(Bill)
Pasamos la noche en la sala, levantándome más temprano que de costumbre, para ducharme y arreglarme para salir y no encontrarme con Jenni cuando volviera. Pasé días y días sosteniendo una sonrisa falsa en mi rostro cuando me veía, pero ya no quería seguir con lo mismo. Aún me dolía el verla a los ojos.
-Tomi: saldré un momento.- susurré en su oído. Besé su mejilla y salí de casa, cuidando de no olvidarme de las muñequeras.
Caminé un par de calles, con las manos dentro de la chaqueta. -¡Hey, Bill!- David me encontró a unas calles del centro comercial. -Ven, sube.- le agradecí con una sonrisa. -¿A dónde te llevo?
-A cualquier lugar donde pueda conseguir algo para Tom.- respondí con una sonrisa.
-Para Tom, ¿eh? ¿Se puede saber cuál es el motivo de que le andes comprando regalitos?
-Mañana será su cumpleaños y quiero regalarle algo lindo.
-Creí que era tu cumpleaños...
-También. Se supone que cumplimos años el mismo día.
-En ese caso, el centro comercial es el lugar más indicado.- giró a la derecha, internándoce en el estacionamiento. -Nos vemos aquí en treinta minutos, ¿te parece bien?
-No hace falta que me lleves de regreso, pueod volver solo.
-Quiero esperarte, ¿hay algún problema?- me agradaba el que fuera amable... pero en éste caso sentía que estaba encima de mí en sobremanera. -En media hora nos vemos aquí mismo.- se dió la vuelta y me dejó solo.
Fui a las tiendas de ropa: infinidad de prendas con bastante estilo... por lo menos para mí, pero para Tom, nada.
Caminé de tienda en tienda, buscando el regalo ideal para él. Algo que ni fuera muy grande y estorboso... pero tampoco tan pequeño y que pareciera insignificante. Nada que cruzara mi mente me parecía lo suficientemente bueno... qué molestia.
Pasé frente a una joyería. El dueño, al verme parado viendo el aparador, me invitó a pasar: dijes, collares, anillos, esclavaas de todos tamaños y diseños se mostraron hermozos a mis ojos. -¿En qué le podemos ayudar, joven?
-Verá: estoy buscando un regalo...
-Quizás un anillo.- sacó uno de plata, con un pequeño diamante en el medio. -O un collar...- me mostró uno de oro, con una gota de rubí en el centro.
-Es hermozo... pero busco algo... diferente. Quizás un dije... o una esclava.- sacó una especie de catálogo con todos los diseños disponibles. Hice una mueca con mi boca, que él entendió como incorfomidad o disgusto.
-¿Pasa algo, joven? ¿No son de su agrado?
-No es eso. Todo es hermozo... muy lindo, pero me pregunto si le gustará...
-¿Su novia?
-No.- sonreí. -Es para una persona muy especial que me ha salvado la vida.
-Oh, ya veo. Entonces déjeme sugerirlo ésto.- Fue a la parte trasera, regresando con una pequeña aja de terciopelo.
La abrió, dejando a descubierto un hermoso dije plateado, con una piedra azul incrustada. -Es un relicario. La piedra es una indicolita. Hermozo, ¿no?
-Es... perfecto.- me acercó el estuche, invitándome a tomarlo y admirarlo mejor.
-Podemos grabar algún nombre, si así lo quiere.
-¿Puede grabar una frase?
-Lo que quiera.- me pasó un trozo de papel y un lapicero. Traté de escribir lo más legiblemente posible. Al verlo, sonrió. -¿Por detrás o en el interior?
-Atrás.
-En unos diez minutos lo tendré listo. ¿Gusta esperar o regresar después?- miré el reloj que tenía en frente: me quedaban cinco minutos antes de que terminara el plazo que David me había dicho. -Creo que mejor regresaré por él mañana.
-De acuerdo. Se lo tendremos listo. ¿A nombre de quién?
-Bill Kaulitz.- hizo una nota, me dió una copia y salí de ahí.
Caminé en direcció a una dulcería que estaba a unos metros. Mi estomago me reclamaba un poco de comida... pero lo que más quería era unos dulces. Gomitas, quizás... mi dulce delirio.
-¡Bill! ¿Qué haces aquí?- Ni siquiera pude poner un pie dentro.
-Pensé que seguirías dormido.- le sonreí a Tom a manera de saludo. -Creí que me daría tiempo de regresar antes de que despertaras.
-Tenía que recoger unas cosas. Salí casi detrás de tí.
-¿Entonces por qué no me alcanzaste para venir juntos?
-No quería arruinar la sorpresa.
-¿Sorpresa? ¿Cuál sorpresa?
-Si te digo, ya no será sorpresa.
-¡Hey, Bill!- David se acercó por nuestra espalda con un parv de bolsas. -Ah, hola, Tom. Veo que decidiste a pasear un poco.
-Sí. Oye, David... lamento los retrazos.
-Olvida eso. Me gusta que seas cumplido y eso, pero olvida eso por el momento. Ya habrá tiempo de sobra para continuar. ¿quieren que los lleve? Digo, si es que ya terminaron de hacer compras.
-Nos quedaremos un poco más.- Tom y o nos despedimos dándole la mano.
-¿Qué querías comprar?
-Unos dulces.- me tomó de la mano y entramos a la tienda. Fuí en busca de varios paquetes de dulces, mientras él me seguía por detrás, sonriente.
Pagó y fuimos al estaconamiento. -Dijiste que venías a revcoger unas cosas, pero yo no veo nada.
-No podía andar por ahí cargándolas. Están atrás.- queria revisar, pero no me dejó. Me tomó del brazo y me besó.
-¿Qué haces?
-¿No puedo besar a mi novio cuando se me pegue la gana?- me hizo sonreír y devolverle el gesto. -Volvamos a casa, ¿quieres?- asentí.
Cuando llegamos, Jenni aún no estaba en casa. -Llamó hace unos momentos. Dijo que acompañaría a Simone al hospital.
-¿Se sentía mal?
-No. Tienen que recoger unos papeles... o algo.- su celular sonó. Se apartó de mí. Yo distraídamente fui a la cocina, a preparar unos aperitivos, pues mi estómago me decía que con los dulces no bastaría.
-¿Qué será bueno preparar?- revisé la alacena. -Mmm... pasta... pasta... pasta... debí haber echado un vistazo a la despensa antes de salir.- caminé a la sala. -Mejor pido algo. ¡Tom! ¿Se te antoja la pizza para comer?
Él entró con prisas. -¿Qué?
-No hay nada más que pasta... y ahora no quiero. ¿Quieres que pida pizza?
-Ah, sí... lo que quieras.- tomó las llaves del auto, de nuevo.
-¿Vas a salir?
-Sólo un momento. Haré lo posible por llegar antes del amanecer.
-¿Es otro de tus "trabajitos"?
-No. Es acerca de lo que estaba invesigando.
-Tu familia...- asintió.
-Parece que Marc y Michel han encontrado algo nuevo.- ni siquiera se despidió de mí.
Pedí la pizza y me senté frente al televisor. Pensaba en ir a recoger de una vez el relicario, pero... qué pereza. Sería mejor ir por él a la mañana siguiente.
Las cinco. Y, ¿dónde se habían metido todos? Estaba solo en casa, comeindo... sin nada interesante qué ver o qué escuchar...
El teléfono sonó. -¿Hallo? ¡Jenni! ¿Dónde están? Ah... pero... está bien. Mañana estarán aquí, ¿verdad? ¿Tú qué crees? No quiero pasar un cumpleaños sin tí... Ok, confiaré en que llegarás. Sí, Adiós.- colgué.
Como no había nada qué hacer y había dormido muy poco, me acosté en el sofá.
Me quedé dormido, esperando a Tom... peor no llegó.
Le llamé un par de veces, pero no contestó. No podía estar con una chica... no con la prisa que llevaba. Seguramente se le habían complicado las cosas... Sí, de seguro era eso.
Me duché y salí a recoger el relicario.
Pedí que lo envolviera para regalo y regresé corriendo a casa, con una sonrisa en el rostro; imaginándome el gsto de Tom cuando lo viera.
Me apresuré a subir las escaleras. -¡Bill!- cuando la voz de mi madre me llamó desde la sala. -¿Puedes venir un momento?
-¡¿No puede ser después?!- pregutné desde la mitad del pasillo.
-¡Es importante, Billi!- dí media vuelta y bajé con desgano.
Mi madre tenía un gesto extraño en su rostro, con los ojos rasgados; Jenni estaba de brazos cruzados, sumida en el sillón y esocondiendo su rostro. -Nena, ¿qué tienes?
-Que te diga mamá.- ella alargó el brazo, invitándome a tomar asiento junto a ella.
-Es algo... simplemente hermoso, hijo. Ésto es... un milagro.- por alguna razón, sus palabras me alteraron.

No hay comentarios:
Publicar un comentario