendido la lección: el amor... y los sentimientos son inútiles.
Corrí hacia ellos, tratando de que lo soltara, pero volvió a arrojarme con suma facilidad al mismo lugar, haciéndome caer sobre unas cajas llenas de los artefactos de Tom... y de algunas otras cosas.
Al pasar las manos por el piso, pude darme de que una pequeña arma de fuego se encontraba cerca de mí.
En mi vida había tenido una de éstas entre mis manos... no sabía disparar... ni siquiera tenía buena puntería... tenía miedo de tenerla conmigo... pero más meido me daba el quedarme sin Tom.
El rostro de Tom.. de mi Tomi estaba completamente rojo y abas manos se aferraban a los brazos de Marcus...
No había tiempo de tener más miedos ahora.
Tompe el arma entre mis manos y la elevé a la altura de su cabeza, tembloroso... rogando que no le diera a Tom.
Un último respiro y jalé del gatillo.
Ahora sí era un asesino completo... como Tom.
viernes, 13 de mayo de 2011
Exitación
"Cierto es que te amo con toda el alma; pero también es cierto que me muero lentamente con cada roce y caricia tuya, pues la vida que se perdió en tus manos clama venganza contra tí al entrar entrar en contacto con mi piel, aumentando la presión en mi ya desgastado corazón... y aún así no hago nada para detenerte. Me gusta la manera en la que me matas..."
-by Bill
Llevaba días así: observando la manera en que preparaba todo por las tardes; viéndolo partir antes de que llegara el anochecer y pasando las noches en vela, esperando que volviera con bien. Me mataba el tiempo que estaba lejos de casa y cuando regresaba, me mataba el que me tocara con sus mano teñidas en sangre. Últimamente le gstaba demás con ciertas "víctimas" y terminaba con las palmas y el borde de su playera manchados en rojo... me daba un poco d emiedo el verle así, pero no me atrevía a decirle algo.
Yo lo había regresado al camino del asesinato y ya no tenía manera de sacarlo de ahí.
La noche no es diferente: recostado en el sillón, con la vista fija en la entrada, luchando contra el sueño y el cansancio.
Al escuchar abrirce la puerta, cerca de las 2 de la madrugada, salté del sillón y corrí a recibirlo. -¡Tom! Qué bien que...- no me dejó completar la frase; dejó caer sus labios sobre los míos, de manera violenta. Al separarce, mordió un poco mi labio inferior, haciéndo que un dolorcillo apareciera en mi boca.
Automáticamente me llevé los dedos a los labios, para comprobar que me había rasgado.. y que un poco de sangre salía. -¡¿Qué te pasa, Tom?!- No respondió, sólo recogió con su lengua el rastro de sangre que se había colado a sus labios. -¿Te gusta?- pregunté un tanto molesto.
-Es lo más dulce que he probado en mi vida.- sonrió lujuriosamente.
-Púdrete, Tom.- le dí la espalda despuésde mostrarle el dedo medio.Caminé hasta el baño de nuestra habitación; enjuagué mi rostro y limpié lo que haía quedado de sangre... que a penas se veía, pero igual me molestaba.
Yo esperaba recibirlo de otra manera... ¿por qué demonios había hecho eso?
Aún molesto, me dirigí al enorme ventanal de la habitación. Abrí completamente las cortinas, viendo el patio trasero bajo la luz de la luna.
Escuché los pasos de Tom a mis espaldas, pero ni siquiera me molesté en verlo. Me concentré en el centro del patio, para evitar ver su reflejo en el cristal. -¿Sabes? Me dolió.- dije cruzando los brazos al tiempo que él me abrazaba por detrás, besando mi cuello. -Me hiciste sangrar.
-Ajá.- en vez de ponerme aatención o siquiera escuchar lo que le había dicho, seguía besándome.
-¡Tom, detente!- traté de golpearle el estómago para alejarlo un poco, pero me detuvo el brazo.
-Tranquilo, Billi.- su lengua recorrió cada milímetro de mi cuello, succionando de vez en cuando.
Por un momento cerré los ojos, disfrutando de sus juegos, hasta que el ardor en los labios al apretarlos me hizo recordar que estaba molesto con él.
Tenía que hacerle entender que a mí no podía hacerme eso.
Traté de alejarme de él, pero no pude: a cada movimiento apresaba un poco más mi mano. -Tom, por favor.- su mano fue bajando junto con la mía a mi entrepierna. -Tom...- colocó mi mano sobre mi miembro. -...detente.- pedí en un susurro.
Sin pensarlo, coloqué la mano que tenía libre sobre el cristal, al tiempo que colaba la suya debajo de mi playera.
No decía nada, sólo se limitaba a recorrer mi piel con sus labios y juguetear con su lengua. Poco a poco fui sintiendo cómo su erección iba aumentando. Inconcientemente eché mi cuerpo hacia atrás, haciéndolo reir bajo.
Fue soltando mi mano para desabrochar nuestros pantalones.
-Espera, tomi.- Hice mi rostro un lado, lo que aprovechó para besarme de manera más tranquila. -Deberíamos cerrar las cortinas.
-¿Por?- bajó mi pantalón por completo. -No nos caería mal un poco de público.
-Estas loco.- bajé la cabeza. -No quiero.
-Te gustará.- presionó la unta de mi miembro, abriéndoce paso en mi interior.
Abrí un poco más la s piernas, facilitádole la entrada y coloqué ambas manos sobre la ventana, dejando recargado mi rostro en ella.
Tom sujetaba mi cadera con fuerza, embistiéndome lento pero profundo, arrancándome gemidos de placer.
A veces paseaba su mano por mi erección, aumetando el placer; pegando su cuerpo al mío y aumentando la velocidad.
El salvajismo con el que me estaba haciendo suyo me encantaba.
Al llegar al unto culmine de su pasión desenfrenada, pegó su frente a mi espalda, estallando en mi interior. yo, por mi parte, lancé un grito, echándo la cabeza hacia atrás.
Sentí su semilla escurrir por mis piernas. Agaché la cabeza lentamente, respirando entrecortadamente.
-Eres un idiota... ah...- al separarce de mí, suspiré.
-Lo siento.- me dió la vuelta, colocando sus manos en mi cintura y me besó, pegando mi cuerpo al ventanal. -No podía esperar.- sus manos siguieron paseándoce por mi cuerpo.
-¿Qué piensas hacerlo... toda la... noche?
-No es mala idea.- comenzó a arrastrarme hasta la cama, entre besos y caricias.
Le dejé quitarme la playera sin problemas, quedando completamente desnudo frente a él.
Me apoyé en los brazos y junté las piernas, impidiéndole ver mi interior. A pesar de ya estar acostumbrado a que me viera así y que me conociera de pies a cabeza, aún me daba un poco de pena el mstrarme así.
-Te ves ermozo...- y, para colmo, sus palabras me sonrojaban -... más cuando te pones rojo.
-Idiota.- le sonreí.
Se tiró encima de mí, besándome y acariciando mis costados. Para facilitarle la tarea, fui elevando una de mis piernas, recibiéndolo gustoso.
Besó cada parte de mí; sus manos se abrieron paso por mi cuerpo, trazando sus caminos... y, una vez cansado de ir y venir, me pidió que me colocara de lado. sin hacer preguntas, obedecí.
-Ya teníamos tiempo sin ahcer ésto.- dijo elevando mi pierna y colocando su erección en mi entrada. Yo pasé una de mis manos hcia atrás, hasta tomarle del cuello.
En mucho tiempo no lo habíamos hecho... y me alegraba el que éste momento hubiese llegado...
-by Bill
Llevaba días así: observando la manera en que preparaba todo por las tardes; viéndolo partir antes de que llegara el anochecer y pasando las noches en vela, esperando que volviera con bien. Me mataba el tiempo que estaba lejos de casa y cuando regresaba, me mataba el que me tocara con sus mano teñidas en sangre. Últimamente le gstaba demás con ciertas "víctimas" y terminaba con las palmas y el borde de su playera manchados en rojo... me daba un poco d emiedo el verle así, pero no me atrevía a decirle algo.
Yo lo había regresado al camino del asesinato y ya no tenía manera de sacarlo de ahí.
La noche no es diferente: recostado en el sillón, con la vista fija en la entrada, luchando contra el sueño y el cansancio.
Al escuchar abrirce la puerta, cerca de las 2 de la madrugada, salté del sillón y corrí a recibirlo. -¡Tom! Qué bien que...- no me dejó completar la frase; dejó caer sus labios sobre los míos, de manera violenta. Al separarce, mordió un poco mi labio inferior, haciéndo que un dolorcillo apareciera en mi boca.
Automáticamente me llevé los dedos a los labios, para comprobar que me había rasgado.. y que un poco de sangre salía. -¡¿Qué te pasa, Tom?!- No respondió, sólo recogió con su lengua el rastro de sangre que se había colado a sus labios. -¿Te gusta?- pregunté un tanto molesto.
-Es lo más dulce que he probado en mi vida.- sonrió lujuriosamente.
-Púdrete, Tom.- le dí la espalda despuésde mostrarle el dedo medio.Caminé hasta el baño de nuestra habitación; enjuagué mi rostro y limpié lo que haía quedado de sangre... que a penas se veía, pero igual me molestaba.
Yo esperaba recibirlo de otra manera... ¿por qué demonios había hecho eso?
Aún molesto, me dirigí al enorme ventanal de la habitación. Abrí completamente las cortinas, viendo el patio trasero bajo la luz de la luna.
Escuché los pasos de Tom a mis espaldas, pero ni siquiera me molesté en verlo. Me concentré en el centro del patio, para evitar ver su reflejo en el cristal. -¿Sabes? Me dolió.- dije cruzando los brazos al tiempo que él me abrazaba por detrás, besando mi cuello. -Me hiciste sangrar.
-Ajá.- en vez de ponerme aatención o siquiera escuchar lo que le había dicho, seguía besándome.
-¡Tom, detente!- traté de golpearle el estómago para alejarlo un poco, pero me detuvo el brazo.
-Tranquilo, Billi.- su lengua recorrió cada milímetro de mi cuello, succionando de vez en cuando.
Por un momento cerré los ojos, disfrutando de sus juegos, hasta que el ardor en los labios al apretarlos me hizo recordar que estaba molesto con él.
Tenía que hacerle entender que a mí no podía hacerme eso.
Traté de alejarme de él, pero no pude: a cada movimiento apresaba un poco más mi mano. -Tom, por favor.- su mano fue bajando junto con la mía a mi entrepierna. -Tom...- colocó mi mano sobre mi miembro. -...detente.- pedí en un susurro.
Sin pensarlo, coloqué la mano que tenía libre sobre el cristal, al tiempo que colaba la suya debajo de mi playera.
No decía nada, sólo se limitaba a recorrer mi piel con sus labios y juguetear con su lengua. Poco a poco fui sintiendo cómo su erección iba aumentando. Inconcientemente eché mi cuerpo hacia atrás, haciéndolo reir bajo.
Fue soltando mi mano para desabrochar nuestros pantalones.
-Espera, tomi.- Hice mi rostro un lado, lo que aprovechó para besarme de manera más tranquila. -Deberíamos cerrar las cortinas.
-¿Por?- bajó mi pantalón por completo. -No nos caería mal un poco de público.
-Estas loco.- bajé la cabeza. -No quiero.
-Te gustará.- presionó la unta de mi miembro, abriéndoce paso en mi interior.
Abrí un poco más la s piernas, facilitádole la entrada y coloqué ambas manos sobre la ventana, dejando recargado mi rostro en ella.
Tom sujetaba mi cadera con fuerza, embistiéndome lento pero profundo, arrancándome gemidos de placer.
A veces paseaba su mano por mi erección, aumetando el placer; pegando su cuerpo al mío y aumentando la velocidad.
El salvajismo con el que me estaba haciendo suyo me encantaba.
Al llegar al unto culmine de su pasión desenfrenada, pegó su frente a mi espalda, estallando en mi interior. yo, por mi parte, lancé un grito, echándo la cabeza hacia atrás.
Sentí su semilla escurrir por mis piernas. Agaché la cabeza lentamente, respirando entrecortadamente.
-Eres un idiota... ah...- al separarce de mí, suspiré.
-Lo siento.- me dió la vuelta, colocando sus manos en mi cintura y me besó, pegando mi cuerpo al ventanal. -No podía esperar.- sus manos siguieron paseándoce por mi cuerpo.
-¿Qué piensas hacerlo... toda la... noche?
-No es mala idea.- comenzó a arrastrarme hasta la cama, entre besos y caricias.
Le dejé quitarme la playera sin problemas, quedando completamente desnudo frente a él.
Me apoyé en los brazos y junté las piernas, impidiéndole ver mi interior. A pesar de ya estar acostumbrado a que me viera así y que me conociera de pies a cabeza, aún me daba un poco de pena el mstrarme así.
-Te ves ermozo...- y, para colmo, sus palabras me sonrojaban -... más cuando te pones rojo.
-Idiota.- le sonreí.
Se tiró encima de mí, besándome y acariciando mis costados. Para facilitarle la tarea, fui elevando una de mis piernas, recibiéndolo gustoso.
Besó cada parte de mí; sus manos se abrieron paso por mi cuerpo, trazando sus caminos... y, una vez cansado de ir y venir, me pidió que me colocara de lado. sin hacer preguntas, obedecí.
-Ya teníamos tiempo sin ahcer ésto.- dijo elevando mi pierna y colocando su erección en mi entrada. Yo pasé una de mis manos hcia atrás, hasta tomarle del cuello.
En mucho tiempo no lo habíamos hecho... y me alegraba el que éste momento hubiese llegado...
miércoles, 11 de mayo de 2011
Despedida
"¿Te vas y te atreves a dejarme así?"
-by Tom
La rutina estaba comiendo nuestras vidas, pero mientras él no me dijera nada, estaba bien. Así no demoraría en terminar con el trabajo en el plazo que me habia fijado.
El dinero seguia llegando a la cuenta que utilizaba antes, ya que no tenía inteciones de cerrarla.
Faltan pocos trabajos.. así que me parece que ésta parte de mi vida terminará más pronto de lo esperado.
La noche me acoge entre sus soMbras; tan cálida... tan... familiar y melancólica a la vez.
Unas cuantas casas más y el trabajo estará terminado.
M infiltro en el interior de una descuidada caucha al final de la calle, donde se supone debería encontrar al tipo... a mi víctima en turno.
No me fue dicícil encontrarlo en su habitación, sentado frente a su escritorio, sosteniendo una fotografía. -Pensé que vendrías más tarde.
Me le acerqué lo más despacio y tratando de ser tan silencioso como siempre, pero aun así se dio cuenta de mi presencia. -Sabes a qué he venido?
-La muerte no necesita anunciarse, chico.- seguía hablándome sin quitarle la vista de encima a la fotografía. -Supongo que ese imbécil se cansó de mis fechorías y mis trampas.- se rió. -Era de esperar que mandara a uno de los suyos para acabar conmigo.
Saqué una de mis armas favoritas: un puñal que le arrebatara de las manos a mi primer víctima oficial (un soldado retirado).
Lo coloqué en la parte media de su espalda. -Qué extraño.
-¿Qué?
-Eres el primero que no tiene temor de morir. le dije pasando el brazo por su cuello.
-Una vez que has perdido todo lo importante en la vida, ya nada importa, chico.- alzó la fotografía casi a la altura de mi rostro. -¿La vez? Esa chica pelirroja... era mi esposa. Joven, dulce... inocente y juguetona. No supe cuidar de ella... y... la perdí para siempre.- Me quedé viendo la fotografía: él estaba abrazando a la joven... se veían felices. -El amor es algo serio, niño. Si te toca el corazón y no es una ilusión, ya no hay cómo deshacerse de él. El amor es todo lo que se supone debería mover al mundo... y no es maldito dinero. Si es que algún día lo encuentras, no dejes que nada ni nadie se interponga en tu camino: no te condenes a algo vago y vacío que te quite de él.
El tipo estaba borracho... pero decía la verdad. -¿Qué hiciste para que quieran matarte?
-Según lo que sé... a ti te dan toda la información.
-Jamás la leo. Sólo necesito la fotografía y su domicilio.
Rió. -Clávalo rápido y profundo.- Tomó mi brazo con fuerza. -No retrases lo inevitable.
-Si tuvieras oportunidad de escapar a ésto... ¿qué harías?
-¿Un asesino con corazón? ¡Qué tontería!- tenía razón: el haber conocido a Bill me había devuelto el corazón... qué desgracia; me estaba ablandando demasiado. -Ya nada queda aquí para mí... haz tu trabajo y mátame.
No tuvo que pedírmelo dos veces: cerré los ojos y clavé el puñal tal y como lo pidió; rasgando hacia abajo; dejando que la sangre fluyera libremente, manchando nuestras ropas.
Me quedé un momento, viendo cómo se le escapaba la vida. Era el primero que moría con una sonrisa en los labios, sin decir una palabra. Pobre tipo.
Caminé por las calles de la ciudad, con las manos manchadas de rojo en las bolsas de mi pantalón; con la cabeza baja y las palabras de aquel hombre en mi mente.
Era hora de retirarme de ésto.
Al girar en una calle sin mucha luz, alguien me jaló del brazo, pegándome al muro. -¿Qué demonios...?
-Shhh... Tomi, tranquilo.- La voz de Ceci me tranquilizó un poco.
-¿Qué haces aquí a estas horas?
-Bueno, supe por ahí que tenías un trabajito por éstos rumbos y quise venir a despedirme.
-¿Despedirte? ¿Ahora a dónde demonios te largas?
-Regreso a casa, Tomi. Ahora que Andreas regresó a casa, ya no tengo por qué quedarme aquí.
-¿Cuándo renunciaste a mí?
-Cuando te portaste de manera grosera conmigo. Pero ya no importa: te perdono.
-Tú te traes algo más.- colocó sus manos en mi pecho. -No te irías así como así sin antes decirle por última vez a Bill que soy tuyo.- acercó su rostro al mío. -Tú no eres la Cecilia que conocí.
-El embarazo cambia a las chicas, Tom.
-¿Estás em... em...?
-Em-ba-ra-za-da, Tom.
-Pero, pero, pero...
-No te emociones que no es tuyo. Idiota.- rió.
-¿Entonces?
-Es de un imbécil que conocí una noche en una fiesta... la suerte no quizo que me quedara por siempre aquí para hacerte regresar conmigo.- suspiró. -Pero eso no me quita las ganas de despedirme de tí.- me besó.
Su beso ni siquiera me dejó reaccionar; me quedé ahí, entre sus brazos y el muro, dejándome besar. -¿Sabes que te voy a extrañar?- sus manos fueron bajando a mi entre pierna, colocándoce sobre mi miembro. -Sobre todo "ésta" parte de ti.- presionó un poco.
-Sigues siendo la misma puta de siempre.- dije en una sonrisa. Ella apretó con salvajismo mi pene, que ya empezaba a despertar. -¡Auch! ¡Duele!
-¿Tom se queja? Eso es nuevo... me gustas más así.- me besó de nuevo. Se acercó a mi oído. -Tu aroma sigue siendo embriagador.... ¿lo sabías?- apreté un poco los labios. -Es una lástima que no pueda quedarme a la faena completa.- se separó, dejándome libre.
-¡¿Me dejarás así?!
-Ve a casa y sacia tus ganas con Billi... anda.
-Pero...
-Yo ya no te pertenezco, Tomi. Así como tú nunca fuiste mío realmente...- se alejó, girando por última vez a verme. -...es una lástima que un "accidente" me haya hecho ver la realidad.- entre la oscuridad, pude distinguir en su silueta el cómo tocaba su vientre. -Adiós, Tom. No creo que tengas más noticias de mí... por lo menos no en algún tiempo.
Se había ido... y yo... con las ansias de amar a alguien despues de retener ese lado mío por tanto tiempo.
Necesitaba de Bill ahora...
-by Tom
La rutina estaba comiendo nuestras vidas, pero mientras él no me dijera nada, estaba bien. Así no demoraría en terminar con el trabajo en el plazo que me habia fijado.
El dinero seguia llegando a la cuenta que utilizaba antes, ya que no tenía inteciones de cerrarla.
Faltan pocos trabajos.. así que me parece que ésta parte de mi vida terminará más pronto de lo esperado.
La noche me acoge entre sus soMbras; tan cálida... tan... familiar y melancólica a la vez.
Unas cuantas casas más y el trabajo estará terminado.
M infiltro en el interior de una descuidada caucha al final de la calle, donde se supone debería encontrar al tipo... a mi víctima en turno.
No me fue dicícil encontrarlo en su habitación, sentado frente a su escritorio, sosteniendo una fotografía. -Pensé que vendrías más tarde.
Me le acerqué lo más despacio y tratando de ser tan silencioso como siempre, pero aun así se dio cuenta de mi presencia. -Sabes a qué he venido?
-La muerte no necesita anunciarse, chico.- seguía hablándome sin quitarle la vista de encima a la fotografía. -Supongo que ese imbécil se cansó de mis fechorías y mis trampas.- se rió. -Era de esperar que mandara a uno de los suyos para acabar conmigo.
Saqué una de mis armas favoritas: un puñal que le arrebatara de las manos a mi primer víctima oficial (un soldado retirado).
Lo coloqué en la parte media de su espalda. -Qué extraño.
-¿Qué?
-Eres el primero que no tiene temor de morir. le dije pasando el brazo por su cuello.
-Una vez que has perdido todo lo importante en la vida, ya nada importa, chico.- alzó la fotografía casi a la altura de mi rostro. -¿La vez? Esa chica pelirroja... era mi esposa. Joven, dulce... inocente y juguetona. No supe cuidar de ella... y... la perdí para siempre.- Me quedé viendo la fotografía: él estaba abrazando a la joven... se veían felices. -El amor es algo serio, niño. Si te toca el corazón y no es una ilusión, ya no hay cómo deshacerse de él. El amor es todo lo que se supone debería mover al mundo... y no es maldito dinero. Si es que algún día lo encuentras, no dejes que nada ni nadie se interponga en tu camino: no te condenes a algo vago y vacío que te quite de él.
El tipo estaba borracho... pero decía la verdad. -¿Qué hiciste para que quieran matarte?
-Según lo que sé... a ti te dan toda la información.
-Jamás la leo. Sólo necesito la fotografía y su domicilio.
Rió. -Clávalo rápido y profundo.- Tomó mi brazo con fuerza. -No retrases lo inevitable.
-Si tuvieras oportunidad de escapar a ésto... ¿qué harías?
-¿Un asesino con corazón? ¡Qué tontería!- tenía razón: el haber conocido a Bill me había devuelto el corazón... qué desgracia; me estaba ablandando demasiado. -Ya nada queda aquí para mí... haz tu trabajo y mátame.
No tuvo que pedírmelo dos veces: cerré los ojos y clavé el puñal tal y como lo pidió; rasgando hacia abajo; dejando que la sangre fluyera libremente, manchando nuestras ropas.
Me quedé un momento, viendo cómo se le escapaba la vida. Era el primero que moría con una sonrisa en los labios, sin decir una palabra. Pobre tipo.
Caminé por las calles de la ciudad, con las manos manchadas de rojo en las bolsas de mi pantalón; con la cabeza baja y las palabras de aquel hombre en mi mente.
Era hora de retirarme de ésto.
Al girar en una calle sin mucha luz, alguien me jaló del brazo, pegándome al muro. -¿Qué demonios...?
-Shhh... Tomi, tranquilo.- La voz de Ceci me tranquilizó un poco.
-¿Qué haces aquí a estas horas?
-Bueno, supe por ahí que tenías un trabajito por éstos rumbos y quise venir a despedirme.
-¿Despedirte? ¿Ahora a dónde demonios te largas?
-Regreso a casa, Tomi. Ahora que Andreas regresó a casa, ya no tengo por qué quedarme aquí.
-¿Cuándo renunciaste a mí?
-Cuando te portaste de manera grosera conmigo. Pero ya no importa: te perdono.
-Tú te traes algo más.- colocó sus manos en mi pecho. -No te irías así como así sin antes decirle por última vez a Bill que soy tuyo.- acercó su rostro al mío. -Tú no eres la Cecilia que conocí.
-El embarazo cambia a las chicas, Tom.
-¿Estás em... em...?
-Em-ba-ra-za-da, Tom.
-Pero, pero, pero...
-No te emociones que no es tuyo. Idiota.- rió.
-¿Entonces?
-Es de un imbécil que conocí una noche en una fiesta... la suerte no quizo que me quedara por siempre aquí para hacerte regresar conmigo.- suspiró. -Pero eso no me quita las ganas de despedirme de tí.- me besó.
Su beso ni siquiera me dejó reaccionar; me quedé ahí, entre sus brazos y el muro, dejándome besar. -¿Sabes que te voy a extrañar?- sus manos fueron bajando a mi entre pierna, colocándoce sobre mi miembro. -Sobre todo "ésta" parte de ti.- presionó un poco.
-Sigues siendo la misma puta de siempre.- dije en una sonrisa. Ella apretó con salvajismo mi pene, que ya empezaba a despertar. -¡Auch! ¡Duele!
-¿Tom se queja? Eso es nuevo... me gustas más así.- me besó de nuevo. Se acercó a mi oído. -Tu aroma sigue siendo embriagador.... ¿lo sabías?- apreté un poco los labios. -Es una lástima que no pueda quedarme a la faena completa.- se separó, dejándome libre.
-¡¿Me dejarás así?!
-Ve a casa y sacia tus ganas con Billi... anda.
-Pero...
-Yo ya no te pertenezco, Tomi. Así como tú nunca fuiste mío realmente...- se alejó, girando por última vez a verme. -...es una lástima que un "accidente" me haya hecho ver la realidad.- entre la oscuridad, pude distinguir en su silueta el cómo tocaba su vientre. -Adiós, Tom. No creo que tengas más noticias de mí... por lo menos no en algún tiempo.
Se había ido... y yo... con las ansias de amar a alguien despues de retener ese lado mío por tanto tiempo.
Necesitaba de Bill ahora...
domingo, 8 de mayo de 2011
Rutina
"No puedo vivr sin ésto: es mi vida, mi prisión y mi tormento... pero tú eres mi droga: el único sedante que me relaja y me tranquiliza en medio de la locura."
-by Tom
-Claro que estoy seguro. No puedes vivir sin eso. Así tendrás en qué emplear tu tiempo mientras estemos en descanso... y, bueno... quizás podamos ganar un dinero extra.- sus labios decian una cosa, pero su mirada de cia otra. Sus ojos parecían temblar al ver el papel.
No dije nada. Tomé las hojas entre mis manos, devolviéndolas al sobre. Tomé sus manos entre las mías: todo él temblaba. -Bill...
-Eso es lo tuyo; es el mundo al que perteneces, Tomi.- no me miraba. Sus ojos estaban clavados en el vacío.
-...sí: es el mundo en el que crecí, pero tú lo aborreces. ¿Por qué me devuelves al camino que tanto odias?
-Porque lo extrañas y no vives sin él. Por esa simple razón.
-¿Y esa es la misma razón por la que le pediste a Marc que te diera ésto?- agité el paquete frente a él. Bill sólo retiró la mirada y sus manos de las mías.
-Le pedí que habláramos y me lo dió en caso de que quisiera que volvieras.- volteaba a todos lados, como revisando que en realidad estuviésemos solos.
-¿Seguro que él no te presionó o te dijo algo?
-No.
-¿No fue él quien te buscó?
-No. Yo lo busqué a él... y no me fue difícil encontrarlo porque rondaba el hotel en el que nos hospedamos.
-¿Rondando?- la imagen molesta d eMarc la vez que me advirtió lo que le querían hacer a Bill llegó de inmediato a mi mente. -¿Seguro?
-Fue... coincidencia. Esperaba a otra persona y nos topamos en la recepción.- se rodeo con sus brazos, siempre retirando la vista de mí.
Era evidente que le molestara el tema y no quería hablar más de ello. Sabía que mentía y aún así no pude sacarle más.
-Entonces empezaré ésta noche, ¿te parece?
-¿Por qué la prisa?- preguntó nervioso, volteándo a verme con los ojos totalmente abiertos. -¡Es demasiado pronto!
-Son demasiados. si quiero terminar pronto con ésto, debo empezar ahora.
Se quedó en silencio un momento. Bajó la mirada poco a poco. -Si tienes que hacerlo... hazlo.
Me acerqué lentamente a él; besé su cabeza y me dirigí al cuartillo que nos servía de bodega, debajo de las escaleras. SAqué una muda de ropa y un par de navajas.
Ni siquiera me molesté en subir a nuestra habitación a cambiarme, sino que lo hice ahí mismo, arrojando mis prendas sobre las cajas.
Empezaba a oscurecer... perfecto para retomar mi camino.
Bill se recargó en la puertecilla, viéndome fijamente. -¿Tardarás?
-Depende... pero no creo.
-Deberíamos... am.. no sé... quizás comer algo antes...
-Bill, ¿en serio quieres que regrese?- asintió en silencio, siempre cruzando los brazos. -Entonces déjame hacerlo a mi manera: sin retrasos, sin demoras... sin ataduras.
-Tendrás toda la libertad del mundo... hasta el día en que te atrapen.- seguía siendo su mayor temor del mundo.
Sonreí mientras le tomaba de la cadera. -No te preocupes, nene. Verás que no pasará nada.- le besé delicadamente.
Él ni se molestó en responder el beso. -Se te hace tarde.
-Adiós.- le dejé ir lentamente, sin decir nada. Caminé hasta la puerta, sin regresar la mirada.
Me dirigí directamente a la casa del chico en cuestión, esperando que la suerte no me hubiese abandonado aún y se cumplieran las condiciones ideales para hacerlo sin problemas.
No tuve que hacer más que forzar la puerta trasera, todo lo demás ya estaba dispuesto para terminar el trabajo de manera rápida y precisa; sin testigos; sin demoras... sin nada que me inculpara en la escena.
Me sentía tan bien... sin importarme el si había sido no una buena persona. Eso era lo único bueno de ésto: te acostumbras a actuar sin remordimiento y con plena libertad. Aunque... algo andaba mal. Las cosas si se sentían bien... pero no tanto como antes.
Era como si se hubiese abierto un hueco en mí. Tal vez... tal vez estaba cambiando. Quizás lo que nadie pudo hacer conmigo en toda mi vida, Bill lo había logrado en menos de un año: me estaba cambiando a alguien bueno; estaba descongelando del todo mi corazón.
Los días pasaron de la misma manera, lo que sentía que me alejaba cada vez más de Bill; ya no lo tocaba como antes, ni él me trataba como antes. Me estaba esforzando en ésto demasiado... y mientras él no dijera nada, creo que estaba bien.
La misma rutina de siempre... sólo que esta vez me serviría para darme cuenta de una vez por todas que éste cmaino ya no era mío. El sendero que Marcus habia trazado para mi desde chico habia desaparecido a mis ojos, y la única manera de separarme por completo de él sería terminar las cosas pendientes y cerraar esa parte de mi vida que comenzaba a hartarme.
Gracvias a Bill, descubrí una amnera de vivir, si necesidad ya de lo que tantas veces concideré mi destino. Y la única manera de demostrarle mi agradecimiento, seria dejando mi vida pasada, cerrando todo lo que me ligara a ella y volviendo a su lado para un nuevo comienzo.
¿Qué tan dificil podría ser?
-by Tom
-Claro que estoy seguro. No puedes vivir sin eso. Así tendrás en qué emplear tu tiempo mientras estemos en descanso... y, bueno... quizás podamos ganar un dinero extra.- sus labios decian una cosa, pero su mirada de cia otra. Sus ojos parecían temblar al ver el papel.
No dije nada. Tomé las hojas entre mis manos, devolviéndolas al sobre. Tomé sus manos entre las mías: todo él temblaba. -Bill...
-Eso es lo tuyo; es el mundo al que perteneces, Tomi.- no me miraba. Sus ojos estaban clavados en el vacío.
-...sí: es el mundo en el que crecí, pero tú lo aborreces. ¿Por qué me devuelves al camino que tanto odias?
-Porque lo extrañas y no vives sin él. Por esa simple razón.
-¿Y esa es la misma razón por la que le pediste a Marc que te diera ésto?- agité el paquete frente a él. Bill sólo retiró la mirada y sus manos de las mías.
-Le pedí que habláramos y me lo dió en caso de que quisiera que volvieras.- volteaba a todos lados, como revisando que en realidad estuviésemos solos.
-¿Seguro que él no te presionó o te dijo algo?
-No.
-¿No fue él quien te buscó?
-No. Yo lo busqué a él... y no me fue difícil encontrarlo porque rondaba el hotel en el que nos hospedamos.
-¿Rondando?- la imagen molesta d eMarc la vez que me advirtió lo que le querían hacer a Bill llegó de inmediato a mi mente. -¿Seguro?
-Fue... coincidencia. Esperaba a otra persona y nos topamos en la recepción.- se rodeo con sus brazos, siempre retirando la vista de mí.
Era evidente que le molestara el tema y no quería hablar más de ello. Sabía que mentía y aún así no pude sacarle más.
-Entonces empezaré ésta noche, ¿te parece?
-¿Por qué la prisa?- preguntó nervioso, volteándo a verme con los ojos totalmente abiertos. -¡Es demasiado pronto!
-Son demasiados. si quiero terminar pronto con ésto, debo empezar ahora.
Se quedó en silencio un momento. Bajó la mirada poco a poco. -Si tienes que hacerlo... hazlo.
Me acerqué lentamente a él; besé su cabeza y me dirigí al cuartillo que nos servía de bodega, debajo de las escaleras. SAqué una muda de ropa y un par de navajas.
Ni siquiera me molesté en subir a nuestra habitación a cambiarme, sino que lo hice ahí mismo, arrojando mis prendas sobre las cajas.
Empezaba a oscurecer... perfecto para retomar mi camino.
Bill se recargó en la puertecilla, viéndome fijamente. -¿Tardarás?
-Depende... pero no creo.
-Deberíamos... am.. no sé... quizás comer algo antes...
-Bill, ¿en serio quieres que regrese?- asintió en silencio, siempre cruzando los brazos. -Entonces déjame hacerlo a mi manera: sin retrasos, sin demoras... sin ataduras.
-Tendrás toda la libertad del mundo... hasta el día en que te atrapen.- seguía siendo su mayor temor del mundo.
Sonreí mientras le tomaba de la cadera. -No te preocupes, nene. Verás que no pasará nada.- le besé delicadamente.
Él ni se molestó en responder el beso. -Se te hace tarde.
-Adiós.- le dejé ir lentamente, sin decir nada. Caminé hasta la puerta, sin regresar la mirada.
Me dirigí directamente a la casa del chico en cuestión, esperando que la suerte no me hubiese abandonado aún y se cumplieran las condiciones ideales para hacerlo sin problemas.
No tuve que hacer más que forzar la puerta trasera, todo lo demás ya estaba dispuesto para terminar el trabajo de manera rápida y precisa; sin testigos; sin demoras... sin nada que me inculpara en la escena.
Me sentía tan bien... sin importarme el si había sido no una buena persona. Eso era lo único bueno de ésto: te acostumbras a actuar sin remordimiento y con plena libertad. Aunque... algo andaba mal. Las cosas si se sentían bien... pero no tanto como antes.
Era como si se hubiese abierto un hueco en mí. Tal vez... tal vez estaba cambiando. Quizás lo que nadie pudo hacer conmigo en toda mi vida, Bill lo había logrado en menos de un año: me estaba cambiando a alguien bueno; estaba descongelando del todo mi corazón.
Los días pasaron de la misma manera, lo que sentía que me alejaba cada vez más de Bill; ya no lo tocaba como antes, ni él me trataba como antes. Me estaba esforzando en ésto demasiado... y mientras él no dijera nada, creo que estaba bien.
La misma rutina de siempre... sólo que esta vez me serviría para darme cuenta de una vez por todas que éste cmaino ya no era mío. El sendero que Marcus habia trazado para mi desde chico habia desaparecido a mis ojos, y la única manera de separarme por completo de él sería terminar las cosas pendientes y cerraar esa parte de mi vida que comenzaba a hartarme.
Gracvias a Bill, descubrí una amnera de vivir, si necesidad ya de lo que tantas veces concideré mi destino. Y la única manera de demostrarle mi agradecimiento, seria dejando mi vida pasada, cerrando todo lo que me ligara a ella y volviendo a su lado para un nuevo comienzo.
¿Qué tan dificil podría ser?
martes, 3 de mayo de 2011
Error
"Ser un desalmado que arrebata la vida a alguien... no. Sólo eres un mediador entre ésta vida y la otra, nada más."
-by Bill.
Andreas cumplió: esa misma noche llegó de visita a casa. No bajé a la sala junto con Tom, sino que me quedé en la habitación, con la puerta entreabierta, para poder escucha todo con claridad... y llamarle en caso de que lo necesitara.
Estaba en calma. Sí, le había creído... ¿y qué? así estaba tranquilo.
Andy se fue sin tomarce la molestia de pasar a despedirce de mí... bueno, no era su obligación después de todo si nisiquiera subió a saludar.
Tom entró de nuevo a la habitación, con gesto preocupado, fijando la vista en mí. -Ven... ven aquí.- le llamé con los ojos medio cerrados y estirando mi mano para que la tomara. -Siéntate aquí... a mi lado.- lo hizo sin decir nada. Tomé sus brazos, y mehice rodear por ellos, ya que él no hacía nada más que mirarme. -¿Verdad que dormirás conmigo, tommi?- no haia respuesta. -¿Verdad que no me dejarás solo en medio de la oscuridad?- dentro de mi sabía que él n haría eso, pero insistía en que me lo dijera. -¿Verdad que estarás conmigo para siempre... amor?
-Bill...
-¿Mmm?
-¿Es que en serio estás mejor con mentiras?
-Si esas mentiras me hacen feliz y no hacen que desconfíe de tí, sí. Me dijiste que no estabas con Chantelle... era todo lo que quería escuchar.- sentí como sus brazos apretaban un poco más mi cuerpo. -Quiero creer que sólo estabas pensando... y que no manchaste tu cuerpo con su olor; que sólo te guardas para mí como yo hago conmigo: me guardo sólo para tí; sólo tú puedes tocarme.
Mis ojos se cerraron lentamente, mientras su palpitar me arrullaba dulcemente. Apenas y pude captar sus palabras. -Sabes que la verdad es que sí estuve con ella; me revolqué con ella en un hotel barato y regresé a tu lado sin inteciones de pedir perdón.- No pude responderle.
Después de todo, Marcus había tenido razón: si esa es la naturaleza de Tom, no podría cambiarla.
A la mañana siguiente desperté con él sentado a mi lado, pasando su mano por mi rostro al verme abrir los ojos. -Buen día, amor.- esforcé una sonrisa en mis labios, al igual que él. -Creí que saldrías.
-¿Y por qué lo harías?
-No sé... ¿trabajo?
Sonrió. -El trabajo terminó.- besó mis labios, haciéndome olvidar lo de la noche pasada. -Jenni llamó hace un rato.
-¿Está bien?
-Está con Simone. No tiene intenciones de regresar.
-¿Por? Creí que le encantaba la idea de vivir con nosotros.
-Dice que tiene que volver al colegio.
-No quiero que se vaya.- me abrazó. -No de nuevo.
-Dice que es algo que tiene que hacer. Dejémosla que se vaya.
-No.
-¿Por qué?
-La voy a extrañar.
-Déjala que se vaya. Eso es lo que quiere. Respeta su decición.
-Está bien... si e slo que quiere, que se vaya.- dije un poco triste. En verdad no quería que se fuera de mi lado de nuevo... aunque creo que ya era tarde. -¿Vendrá a despedirce?
-¡Pero claro! Creeme que no se iría sin decirle a su hermano.
-Tú también eres su hermano, tonto.- ambos sonreímos. -¿Se irá pronto?
-No creo. Quizás en un par de semanas.
-Espero...
-La extrañaré también.
Estuvimos hablando un poco de todo... hasta que entré en la ducha. Él se quedó sentado en la cama, aún con esa mirada llena de preocupación.
-Amor... ¿qué pasa?- salí con sólo la toalla anudada a la cintura. -Estas muy extraño... y no creo que sea por lo de anoche.
-No es nada, pequeño.
-Sabes que me puedes decir lo que sea.
-En serio, no es nada.- Trató de sonreír, pero pude ver en su rostro que alg le dolía... o le hacía falta. -Creo que sólo necesito salir a caminar.
-¿Quieres que te acompañe?
-Am... sólo etaré en el patio trasero. Sólo me hace falta un poco de aire, es todo.
Me vestí a prisa y salimos al patio. Me quedé sentado a la puerta, viéndolo deambular de un lado al otro, siempre con las manos en los bolsillos y la mirada baja.
Varias veces le pregunté qué tenía... pero no me contestó. Así que creí que en verdad le afectaba la noticia que le había dado Jenni.
Me limité a verlo ir de aquí para allá en silencio, deteniéndoce a veces para entreabrir los labios y cerraarlos de inmediato, como si las palabras desaparecieran en ese instante.
La tarde pasó al igual que los días; las mañanas se hacían eternas sin que me hablara; las tardes se hacían aburridísimas viéndolo con la misma rutina de caminar en círculos en el patio sin levantar la mirada... y la snoches era un apesadilla cuando ni siquiera se le veía en el rostro la intención de tocarme. Algo le pasaba y no quería decírmelo.
Entonces recordé: "Thomas es una fiera enjaulada." Si resultaba serlo, estaba buscando una manera de salir...
Casi estaba seguro de poder ver en él las ansias de salir... algo se le estaba acumulando dentro y yo no odía ver con exactitud lo que era.
Quizás... quizás si necesitaba volver a lo que estaba acostumbrdo a hacer. Aunque yo no quizsiera.
El recuerdo del sobre que aun esperaba en el fondo de mi maleta cruzó mi mente. ¿Y si se lo entregaba? ¿Qué excusa podría poner para decírle que volviera a "eso"?
Nada más que armarme de valor y poner esperanzas en que no preguntara el por qué quería ser yo quien lo regresara a eso.
Subí rápidamente por el sobre y, al bajar, Tom estaba sentad en el lugar que yo había estado ocupando, con la cabeza baja.
-Am... Tommi... tenemos que... tenemos que...
-He sido una mala persona, Bill. Pero... ¿sabes qué es lo curioso?- no respondí. -Que no me arrepiento de nada. Sí, los maté... a todas esas personas que ni siquiera conocia, pero no me arrepiento de nada.- sus palabras me helaron un poco la sangre. -Sentía tan... no sé. Era una sensación agradale el ver cómo ese brillo se apagaba en sus ojos cuando atacabas de frente... y cuando lo hacías por la espalda... el ver sómo su cuerpo caía al piso sin vida...
-Tom.
-El sentir que habías llevado u alma ante alguien más poderoso allá arriba que lo juzgaaría... era... simplemente... no sé.
-Sientes que es a tu padrastro a quien le haces el favor.- se me escapó decirlo.
-Creo que sí.- dijo riendo bajo. Yo pensé que se enfadaría por eso y me pediría que no le mencionara. -Supongo que es su imagen la que veo en cada uno de sus rostros.
-¿Y?
-¿Y? no sé... creo que el haber estado en eso durante tanto tiempo me afectó.- no dije nada. -Creo... creo que... nada. olvídalo.- volteó con una sonrisa en los labios, concentrando su mirada en mis manos con el sobre. Me cuestionó con la mirada, pero no respondí.
-Pasó algo más entre tú y Chantelle, ¿verdad?
-¿Por qué lo dices?
-Tú no eres así: tan distante, tan frío... por menos no conmigo. Dime qué fue lo que pasó.
-Te dije lo que querías escuchar.
-Ahora quiero que me digas lo que en verdad pasó.
Repsiró profundo. -¿Estás cien por ciento seguro?
-Por favor, Tommi. No me gusta verte así y no saber la razón.
Respiró hondo y lo soltó sin pausas. -Sí, estuve con Chantelle en un hotel de cuarta; ya llevábamos días viéndonos pero no fue hasta ésta última vez que hubo algo entre nosotros.
-¿Para qué querría ella verte?
-Preguntaba mucho por tí.
Me reí nerviosamente. -¿Por mí? ¡Si se veía que jamás le agradé!
-No preguntaba por tí porque le agradaras finalmente, sino por otra cosa.
-¿Por qué una chica a la que jamás le simpaticé y a la que tengo poco más de tres años sin ver preguntaría por mí?
-Chantelle Paige... no era quien creías. No era la chica rubia odiosa igual que Nataly; no era una chica normal que coincidió contigo en el colegio... ¿quieres saber por qué la conociste? ¿por qué reapareció? ¿Por qué me buscaba tanto? Quería ganar confianza con alguien de nosotros: Geo y Gus ya la habían rechazado por que ya la conocían y sabían que su reputación no era buena, así que sólo le quedaba yo.
-Si me buscaba a mí. ¿por qué no venir directamente a mí?
-Las persons como ella... y como yo no podemos acercarnos así como así a los demás porque sería demasiado ovbio. Primero hay que ganar la confianza e los cercanos para atravesar con seguridad la barrera que les divide de nosotros y llevar a cabo el trabajo sin sospechas.
-Espera, ¿estás diciéndo que Chantelle quería...?
-Fue contratada desde hace años para que te matara, Bill.- me quedé elado al escucharle.
-Pe-pero si es muy joven.- dije en un hilillo de voz.
-Es mucho más grande de lo que te imaginas, pequeño.- élme respondía de la manera más fría que podía, y aún así me daba cuenta que no me estaba diiendo todo lo que había pasado con ellos.
-¿Cómo... cuándo te diste cuenta de todo eso?
-La noche que estuvimos juntos. Verás: después de unos tragos y toda una noche de buen sexo nadie puede resistirce a soltar todo lo que esconde. Las cosas se voltearon en su contra al último momento.
-Pero.. pero...
-Me mantuve cerca de ella para que no sospechara nada. Sabía que tú yo éramos hermanos gemelos; que había algo más que "amor fraterno" entre nosotros... se sabía tu vida de pies a cabeza... lo que no sabía era que yo estaba en ésto también.
-¿Qué le hiciste?- pregunté un poco temeroso.
-Estabamos en la cama, Bill. Ella recargó suavemente su cabeza sobre mi pecho, diciéndome que jamás la había pasado tan bien; que sentía tenía a alguien en quién confiar después de tantos años de estar sola... quería ponerme e su lado por completo. Me preguntó qué tanto me desgustaba el ser tu hermano. ¿Sabes qué le dije? Que te odiaba con toda mi alma; que hubiese preferido el haber permanecido oculto e el infierno con tal de no enterarme de quién era mi hermano, porque me avergonzaba de él. Le mentí... y me creyó. Me propuso una manera de librarme del peso de tener un hermano como tú: se ofreció a quitarme el peso de "hermano mayor" de encima si me quedaba con ella. Le dije que aceptaba lo que fuera con tal de verme lejos de tí, prometiéndole que no diría nada de ésto a nadie. Cuando me dió la espalda para vestirce e ir a buscarte, la tomé del cuello y presioné... simplemente presioné... hasta que la sentí caer pesadamente. La solté... y... borré lo que fuera que me ligara con ella. La maté, Bill.
-Tú... tú la.. la... ¿en serio?- asintió. -Pero... pero...
-¿Sabes qué es lo curioso? Había prometido no meterme más en éstos líos, Bill... peor no puedo alejarme de ellos. El deshacerme de las personas es algo con lo que crecí; es algo con lo que he soñado por varias noches... y es de algo de lo que no me quiero alejar aún.- clavó sus ojos en los míos. su mirada era tan fría y... lúgubre. -Lo siento, Bill.
-No puedes escapar a lo que eres... y si lo tuyo es ser un asesino desalmado, no puedo competir con eso.- alargué el sobre y lo puse frente a su cara.
-¿Ahora sí ya me dirás qué es eso?
-Ahí dentro...- le dije al tiempo que lo tomaba. -...está tu vida, Tommi.- se apresuró a abrirlo: varias hojas cayeron de su interior, plagadas de letras y fotografías de gente joven, gente de la tercera edad... de todo.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo: él terminaría con todos ellos y yo cargaría con la culpa por haber sido el que lo regresaba a ello.
-Tom...
-¿Seguro?
"Convencelo... ya sabes. Manipúlalo... como sea, pero que regrese." LAs palabras de MArc taladradaban mi mente, acallando la voz de la conciencia que me pedía que retirara el sobre de sus manos y le rogara que no regresara. "¿Quieres que Tom sufra?"
No había vuelta atrás.
-Claro que estoy seguro. No puedes vivir sin eso.- tomé entre mis mano la hoja más cercana: la información de un chico de nuestra edad que vivía a unas casas de la nuestra. El ver su rostro me llenó aún más de pesimismo, pero supe tapizarlo con una mueca de frialdad. -Así tendrás en qué emplear tu tiempo mientras estemos en descanso... y, bueno... quizás podamos ganar un dinero extra.
¡¿Pero que coños estaba diciendo?!
Me sentía sucio diciendo toda esa sarta de mentiras... que él se estaba tragando tan fácilmente.
Una carga tan grande... una de esas que ni reviviendo millones de veces se te quita de encima.
¿Ahora eso me hacía eso un asesino igual o peor que él?
-by Bill.
Andreas cumplió: esa misma noche llegó de visita a casa. No bajé a la sala junto con Tom, sino que me quedé en la habitación, con la puerta entreabierta, para poder escucha todo con claridad... y llamarle en caso de que lo necesitara.
Estaba en calma. Sí, le había creído... ¿y qué? así estaba tranquilo.
Andy se fue sin tomarce la molestia de pasar a despedirce de mí... bueno, no era su obligación después de todo si nisiquiera subió a saludar.
Tom entró de nuevo a la habitación, con gesto preocupado, fijando la vista en mí. -Ven... ven aquí.- le llamé con los ojos medio cerrados y estirando mi mano para que la tomara. -Siéntate aquí... a mi lado.- lo hizo sin decir nada. Tomé sus brazos, y mehice rodear por ellos, ya que él no hacía nada más que mirarme. -¿Verdad que dormirás conmigo, tommi?- no haia respuesta. -¿Verdad que no me dejarás solo en medio de la oscuridad?- dentro de mi sabía que él n haría eso, pero insistía en que me lo dijera. -¿Verdad que estarás conmigo para siempre... amor?
-Bill...
-¿Mmm?
-¿Es que en serio estás mejor con mentiras?
-Si esas mentiras me hacen feliz y no hacen que desconfíe de tí, sí. Me dijiste que no estabas con Chantelle... era todo lo que quería escuchar.- sentí como sus brazos apretaban un poco más mi cuerpo. -Quiero creer que sólo estabas pensando... y que no manchaste tu cuerpo con su olor; que sólo te guardas para mí como yo hago conmigo: me guardo sólo para tí; sólo tú puedes tocarme.
Mis ojos se cerraron lentamente, mientras su palpitar me arrullaba dulcemente. Apenas y pude captar sus palabras. -Sabes que la verdad es que sí estuve con ella; me revolqué con ella en un hotel barato y regresé a tu lado sin inteciones de pedir perdón.- No pude responderle.
Después de todo, Marcus había tenido razón: si esa es la naturaleza de Tom, no podría cambiarla.
A la mañana siguiente desperté con él sentado a mi lado, pasando su mano por mi rostro al verme abrir los ojos. -Buen día, amor.- esforcé una sonrisa en mis labios, al igual que él. -Creí que saldrías.
-¿Y por qué lo harías?
-No sé... ¿trabajo?
Sonrió. -El trabajo terminó.- besó mis labios, haciéndome olvidar lo de la noche pasada. -Jenni llamó hace un rato.
-¿Está bien?
-Está con Simone. No tiene intenciones de regresar.
-¿Por? Creí que le encantaba la idea de vivir con nosotros.
-Dice que tiene que volver al colegio.
-No quiero que se vaya.- me abrazó. -No de nuevo.
-Dice que es algo que tiene que hacer. Dejémosla que se vaya.
-No.
-¿Por qué?
-La voy a extrañar.
-Déjala que se vaya. Eso es lo que quiere. Respeta su decición.
-Está bien... si e slo que quiere, que se vaya.- dije un poco triste. En verdad no quería que se fuera de mi lado de nuevo... aunque creo que ya era tarde. -¿Vendrá a despedirce?
-¡Pero claro! Creeme que no se iría sin decirle a su hermano.
-Tú también eres su hermano, tonto.- ambos sonreímos. -¿Se irá pronto?
-No creo. Quizás en un par de semanas.
-Espero...
-La extrañaré también.
Estuvimos hablando un poco de todo... hasta que entré en la ducha. Él se quedó sentado en la cama, aún con esa mirada llena de preocupación.
-Amor... ¿qué pasa?- salí con sólo la toalla anudada a la cintura. -Estas muy extraño... y no creo que sea por lo de anoche.
-No es nada, pequeño.
-Sabes que me puedes decir lo que sea.
-En serio, no es nada.- Trató de sonreír, pero pude ver en su rostro que alg le dolía... o le hacía falta. -Creo que sólo necesito salir a caminar.
-¿Quieres que te acompañe?
-Am... sólo etaré en el patio trasero. Sólo me hace falta un poco de aire, es todo.
Me vestí a prisa y salimos al patio. Me quedé sentado a la puerta, viéndolo deambular de un lado al otro, siempre con las manos en los bolsillos y la mirada baja.
Varias veces le pregunté qué tenía... pero no me contestó. Así que creí que en verdad le afectaba la noticia que le había dado Jenni.
Me limité a verlo ir de aquí para allá en silencio, deteniéndoce a veces para entreabrir los labios y cerraarlos de inmediato, como si las palabras desaparecieran en ese instante.
La tarde pasó al igual que los días; las mañanas se hacían eternas sin que me hablara; las tardes se hacían aburridísimas viéndolo con la misma rutina de caminar en círculos en el patio sin levantar la mirada... y la snoches era un apesadilla cuando ni siquiera se le veía en el rostro la intención de tocarme. Algo le pasaba y no quería decírmelo.
Entonces recordé: "Thomas es una fiera enjaulada." Si resultaba serlo, estaba buscando una manera de salir...
Casi estaba seguro de poder ver en él las ansias de salir... algo se le estaba acumulando dentro y yo no odía ver con exactitud lo que era.
Quizás... quizás si necesitaba volver a lo que estaba acostumbrdo a hacer. Aunque yo no quizsiera.
El recuerdo del sobre que aun esperaba en el fondo de mi maleta cruzó mi mente. ¿Y si se lo entregaba? ¿Qué excusa podría poner para decírle que volviera a "eso"?
Nada más que armarme de valor y poner esperanzas en que no preguntara el por qué quería ser yo quien lo regresara a eso.
Subí rápidamente por el sobre y, al bajar, Tom estaba sentad en el lugar que yo había estado ocupando, con la cabeza baja.
-Am... Tommi... tenemos que... tenemos que...
-He sido una mala persona, Bill. Pero... ¿sabes qué es lo curioso?- no respondí. -Que no me arrepiento de nada. Sí, los maté... a todas esas personas que ni siquiera conocia, pero no me arrepiento de nada.- sus palabras me helaron un poco la sangre. -Sentía tan... no sé. Era una sensación agradale el ver cómo ese brillo se apagaba en sus ojos cuando atacabas de frente... y cuando lo hacías por la espalda... el ver sómo su cuerpo caía al piso sin vida...
-Tom.
-El sentir que habías llevado u alma ante alguien más poderoso allá arriba que lo juzgaaría... era... simplemente... no sé.
-Sientes que es a tu padrastro a quien le haces el favor.- se me escapó decirlo.
-Creo que sí.- dijo riendo bajo. Yo pensé que se enfadaría por eso y me pediría que no le mencionara. -Supongo que es su imagen la que veo en cada uno de sus rostros.
-¿Y?
-¿Y? no sé... creo que el haber estado en eso durante tanto tiempo me afectó.- no dije nada. -Creo... creo que... nada. olvídalo.- volteó con una sonrisa en los labios, concentrando su mirada en mis manos con el sobre. Me cuestionó con la mirada, pero no respondí.
-Pasó algo más entre tú y Chantelle, ¿verdad?
-¿Por qué lo dices?
-Tú no eres así: tan distante, tan frío... por menos no conmigo. Dime qué fue lo que pasó.
-Te dije lo que querías escuchar.
-Ahora quiero que me digas lo que en verdad pasó.
Repsiró profundo. -¿Estás cien por ciento seguro?
-Por favor, Tommi. No me gusta verte así y no saber la razón.
Respiró hondo y lo soltó sin pausas. -Sí, estuve con Chantelle en un hotel de cuarta; ya llevábamos días viéndonos pero no fue hasta ésta última vez que hubo algo entre nosotros.
-¿Para qué querría ella verte?
-Preguntaba mucho por tí.
Me reí nerviosamente. -¿Por mí? ¡Si se veía que jamás le agradé!
-No preguntaba por tí porque le agradaras finalmente, sino por otra cosa.
-¿Por qué una chica a la que jamás le simpaticé y a la que tengo poco más de tres años sin ver preguntaría por mí?
-Chantelle Paige... no era quien creías. No era la chica rubia odiosa igual que Nataly; no era una chica normal que coincidió contigo en el colegio... ¿quieres saber por qué la conociste? ¿por qué reapareció? ¿Por qué me buscaba tanto? Quería ganar confianza con alguien de nosotros: Geo y Gus ya la habían rechazado por que ya la conocían y sabían que su reputación no era buena, así que sólo le quedaba yo.
-Si me buscaba a mí. ¿por qué no venir directamente a mí?
-Las persons como ella... y como yo no podemos acercarnos así como así a los demás porque sería demasiado ovbio. Primero hay que ganar la confianza e los cercanos para atravesar con seguridad la barrera que les divide de nosotros y llevar a cabo el trabajo sin sospechas.
-Espera, ¿estás diciéndo que Chantelle quería...?
-Fue contratada desde hace años para que te matara, Bill.- me quedé elado al escucharle.
-Pe-pero si es muy joven.- dije en un hilillo de voz.
-Es mucho más grande de lo que te imaginas, pequeño.- élme respondía de la manera más fría que podía, y aún así me daba cuenta que no me estaba diiendo todo lo que había pasado con ellos.
-¿Cómo... cuándo te diste cuenta de todo eso?
-La noche que estuvimos juntos. Verás: después de unos tragos y toda una noche de buen sexo nadie puede resistirce a soltar todo lo que esconde. Las cosas se voltearon en su contra al último momento.
-Pero.. pero...
-Me mantuve cerca de ella para que no sospechara nada. Sabía que tú yo éramos hermanos gemelos; que había algo más que "amor fraterno" entre nosotros... se sabía tu vida de pies a cabeza... lo que no sabía era que yo estaba en ésto también.
-¿Qué le hiciste?- pregunté un poco temeroso.
-Estabamos en la cama, Bill. Ella recargó suavemente su cabeza sobre mi pecho, diciéndome que jamás la había pasado tan bien; que sentía tenía a alguien en quién confiar después de tantos años de estar sola... quería ponerme e su lado por completo. Me preguntó qué tanto me desgustaba el ser tu hermano. ¿Sabes qué le dije? Que te odiaba con toda mi alma; que hubiese preferido el haber permanecido oculto e el infierno con tal de no enterarme de quién era mi hermano, porque me avergonzaba de él. Le mentí... y me creyó. Me propuso una manera de librarme del peso de tener un hermano como tú: se ofreció a quitarme el peso de "hermano mayor" de encima si me quedaba con ella. Le dije que aceptaba lo que fuera con tal de verme lejos de tí, prometiéndole que no diría nada de ésto a nadie. Cuando me dió la espalda para vestirce e ir a buscarte, la tomé del cuello y presioné... simplemente presioné... hasta que la sentí caer pesadamente. La solté... y... borré lo que fuera que me ligara con ella. La maté, Bill.
-Tú... tú la.. la... ¿en serio?- asintió. -Pero... pero...
-¿Sabes qué es lo curioso? Había prometido no meterme más en éstos líos, Bill... peor no puedo alejarme de ellos. El deshacerme de las personas es algo con lo que crecí; es algo con lo que he soñado por varias noches... y es de algo de lo que no me quiero alejar aún.- clavó sus ojos en los míos. su mirada era tan fría y... lúgubre. -Lo siento, Bill.
-No puedes escapar a lo que eres... y si lo tuyo es ser un asesino desalmado, no puedo competir con eso.- alargué el sobre y lo puse frente a su cara.
-¿Ahora sí ya me dirás qué es eso?
-Ahí dentro...- le dije al tiempo que lo tomaba. -...está tu vida, Tommi.- se apresuró a abrirlo: varias hojas cayeron de su interior, plagadas de letras y fotografías de gente joven, gente de la tercera edad... de todo.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo: él terminaría con todos ellos y yo cargaría con la culpa por haber sido el que lo regresaba a ello.
-Tom...
-¿Seguro?
"Convencelo... ya sabes. Manipúlalo... como sea, pero que regrese." LAs palabras de MArc taladradaban mi mente, acallando la voz de la conciencia que me pedía que retirara el sobre de sus manos y le rogara que no regresara. "¿Quieres que Tom sufra?"
No había vuelta atrás.
-Claro que estoy seguro. No puedes vivir sin eso.- tomé entre mis mano la hoja más cercana: la información de un chico de nuestra edad que vivía a unas casas de la nuestra. El ver su rostro me llenó aún más de pesimismo, pero supe tapizarlo con una mueca de frialdad. -Así tendrás en qué emplear tu tiempo mientras estemos en descanso... y, bueno... quizás podamos ganar un dinero extra.
¡¿Pero que coños estaba diciendo?!
Me sentía sucio diciendo toda esa sarta de mentiras... que él se estaba tragando tan fácilmente.
Una carga tan grande... una de esas que ni reviviendo millones de veces se te quita de encima.
¿Ahora eso me hacía eso un asesino igual o peor que él?
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