viernes, 31 de diciembre de 2010

¿Por qué yo?

Tom pasó delante de mí, sin siquiera dirigirme una mirada. -Tom.
-Ya te dije que después de nuestro compromiso.- no se giró ni se detuvo.
-¿Puedo preguntarte algo?
-Que sea rápido, ¿si? En serio quiero practicar un poco antes de irnos.
-¿Cuántos aparte de mí?
-¿Qué?
-Tengo curiosidad de saber cuántos...
-Te lo diré.- se giró y me vió fijamente. -Pero promete que no te molestarás.- lo prometí, haciendo una seña con la mano. -Ninguno. Mi lista está llena de nenas lindas, pero tú eres el único.
-No te creo.
-Creélo o no: nadie más que tú, Billi. Nunca en mi vida se me había cruzado por la cabeza la idea de meterme con un chico.
-¿Y por qué yo?
-Ya te lo dije una vez, ¿no?
-Pensaste que era una chica... ¿verdad?
-Al principio sí, ¿para qué te lo voy a negar? Pero ya te dije el por qué.
-No me convences.- colocó sus manos en mi cintura y pegó su frente con la mía.
-¿Qué quieres para convencerte?
-Que me digas que no sólo estas conmigo por placer, sino por algo más.
-¿Cómo qué?
-Quiero que repitas la promesa que le hiciste a Geo en la sala.
-¿Escuchaste?
-Cada palabra.
-Tramposo.- sonrió. Adoro su sonrisa. -Está bien: yo,Tom Trumper, prometo cuidarte y hacer lo posible por no verte sufrir. ¿Contento?- sonreí como niño pequeño,complacido con sus palabras.
-¡Bill!- la voz de mi hermana nos hizo ir de regreso a la sala. -¡Bill!
-¿Qué pasa, Jenni?
-Mamá pregunta si quieren comer algo antes de ensayar, porque ya después se irán y ni siquiera avisarán...
-Qué bien nos conoce.- fuimos  a la cocina. Jenni tomó asiento frente a nosotros, que estábamos juntos.
A mitad de la comida, se le ocurrió ser la que empezara con la plática... extrañaba su voz... -No te había visto antes de mi viaje, ¿acabas de llegar?
-Hace unos días.
-Mmm...
-¿Qué pasa?
-Me parece que ya te había visto antes, pero a lo mejor te estoy confundiendo.
-CLub "Black Rose's".
-¡Entonces sí eres tú!
-¿Se puede saber qué dicen?- mi madre estaba de curiosa con su plática que para mí no tenía sentido. Yo me limitaba a escuchar y seguir comiendo.
-En los ratos libres que teníamos en las noches, acostumbrábamos ir a ese club, donde se presentaba un chico muy talentoso con la guitarra y que no cantaba nada mal. ¡Jamás creí encontrarlo aquí, como amigo de mi hermano!
-El mundo es un lugar muy pequeño.- sonrió de manera tan dulce. -Y si he de ser franco con ustedes, ella y yo hablamos un par de veces después de las presentaciones. Sólo que nunca me dijo su nombre real... ¿cierto, "Rose"?
-Bueno, no me culpes: no puedo confiar así como así en un chico que no hablaba con nadie fuera del dueño del lugar.
-Es porque nadie más que tú me llamaba la atención.- hizo que sonriera. -Sólo tú me dabas la confianza para hablarte, pero jamás te acercáste más allá de dos o tres veces.
-Mis amigos decían que no era buena idea.
-Lo sé, no te preocupes. Sé que no es de confianza un chico que no hablaba con nadie y se escabullía de noche del internado donde estaba recluso, para irse en cuanto terminaba su presentación.
-Un chico misterioso siempre llama la atención, Tom.- por primera vez, Tom no se oscureci+o al hablar de él. Eso estaba bien, supongo. Una mejora en su ser.
-¿No tienen que ensayar con los chicos?
-Sí. Ya nos vamos, mamá.- dije levantándame de la mesa.
-¿Quieres esperar? ¡Aún no termino mi postre!- Tiré a Tom del brazo, haciéndolo levantar con el tazón en una mano y la cuchara en la otra, tratando de comer su bocado.
Mi madre rió y por un momento, su mirada se concentró en él, perdiéndoce en sus gestos.
-¿Y a mí no me llevan?- preguntó Jenni, poniéndoce entre la puerta y nosotros.
-Sube rápido por tu arbigo. Te esperamos afuera...
-Tárdate lo que quieras, así me das tiempo de terminar el postre, ya que tu hermano no me deja en paz.
Tardó lo suficiente para que él terminara su postre. Entramos a su auto y nos dirigimos directamente al club. Ésta sería nuestra presentación más grande hasta ahora.
Llegamos. Nani estaba en la puerta. Cuando Jenni la vió, corrió a abrazarla, dejándonos solos. le pedí a la chica que cuidara de ella y nos reunimos en el interior con los chicos.
Nos habían asignado un pequeño vestidor a cada uno y una salilla a parte para reunirnos.
Salimos al escenario a calentar un poco. Nada raro en cuanto a ésto, hasta que entramos a cabiarnos.
Estaba buscando la playera que luciría esta vez, cuando mi hermana entró sin tocar. -Oh, lo siento, Bill.
-No te preocupes, estás en confianza.
-¿Ese es el nuevo?- preguntó señalando la "B" que tenía en el costado.
-Sip. ¿Te gusta?
-¡Está genial!- se acercó a tocarlo. -Mamá no lo ha visto, ¿verdad?
-Aún no. Sólo sabe del de la nuca y del antebrazo.
-¿Y eso?- señaló el piercing del pezón. -¿Dolió?
-Un poco, pero me gusta cómo se ve.
-A mí no. Te ves raro... y me da cosa.- su mirada era de desaprobación que a mí me daba risa.
-Bueno, ya. Regresa con tu amiga y déjame vestir en paz, ¿quieres?
-Sipi, pero antes promete que me dejarás ir adelante con Tom de regreso.
-¿Sólo así te irás?
-Ajá.
-Está bien, lo prometo.- Salió sonriente. Por fin encontré mi playera. Cuando me la estaba poniéndo, sentí alguien a mis espaldas. -Te dije que sí irías adelante con Tom, pero déjame vestir.
-¿Vendes tu lugar a cambio de un poco de paz?- terminé de vestirme a prisa y giré. -Eso no me parece muy bien. Prefiero mil veces que seas tú mi compañía a cualquiera.
-Mi hermana me lo pidió. Creo que le agradaste.
-Bueno, si es así, no me molesta.
-¿Qué haces aquí?
-Nada. Quería un amuleto de buena suerte.
-Tú no lo necesitas.
-Por favor... uno pequeño.
-No.
-Por favor...
-No.
-Anda, uno pequeño... ¿si?
-Está bien.- sonreí y me le acerqué despacio. Junté nuestros labios, casi rozándolos, en un beso inocente. -¿Feliz?
-Si.- se acercó y me regresó el beso, colocando sus manos en mi cintura. -Y después de la presentación, te daré una sorpresa.
-¿Puedo saber qué?
-Ah, ah. Es sorpresa.
-Sé que tiene que ver con lo que me dijiste en la cochera.
-Sí... - volvió a besarme.
-¡Chicos! Ya estamos listos.
-¡Ya vamos!- ni siquiera se preocupó por lo que pudieran pensar.
-¿Qué haces?- no respondió. Me jaló de la mano y salimos, soltándonos antes de que pudieran vernos así.
-¿Se puede saber qué hacían ahí dentro, juntos?
-Platicando de su hermana. Ella estaba con nosotros, pero salió antes.- lo dijo con tal soltura y tan natural, que le creyeron y no preguntaron más.
-Bueno, aquí vamos.- Salimos al escenario: el lugar estaba totalmente lleno. Escuchábamos los gritos y las voces de todas aquellas personas coreando las canciones y llamándonos por nuestro nombre. Me encantaba escuchar aquel bullicio rodeándonos. Era el único ruido agradable a mis oídos: una multitud aclamándonos y coreándonos; una multitud que nos aceptaba y parecía aumentar cada vez más y con una rapidez sorprendente.
En medio de el tumulto, pude ver a un par de sujetos: uno de ellos era un completo desconocido, pero parecía simpático y sabía cómo lucirce entre las personas. El otro tenía un aire conocido y desagradable. En cuanto se dió cuenta de que lo miraba, desapareció.

Terminamos muy bien. Los G's fueron directamente a sus cubículos. Tom entró al mío, tomándome por detrás. -Estuviste muy bien, Billi.
-Gracias, Tomi.- sonreí.
-¿Tomi? ¿Sabes que sólo mi prima y Andy me llaman así?
-Ahora yo también te llamaré así, ¿te molesta?
-Viniendo de tí, para nada.- me tumbó en cima de mis cosas, pasando sus manos por mis costados. Yo rodeé su cuello con mis manos, atrayéndolo más a mí. -¿No te preocupa el que nos caigan?
-Ya no me importa nada si estoy contigo. Si entran, que entren, no me importa lo que digan o piensen.
Mi sorpresa estaba llegando; sus besos me hacían decir aquello que jamás pensé si quiera llegaría a pasar... nada, en este momento,  me iba a quitar lo que creí haber encontrado en Tom: cariño, placer y protección. Sobre todo, lo segundo.

martes, 28 de diciembre de 2010

Jenni

La ausencia de tom no había pasado desapercibida: las chicas se me acercaban apenas ponía un pie en el salón, preguntando por él.
-¿Por qué me lo preguntan a mí?
-Siempre llegan juntos al salón y además tocan juntos, ¿no?
-Eso no significa que tenga que cuidarlo siempre. No vivimos juntos...
Apuesto que si hubiera sido yo el ausente, ninguno se hubiera percatado de mi asiento vacío. -Menos mal que tú estás bien, Billi...- menos Nathaly. Ella siempre me saludaba y se despedía de mí con un dulce beso en la mejilla.
Parecía que, aparte de mi madre y Jenni, era la única que se preocupaba por mí.
-¿Cuándo volverá al colegio?
-Sólo han pasado dos días...
-Pero volverá, ¿verdad?
-No sé y no me interesa.- tomaba mis cosas y les daba la espalda para que no se dieran cuenta de mi preocupación por él.
Varias veces intenté llamarle, pero siempre tenía apagado el celular y ni Andy ni su prima sabían nada de él.
-Debe estar con alguno de sus amigos.- decía Andreas distraído. Era ovbio que también le preocupaba, pero no lo demostraba.
-Siempre hace lo mismo: desaparece por días y regresa a casa más calmado que de costumbre.- Ceci lo decía de manera distante. A ella sí se le notaba que no le importaba si desaparecía unas horas o días... o semanas o meses... y, como era de esperarce,me lo decía de mala gana.
Los chicos se quedaban, por fin, hasta el final de las clases. Me preguntaban también por Tom. -Me dijo que tenía cosas qué hacer.- decía entre suspiros, con la vista baja.
Gustav pasó un par de veces a casa de Andy, pero nada. Georg me llevaba a casa y me recordaba que, de no aparecer en la noche, tendríamos que cancelar la presentación y esperarlo, o conseguir un guitarrista que se comprometa a no desaparecerce así como así.
-Verás que llegará.- terminaba por decirme cuando me veía decaído en los ensayos o en su auto.
-No me importa.
-Te importa y mucho. Desde que se conocieron, no dejan de estar juntos. ¡Hasta parecen hermanos!- un escalofrío recorrió mi espalda.
-¿Qué? ¿Por qué lo dices?
-Uno: siempre están juntos, como ya te lo dije. Dos: siempre pelean... incluso en lso ensayos. Tres: se parecen demasiado.
-No nos parecemos.
-¡Claro que sí! Tienen el mismo color de cabello...
-Muchas personas lo tienen como nosotros.
-...sólo que tú te lo teñiste. Tienen el color de los ojos y las facciones iguales y tienen los mismos gestos.
-Eso no significa nada.
-En serio, Bill: ¿no tenías un gemelo? ¿algún hermano del que no te hayan hablado?- dijo entre sonrisas.
-La única hermana que tengo es Jennifer. Sólo somos nosotros dos.- le respondí serio.
-Sólo bromeaba.
Nos habíamos quedado solos en la sala... en el mismo lugar en el que había empezado todo con Tom.
Estábamos sentados en el sofá: él con su bajo, yo con una soda en la mano. Todo se había quedado en silencio, hasta que la puerta se abrió.
-Pensé que tu madre llegaba hasta tarde.
-Se supone...- ni siquiera me molesté en mirar a la entrada. Las llaves que había "perdido" hace dos días, cayeron sobre mí.
-Deberías fijarte dónde las dejas o alguien "no deceado" puede entrar a tu casa de noche y asustarte.
-¡Tom!- no me importó si la soda se caía sobre Geo o se desparramaba por el suelo: la aventé y corrí a abrazarlo.
-¡Hey, con cuidado!- me regresó el abrazo, sin importarnos lo que dijera nuestro amigo. -No me maltrates mucho.
-¡Hola, desaparecido!- él se acercó y dejó caer su mano sobre su hombro.
-Hola. Disculpen mi ausencia...
-No hay problema, chico. Lo bueno fue que apareciste antes de la presentación.
-¿Cuándo? ¿Hoy?
-Si. Ya estábamos buscando a quien pudiera reemplazarte.
-Eso sería imposible: no encontrarán en el mundo guitarrista más talentoso y sexy que yo.
-Sí, claro.
Fui por un poco de papel para limpiar el desastre que había causado, dejando que hablaran a solas. Cuando regresé, pude escuchar un poco de su conversación. -Te extrañó.
-Sí. Lo noté.
-¿Puedo preguntarte algo?
-Lo que quieras.
-¿Qué te traes?
-¿A qué te refieres?
-Te desapareces dos días; no avisas ni contestas los mensajes ni llamadas. Ni siquiera Andy sabe dónde has estado.
-Tengo cosas qué hacer.
-Espero que sean cosas "legales".
-Nunca hago cosas fuera de la ley.- se rió.
-Confiaré en tí.- rió con él, pero su risa duró sólo un poco. -Ahora quiero pedirte algo.
-¿Qué?
-Cuida mucho de él.
-¿De Bill? ¿por qué? ¿Qué te preocupa?
-Es delicado. No me gustaría... no nos gusta verlo sufrir. Y parece que tú le agradas y te ha tomado cariño.
-Haré lo que pueda por no hacerlo sufrir. Lo prometo.- casi se me escapan un par de lagrimillas. Nadie, nunca, había dicho algo así... nadie fuera de mi hermana...
En cuanto me vieron caminar hacia el desastre de soda, cambiaron de tema. -¿Listo para esta noche?
-Yo siempre estoy listo, Georg.
-Si, claro...
-¿Bill?- mi madre estaba entrando. Los tres nos volvimos a la puerta. -¿Estás o no, cariño?
-Sí, mamá. Estoy en la sala.
-¡Bill!- Alguien entró como rayo y se me echó en cima, tirándome al piso. -¡Bill, cuánto sin verte!
-¿Jenni?- me las arreglé para tomar su rostro entre mis manos y verla mejor. -¡Jenni!- y la abracé fuertemente ahí, en el piso.
No podía creer que después de un año, volvía a verla...
-¡Niños, levántence! ¿No ven que hay visitas?
-Por mí no se preocupe, señora...
-Geo, dime Simone.- él sonrió.
-Ya me tengo que ir. Nos vemos en la noche, Bill. ¡Adiós, Tom!
-Adiós. Cuídate.- se acercó a nosotros y le tendió la mano a mi hermana. -¿Me premite, señorita?
Ella no lo dudó y le agradeció el gesto.
Ahí estaba de nuevo su cambio de actitud: una ves un chico normal y de un momento al otro, era la caballerosidad andando.
-Tu amigo es muy gentil, Bill. ¿Cómo se llama?
-Tom Trumper... mucho gusto.- se le acercó y besó su mejilla. Jenni se puso roja y yo... debo confensar que me dieron un poco de... de... de celos. Creo.
-El gusto es mío... Tom.
-Tom: si quieres algo con mi niña tendrás que ganártela primero, ¿está bien?- a mi madre le caía bien el rastafario... no lo ocultaba.
-¡Mamá! Apenas nos conocemos...- ella se puso aún más roja de lo que ya estaba.
-Sí, mamá: apenas se conocen.
-¿Estás celoso?- preguntó ella levantando una ceja. No respondí. -Bill, no seas un hermano celoso. Tom...- desvió la mirada a él. -...¿te quedas a cenar?
-De hecho pensaba quedarme hasta la presentación, para poder llevar a Bill... si no le molesta.
-¡Claro que no!
-¿Tom está en tu banda, hermanito?
-Sí.- dije un poco fastidiado.
-¿Podría ir yo también?
-Por mí está bien, pero tu hermano no sé si...
-Que vaya. Pero irá atrás, conmigo.- mamá puso cara de burla; Jenni se estaba divirtiendo y Tom igual. -Quiro platicar con ella...
-¿Y no podrías esperar hasta después del concierto?
-No.
-Deja que tu hermano se preocupe, Jenni. Vamos, chicos...
-Tenemos que ensayar un poco, ¿no Bill?
-Sí.- tenía que hablar con él. -Estaremos en la cochera.
-¿Puedo ir?
-Deja que hagan lo suyo, Jenni. Tú tienes que desempacar.
-Espero que hayas dejado mi cuarto como estaba...
-Sigue siendo todo un desastre, hija.
-Genial.
Fuimos directamente a la cochera, asegurándome que no nos seguía. -¿Qué te traes?
-No vuelvas a tratar con tanta confianza a mi hermana.
-¿Por qué no? Es linda y muy simpática... más que tú, podría decir.
-Qué gracioso.- me dí la vuelta para dejarlo solo, pero me tomó por detrás con una mano y con la otra mantenía cerrada la puerta.
-Vamos, no es para que te pongas así.- su respiración chicaba con mi nuca. -No seas celoso, Billi.
-No lo soy. No me gusta que...
-No te gusta que les haga a otras lo que te hago a tí, ¿no?- comenzaba a besar mi cuello,  haciéndome ceder.
-Tom...
-Es la cochera y alguien puede interrumpir, así que...- se despegó de mí. -...esperemos al término del concierto, ¿si?
-Pero...
-Anda. Y no te preocupes que no jugaré con ella como contigo... sólo guardo lo mejor para tí.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Correo

-Baja, anda. Eres libre...- lo dijo casi de manera queda. En sus ojos se veía un velo de tristeza enorme. Quice preguntarle más; hacerlo sentir bien aunque fuera un poco, pero no se me ocurrió nada qué decir. -Baja.- le obedecí.
-Tom...
-Mañana no iré al colegio. Tengo cosas que atender.
-Tom, espera...
-Ya tengo que irme.- cerró la puerta, dejándome solo.
Caminé a la entrada, pensando en él y en las palabras de su "prima". Busqué las llaves por todas partes, pero no las encontré. -Maldición. Debieron caérseme en el cuarto de Tom.- suspiré.
Rodeé la casa, esperando encontrar una de las ventanas traseras abiertas... o eso  o revisar que la puerta para perro aún no estuviera sellada.
Traté de abrir las ventanas, pero nada. Y la segunda opción... nada. Mi madre debió sellarla después de haberce deshecho de Scotty.
Me quedé sentado en el pasto, esperando la llegada de mi madre. Miré al cielo y observé las estrellas.
De niño me imaginaba que alguien allá arriba me escuchaba y le pedía cosas... como las personas le piden deceos a las estrellas fugaces. Mi madre me había encontrado varias veces afuera, en el mismo lugar donde estaba ahora, hablándole la viento. Me decía que mi ángel guardián me escuchaba... y me escucharía por siempre si era buen chico. Pero cuando me encontraba reclamándole al vacío, me decía que era un demonio el que me hacía renegar de las cosas, como cuando me enteré que Gordon había muerto. No era mi padre biológico, pero como si lo fuera. Nunca conocí otro padre que no fuera él... esa noche salí y grité a los cuatro vientos que era injusto y maldije al que creía mi "ángel" a quien le había pedido que lo cuidara...
-Hace mucho que no platicamos, ¿no?- hice a un lado mi bolso. Crucé los brazos y recorrí el cielo con la mirada. -¿Sabes? Conocí a un chico... pero creo que ya lo sabes porque estando allá arriba supongo que lo ves todo.- sonreí. -Se llama Tom y es... él es...- suspiré. -...es demasiado pervertido... pero agradable. Se convirtió en el guitarrista del grupo y... no sé cómo decirlo...- mordí mi labio inferior. -... creo que... creo que...- un suspiro más. -...creo que me gusta.- lo dije bajo. -¿Cómo sabes cuando alguien te gusta y cuando es sólo por placer?
-Quizás porque cuando es amor, te ciegas y le crees todo y le perdonas todo e, incluso, te pones celoso cuando alguien se le acerca... si es que eres como yo, hijo.- mi madre estaba a un lado de mí.
-¿Desde cuándo estas ahí?- estaba preocupado.
-Desde tu pregunta.- sonrió. -¿Qué haces afuera?
-Perdí mis llaves.
-¿De nuevo?- abrió la puerta.
-Sí.- sonreímos.
-¿Has estado afuera desde el termino del colegio?- fuimos directamente a la sala, dejando nuestras cargas en la mesa de centro.
-No. Pasé la tarde en casa de Andy. Uff...- me dejé caer en el sofá. -Y terminé muerto.
-¿Y eso? Creí que ya no llevabas gimnasia.
-Es que estuve jugando con Tom.- me alegraba saber que mi madre nunca ntendió el doble sentido.
-¿Qué? ¿Aún tienes seis años?
-No, pero me gusta molestar a las personas.- encendió la tele y puso una película de romance. Estaba por irme a mi habitación, cuando me detuvo.
-¿Así que mi hijo está enamorado?
-Yo... creo.- me detuve a los pies de la escalera.
-¿Y puedo saber porqué esa confución... esa duda?
-Es que... no sé si en verdad lo estoy.
-Bueno, lo sabrás con el tiempo. Mientras espero que esa chica te sepa valorar.
-Lo sabré con el tiempo.- se rió conmigo y regresó a su película.
Subí a mi habitación. Encendí la computadora, esperando poder depejar mi mente.

*Nuevo correo*

No se veía el remitente. Dudé al abrirlo. ¿Qué tal si era de los chicos de mi antigüo colegio, molestándome de nuevo?

*Abrir*
"Hallo, hallo, hermanito!!!
No vas a creer ésto: ¡me voy del colegio en dos días! ¡Ya pronto estaremos juntos de nuevo!
Te veo en un corto tiempo.
Te quiere,
                  Jenni."

¡Mi hermana! ¡Por fin iba a ver a mi hermana!

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Mío

(Bill)
-Siendo amigo de MI Tom, puedes llamarme Ceci...- puso tanto énfasis en "mi Tom" que me hizo quedar paralizado frente a él.
-Mucho gusto...- no atiné ni siquiera a devolverle el beso o hacer otra cosa. Ella tomó su mano y se pegó más a su pecho.
-¿Cómo llegaste?
-¿Qué no querías verme?
-No es eso, sólo que no avisaste si quiera. Pude haber ido por tí...
-Entonces hubieras faltado a clases, Tom. si ya te conozco.- Andy venía tras ella, con un par de maletas. -Dime, Bill, ¿mi hermanito se quedó a todas sus clases?
-Sí... sí nos quedamos todas las sesiones.- a penas si podía responderle.
-Confío en tí. ¿Ya se presentaron?
-Sí, Andy, ya me presenté con... am...
-Bill, Ceci. Se llama Bill.- Andy subió a dejar las maletas, mientras ella me invitaba a sentarce con ellos.
-¿Son amigos?- se quedó entre nosotros, haciéndo un poco de espacio conmigo.
-No, Ceci...- respondió él con sarcasmo. -¿Por qué crees que lo invité?
-No sé, ¿para hacer un trabajo escolar?
-No exactamente. Sí íbamos a "hacer algo", pero en eso llegaste tú.- de nuevo el doble sentido... y de nuevo, cambio de actitud. Empezaba a detestar eso y al mismo tiempo, me atraía más.
-Ah, pensé que él era quien buscabas...
-¿Perdón?- algo me dijo en ese momento que Ceci sabía y quería más a Tom que lo normal.
-Es que se parecen tanto...
-Ceci, por favor...
-Ok, ok. Ya entendí, estoy estorbando.- su puso de pie y estaba por dejarnos solos. -Los dejo que sigan con su "trabajo".
-Gracias,muñeca.- se acercó de nuevo a mí, pasando sus manos por mi nuca. -¿Terminamos?
-¿Estás loco? Se te olvida que no estamos solos.- me tomó de la mano y subimos a su habitación. Andreas salía de un cuarto cercano a las escaleras, mientras nosotros pasábamos de largo a uno de los últimos.
-¿Y ustedes qué se traen?
-Quiero enseñarle unas compociciones a Bill.
-Está bien. Cundo los llame bajan a cenar, ¿está bien?
-Sí, papá.- respondió el rastafario y seguimos. Menos mal que no se dió cuenta de que íbamos de la mano...
-Aquí podemos estar bien.- yo me quedé parado, observando lo bien ordenado que estaba todo. Así como era él, me imaginaba un verdadero pandemonium, pero creo que las cosas nunca son como las pintan...
Me tomó de la cintura, besándome de nuevo. Yo me dejaba hacer... algo en él me gustaba demasiado: quizás sus carivcias, o la manera en que me miraba o sus besos... tal vez la manera en que me deshacía...
Me fue empujando hacia atrás, hasta que caímos a la cama. Los besos iban aumentando de profundidad, dejandome a veces sin aire.
Una de sus manos pasó por detrás de mi espalda, hasta bajar a mi trasero, acariciándolo por encima de la ropa.
-Tom...- nuestros alientos chocaban entre sí. El muy desesperado comenzó a subir mi playera rápidamente. -¿Siempre tienes que ir tan rápido?
-¿Se te olvida que no estamos solos?- sonreímos. él era el que lo hacía todo... yo sólo disfrutaba por fin... al fin podía decir abiertamente que me encantaba lo que estábamos haciendo.
Me despojó de las prendas por completo con la misma rapidez con la que se deshizo de mi playera.
Comenzó a dar sucios lametones en mi cuello y mi pecho, llegando a mis pezones. Era tan deliciosa la sensación que me estaba regalando...
-Mmm... Tom...
-Ya sé que te gusta... pero no hay tiempo para ir más despacio.- sin aviso alguno, y sin darme cuenta de a qué hora bajó sus pantalones y sus bóxers, metió de golpe su pene en mi interior.
Traté de gritar, pero mi grito se ahogó en una de sus manos que tapó mi boca. -Shhh.... Calladito.
Empezó a meterlo y sacarlo con más salvajismo que la primer vez. A mí me ardía un poco por tanta fricción...
Se agachaba para besar mi cuello, dejando apresado entre los dos mi erección, haciéndome olvidar del ardor con ese pequeño placer.
Estábamos de espaldas a la puerta, pero aún así me pareció escuchar cómo se abria. Traté de decírcelo, pero me calló con sus besos.
Escuchaba a alguien en la entrada, pero con lo que estaba sintiendo en esos momentos, no me importaba.

La fricción contra mi pene apresuraba las cosas, al igual que su sexo lleno de salvajismo: no tardamos en corrernos.
Él cayó sobre mi pecho. Yo me quedé con los ojos cerrados, escuchando su respiración.
Todo quedó en silencio por momentos, hasta que escuché... podria jurar que escuché cómo se cerraba la puerta.
-¿Qué pasa?- Tom se había dado cuenta de mi pequeña preocupación.
-Nada. Me pareció escuchar algo.
-¿Dónde?
-Afuera.- se levantó, poniéndoce nuevamente los pantalones y dejándome a mí desnudo. Me cubrí con el cobertor un poco.
-No hay nadie.
-Quizás fue mi imaginación.- se dió la vuelta y cruzó los brazos. .¿Qué?
-¿Por qué te cubres?
-¿Tú por qué crees?
-No deberías...- volvió a acercarce. Se sentó a mi lado y pasó sus dedos por mis labios. -Te ves muy bien sin nada...
-Eres un pervertido de primera.-Antes de volvernos a besar, la voz deAndy nos llamó la atención.
-¡Ya está lista la cena!
¿Cena? ¿Cuánto tiempo había pasado desde...?
-Vaya: ya son las 7... creo que tendrás que llamar a tu madre.
-No está en casa, hasta las 10.
-¡Chicos! ¡Bajen ya!
-¡Ya vamos!- Me lo quité de encima con un poco de trabajo. -Qué fastidio.
-¿Quieres seguir?
-¿No escuchaste a tu hermano?
-Qué más da. Podemos seguir y atrancar la puerta.- sonrió de manera sensual, recorriendo sus labios con su lengua, deteniéndoce a jugar con su piercing.
Pasé un buen rato tratando de convencerlo de bajar, al igual que batallando para que me dejara vestir en paz.
Yo salí primero. A penas puse un pie en el corredor, alguien me jaló del brazo, internándome en la habitación de enfrente.
-Será mejor que no hables, hombrecito.- era su prima.
-¿Qué quieres?
-Que no te le vuelvas a acercar a mi Tom.
-Es tu primo...
-Es mío. Si supieras quién es en realidad...
-¿Qué?- cerró la puerta con seguro y se sentó en el borde de la cama, cruzando la pierna. -¿A qué te refieres con eso?
-Él no es mi primo. Es mi "primo".- le miré de manera interrogante. -No es el hermano de Andy.... Es adoptado.
-No me ha dicho nada.
-No le gusta hablar de eso. Está buscando a su hermano.... a sus padres biológicos, mejor dicho. Tiene muchas preguntas y quiere las respuestas cuanto antes.
-Aún así no tiene sentido. ¿Por qué dices...?
-No tienes idea de lo que hemos pasado.- comenzó a balancear la pierna y a sonreir de manera sarcástica. -Hemos tenido... ehm... "fiestas" tan candentes desde que lo supo...
-No es cierto.
-¿Quieres apostar? Pregúntale, anda. Tal vez a tí sí te diga todo.- me dí la vuelta y salí de ahí. -Quizás descubras un poco detrás de su mirada... Te darás cuenta que él no es lo que aparenta.
-Ya lo sé.
Bajé las escaleras despacio, hasta llegar al comedor. Me senté all ado de Tom, sin decir nada.
La comidapasó en silencio. Varias veces Andy me preguntó el por qué de mi mutismo, pero sólo le dije que no era nada.
-Anda, te llevo a casa.- Subí al auto de Tom. El camino lo pasamos en silencio, también.
Apagó el motor a la entrada. Antes de que pudiera salir, activó los seguros. -Ya estamos. Dime qué tienes.
-Nada. Cosas mías.
-Puedes engañar a Andy,pero no a mí.
-Es que...
-¿Es que, qué?
-Ceci me dijo.
-¿Qué?
-Que han tenido "fiestas", como las que tienes con Nani.
-¿Y eso? No le creíste, ¿verdad?
-Y me dijo que eras asoptado y buscabas respuestas...- se puso más serio de lo que estaba. Desactivó los seguros y puso las manos sobre el volante.
-Ya deberías irte.
-Tom...
-Baja, anda. Eres libre...

lunes, 20 de diciembre de 2010

Ceci

(Tom)
El fin de semana la pasamos entre ensayos y presentaciones en los clubs de alrededor, sin tiempo para estar con él a solas: Si estábamos en ensayos, los G's no se iban hasta que llegaba Simone. Si estábamos en presentaciones, Bill regresaba con Geo a casa.
Ya no habíamos estado ni cinco minutos juntos, lo que me hacía necesitarlo cada vez más... no había posibilidad de tenerlo cerca ni en clases.
Llegó el lunes. Incluso en frente de los chicos me evitaba y sólo saludaba por compromiso. En el salón se sentaba lo más alejado posible, rodeándoce de las chicas que le habían tomado afecto en los pequeños conciertos que habíamos dado y una de ellas, con la que más me disgustaba que estuviera, era Nathaly.
-Vamos, Billi...- la muy presuntuosa se inclinaba a él de manera provocativa, insinuándocele... casi vendiéndocele con esos mega escotes.
No es que me doliera o quisiera que lo hiciera mejor conmigo. A mí no me hacía falta su compañía: tenía más admiradoras que él, pero me enojaba el que fuera tan, tan...
-No puedo. Tenemos que presentarnos en...
-Sólo unos momentos... por favor.
-Veré si tengo tiempo mañana, ¿está bien?
-¿Y tú, Tomi?- estaba detrás de ellos, con una de mis manos rodeando la cintura de Nani, sin quitarle la vista de encima. -¿Vendrás a mi fiesta?
-¿Puedo saber con motivo de qué?
-Es mi cumpleaños.- dijo en una enorme sonrisa falsa. Se veía que yo no le caía mejor de lo que ella me caía a mí.
-Cada año Nathaly hace unas fiestas fantásticas.- me comentó mi pequeña dama.
-¿Mejores que las nuestras en las noches?
-¡Tom! No creo...
-No creo que sea necesario que digas eso.- Bill se puso sombrío e incluso engrosó la voz, sonando más firme que de costumbre.
-¿Te molesta?
-Sólo digo que no deberías...
-Ya  tendrán tiempo de discutir, chicos.- una a una se fueron retirando a sus lugares.
Las clases pasaron lentamente... aburridas... matándome de aburrimiento... sólo concentrándome en Bill...
Los G's se fueron temprano, saltándoce clases, como siempre. Bill y yo nos quedamos, por primera vez, hasta la última sesión.
En el estacionamieto, él se encaminó a la salida, sin voltear a ver a nadie. -¡Hey!- no respondió. -¡Hey, tú, el que se cree palmera!- se detuvo un momento, pero siguió sin responder. Pensé que se daría la vuelta, pero siguió su camino despacio.
Como no me hacía caso, saqué un borrador de la mochila y lo lancé a su cabeza, acertando y haciéndolo quejar y darce la vuelta enfadado, con una mano en el punto donde aterrizó el objeto.
-¿Quieres matarme o qué?- yo lo veía divertido desde la puerta de mi auto.
-Si quisiera hacerlo, hubiera lanzado alguno de mis libros.- se acercó.
-¿Qué quieres?
-Aparte de divertirme fastidiándote, quiero platicar.
-Para eso tienes a Nani o a Itzayana o a Daniela o a Rubí o Nancy o a Giselle o...
-¿O por qué no te callas mejor? A penas y conozco a la mitad de las chicas que mencionaste... aunque me gustaría conocerlas a todas.
-Idiota.
-¿Quieres que te lleve?
-No gracias. Puedo caminar.
-No hablas en serio, ¿verdad? Es más de hora y media... llegarás muerto a casa. Anda, sube.
-¿Por qué?
-El camino se me hace eterno, pero con compañía no es tan tedioso.- me hice a un lado para que pasara. Al principio se quedó parado, dudando, pero termino aceptando. -Y, ¿qué cuentas?
-Nada que no sepas.
-Debe haber algo nuevo. Anda, dímelo.- se quedó en silencio, viendo el paisaje. -Ya tengo el acompañamiento para la canción que escribiste ayer.
-Que bien.- etaba enfadado... o eso me parecía.
-Y me gustaría mostrártelo cuanto antes.
-¿Qué?- por fin volteó. Su mirada se mostró sorprendida y nerviosa. -¿Por qué?
-¿Podemos pasar a tu casa o vamos a la mía?- y una vez más, se quedó en silencio, pero ya no podía dejar de verme.
Ya no le pregunté. Lo llevé directamente a mi casa... más bien, a casa de Andy. Era suya realmente, yo sólo estaba de paso.
-Listo.- él bajó como si estuviera en estado de trance. Sólo me seguía en silencio, como un chico sumiso. Eso me gustaba...
-Pasa.- fuimos directamente a la sala, donde mi guitarra (no la misma que llevaba siempre conmigo, sino una que últimamente me había regalado mi prima) descansaba recargada en uno de los muros. -Siéntate.- obedeció. Si seguía así no habría problema para cuncluir lo que desde el jueves habíamos empezado... y que la dulce Nani había interrumpido, pero eso le quitaría lo emocionante al asunto. -Por el amor de Dios: deja de hacerte el mudo.
-Lo siento.- me senté a un lado de él, tocando los cordes que ya tenía listos. -Tom...- susurró. Le miré sin dejar de tocar.
-Dime.
-¿Por qué actúas así?
-¿Así cómo?
-Primero actúas lindo conmigo... hasta que hicimos "eso" en la sala y después te lías con cuanta chica te encuentras en la escuela...
-No es mi culpa: tú te alejaste de mí. Tenía que buscar compañía en otras personas.
-¿Y si no me hubiera alejado?- dejé de verlo, regresando a la guitarra. -¿Por qué yo?- seguí sin respuesta. Ahora era yo quien la hacía de mudo. -¿Por qué me sigues e insisites en mantenerte cerca?
Dejé de tocar. -¿en serio quieres saber?- asintió. Dejpe de lado mi instrumento y me senté de manera que le tuviera de frente. -Es porque eres diferente. Desde que te ví en el salón, supe que eras una persona diferente. Cuando hable por primera vez contigo, supe que eras de esos que no te traicionan y que son transparentes a los ojos de los demás: que reas alguien confiable y sencible. Cuando me invitaste a tu casa, sólo sabiendo mi nombre, me sentí tan bien... no sé, es difícil explicarlo.
Ya no hizo más preguntas. Se quedó con la boca entre abierta, con sus ojos fijos en mí. Me acerqué a sus labios, rozándolos delicadamente.
Nos besamos. Él dejó escapar un par de lágrimas, como cuando toqué para él. Estaba por emprender lo mío... lo que tantas ganas tenía de completar, cuando alguien entró.
-¡Tomi!- Bill se giró de inmediato al escuchar una voz dulce desde la entrada. La chica se echó en mis bvrazos con una enorme sonrisa, empujándolo un poco.
-¿Quién es ella?
-Su prima.- se despegó lentamente de mí. Se dió la vuelta y le besó en la mejilla a manera de saludo. -Soy Cecilia... pero siendoamigo de MI Tomi, puedes llamarme Ceci.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Ensayos

(Tom)
No pude resistirme más, así que lo tomé a la primer oportunidad que tuve.
Era extraño: hasta ahora sólo me había hecho de chicas exhuberantes y lindas... y era felíz con ellas, aunque las relaciones duraran una noche y después no supiera nada de ellas. Desde que lo ví en el fondo del salón, llamó mi atención de manera poderosa.Cuando caí encima de él en esa maniobra que hizo el chico rubio, algo dentro de mí comenzó a decirme a gritos que necesitaba de él... y cuando me sentí en su interior, fue tan delicioso... con una sola probada de su cuerpo y ya me había vuelto un completo adicto a él.
Estaba disfrutando de ésto, cuando los pasos de alguien nos interrumpieron. Estaban acercándoce aprisa... no había tiempo de terminar, así que me separé de él en un movimiento rápido. Me vestí y le pedí que hiciera lo mismo. La excitación no bajaba... eso era lo de menos: por lo ancho d emi ropa, difícilmente se darían cuenta. El problema sería él. ¿Por qué tenía que usar pantalones así?
Se le notaba su paquete... y mucho. No acrté a hacer otra cosa que no fuera arrojar su mochila delante de él, cubriéndolo.
La puerta se abrió de golpe, dejando entrar a una chica... se veía algo pequeña, pero muy hermosa...
-Lamento interrumpirlos...- la chica se acomodó un poco su mochila, ya que estaba resbalándocele del hombro. -...pero se me ha olvidado algo.- Comenzó a buscar entre los bancos de la penúltima fila. -¿No han visto una cajita de éste tamaño...?- dibujó una corta distancia con sus manos. -Es mi cosmetiquera y no la encuentro.
-Te ayudaré... em...
-Diana... Nani, para los amigos.- sonrió a manera de presentación mientras seguía con su búsqueda.
Bill se mantuvo en su lugar. Quería seguir con lo nuestro, pero también quería estar con ella. ¿Qué más daba pasar un momento agradable con "Nani"? Además, no creo que a él le interesara si me quedaba con él o no.
Ella se desvió a la izquierda, yo a la derecha, pero ni diviéndonos encontramos lo que buscaba. -¿No la habrás dejado caer mientras salías?
-Quizás...- la ayudé a levantarce, tomando sus manos entre las mias. Nos quedamos viendo los ojos del otro, listos para besarnos y después... hacer otras cosas. Tal vez, si se iba Bill de ahí, en el mismo salón, y calmar el calor un poco.
-Aquí tienes.- Bill metió la mano entre nosotros, para darle su cosmetiquera. Volteé a verlo y me sorprendió la mirada de desaprobación que le mandó a la chica.
-Muchas gracias, Bill.
-¿Cómo sabes mi nombre?
-Conocí a tu hermana y halaba mucho de tí.- sonrió de nuevo al guardar la cajilla en la mochila. -Pero nunca me dijo que tenía otro hermano.
-¿Qué?
-Él y tú se parecen mucho, y si no te hubieras teñido el cabello, podría decirce que son gemelos.
La palabra resonó en mi inetrior... haciéndome recordar la verdadera razón por la que regresé.
Clavé la mirada en él, examinándolo de pies a cabeza. No parecía más que un chico andrógino; un extraño entre los demás... nada que ver conmigo.
-Sólo somos conocidos.- respondió, dibujando una media sonrisa.
-Que mal. En serio pensé que eran hermanos. ¿Sabes cuándo regresará Jenni?
-No tengo idea.- suspiró. -Ojalá sea pronto.
-Se le extraña mucho. Bueno, si sabes algo de ella, dime, ¿si?- se despidieron con un beso en la mejilla. -Por cierto que no me dijiste cómo te llamas.- puso una de sus manos en mi hombro.
-Tom... mucho gusto, Nani.
-Nos vemos, Tom.- se despidió de igual manera de mí.
Nos volvimos que dar solos. Me acerqué, tratando de hablar con él y, de poder, robarle un beso. El sólo ver sus labios me daban unas ganas tremendas de probarlos de nuevo... y nunca soltarlos.
-Ya perdimos la segunda clase. Nos queda la tercera... tenemos que llegar a esa, por lo menos.- Cogió el bolso que había llevado en lugar de su mochila del día anterior y pasó de largo, sin prestarme la más mínima atención.
Traté de hablar con él, pero me ignoraba. Incluso una vez en el salón se sentó a unas tres bancas de distancia.
Pasó la clase... aburridísima, como las demás. -¡Hey, chicos!- ese chico castaño... am... Georg, él... estaba de pie en la entrada.
-¡Hola, Geo!- Bill se veía tan contento de verlo... un pooc más y se tira a sus brazos como si tuviera años de no verlo.
-Hola, muchachos.- Gustav salió de entre la multitud que empujaba por salir pronto. Nunca he entendido cómo es que todo mundo vive de prisa...
-¿Listos para ensayar un poco?
-¿Y las clases?
-Creo que ellos no escucharon el aviso: no habrá clases ni el resto del día ni mañana, lo que significa que será un fin de semana muy largo...
-Algo escuché  hace rato, pero no le puse atención.- Era verdad: mientras lo hacía con él escuché algo, como una especie de murmullo, pero no lo capté bien.
-¿Pues qué estaban haciendo? ¿Estudiando?
-Estabamos platicando con una amiga de mi hermana.- con ellos aparentaba tan bien...
Caminamos al estacionamiento. Esperaba que Bill subiera conmmigo, pero prefirió irse con Gustav. así que pasé el tiempo solo, pensando en el por qué ya dos personas nos habían dicho que eramos hermanos... quizás... no. Eso era imposible.
Llegamos a casa del pelinegro. En lugar de entrar a la sala... que se había convertido en mi lugar preferido... o al recibidor, fuimos directamente a la cochera.
Habia un bajo en la esquina, y una bateria al lado de éste. El micrófono estaba sobre una bocina... se veían en buen estado los instrumentos, pero me preguntaba cómo era que podían dejarlos ahí,solos... como abandonados. Yo nunca haría eso con mi guitarra,porque es lo más preciado que tengo...
-Bien, Tom. Es tu oportunidad para demostrarnos que Bill no se ha equivocado por primera vez.
Comenzaron a tocar... al principio estaba totalmente perdido, pero logré seguirles eljuego, tocando los acordes que creía iban bien como acompañamiento.
La voz de Bill comenzó a sonar en el lugar. Creí que tocaban de maravilla... no tanto como yo, pero tocaban bastante bien... pero en cuanto escuché cantar a Bill, sentí una alegría enorme. Me gustaba cómo se escuchaba su voz...
Nunca había sentido algo así... jamás...

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Complementando la Banda

Se acercó y plantó un beso en mis labios; comenzó a jugar por debajo de mi playera... y todo ésto a un lado del camino. ¿Qué pasaba si alguien nos veía? ¿Si algún policía pasaba por ahí y ...? Pensándolo bien, esa era una buena idea. Si alguien llegaba a vernos, podría interrumpirlo y podríamos continuar con nuestro camino.
-No me dirás que no estuviste pensando en ésto toda la noche...- se divertía penetrando mi boca con su lengua. Poco a poco se fue acomodando mejor, pasando su mano libre por mi entrepierna; acariciando mi miembro con un poco de fuerza, mientras notaba cómo se excitaba más y más.
No podía negarlo: me estaba gustando... estaba cediendo ante él, pero no era correcto. No podía aceptar el que me gustara cómo me acariciaba y besaba... no estaba bien... no era algo aceptado por el resto... ni por mí.
-Vamos, Bill... sólo un murmullo... ¿sí? sólo una señal de que te gusta...- apretó un poco más, haciendo que un gemido saliera de mis labios.
-Ah... Tom...
-Con eso me basta...- me dejó libre... ¿libre? ¿Pero qué le pasaba? ¿No estaba urgido de repetirlo?
-¿Qué...?
-Me basta con saber que no dejaste de pensar en mí y que te gusta. Aún es temprano y tenemos que llegar al colegio.- se acomodó en su lugar y condujo hasta la escuela.
En todo el camino no me volteó a ver... y yo no podía dejar de mirarlo. Maldito.
En el estacionamiento los chicos ya nos esperaban. -Empezábamos a creer que no vendrían.
-Es el segundo día... muy pronto para faltar.- sonrió Tom y les saludó como si ya tuvieran tiempo de conocerce.
-¿Así que te gusta ser cumplido? Eso está bien.- Gustav aún tomaba su distancia.
-Un poco. Por lo menos hasta que pueda encontrar lugar en el mundo de la música. Me gustaría ser guitarrista de alguna banda y viajar...
-Entonces estás de suerte, Tom.- Georg se acercó y comenzó a hablarle de nuestra agrupación. -...Y, como te das cuenta, nos falta alguien que sepa tocar la guitarra. Sólo hace falta que toques algo y decidiremos si entras o no...
-Es bueno en eso.- Dije esquivando la mirada de Tom. -Ayer se quedó en mi casa y me mostró un poco de su talento.
-Y creo que le gustó.- capté el doble sentido de su frase. Le lancé una mirada de irritación... él sólo sonrió de manera estúpida.
-Entonces, ¿qué dices, Bill?- ambos voltearon a verme.
-Por mí...- quería decir que no me parecía... que era un maldito hijo de puta que no merecía la oportunidad... pero el recordar los acordes que interpretó ayer, me hicieron mantener la boca cerrada. -... por mí puede quedarce. Pero creo que ustedes deberían escucharlo también.
-Si quieren... traigo mi guitarra en la parte trasera.- estaba por sacarla, cuando Geo lo detuvo.
-No hace falta. Confiamos plenamente en la palabra de Bill. Sí él dice que sabes tocar,es porque sabes tocar.
-Mañana tenemos la presentación, así que hay que ensayar...
-Normalmente nos quedamos en casa de Bill. Ensayamos en la cochera y de ahí al cine o algún lado.- Geo, como siempre, lo dijo sonriente.
A veces envidiaba su facilidad para sonreir y parecer que todo estaba bien. -Ensayaremos hoy en la tarde, ¿verdad, Billi?
-Como quieran. Saben que mi casa siempre está disponible... mientras a mi madre no se le meta la idea de mandarme lejos...
-¿Y para qué querria mandarte lejos? Por lo menos no lo hará hasta que regrese Jenni... ¿no?
-¿Quién es Jenni?- preguntó Tom en cuanto nos pusimos en marcha a nuestros salones.
-Mi hermana.- le dije firme. -Ha estado en Inglaterra todo un año... la extraño.
-¿Es linda?
-Eso no te importa.
-¿Comenzarán a pelearce en medio del pasillo?
-Él empezó.
-Yo sólo pregunté si era linda.
-Y yo te dije que eso no te importaba.
-Ya, niños.- Los chicos se separaron de nosotros al dejarnos en nuestro salón... creo que pensaron que nos perderíamos sin ellos... y quizá si lo hubieramos estado... -Los buscaremos en la tercer hora, ¿de acuerdo? Traten de no pelear más.
-Sí,mamá.- respondimos al mismo tiempo. Gustav sólo sonrió.
Al igual que en día anterior, nos sentamos en la parte de atrás. Pasó la clase de manera tranquila: él me ignoró en todo el tiempo. Eso estaba bien.
Al término todos corrieron a la clase siguiente, icluyendo le maestro. Yo me quedé un momento revisando los apuntes. Ví cómo Tom se acercaba. Le dí la espalda unos segundos para recoger un bolígrafo que se me había caído debajo de la silla...pésima idea.
Me tomó de la cintura, pegándoce a mi cuerpo. -¿Qué crees que estás haciendo?
-¿Tú qué crees?
-Aquí no puedes hacerlo.- no me dejaba dar la vuelta. -Alguien podría llegar y...
-El pasillo está disponible hasta la cuarta hora... y nosotros tenemos libre hasta la tercera. ¿Por qué no?- esta vez no pasó sus manos por debajo de mi playera, sino que bajó directamente a mi pantalón y abrió despacio el cierre, internando su mano debajo de mis bóxers para acariciar mi exitación.
-Tom... por favor...- un momento juntos... una sola vez juntos en la sala de mi casa y ya sabía con exactitud los puntos que debía tocar.
-No puedo esperar más.- Besaba mi cuello con maestría, haciéndome vibrar. No es justo: ¿cómo es que sabe qué hacer y dónde hacerlo? -¿Sabes que me encanta el que digas que no pero seas tan fácil?
¿Fácil? ¡Fácil! Lo era... tenía razón, lo era... pero sólo con él...  maldición... ¿por qué a mi me pasaba ésto?
-Facil... no. No lo soy.- Lo era... sabía que lo estaba siendo, pero prefería mentir para tratar de sentirme mejor.
No sé cómo, pero hizo que echara mi cuerpo hacia delante,encima de la silla. Bajó un poco más mis prendas, quedando medio desnudo. Me sonrojé. Él comenzó a restregar su erección, aún con ropa, contra mi trasero, haciéndome gemir bajo. -En el auto te dije que no había prisa...pero ya no aguanto más... me gusta verte así.
Me tomó de la cintura. No me dí cuenta de cuándo desabrochó su pantalón... sólo sentí cómo se abría paso en mi interior, haciéndome gritar un poco. Con una mano tapó mi boca, con la otra buscó mi pene y comenzó a masajearlo.
Me estaba deshaciendo con sus caricias mientras sacaba su miembro de mí una y otra vez con rapidez. La adrenalina de ser descubiertos aumentaba el placer que sentía en esos momentos.
Tom no dejaba de penetrarme con fuerza... y torturar mi entrepierna sólo me exitaba más y más.
El calor dentro del salón iba en aumento. Hubo un momento en que creí que los vidrios estallarían por la temperatura... pero nada ocurría.
En mi mente trataba de pensar en otras cosa, pero sólo podía imaginar los gestos que estaría haciendo Tom.
Me corría... estaba por correrme... al igual que él...cuando escuchamos pasos en el pasillo, acercándoce a prisa... 

martes, 14 de diciembre de 2010

De nuevo... no.

Se fueron.
Ayudé a lavar los trastes, mientras mamá hablaba de "mi nuevo amigo". -Parece buen chico.
-Lo es.- aprovechando que estaba de espaldas a ella, le contesté lo que quería escuchar, poniendo mi cara de disgusto.
-Dijo algo de la guitarra, ¿no?
-Si.
-¿Sabe tocar?
-Toca hermoso.- era lo único que me gustaba de él y que me hizo sonreír y responder sinceramente.
-Entonces ya están completos, ¿no?
¿Lo estabamos? ¡Tenía razón! Eso significaba verlo a diario para los ensayos, y quedarnos hasta tarde solos... buscando el acompañamiento indicado para las letras... quedarnos... solos... Dios, no. ¿Y si se le ocurría hacerme lo mismo? ¿Y si...?
-¡Bill!- un plato resbaló de mis manos, cayendo al suelo y haciéndoce mil pedazos. -Pero ¿en qué piensas, cielo?
-En nada.- sequé mis manos y me dí la vuelta. -Creo que iré un rato a mi cuarto, ¿si?
-¿Te sientes mal?
-No. Sólo un poco cansado.- me dejó irme sin decir nada más.
Me tiré en la silla, delante del escritorio, dejando caer mi cabeza hacia atrás. Ella tenía razón: por fin estábamos completos. Cuando se entere,. nadie pondrá ningún pero: a Geo parece que le cayó de maravilla el rastafario; Gus no diría nada, porque era el hermano de su vecino... Andy se pondría feliz por su hermano, ¿no? Después de todo, eso es lo que hacen entre hermanos: se sienten felices si algo bueno le ocurre al otro. Por lo menos a mí me pasaba así con Jennifer, mi pequeña hermana a quien no veia desde hace un buen rato. Se fue de intercambio a Inglaterra por sus altas calificaciones y desde hacía un año no tenía contacto con ella más que por alguna que otra carta... me hacía tanta falta...
Se llegó la noche. Mi madre me deceó dulces sueños y se retiró a dormir. Yo no podía dejar de pensar en lo que había pasado con Tom y me dormí con la imagen de él sobre mi cuerpo.

Al día siguiente, para mi mala suerte, Tom y Andreas pasaron a recogerme. -¡Hey, Bill, sube, anda!- Andy me gritaba desde el asiento del conductor. Intenté poner excusas para no acompañarlos, pero fue inútil.
Subí a la parte trasera del cadillac negro, tratando de no ver a su hermano.
-Creí que el tuyo era un ferrari.
-Éste es de Tom. Lo acaba de recoger del taller.
-Y mi bebé quedó como nuevo.- sonreí. A parte de la guitarra, parecían gustarle enormemente los autos.
-EL muy tonto corrió hace unas noches y chocó con su rival.
-Él tuvo la culpa: se me cerró.
-¿Y no te pasó nada?- inconcientemente... muy en el fondo, creo que me importaba.
-Sólo un par de rasguños y moretones.
-Y una cuenta altísima son el mecánico.- soltó su hermano. Tom le dió un pequeño golpe en el brazo para hacerlo callar.
Dejamos a Andy en su estudio: trabajaba de publicista y le encantaba ese pequeño despacho que llamaba "estudio de arte". Si,como no.
-Sube, Bill.- Me ofreció el asiento que ocupaba mi amigo antes. Tuve que haberme negado, pero algo me hizo obedecerlo sin decir nada.
-¿Y qué tal pasaste la noche?
-Qué te importa.- contesté desganado. Él se rió.
-Huy, que geniecito. Te lo pregunto de buena gana. ¿Qué tal tu noche?
-Bien.
-¿No me echaste de menos?
-¿Qué?
-Vamos, puedes decirlo. Mi hermano se ha ido.
-No sé de qué hablas.- se orilló y se acercó más a mí. Me pegué a la puerta. -Tom...
-¿No me vas a decir que no pensaste en ésto?- me besó. Se las arregló para pasar una de sus manos por debajo de mi playera.
-Aquí no Tom...
-Quizás te sientas más cómodo si lo hacemos de nuevo en tu casa.
-No otra vez... por favor...

lunes, 13 de diciembre de 2010

La Familia

(Bill)
Mi madre... de todas las personas que podían haber llegado en ese momento, ¿por qué tenía que ser mi madre?
-Mamá...- volví a susurrar. Empujé a Tom, casí tirándolo al piso. Corrí a la puerta, dándole un poco más de tiempo para que se pusiera su estúpida playera.
-Pensé que llegarías...- Antes de terminar, Andy apareció atravezando la entrada.
-¡Hola, Bill! Lamento haber venido sin invitación, pero encontré a Gus en el camino y me dijo que mi hermano estaba contigo...
-¡Hola, cielo!- mamá venía detrás, con algunas bolsas del super mercado. -Me topé con Andy en el camino y me pareció buena idea invivtarlo a comer.- me sentí palidecer en cuanto pasaron  a mi lado.
-¡Esperen!- tomé el brazo a mi madre. Andreas volteó a verme.
-¿Te sientes bien, Bill?- Mamá me vió con cara de preocupación. -Estás pálido.
-Yo... yo...
-Yo-yo. Siempre tú. Vámos bill, no me digas que enfermaste de repente.- Se giró de nuevo y suguió hasta la cocina.Mamá se acercó a tocar mi frente para asegurarce de que no tuviera fiebre y, al darce cuenta de que no, lo siguió, no sin antes decirme que estaba raro...
-¡Hey!- El grito de Andreas me hizo reaccionar. Corrí a la sala, sólo para encontrarme con un Tom recostado en el sofá, tocando la guitarra, como si no hubiese pasado nada... maldito. -¡Tomi!
-Andy...- puso cara de fastidio. Dejó el instrumento a un lado y se puso de pie en cuanto vió a mi madre. -Mucho gusto, señora. Mi nombre es Tom.
-Pareces un muchachito muy educado, Tom.- sonrió dulcemente. Si, claro. Si hubiese llegado unos cinco minutos  antes, no pensarías lo mismo. -Andy me ha hablado mucho de tí en éste corto tiempo.
-De seguro todo lo que le dijo fueron mentiras.- se acercó a ella y, amablamente, le ayudó con la carga. Maldito dos caras.... hijo de...
-¡Hey, Billi! Ven acá.- Ni siquiera me dí cuenta de cuándo se había deshecho de las bolsas que mi madre le había cargado a mi amigo. Me tomó por detrás y comenzó a revolver mi cabello, haciéndome reir y hacer un poco de lado la situación de hace unos momentos.
Andreas era como mi hermano mayor: siempre estaba ahí cuando lo necesitaba y jamás me fallaba. Sabía que con él siempre podía contar, sin importar lo mal que se pusieran las cosas, al igual que con los G's... pero nunca me había hablado de su "hermano".
-¡Ya basta, Andy!- le dije entre risas. Había comenzado a hacerme cosquillas y terminamos en el piso.
-Muy bonitos, Andreas.- Tom estaba sentado en el descansabrasos del sillón, viéndonos con los brazos cruzados. -¿Aún son niños pequeños?
-No, pero Bill aún es divertido. No como otros, como tú comprenderás.- Él hizo cara de disgusto.
-Espero que se queden a comer, muchachos.- Mamá ya había puesto manos a la obra en la cocina. Nos pusimos de pie y caminamos al comedor.
Andy se sentó a la derecha. Iba a sentarme a su lado, lejos del rastafario, pero me jaló del brazo. -Tú vienes conmigo.
-¿Qué te pasa? ¿Quieres arrancarme el brazo o qué?
-Tenemos que hablar.
-¿Todo bien?- preguntó Andy.
-Sí, sí. Sólo necesito hablar con Bill del asunto de la guitarra.
-¿No puden aguantar hasta que terminemos?- Volteé a ver a a Tom, quien me mandó una mirada asesina que decía "si no me sigues, te mato." Quizás estaba delirando, quizás fue mi imaginación, pero me pareció que eso quería decir.
-Es importante. Regresamos en un momento.- Volvimos a la sala.
-Tú sí que estás loco. ¿Cómo es que actúas como si nada hubiera pasado?- como pude, me safé de su agarre, poniéndo de nuevo mi cara de enfado.
-Porque no pasó nada.- se rió burlonamente.
-¿Cómo que nada? ¡Si acabamos de tener...!- Me tapó la boca a prisa.
-No hay necesidad de gritar.- Me arrastró hasta el sofá, tirándome en él y colocándoce encima, de nueva cuenta. -Sé muy bien lo que hicimos, pero nadie tiene por qué saberlo.- En eso tenía razón, pero aún me quedaba con la duda de por qué había dicho que no había pasado nada. -Pasa algo cuando alguien no lo quiere aceptar, pero cuando las personas aceptan las cosas, entonces no pasa nada.- Era como si pudiera leer mi mente.
Retiró de poco su mano,dejándome hablar. -No te entiendo.
-Lo entenderás después, Billi.- Me besó delicadamente. Yo me quedé clavado en mi lugar, viéndolo fijamente. ¿Cómo podía hacer eso sin el más mínimo rastro de nerviosismo?
-No ha pasado nada entre nosotros que me haga arrepentirme.- se levantó despacio y se fue.
Me quedé solo, helado, en la misma posición en la que me había dejado, pensando las cosas: quizás sí me había gustado, quizás hasta lo había disfrutado... o tal vez sus palabras estaban tratando de convencerme... si, de seguro era eso, porque no me había... no podía haberme gustado aquello... no. ¿o sí? No, no... Bill, ¿en qué líoas te metes, por Dios?
-¡Bill!- mamá me llamaba del comedor. Me costó trabajo volver en mí, peor lo logré. Me senté a un lado de andy, frente a su hermano, quien me veía tan lujuriosamente...
-Y, dime, Tom: ¿te la has pasado bien en los días que llevas aquí?
-Sí. Me ha ido de maravilla, señora.- movió sensualmente su perforación. Sentí cómo subía el calor a mi rostro, así que bajé la mirada, tratando de no volver a verlo.
-Llamame Simon.- le dugirió mi madre. Se la estaba ganando tan fácil...
-De a cuerdo.
-¿Por qué no nos habías hablado de él, Andy?- pregunté, tratando de  ocultar mi nerviosismo.
-A mi querido hermano no le gusta hablar de mí.- Por momentos se puso serio. De nuevo asumiendo el papel de doble cara. -No es muy agradable tener por hermano a un chico buscapleitos y relegado de la sociedad...
-Oh, Tomi.- Mamá alargó la mano hasta tocar la suya. -Tú no puedes ser así...
-Ya no importa.- volvió a sonreír.
Pasó el resto de la comida sin más preguntas acerca del chico nuevo. Era tan difícil entenderlo: de repente actuaba sensual... por lo menos frente a mí o cuando nadie más miraba; era bien portado y sumamente educado frente a mi madre y cuando hablaba de él, se volvía un poco frío y lígubre. Un total caso para el psiquiátrico... Pero lo que más me molestaba, era la sensación de empezar a sentir algo por él.

viernes, 10 de diciembre de 2010

¿Qué hemos hecho?

(Tom)
Desde que entré al salón ya lo había avistado en el fondo y, la verdad, pensé que era chica, pero al acercarme y darme cuenta que no lo era, no me importó. Había algo en él que me atraía... por los mil demonios... ¿atraerme a mí un chico? ¡Qué va! Quizás sólo quería experimentar y ahora ahí, en el suelo, sobre él, se me daba la oportunidad perfecta.
Su calor era tan agradable... sus ojos vidriosos por las lagrimillas pasadas y su labios rosados eran tan tentadores...
Me acerqué a él lentamente, sin moverme mucho. Él no hizo nada, aunque creo que ya sabía muy bien lo que yo quería. Rocé mis labios con los suyos, consiguiendo un estremecimiento por parte de los dos. Me gustaba el sentir este nerviosismo extraño, así que seguí. Profundicé un poco más el beso, esperando que me dejara hacer.
-Tom...- entreabrió más la boca, dándome acceso total. Paseé mi lengua por su interior, topándome con su percing metálico. Sonreí.
Me acomodé mejor para poder jugar con mis manos, sin soltar sus labios. Pasé una de ellas por debajo de su playera. -Tom...- separé nuestras bocas despacio.
-¿Qué pasa?- su rostro mostraba un poco de inseguridad.
-No creo que...- fui bajando la mano, llegando a su entrepierna. -Mmm...
-No me digas que no te gusta.- dibujé una sonrisa divertida. Me gustaba verlo así: sonrojado y lleno de nerviosismo. -Anda... te gusta.
-Yo... no...- cerró los ojos e hizo la cara a un lado. -No es cierto.
-¿Que no?- apreté un poco. Lo escuché gemir, agrandando mi sonrisa. -Te gusta.- repetí.
-Yo... duele.- se coloreó un poco más. Se veía tan dulce... y apetecible.
Bajé el cierre del pantalón y sus bóxers, dejando a la vista su erección. -Espera.- trató de taparla con una mano. Si supiera que sólo me exitaba más el verlo así, no lo hubiera hecho. -Por favor... espera...
-¿Por qué? Me gusta.- recorrí mis labios con  la lengua. -Sólo mírate...
-Basta, Tom.- estaba totalmente rojo. -No sigas...- Lo decía, tratando de sonar firme y de parecer decidido a detenerme, pero ni siquiera interponía las manos... sólo para cubrirce, pero no para hacerme a un lado.
Era divertido: yo, un lobo jugando con una oveja temerosa de lo que fuera a pasar.
Al ver que no me dejaría tocarlo más abajo de la cintura, seguí recorriendo su cuerpo, subiendo poco a poco su playera y su chaqueta
Su piel era blanquecina, suave... como de porcelana... era... hermoza... una delicia. Sus tatuajes, una estrella y una gran "B" en el costado, al igual que su percing en el pezón eran adornos que enriquecían su ser...
No me resistí más y empecé a recorrerlo con mi lengua, jugando más con sus pezones, mientras seguía pidiendo que parara.
Logré desacerme de su ropa, tirándola lo más lejos que pude. Él se quedó acostado en el suelo, viéndome fijamente, tembloroso como un pequeño asustado. Me quité la playera; tomé una de sus manos y la posé sobre mi abdomen. -Puedes tocar, si quieres.- clavó su vista en mí y tragó saliva. Aprovechando que estaba perdido en otros pensamientos, fui bajando aún más sus prendas.
-No. Espera.- Ya era tarde. Logré quitarle la ropa por completo. -Dices que no quieres... que no te gusta, pero "él" me dice otra cosa, Bill.- señalé su miembro, totalmente erguido.
-No es por tí.
-Entonces es por las caricias... ¿o fue el beso?- ya no dijo nada. Creo que empezaba resignarce.
Cogí su miembro con una mano, acariciándolo suavemente de arriba a abajo, haciéndolo emitir algún gemidito de vez en cuando; llegaba a la punta y apretaba un poco, haciéndolo gemir un poco más alto.
-No...
-¿Seguirás diciéndome que no siga?
-No pares...- dijo en un susurro. Me sorprendió... y alegró. Significaba que ahora sí tenía libre acceso a todo él sin reproches o intentos vanos de detención.
El calor estaba empezando a quemarme por completo. Me deshice del pantalón, quedando desnudo igual que él. Al ver mi pene totalmente exitado, abrió los ojos a más no poder. -Es... es grande.
-¿Te gusta?- no respondió. Me incliné una vez más sobre él. Con un dedo me fui abriendo paso en su entrada. Estaba apretado... demasiado. Se quejó un poco.
-¿Dolerá?
-No si te relajas.- cerró los ojos con fuerza. Metí el segundo. Un quejido más... pero aumentó el volúmen de sus quejidos al introducir el tercero. -¿Quieres callarte?
-Duele.
-Verás que pronto dejará de dolerte.- le susurré en el oído, dejando después un beso en su cuello.
Levanté un poco su cuerpo, colocando mi miembro en su entrada. Fui metiéndolo lentamente, observando sus gestos de dolor.  -Tranquilízate.- Seguí, tratando de ignorar sus quejidos y sus gestos. Su interior se sentía tan cálido; tan estrecho... tan delicioso.
Por fin, estaba totalmente en su interior. Comence por meterlo y sacarlo despacio, con delicadeza. Intentando que se relajara y empezara a adisfrutar... aunque fuera un poco.
Pasados algunos minutos, comencé a escucharlo a gemir nuevamente. -Mmm... Tom... Ah...
-Te dije que dejaría de dolerte pronto.
-Sigue... por favor... no te detengas...
-Tus deseos son órdenes.- aumenté la velocidad de mis embestidas. Su cuerpo se estremecía con un poco de violencia a cada remate; su cuerpo se estremecía y echaba la cabeza hacia atrás, enconrvándece más y más...
-¡Tom!
-Ah...- justamente cuando estaba por correrme en su interior, él hizo lo propio, salpicando mi estómago.
-¡Ah!- gritamos al mismo tiempo. Caímos rendidos, yo con el rostro sobre su pecho, sin salir por completo de él. Podía escuchar su acelerado ritmo cardiaco.
-Tom... tom...- y su respiración entrecortada. -¿Qué... qué acabamos de... hacer?
-¿Por qué?
-Sólo dime... ¿qué acabamos... de hacer?
-Acabamos de... tener sexo.- Subí mi rostro, viéndo cómo cerraba los ojos de nuevo. -Acabamos de tener sexo... en la sala de tu casa.- sonreí.
-Maldición.
-Sí: maldición.- repetí. Se movió, sacándome de su interior en un suspiro. Me hizo a un lado y se puso de pie,buscando nuestra ropa.
Reunió la mía y la aventó a mi rostro. -¡Hey! Cuidado.
-Vístete. No quiero que mi madre te encuentre desnudo.- puso cara de enfado. Se retiró de mi vista, supongo que para ir al sanitario y limpiarce... me vestí tranquilamente. Para cuando volvió, aún no me había colocado la playera. -¿Qué esperas?- puso sus manos en su cintura.
-Nada.- me acerqué a él, jugando con mi perforación.
-¿Qué quieres?
-Nada.- repetí. Al tenerlo lo bastante cerca, logré robarle un beso. Y, como esperaba, me empujó.
-¿Estás loco?
-Loco es no aceptar lo que acaba de pasar...- lo tomé de la muñeca. -...Yo lo admito: me gustó hacerte mío.- Trató de escapar. -De escucharte gemir y pedir que no me detuviera...- Me vió a los ojos, incrédulo. -...De ver cómo te retorcías de placer debajo mío.- Hasta que lo harté y me golpeó.
-No digas eso. Fue un error...
-Sí, claro. Te gustó, lo sé. Aunque lo niegues mil veces, yo sé que te gustó.
-Basta ya.
-Te morías de gusto...
-Cállate.
-Te dí placer, ¿no? Te encantó... no puedes negarlo.
-¡Cállate, cállate! ¡Basta!- se llevó las manos a los oídos y cayó al piso de rodillas.
Me acerqué. traté de tocarlo, cuando escuchamos claramente cómo abrían la puerta...
-Mamá.- susurró. Busqué por todos lados mi playera, mientras él intentaba aparentar que nada había pasado...

jueves, 9 de diciembre de 2010

Tom

Las clases siguieron lentamente... de igual manera: Tom me esperaba a la salida del salón,para dirigirnos a la siguiente hora, sólo que ya no hablamos, sólo lo seguía y nos sentábamos al fondo, con las miradas de los demás encima, hasta que llegó el momento de ir con los G's.
-¿Ahora a dónde?- me preguntó al ver que nolo seguía al patio.
-Quedé de verme con unos amigos en el salón 4...- ¡Fantástico! Había olvidado la letra... Maldición.
-4... ¿qué?- no pude responderle. -Ah, no importa. ¡Que te diviertas!- antes que pudiera dar media vuelta, le detuve.
-¡Espera! ¿No vienes?
-Son tus amigos, yo no los conozco.
-Ven, anda.
-No creo que quieran conocerme.
-Anda.- 4 horas habían bastado para aceptarlo como mi amigo... sólo conocía su nombre, pero ya le tenía cariño. -Por favor.
-No.
-Por favor...- hice pucheros como niño de 3 años. Nunca me fallaban... y esta vez no podía ser la escepción.
-Está bien, está bien. Sólo si prometes no volver hacer eso.
-¿Hacer qué?- pregunté divertido aún haciéndolos.
-Eso.- señaló mi rostro. Yo acepté el trato. Caminamos al primer piso, buscando entre el mar de estudiantes a mis amigos,hasta que dimos con ellos: estaban recargados en una de las puertas.
-¡Vaya! Empezaba a pensar que no vendrías...
-O que habías olvidado el salón.
-Si lo había olvidado, pero aún así dí... dimos con él.
-Y tú eres...- Georg se dirigió a mi acompañante. Lo examinó de pies a cabeza,como si lo etuviera escaneando.
-Tom Trumper, mucho gusto.- No hubo manos estrechadas, sólo intercambio de sonrisas.
-¡Qué bien! Ahora no eres el único "raro", Bill.
-Muy gracioso.- el único que parecía no aceptarlo muy bien era Gustav. Ni siquiera le dirigió la palabra, así ue tuve que ser yo quien los presentara.
-Eres nuevo, ¿verdad, Tom?
-Si. Llegué hace unos días.
-¿Y tienes a alguien conocido aquí o vives solo?
-Vivo con mi hermano Andreas.
-No es cierto.- por fin Gustav reaccionó. -Tú no puedes ser su hermano...
-¿Lo conoces?
-Es mi vecino. Nos llevamos muy bien, pero jamás me habló de tí.
-No es muy agradable hablar de tu hermano cuando está tan lejos desde hace tantos años... Ya casi no me reconocía cuando volví.
-¿Dónde estuviste?
-En un internado.- dijo de manera distante y un poco fría. -Así que es un placer estar de vuelta entre chicos y chicas lindas... y ya no estar más encerrado.
-No es un buen tema de conversación.- Georg giró el rostro y se sirigió a la salida. Nosotros nos quedamos en nuestros lugares. -¿Vienen o qué?
-¿Pero y las clases?
-Olvídalas, Bill.- Gustav siguió de inmediato al castaño.
-Quedan la mitad.- traté de hacerlos regresar, pero no pude. Tom me jaló de la chaqueta.
No es que me importe mucho la escuela, pero era mi primer día, además....
-¿Ahora te portarás como un buen niño?- me retó Georg... claro, ¿quién más? Después ellos sabían de mi historial de problemas en mi antigüo colegio. No me gustaba estar quieto y muchas veces me metía en líos por cualquier bobería...
-Síguenos hablando de tí, Tom.- llegamos al estacionamiento y nos subimos a la camioneta de Gustav.
-Bueno, tengo 19; me gusta el basquet... am...
-¿Por qué no hablamos de otra cosa?
-¿Sabes tocar la guitarra?
-¡Claro! Soy una mestro en eso.- dijo con una enorme sonrisa. -¿Por qué la pregunta?
-Nos falta un guitarrista para la presentación y...- ni siquiera me dejó completar la frase.
-¿Dónde firmo?- todos echaron a reir.
Pasamos unas dos horas hablando de ésto y aquello, hasta que Georg recibió una llamaada de su madre, que pareía urgente, pues se despidió de nosotros y nos dejó solos.
Como parecía que Gus no se llevaba con Tom y no le interesaba conocerlo mejor, se ofreció a llevarnos. -A menos que tengas auto...
-Está en el taller... lo destrocé en una carrera.
-¿Corres?
-A veces. Se gana muy bien en las apuestas.- él subió por delante, yo le seguí. Las mochilas iban en medio de ambos, como una barrera...
-¿Quieres que te deje en casa o tienes que pasar a algún otro lado?
-No tengo nada qué hacer, así que...
-¿Quieres pasar a mi casa? Puedes enseñarme qué tal tocas.
-Está bien, si no hay problema...
-¿Estás seguro, Bill?- Se preocupa demasiado... se parece a mi madre a veces...
-Estaremos bien, Gus.
-¿Y tu madre?
-Trabajando,como siempre. Tranquilo.
-¿Es tu niñera?- Aunque le divertía, era evidente que ninguno se caía bien.
-Vamos, Gus, sólo llévanos a casa, ¿si?- ya no dijo nada.
El resto del camino lo seguimos en silencio: Gus no despegaba la vista del camino; Tom lanzaba lamirada através de la ventana y yo mantenpia la mirada en frente, sin pensar en nada.
En una curva, Gustav inclinó de más el vehículo, haciéndo que Tom cayera sobre mí. Su cuerpo cayó de lleno sobre mis rodillas... ni siquiera las mochilas habían servido de nada.
Su calor se sentía tan bien... era una sensación diferente... muy agradable... demasiado...
-¡Chicos! ¿Están bien?- No nos dió tiempo de movernos. Tom seguía encima de mí. Subió el rostro, tratando de enderezarce.
-Sí... creo.- y, dándome espacio para volver a sentarme, volvió a su sitio. -Pero creo que no eres un buen  conductor.
-Lo siento. Un idiota se atravezó en el camino. Por poco lo atropello...- La cara de Gus estaba pálida... pobre. -¿Bill? ¿Estás bien?
-Yo... sí... creo que sí...
-Bien. Lo siento.- un par de disculpas más y regresamos al camino. No podía dejar de sentir el calor de su cuerpo sobre mí... no podía dejar de verlo... era inevitable.
-Llegamos.- Gus se quedó recargado en su camioneta hasta que entramos y estar seguro que estaríamos bien.
-Tu amigo es un haz detrás del volante.- Caminó directo a la sala, como si fuera su casa.
-Estaba nervioso, no lo culpes.
-Yo no lo culpo de nada.- sonrió. Traté de verlo a los ojos, pero retiraba la vista. -¿Vas a querer que te enseñe un poco de ésto?- dijo haciéndo como si estuviera tocando la guitarra.
-Claro, claro... espera.- Subí al cuarto de mi madre, tratando de quitarme la sensación de su cuerpo. Tomé el instrumento con nerviosismo.
Bajé y lo ví caminando distraídamente por todo el lugar. -Aquí está.
-¡Venga!- se giró muy alegre. -¡Pero mira nda más que lindura!- y por sus palabras, creo que le encantó la guitarra.Era la primera vez que veía que alguien se ponía así de contento con un instrumento así.
Sonreí con él. Se sentó en el sillón y yo en el suelo,frente a él. -Muéstrame.
-Con gusto.- y comenzó a tocar unos acordes ligeros... sutiles... hermosos. Nunca me había topado con alguien que tocara de esa manera.
De alguna manera, las notas tocaron lo más profundo de mi corazón. Era una melodía hermosa, pero triste, así que solté un par de lagrimillas.
-¿Pasa algo?
-No. Es que... creo que soy un tonto sentimental...- limpié las lágrimas con la manga de mi chaqueta. Tom dejó de lado la guitarra y se acercó un poco, pero algo pasó. No sé qué fue, pero algo o alguien lo  empujó, cayendo sobre mí, entre mis piernas.
Su mirada se concentró en la mía; la sensación de hace unos momentos volvió... el tiempo parecía haberce detenido... nada irrumpía en la sala o en la casa.
Estábamos solos, uno sobre el otro... ¿qué podía pasar si nos acercávamos un poco más?

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Hola, Soy Bill Kaulitz

Era mi primer día de clases en el instituto. Mi madre había insistido en que estudiara algo y no sólo me dedicara a la música. Qué fastidio.
Caminaba por los pasillos, buscando el salón en el que me correspondía la primer clase. Como siempre, había ido con mi cabello alaciado y maquillaje oscuro... y como siempre, la mayoría se me quedaba viendo como bicho raro y comentaban cosas como "no puede ser hombre" o "qué hermosa nena". Idiotas.
Salón 17-B. Perfecto, llegué sin incidentes. -¡Bill! ¡Eah, aquí!- Gustav me llamó desde los lugares del fondo, casi pegado a la ventana. Era mi amigo desde siempre, igual que Georg. Sólo que iban en diferentes grados, pues me llevaban uno y dos años, respectivamente. No sabía que estaba haciendo Gus en mi salón, pero igual no me importaba. Por lo menos tenía a alguien con quien platicar un rato.
-¿Qué haces aquí?
-Bueno, es tu primer día y no conoces a nadie. Quería darte la bienvenida. Mira: ellas son Lucy y Martha.- Me presentó a una chica rubia y a una morena que la verdad, no estaban nada mal.
-Mucho gusto.- me saludaron como si me conocieran de tiempo atrás, bastante simpáticas.
-Bueno, Geo quedó de vernos en la cuarta hora, ¿de acuerdo? Nos veremos afuera de su salón.
-Eh...- me quedé con cara de confundido. ¿Cómo esperaba que supiera dónde buscarlos si a duras penas había dado con mi salón?
-Salón 4-C, primer piso. Al fondo del corredor izquierdo.
-Está bien. ¿Y qué cuentan?
-Nada en especial.- Gus se recargó en el asiento, dándome más espacio para estar cerca de sus amigas. -Tenemos una presentación en dos días, ¿no?
-¿Tocan?- preguntó la morena.
-Más o menos. Eso intentamos... sí.
-Basta decir sí o no, Bill.- Me ponía nervioso estar ahí con una sola  persona conocida y comenzaba a divagar.
-¿Yqué tocan?
-Gustav es el baterista,Geo toca el bajo y yo soy la voz.
-¡Genial! Deben tocar hermoso.
-Nos falta la guitarra.- dije buscando mi celular entre la chaqueta. Ya llevaba unos tres minutos vibrando y no podía encontrarlo.
"Te cuidas mucho, por favor. Mamá"
Mi madre se preocupa demasiado por mí... desde aquella pelea en mi antigüo colegio.
-Espera... ¿Geo no es el chico castaño de ojos de color que tanto te gusta, Lu?
-El mismo.
-¿Y por qué no me habías dicho que tocaba el bajo?
-Porque no sabía. Apenas me voy enterando.
Sonó la campana, anunciando la primer clase. Gus y sus amigas me dejaron solo. Tomé asiento en donde estaba mi amigo y me quedé en silencio, viendo cómo el resto de los chicos pasaban sus miradas sobre mí mientras iban a sus lugares.
Como era de esperarce, nadie se sentó a mi alrededor, lo que era un alivio. No quería hacer muchos amigos... con los dos que ya tenía me eran suficientes... porque tenía la seguridad de que no me fallarían nunca.
Un hombre de cabello  escaso y piel  blanca enfundado en un traje café, entró. Se presentó con toda la "elegancia" posible como el señor Ramirez, "su maestro de psicología elemental".
Comenzó a explicarnos su manera de evaluar y esas cosas... la verdad no le puse mucha atención. Prefería pasarme el rato escribiendo algunas canciones que daban vueltas en mi cabeza sin cesar sobre la cubierta de mis libros.
Estaba a la mitad de la clase, cuando un chico irrumpió en pleno sermón. -Hola, me llamo...
-Bien, bien, bien... ¿qué tenemos aquí? Parece que se le pegaron las sábanas, joven.
-Lo siento.- el chico se llevó la mano tras su cabeza, dibujando una media sonrisa.
-Tome asiento.- se dirigió directamente al fondo,a mi lado. Llevaba rastas claras y ropa ancha... muy ancha... además de un piercing en la orilla de la boca.
Cuando pasó a un lado de mí, me dió una descarga de nerviosismo. Antes de tomar asiento, volteó a verme fijamente. Me sonrió mientras dejaba caer su mochila a un lado. Regresó su mirada al frente y se desparramó en la silla. 
Al igual que yo,no ponía atención a la clase. Lo supe porque no dejaba de mover su pluma y la cabeza de un lado al otro.
Dejé de lado los apuntes para concentrarme en él: era inevitablemente atrayente el cómo... esperen, ¿qué demonios estoy diciendo? ¿Atrayente? ¡Patrañas! Más bien era... mmm... raro. No más que yo,pero sí era extraño.
La clase terminó. Todos salieron del salón como si estuvieran en medio de un simulacro... o un incendio. Les urgía dejar el salón... a mí me daba igual.
-Salón 11-A.- dije en voz alta mientras recogía mis cosas.
-Ecología, ¿cierto?- el chico rastafario se giró hacia mí. -Yo también tengo esa clase. ¿Puedo...?
-Si quieres.- ni siquiera me molesté en mirarle al rostro. -Pero si nos perdemos...
-No pasará. Entre dos es casi imposible que pase eso.- sonrió. Se cargó la mochila al hombro y caminó hasta la puerta, donde se detuvo un momento, esperando que lo siguiera.
Yo me quedé en mi lugar, viéndolo con nerviosismo.No sabía por qué sentía eso cuando lo veía, y no quería averiguarlo ahora. -Si quieres puedo esperar lo que resta del día, no hay problema.- en un dejo de sarcásmo, metió su mano en un bolsillo del pantalón.
-Ya voy.- Tomé mi mochila y le seguí.
-¿Cómo te llamas?
-Tom Trumper.
-Hola, me llamo Bill Kaulitz.- soné infantil... y más con mi sonrisa de "mucho gusto", no me quiero ni imaginar lo que habrá pensado de mí.
-Mucho gusto, Bill.- se echó a reir. Lo sabía: había sonado tonto.
Llegamos al salón. Ya casi todos estaban en sus sitios. -¿Puedo sentarme a tu lado?- preguntó antes de entrar.
-Claro.- y repetí mi sonrisa. Con él no podía dejar de sonreír. Era extraño... pero, de cierta manera, me agradaba.
Nos sentamos al fondo, al igual que en la clase anterior. Todos se giraron a vernos en cuanto pusimos un pie dentro. Éramos como la atracción del colegio... por lo menos para ellos...
-Ustedes son los nuevos, ¿verdad?- una chica rubia se nos acercó.
-Eh... sí.- Tom no dejaba de ver su blusa súper escotada... exibicionista la chica, aunque bastante linda.
-Hola, soy Bill y él es Tom.
-¿Son hermanos?
-¿Qué? ¡No!- nos echamos a reir. -¿Por qué lo dices?
-Bueno,entraron juntos y se parecen muchísimo.
-¿Parecernos?- Tom estalló en carcajadas en cuanto la escuchó. -Las clases te estan afectando... ehm...
-Nathaly.
-Nathaly... bonito nombre.- En eso, la campana sonó.
-Bueno,nos vemos, chicos.- Se despidió de Tom pasando la mano por su rostro y a mí se me acercó, tratando de darme un beso en la mejilla. -Hasta luego, Bill.- Pero antes de hacerlo, mi nuevo "amigo" se interpuso... como no queriendo.
-Creo que ya deberías irte a tu lugar, muñeca.
Nathaly se dió media vuelta y se fue, dibujando una sonrisa divertida.
-¿Por qué lo hiciste?
-No es una buena chica, Bill.
-Eso no lo sabes. No la conoces.
-Conozco a las chicas como ella, créeme. No sabes en qué problemas te puede meter...
-Eso no lo sabes realmente.- me estaba enfadando con él. Tom bajó la mirada y se disculpó. -Tienes razón, lo siento.- cosa que me extrañó... ¿cómo podía actuar así? Como si tratara de protegerme... o algo así...
Era imposible: apenas nos conocíamos...
En el transcurso de la clase, él no giró su mirada hacia mí... y yo no podía dejar de verlo.