(Bill)
A la tarde siguiente Tom salió en busca de mi hermana, mientras me quedaba en su casa, recostado en la habitación de huéspedes, muriéndome de aburrimiento.
El cuerpo me dolía horrores... dejándome sin la opción de ponerme de pie y salir tan siquiera al patio a respirar un poco de aire puro.
"Pero dejaras de meterte en líos." Dejaba caer mi cabeza pesadamente sobre la almohada, preguntándome por qué me la vivía metido en problemas.
Los toques en la puerta me hicieron medio enderazarme. -Pasa.
-Hola, cariño.-Ceci entró con una sonrisa burlona en el rostro. -Pero mira nada más... pobrecito.- se colocó a un lado de la cabecera. -Te dieron duro.- colocó su mano sobre mi cabeza. En un acto reflejo me aparté de ella y sólo rió. -Por favor, amor, déjame cuidarte.
-Vete.- con trabajo logré sentarme en la orilla. -Si Tom te encuentra aquí, te matará.
-Él no me preocupa. Lo que quiero es estar contigo.
-A mí no me engañas.- Sosteniéndome de los muebles pude alcanzar la puerta. Si había sido capaz de llamar a Ronald... no sé qué podía ser capaz de hacer por su propia mano. -Aún me quieres fuera de la vida de Tom.
-Me conoces bien.- Salí al pasillo, tomándome de los muros, sin darle la espalda. -Si desapareces, a Tomi no le quedará de otra que regresar a ser el mismo de antes.- Me alcanzó. Me tomó con delicadeza de la playera. -Los abstáculos en la vida son demasiado molestos, Bill. Lo sabes, ¿verdad?- pasé saliva. -Y como no te dejan avanzar, hay que desacerce de ellos. Nunca te dejes detener por piedras en el camino.- me despegó de la pared; mis manos buscaban algún respaldo, pero detrás de mí sólo había vacío.
Me besó. -Si los obstáculos irrumpen en tu vida, desaste de ellos.- abrió las manos lentamente mientras se despedía de mí.
Sentí cómo mi un cuerpo caía en las escaleras y rodaba sin control. Intenté detenerme... de aferrarme a algo, pero no pude.
Caí al piso tras varias volteretas; con el cuerpo deshecho y los ojos entre cerrados. Quería hablar, pero no podía...
-Te haría el favor completo, amor, pero no se me da mucho eso de terminar rápido con la presa. Si algo he aprendido de Tomi es divertirme con los ratoncitos que caen en mi poder. He aprendido de un buen maestro.
La escuché bajar aprisalas escalerasal tiempo que alguien abría l apuerta principal. Se alejó corriendo por la sala, directo a la puerta trasera, mientras unos pasos llegaban desde el frente.
-No puedes andar por ahí así...
-Ya dije que lo siento. ¿Crees que mi hermano...?- la voz de Jenni se apagó al llegar a mi lado.
Tom se apresuró a levantarme entre sus brazos y salir de la casa seguido de mi hermana.
-Demonios, Bill, ¿no pueden pasar cinco minutos sinque algo malo te pase?
Cerré los ojos, hasta que llegamos al hospital y me metieron en una habitación.
Tom y Jenni estuvieron tanto tiempo alejados de mí... mientras los doctores hacían lo suyo.
-Creí haberle dicho a su amigo que usted, jovencito, tenía que guardar reposo absoluto. ¿Se puede saber qué hacía fuera de cama?
-Me caí de las escaleras. Supongo que estaba desesperado por salir.- mentí. Estaba acostumbrarlo para no meter a los demás en problemas, aunque fueran unos malditos hijos de puta.
-En adelante tendrá que abstenerce.- Tom y mi hermana entraron en silencio. -Me parece que lo mejor sería que se quedara aquí algún tiempo.
-¿Es muy grave?- preguntó ella, sin despegarce de Tom.
-Sólo golpes. Es una suerte que no tenga huesos rotos.
-No quiero que esté aquí. ¿Puedo llevarlo a casa?
-Nena, quizás el doctor tenga razón.
-No quiero quedarme aquí.- dije intentando cruzar los brazos. -No me agradan los hospitales.
-Irás a casa en menos de dos semanas, ¿le parece, jóven...?
-Bill.- dije entre dientes. -Bill Kaulitz.
-Bien, joven Kaulitz, si me disculpa.- se volvió a mi hermana. -¿Hay alguien a quien podamos llamar?
-Amm...- esperaba que no llamara a mamá. No quería que se preocupara una vez más por mis cosas. -No. Sólo somos mi hermano y yo.
-¿Es para cubrir los gastos y eso?- preguntó Tom de pronto. El doctor asintió. -Yo me encargo de eso.- se volvió a mí. -Vuelvo pronto. Jenni, quédate con él, ¿si?- asintió en silencio.
-Ven acá, pequeña lata.- se acercó como apenada. -¿No vas a cuidar de tu hermano problema?
-Yo... lo siento. Si no me hubiera ido ayer, no te hubiera pasado nada. Me hubiera quedado a cuidarte, como siempre.- tomé su mano.
-Tuviste razón al enfadarte: has crecido y no quería verlo. Ya no eres la niña que me pedía ayuda para alcanzar el frasco de galletas de la alacena porque no alcanzaba ni parándoce de puntitas.- sonrió. -Ya eres toda una mujer; dejaste de jugar con muñecas hace mucho y no me dí cuenta de cuándo cambiaste los juegos infantiles por juegos reales. Soy yo el que te pide disculpas.
-Creo que tienes razón.- Dijo sonriente. -Eres un idiota que no ve la realidad.- Me hizo sonreir a la par de ella.
-Mira, niña: no te lo tomes muy en serio.- y, como ya era nuestra costumbre, le saqué la lengua. Ella podría ser ya una mujer, pero los dos éramos aún un poco imaduros.
-Bill yo... en verdad lo siento. No sé qué me pasó con Tom.
-Yo sí sé: querías que volterara a verte. Que se diera cuenta de que existías y de lo que sentías por él.
-Pero no debí...
-Hey, has crecido. Ya lo dijiste. No tienes que decir más.
-Jenni, será mejor que llames a tu madre para decirle que tú y el chico tonto de tu hermano están bien.- Tom entró serio. Ella le obedeció de inmediato. Nos quedamos solos. -Ahora, dime quién te empujó.
-Nadie. Quería salir un rato, pero creo que no tenía muchas fuerzas y me caí. Fue un accidente.
-Eso te lo puede creer el doctor, tu hermana... los chicos y medio mundo, pero yo no. No eres tan terco.- apreté los labios. -Vamos, dímelo.- negué con la cabeza. -Dime.
-¿O si no qué?
-Buscaré a Nathaly, a Ceci... a cada mal nacido que sepa te ha herido o amenazado y averiguaré quién te ha hecho ésto.
-Te lo diré si prometes no hacerle nada.
-¿Y por qué no?
-Es una chica.
-¿Y eso qué?
-A las chicas no se les lastima.
-¿Ni aún siendo un demonio?
-No se les lastima.- repetí. Se quedó en silencio unos momentos, hasta que asintió. -Fue Ceci.- el coraje le saltó las venas de las manos y del cuello. Y se había puesto un tanto rojo. Tomé su mano. -Tom, tranquilo.
-Ella...
-Calmate, ¿si? No me mató y eso es lo que cuenta.
-Pudo haberlo hecho.
-Pero no. Aquí estoy contigo, mírame.- no lo hizo. -Mírame, Tom.- se volteó, apretando la quijada. -Estoy aquí. Nada malo pasará.
-Dices eso porque no la conoces. Es terca... endemoniadamente terca y celosa.
-Creo que en eso nos parecemos.- sonreí. -A mí tampoco me gustaría que se metieran con lo mío.
-¿Ahora soy de tu propiedad?
-Tú fuiste quien decidió estar conmigo; fuiste tú el que me ató a su cuerpo. Si yo soy de tu propiedad desde que me dejé hacer lo que quisiste, ¿por qué yo no habría de tomarte como mío?- sus facciones se relajaron poco a poco.
-Hablaré con ella.- creo que en mi cara se dibujó la desconfianza. -Sólo hablaré con ella, ¿está bien?
-De acuerdo.
-Cambiando de tema...- su gesto por fin se serenó. -Te tengo una sorpresa.- sacó un par de fotos de una gran casa. Muy hermosa, la verdad. -¿Te gusta?
-Es muy linda.
-En cuanto salgas del hospital, te llevaré a conocer nuestra casa.- lo miré al rostro, incrédulo. -Nuestro hogar... digo, sólo si quieres compartir la casa con alguien que ya concideras de tu propiedad.- pasó la mano por su nuca. -¿Te gusta la idea?
-Oh, Tom... ¡Me encanta!- se agachó para abrazarnos y besarme con delicadeza. -¿Y mi madre? ¿Y Jenni?
-Ella podrá venir con nosotros... la casa tiene cino habitaciones. La de nosotros es la más grande y hermosa, así que restan cuatro para huéspedes, Ella puede ocupar una de ellas. Tu madre, bueno, ella ya tiene a Matt, ¿no?- suspiré al recordar lo contenta que estaba ella al tomarse de la mano con él. -Jenni ya sabe lo de la casa. Me acompañó ayer a verla y le agradó la idea.
-¿Le dijiste de nosotros?
-Aún no. Estoy esperando el momento adecuado.- volví la mirada a las fotos. -Cuando salgas, iremos a casa, niño.- sonreí.
Wow que soy mala :B Casi mato a Bill ¬¬'' Yo y mi terquismo xD jaja lo ame siguee qe me tienes con dudas de saber si me matara o no *-*
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