viernes, 28 de enero de 2011

Confesión

(Bill)

Tomé una de las vndas que mamá guardaba en el fondo del botiquín y la enrrollé en mi mano.
A él le estuve esperando todel día, pero jamás llegó. En mi mente aparecía la idea de que quizás estaba arreglando todo para dejar su "negocio"; que tal vez estaba hablando con su hermano... que llamaría en cualquier momento para decirme "estoy bien."
-¡Bill!- Jenni entró gritando a la sala. -Hola, hermanito.- me besó la mejilla, como acostumbraba saludar.
-Hola. ¿Se puede saber en dónde estabas?
-Con una amiga... y con Tom.- sin perder tiempo, le pregunté dónde estaba él. -Con Nathaly. Dijo que le urgía hablar con ella.- mi corazón se sobresaltó. -Pero no se quedó mucho. Tenía cosas qué hacer.
Me puse de pie, queriendo ir en su busca para impedirle que cometiera una locura. Antes de que pudiera salir de la sala, Jenni me tomó de la mano. Aún no sanaba por completo, así que me dolió. -¿Qué te pasó?
-Me lastimé ayer... en la fiesta.
-Ajá.- era malo para mentir, sobre todo frente a ella. -¿Qué te pasó?
-Nada, en serio.
-No por "nada" te vendarías la mano.
-Tengo que salir.
-Tom dijo que no tardaría. Que vendría a hacernos compañía más tarde...- me detuve. Tal vez cumpliría.
Regresé y me senté a su lado, en el descansabrazos del sillón. Ella recargó su cabeza en mis piernas, mientras mi manos se pasaba entre sus cabellos. -Bill, ¿puedo decirte algo?
-Lo que quieras.- Mis ojos no se despegaban del reloj,  esperando verlo cruzar la puerta.
-Es algo de Tom.
-¿Es algo que sabes o que quieres saber?
-Es algo que quiero... am... algo que... ¿podrías aconsejarme?
-¿Aconsejarte de qué?
-Es que no sé qué sea... tú eres bueno para esas cosas. ¿Cómo se sabe cuando quieres a alguien?
-Bueno, sé que te quiero porque me preocupo por tí y no me gusta que te hagan sufrir... Daría mi vida por tí, lo sabes. ¿Por qué lo preguntas?
-Es que... sabes que yo también te quiero, hermanito.
-Espera: ¿hay alguien que quiere andar contigo? ¿Lo conozco? ¿Cómo se llama? ¿Tiene tu edad?- me dió un pequeño golpe en la espinilla.
-Paranoico. Sí lo conoces y es más grande que yo... y no es que quiera andar conmigo. Más bien, soy yo la que le gustaría andar con él, pero no sé... no sé si él me quiera a mí.
-¿Y qué tiene que ver Tom? ¿Él te lo presentó?
-Bill, el chico que quiero es Tom. Tonto.- me quedé quieto. -Es que es tan lindo; tan educado... tan fuerte y talentoso...- no dije nada. -Es lindo, Billi: lo quiero. Creo que... estoy enamorada.
-Tú...
-Desde que lo ví había algo en él que me llamó la atención, no sé: creo que me empezó a gustar desde que lo veía en el club.- suspiró. -¿Crees que él se pueda fijar en una niña como yo?
-Yo... yo creo que...- ¿qué decirle? "Lamento comunicarte que él ya está ocupado con alguien más... que él y yo..." Decirle... quizás decirle que quiere algo con Nani... o con Giselle.... o con.... ¡Demonios, Bill! ¿Qué no conoces a más chicas?
-Bill, ¿me estás oyendo? Bill...
-Yo...- volteé a ver de nuevo el reloj. -...tengo que irme.
-¿A dónde vas? Ya te dije que Tom vendrá al rato.
-Tengo que salir a caminar.
-¿Con esa mano? Ni creas. Ven.- me jaló al baño. Abrió la llave, quitó la venda y la puso bajo el chorro de agua.
-¡Duele! Argh... ¡Eres una salvaje!
-Ya, ya, no seas exagerado.
-Si, verdad... porque no eres tú la de la herida.-le saqué la lengua. Ella me imitó.
-¿Cómo rayos te hiciste eso?
-No me acuerdo.
- Beber te afecta. No me gusta que lo hagas. Ni que fumes... ¿por qué lo haces?
-Es una manera de relajarme. Además ya tengo edad.- no me dijo ya nada. Cerró la llave y colocó una venda nueva.
Desde que tengo memoria le encanta jugar a la "enfermera". No sé por qué decidió estudiar antropología y no medicina.
-¿Ahora, enfermera mía, me dejará salir?
-No.- sonrió. - Mejor acomódate de nuevo en la sala.
-No.
-Anda.
-No quiero.
-Anda, ve.
-¡No, no y no!
-¡Ven acá, niño!- me tomó de la mano y casi me tiró en el sillón. Ibamos acomenzar a pelear, cuando la puerta se abrió, dejando ver a un Tom cabizbajo, pensando. Mi hermana lo saludó; dibujó una media sonrisa. -¿Qué pasa?
-Nada, nena. Cosas de trabajo.-ni siquiera volteó a verme. -¿Me permitirían pasar ésta noche aquí, con ustedes? Me he peleado con Ceci y no quiero verla.
-Claro,Tom.el tiempo que quieras..agradeció, subió a la habitación que le había asignado mi hermana, sin decirme nada.
Esperé a que Jenni se retirara a salir de nuevo con sus amigas: no era que me gustara la idea de dejarla salir de noche, pero ya tenía la edad suficiente para saber lo que hacía.
Subí y toqué a su puerta, pero no me respondió. -Tom... Tomi...- ni una sola palabra. -Déjame entrar, por favor...- nada. -No me gusta verte así... si hay algo que pueda hacer...
-Hay una cosa.
-Lo que sea.
-Vete de aquí. No quiero hablar... ni ver a nadie.

jueves, 27 de enero de 2011

Fragilidad

(Tom)

No entré de inmediato: esperé a que la rubia saliera de la habitación. Salió con una amplia sonrisa dibujada, que parecía ser de satisfacción.
Antes que pasara de largo, la tomé del brazo. -¿Qué hacías con Bill ahí dentro?
-¿Tú qué crees?- se safó de mi agarre. -Nos estábamos divirtiendo.- se giró de manera altanera y se fue.
Apreté las manos y entré a la habitación. Bill estaba con el cuerpo hacia delante y el cabello le caía en la cara, impidiéndome verlo.
-Bill...- me senté a su lado. Él se alejó al sentirme cerca. -...vamos, levanta tu rostro. Déjame verte.- movió la cabeza de manera negativa. -Por favor, niño: déjame verte, ¿si?- volvió a negar. Puse la mano sobre su cabeza y lo sentí temblar. -¿Qué te hizo?- nada... no decía nada. -Bill: levanta la vista y dime qué te hizo.
-Nada.- Hice su cabello a un lado, pero trató de esconder su cara. -No me hizo nada, Tom.
-¿Entonces por qué te escondes?- no me dió respuesta. Escondió su mano izquierda y con la derecha limpió su rostro... estaba llorando. -Dime qué te hizo, Bill: si te hizo daño la mataré. Juro que...
-Tú no le harás nada. ¿Oíste?- me sorprendieron sus palabras. -No le harás nada...
-Le haré algo si no me dices qué te hizo.
-¡Le dí lo que quería! ¿Ya?- giró el rostro de golpe: estaba enfadado y lo tenía bañado en lágrimas. -Le dí lo que quería...- repitió.
-¿Tú y ella?
-Lo siento tanto, Tom...- las lágrimas volvieron a bajar por sus mejillas.
-Eso no es cierto... no... tú no pudiste hacer eso, Billi.
-Pues lo hice.- me levanté, dándole al espalda. -Lo hice... lo siento.
Apreté los puños. La persona que se había vuelto mi mundo en unos días, me había apuñalado la espalda... como el resto del mundo. -Yo... me alejé de Ceci... la ignoré, pudiéndo tener con ella una noche de placer como antes porque no dejaba de pensar en tí... porque no quería lastimarte. ¿Y tú me dices que lo hiciste con la bruja de Nathaly?- bajó la vista. -Pensé que eras diferente... pero ya veo que me equivoqué. ¡Eres un maldito traicionero como el resto!- Seguía llorando, sin nunca levantar la mano izquierda. Enfadado, la tomé; él se quejó. -¿Qué te pasa?
-Duele.- lo solté: la tenía roja... marcada. La tomó entre su otra mano, retirándola de mí.
-¿Qué te pasó?
-¿Sabes que es difícil defenderce sólo con tus piernas?- mi corazón se sobresaltó. -Y lo es más cuando ponen bajo amenaza la vida de quien amas.- se volvió a echar hacia delante.
-¿Qué fue lo que te hizo?- suspiró.
-No quieres saberlo.
-Dímelo, anda... por favor.- me hinqué delante de él, tratando de verle a los ojos. -Por favor.
-Tenía prisa de hablar conmigo, pero abajo el ruido es demasiado. Le dije que podíamos hablar afuera, pero me dí cuenta que Ceci aún estaba contigo, así que subimos. Le dí la espalda unos minutos y cuando regresé la vista a ella, me tomó por sorpresa y me tumbó en la cama. Sacó un cordel de su ropa y ató mi mano a la cabecera... ¿ya?- me puse de pie, furioso. Caminé a la puerta, maldiciéndola en voz alta. -¡Espera! ¿Qué haces?
-La mataré... ¡Juro que la mataré! Maldita zorra, ya verá...
-¡¡Tom!! ¡¡DETENTE!!- su grito logró hacerme parar. Intenté tranquilizar mi respiración y mi enojo.
-Pudiste quitártela de encima en un movimiento.
-Me dijo que si no la dejaba terminar lo que había querido empezar en su casa, recalaría contigo.- reí.
-¿Y tú crees que ella me puede hacer algo?
-Ese no es el punto. Ella no es de quien debes cuidarte.- alzó la vista, clavándola en mí. -Tiene contactos, Tom...
-¿Y eso te preocupa? Me puedo cuidar solo, no tenías qué...
-¡Tú no entiendes! El que seas un asesino no quiere decir que seas intocable.- Me acerqué de nuevo. -La gente que ella utiliza en casos como éstos son desalmados, Tomi. No sabes lo que hacen... o cómo lo hacen. Yo... no quiero tener que ir a reconocer tu cuerpo en algún campo abandonado; no quiero tener que llegar a un lugar e intentar reconocer tu cuerpo... no quiero perderte. Si puedo evitar que te hagan daño vendiéndome... olvidándome o alejándome de tí por unos momentos... lo haré.
Pensé las cosas, en silencio. ¿En verdad era sincero al decirlo? ¿Realmente me quería tanto como para rebajarce y someterce a la maldita de Nathaly... o cualquier persona? Si era así, ésto no podía ser real... él no podía ser real...
Relajé mi cuerpo, tratando de creerme sus palabras. Limpié sus lágrimas y recogí un poco su cabello. -No tienes qué protegerme. Eso déjamelo a mí. Si me meto en líos por quererte... por estar contigo, ya sabré cómo salir. No tenías qué.
-¿Entonces qué quieres que haga? ¿Quedarme con los brazos cruzados mientras te llueven amenazas y te golpean y...?
-¿Es la primer amenaza que recivo por medio de tí y ya piensas en que me matarán?- por fin dibujó una media sonrisa. -Vamos, no pasará nada. ¿Sabes por qué? Porque tengo una razón por la que luchar ahora, y esa razón es lo suficientemente fuerte para no djarm evencer tan fácilmente.
La habitación se quedó en silencio, dejando entrar como leves susurros los ruidos de fuera.
En mi mente seguía viva la idea de salir detrás de la rubia y matarla por lo que acababa de hacer, pero el tacto de Bill me hacía permanecer ahí,  frente a él. Se había convertido en mi tranquilizante; en mi encierro... en una jaula para el animal en que me había convertido.
-Tom... ¿podrías... quedarte conmigo? Quiero que me abraces... quiero olvidar todo.- sin decirle nada, fui a la puerta y la trabé con seguro. Así su hermana ni nadie podría entrar. Me fui a su lado, acostándome junto a él, teniendo cuidado de no lastimar más su mano.
-¿Le diste batalla?
-Un poco. Intenté safarme, pero sólo me lastimé.
-Chico tonto.
-¿Soy tonto después de hacer...?- lo besé. 
-Eres tonto por meterte en líos por culpa de un mercenario.
-Entonces soy el tonto más felíz del mundo... Idiota.- sonrió.
-¿Idiota yo? ¿Y por qué?
-Porque te enamoraste de un chico tonto... y será por eso que éste va a ser tu último trabajo, ¿no? Dejarás la "buena" paga que te daban y serás un chico común y corriente.
-Seré el guitarrista de una banda que será famosa. Eso no lo hace cualquiera.- sonreímos.
Nos dejamos llevar por la música que se apagó con el paso del tiempo; escuchamos las voces de nuestros amigos; los toques en la puerta de Jenni, que se cansó al creer que su hermano estaba dormido; oímos a los autos alejarce... y la voz de Michel en la entrada de la habitación. -Buenas noches, chicos.- el único que parecía saber que estábamos juntos sin equivocarce.

La luz del sol se dejó caer de lleno sobre mi rostro, despertándome. Giré mi rostro, viendo a Bill a mi lado: dormido tan apaciblemente... como si nada hubiera pasado anoche... tan dulce, tan tranquilo, tan... tan frágil e indefenso...
Me  puse de pie, él se movió un pooc,tallándo sus ojos e intentando enfocarme contra la luz. -Mmm... ¿a dónde vas?
-Tengo que salir a caminar. Volveré pronto.- Dejé un beso en su frente antes de salir.
Me fijé en las habitaciones: Jenni no estaba. Meor paa mí, pues podía salir de ahí sin ser visto.
Caminé hasta la casa de Nathaly. -¡Tom, acá!- Fantástico: Jenni estaba con ella en el patio trasero. Traté de sonreir a manera de saludo. -Anoche te fuiste sin despedirte de mí... qué malo eres.- me abrazó.
-Lo siento, nena. Recibí una llamada urente y tuve que irme.
-¿Algo malo con tu hermano?
-No. Fue del trabajo.
-No me habías dicho que trabajabas.
-No me has terminado de conocer, pequeña. Ya después te contaré todo de mí, ¿si? Ahora tengo que hablar vcon ella.- dije señalando a la maldita zorra que sostenía una manguera. -¿Puedes dejarnos solos un momento?- me besó en la mejilla; le dijo a su "amiga" que iría por una bebidas y entró a  la casa.
-Tom, hola. ¿Qué te trae por aquí?
-Tú lo sabes. ¿Qué hace Jenni contigo?
-¿Qué mejor manera de llegar a su familia y sobre todo a su hermano que ganándomela?- sonrió de manera cínica. Me enfureció; la tomé de lo razos, agitándola un poco fuerte.
-¡Ni se te ocurra meterte con ella ni con Bill de nuevo! ¿Oíste?- no dejaba de sostener su sonrisa.
-¿O si no qué? ¿Me matarás como lo hiciste con tu padrastro? ¿Provocarás un accidente como hiciste con el padre de Bill?
-¿Qué? Estás loca.
-¿No lo sabes? El accidente que provocaste lo mató. Ese es el riesgo que se corre al no saber el nombre o algo más de tu víctima que no sea el precio que te pagarán por sacarlo de en medio.- la solté. Recuerdos de un accidente en mitad de la noche, en la carretera del condado vecino golpearon mi mente. -¿No me crees? deberías preguntarle a Bill los detalles de la muerte de Gordon.
-No te creo.
-La realidad es f´ragil, Tom. Igual que tu chico... igual que la vida: si dices una sola palabra, puedes cambiarlo todo.

martes, 25 de enero de 2011

Tentación

(Tom)

Me enamoré del chico más tonto que pude haber encontrado, ¿por qué? ¿Por qué demonios me había enamorado? Yo, que había pometido... que había jurado no volver a hacerlo y que creía haber matado mi corazón con su último aliento... Ah... soy el idiota más grande del mundo.
-Tom.- La mano de Bill pasó por mi rostro, trayéndome a la realidad. -¿Desde cuándo lo sabe?
-Si te molesta que lo sepa, lo siento. Tenía que decírcelo a alguien y él es el más confiable que conozco.
-Está bien, niño: no le diré a nadie. Thomas es como mi "hermano menor" y tengo que cuidar de él. Siempre rebelde; agresivo; busca pleitos... siempre tengo que andar detrás de él para cubrirle las espaldas.
-Sabes que no necesito niñera.- dije en tono de fastidio.
-Tu actitud me dice lo contrario.
-¡¡¡¡Tom!!!!- Ceci salió casi corriendo de la casa, casi tropezando con nosotros. -Creí que Gus... oh, tienen compañía.
-Buenas noches, señorita.- incluso Michel actuaba "formal y educadamente" frente a algunas personas como por ejemplo, las chicas. Éramos un par de dobles caras bien entrenados por la vida misma. Eso resultaba bastante útil en todos aspectos menos, claro está,cuando te enamoras.
El fortachón sepresentó con toda la elegancia que podía, haciédome reir bajo al igual que a Bill. Ella ni siquiera le devolvió el saludo... vamos, ni siquiera sonrió.
-Nathaly te está buscando, Billi.
-No quiero verla, lo sabe.
-Tiene que hablar contigo de lo que pasó en su casa... y parece que es urgente.
El pelinegro... mi chico... suspiró. Dió media vuelta, para regresar al interior. -Espera, ¿qué crees que haces?
-Tal vez las cosas se arreglen hoy.- sonrió y se perdió en la multitud.
-Parece que la fiesta está bastante buena, chico.- Michel comenzó a moverce de un lado al otro... creo que intentando bailar. Ridículo.
-Si quieres hacerte el ridículo o el interesante, mejor pasa. ¿Quieres ser el centro de atención? Adelante, puedes entrar.- no lo pensó dos veces y entró, directo a la "pista de baile". Pobre: sólo será el hazme reir.
-Tomi, ¿podemos hablar?
-¿Qué quieres?- pregunté de mala gana, tomando un nuevo cigarrillo.
-Sabes que no me gusta que fumes.
-No eres mi madre. Déjame en paz.
-¿Cómo puedes decir eso? Tú no sabes lo que una madre te diria porque jamás has tenido una.- En otro tiempo... digamos, cuando todo ésto empezó, sus palabras me hubieran hecho hervir la sangre y darle un buen golpe para que no lo volviera a decir. En éstos momentos, mi alma ya no sentía nada: podían insultar o acribillar la memoria de mi madre, de mi padre... la mía misma y no me harían sentir nada... sólo un pequeño sentimiento de ira recorriendo mis venas, pero nada que me hiciera agredirlos.
-¿Qué quieres?- repetí.
-Hablar.
-Habla entonces.
-Aquí no, ¿Podemos ir a otro lugar?- dudé un poco. Lancé la vista al interior: todo era un pandemonium, pero me pareció que las habitaciones de arriba estaban en calma.
Nos abrimos paso entre los chicos. Michel se acercó. -¡Iremos arriba! ¡Dile a Bill que estaré con él después!
-¡Tu chico está muy ocupado con una rubia, Tom! ¡Deberías cuidarlo más!- Apenas escuché la última frase, pues Ceci me jaló del brazo,directo a las escaleras. Traté de regresar, pero ella no me dejó.
Nos metimos en la tercer habitación a la derecha y, por las fotografías que habían en las paredes, me dí cuenta que que era la habitación principal.
-¿Qué quiso decir con "muy ocupado con una rubia?
-Déjalo, quizás sólo están hablando.
-Ajá... ¿crees que nací ayer?- puso sus manos en mi abdomen, viendo fijamente mis ojos. -¿Qué haces?
-¿Por qué, Thomas? ¿Por qué me has cambiado por un maldito niño marica? ¿A caso ya no te gusto? ¿Ya no te prendo como antes?
-Sólo ya no quiero liarme más contigo, nena.- fue baando más y más sus manos, hasta llegar a mi entrepierna.
Sabía mis puntos de debilidad a la perfección... dejándome sin armas frente a ella.
Apretó mi miembro por encima de la ropa...  estaba cediendo, a pesar de tener la imagen de Bill en mi mente. -Dime que ya no te hago sentir nada; que ya no es lo mismo que la primera vez... ¿la recuerdas? Dime que has olvidado esa noche y me voy...
Los recuerdos se movieron en el interior de mi mente, regresándome a aquella vez en su casa, medio año después de haber causado el "accidente" en casa de mi "querido padrastro".

.........................Recordando.................................
La madre de Andy soltó toda la verdad frente a él: era adoptado. La razón por la que "él" nunca me quiso; el distanciamiento de ella... Que me habían encontrado abandonado... la lástima había sido el factor principal de que me aceptaran... la obligación de darle cobijo a un desgraciadao hijo de desconocidos no reconocido por ellos...  lo que siempre había dado vueltas en mi cabeza lo había confirmado: toda la realidad en la que había vivido tanto tiempo era una mentira.
Andy trató de detenerme diciéndome que para él yo siempre iba a ser su hermano.
-No es suficiente.- me escapé de ahí, azotando al puerta detrás de mí; suprimiendo las lágrimas y la ira... no quería cometer lo mismo con ellos.
Caminé hasta una cantina cercana: ya conocía al dueño, hací que no había problemas en conseguir bebidas. Me preguntó varias veces el por qué de mi actitud sin conseguir respuesta. -Sólo sirveme más y no hagas preguntas.
Media noche... una de la madrugada... las dos... las tres... Las botellas habían escaseado, al igual que su paciencia y la clientela.
Me echó de ahí, temeroso de que comenzara algún pleito por cualquier tontería. No opuse resistencia. Caminé por la calle, pasando frente a la que fue mi casa. Me puse de pie, tratando de no caer y sosteniendo bien la botella. -Mejor hubiera sido morir de frío en la calle. ¡Todo es una mentira!- tomé un trago. -¡La vida es una mentira! Una cruel mentira... Una mierda... eso es lo que es...- sentí un par de lágrimas resbalar por mi rostro. "No vale la pena llorar por estupideces." dije en mi interior, secándolas.
Si no había llorado ni cuando recibía los golpes y las humillaciones de "él" en un rincón del sótano, no iba a llorar ahora.
Necesitaba olvidarme de todo. Me fui de largo, llegando a casa de Ceci. Toqué, ella abrió, con su batilla de dormir. Se veía tan linda... como siempre. -¡Tom! Mírate nada más... ¿qué te ha puesto así?- Me tomó apenas comencé a tambalear un poco y me dirigió a la sala. No me gusta verete así, nene.- nos sentamos juntos en el sofá.
-Ceci... yo...
-¿Qué te pasó para que te pusieras así?- Siempre ví en ella algo atrayente, y en ese momento, podía mostrarlo sin remordimiento.
-Mi mundo se derrumbó.- no dijo nada. -Mi realidad es una mentira... todo se ha ido a la jodida mierda... Todo terminó.
-Tom, no sabes lo que dices.
-Claro que sí.- Me preguntó qué quería decir. No le dí le gusto de saber más cosas que era adoptado. Tomó mis manos entre las suyas, diciéndome que tenía todo su apoyo y que contaba con ella para seguir sin darle importancia a eso.
Comenzó a hablar y hablar... en mi mente no escuchaba sus palabras, sólo veía el movimiento de sus labios.
Me estaba hartando, así que la callé con un beso. -¿Qué haces?
-Nada.- volví a besarla.
-Tom, no podemos.
-No somos primos...
-No debemos...
-Tú y yo no somos nada... ya no hay nada que nos pueda impedir ésto.- seguí besándola. Temrinamos recostados en el sofá, con ella debajo de mí... teniendo sexo como pocas veces lo tuvea lo largo de mi vida...

....................................................................................
Mi mente regresó de golpe al tiempo actual. Ella tenía una manosobre mi miembro, ya despojado de las prendas.
Lo masajeaba tan bien... peor no podía dejarme tentar. -Ceci... por favor...
-Anda, dime que no te gusta y me voy.
-Yo... yo...- en un movimiento brusco la quité de encima. Me volví a poner la ropa. -Escucha, Ceci...
-Tú no puedes dejarme así.
-Escucha...
-¡Tú no me puedes hacer ésto!
-¡Escúchame bien, niña caprichosa!- la tomé de los brazos, poniéndola de espaldas contra la pared, obligándola a verme fijamente. -Escúchame bien: yo ya no te puedo cumplir tus caprichos, niña. Ya no soy más el chico que la verdad dejó al descubierto.
-¿Por qué? ¿Qué tiene ese marica que yo no tenga?
-Algo que jamás había encontrado fuera de Daniela: amor.- se rió.
-Qué iluso.
-Me enamoré, Ceci. No puedes competir contra eso.- la solté. Dí media vuelta, buscando en las habitaciones a Bill.
Los ruidos me llevaron a la habitación del fondo. Se escuchaba la voz de Nathaly, pero la de él... nada.
Abrí la puerta un poco, para ver cómo la rubia acomodaba su cabello y se ponía la blusa.
-No me digas que no te gustó, amor.- por el espejo se podía ver su sonrisa... y unas gotillas de sudor en su rostro. -No seré el idiota de tu "chico", pero apuesto que fue mejor que lo que él te hace.
Por fin, su voz se escuchó de manera fuerte y grave.... bastante enfadado. -¡¡¡Lárgate de mi vista y no vuelvas a aparecer en mi vida!!!

¿Qué demonios te ha hecho, Billi?

lunes, 24 de enero de 2011

¡¡Fiesta!!

(Bill)

Pasaron los días; se llegó el momento de la firma con la disquera. Mamá estaba súper féliz, igual que Jenni.
-¡Hey, Bill!- Georg se nos acercó después de haber hablado con un pequeño grupo de "admiradoras". -¿A qué hora la fiesta?
-¿Cuál fiesta?
-¿A caso no vamos a celebrar?
-Pues... eso estaría bien, pero no sé...
-Bill, cariño...- mamá escuchó. Se acercó de la mano de Mattew. No pensaba decirle nada después de lo que Tom me dijo, pero a mi madre se le había hecho buena idea invitarlo. -...estaremos fuera algún tiempo, así que puedes utilizar la casacomo te plazca.- ofreció sonriendo.
-¿Y se puede saber por qué te ausentarás de nuevo?- crucé los brazos, evitando verlo.
-Bueno, ya sabes: motivos de trabajo, chico.- Sí, claro...
En mi interior acallaba esa vocecilla que quería gritarle: "Si te metes con mi madre ya verás lo que es bueno."
-¡¡BILL!!- Jenni venía de la mano de Tom. -¿Habrá fiesta? ¿Verdad que sí?
-Pues... eso creo.
-La habrá, mi vida.- ambos sonrieron.
-Matt: debes cuidar mucho de mamá, ¿de acuerdo?- pidió al ver lo contenta que estaba. Él asintió. La tomó de la mano y desaparecieron de nuestra vista.
Tiempo después ya estaban con las maletas en su auto y nosotros en la entrada, viéndolos partir. -¡Adiós! Se divierten.- gritaba Gustav a manera de despedida. Le dí un pequeño golpe en el estómago, haciéndolo callar. -Creí que te agradaba.
-Eso era antes.- no me dijo nada.
-Bueno, hora de divertirce.- Geo se lanzó al interior de la casa; se acomodó a un lado del teléfono y marcó algunos números.
-Que no sean muchas personas, ¿de acuerdo?
-Sólo serán amigos cercanos.- sonrió. -Ea, Tom, ¿tu hermano está disponible? Le haría bien venir un rato.
-No está en casa. También está en uno de sus "viajes de negocios".
Mi hermana se dejó caer en él. Yo  los observaba en silencio. -¿Y tu prima? No me digas que ella también tiene planes.
-No sé si haya salido... tal vez no la encuentres en casa.
-¿Invitaremos a Nathaly?
-¡No!- Tom y yo gritamos al mismo tiempo, atrayendo las miradas de los tres. -No... no creo que pueda venir...- tartamudeé.
-Está bien... pero saben lo mal que se va a poner si sabe que no le dijimos nada... sobre todo después que faltamos a su cumpleaños.
-Creí que no les agradaba.
-No mucho, pero ella sí que sabe dar una fiesta.- volvió a las llamadas.
-Tocarán algo, ¿verdad hermanito?- sonreí a manera de respuesta.
-Listo. Ahora a esperar.
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-¡¡BILL!! ¡¡BILL!!- los gritos de Georg apenas se escuchaban entre el ruido de los asistentes. -¿Qué te parece? Buen ambiente, ¿no?- me gritaba a pesar de que estábamos relativamente cerca, pues la música estaba a todo lo que daban las vocinas.
-¡Dijiste que eran unos cuantos amigos!
-¡Bueno, esos amigos invitaron a algunos conocidos, que a su vez invitaron a otros  y ellos...!
-¡¡YA ENTENDÏ!!- alguien me jaló desde detrás. -¡¿Pero qué...?!
-¿Tocarás o no?- Ceci venía de la mano de mi hermana, quien ya la trataba como si fueran amigas desde siempre.
-¡Le dije a tu novia que tocarían un poco!
-¡¿MI QUË?!
-¡¡TU NOVIA, Grandísimo tonto!!- dijo ella divertida. No le repondí; dí media vuelta, en dirección a Tom, quien estaba rodeado de chicas.
-¡¡Hey!!- giró a verme, retirando su mano de la cintura de una de ellas. -¡Si no te molesta, tocaremos un poco!
-¡Genial! Ya veran el talento puro, nenas.- No ubo necesidad de escucharlo: el movimiento marcado de sus labios delataban sus palabras. Cínico.
Los chicos se nos unieron en el centro de la sala. Cada quien tomó su instrumento y la música comenzó a sonar más fuerte... creí que los vidrios estallarían.
Empezé a moverme de un lado al otro del escenario, sin acercarme a Tom... sin interrumpir el contacto que tenía con sus "admiradoras".
En un par de ocaciones trató de acercarse a mí... mas lo ignoré, dándome la vuelta y mirando a otro lugar.
Todos los presentes cantaban a todo pulmón, lo que me hacía olvidar un poco de todo... hasta que el idiota deThomas logró acercárceme. -¿Qué te traes?
-Nada.- dije retirando un poco el micrófono.
-¿Por qué no te acercas?
-Qué te importa.- le dí la espalda, lléndome con Geo.
La canción terminó. Crucé el mar de invitados y salí un poco al patio. Busqué entre los arbustos, dando con la sajetilla que escondía. Tomé un cigarrillo y lo llevé a mis labios.
-Creí que no fumabas.
-Y yo creí que no volvería a hacerlo.- Busqué fósforos o mi encendedor, pero nada.
-¿Quieres fuego?- Jenni sacó de entre su chaqueta un pequeño encendedor. Me vió fijamente mientras lo encendía, con gesto de desaprobación.
-Gracias. Se puede saber ¿por qué andas cargando eso?
-Por los viciosos que están a mi alrededor.- retiró el fuego de manera brusca.
-Tú no fumas... ¿o sí?- sonrió burlonamente.
-No. Es para molestar a las personas, en serio.- nos sentamos en el pasto. -Muchas veces me ha dado tentación de probarlo, pero siempre termino por no hacerlo.
-Haces bien. Ésto es adictivo... igual que los dulces.- sonreí.
-Sí, claro... quizás para tí, chico glotón. ¿Desde cuando?
-Desde que Gordon murió.- dejé libre el humo. -Lo dejé un tiempo, pero creo que no del todo.
-Nunca te había visto así.
-Ni mamá. No sabe de ésto,así que...
-No le diré... si me dices por qué.- giré mi vista al interior: Tom estaba "atorado" a unos pasos de nosotros. Ella me imitó. -¿Es por él?- no respondí. -Te ha hecho enfadar.
-Digamos que sí.
-Ustedes, chicos tontos, se enfadan por cualquier cosa. ¿Por qué no hablas con él?
-No... tal vez después.
-Bueno, me voy.- se úso de pie, acomodando su cabello detrás de las orejas. -REgresaré con tu novia. Me cae bien.- sonrió.
-No es mi novia.
-Tu NOVIA es muy simpática.
-Ya, ya. ¿No te ibas?- me sacó la lengua y me dejó solo, dejando a un lado el encendedor.
El cigarrillo lo consumí por completo. Saqué otro y lo encendí. Estaba tan nervioso... -¿No me regalas uno?- Tom se acercó por detrás. Le tiré la cajetilla a sus pies, sin voltear a verlo. -Qué modales te cargas, niño.
Se agachó por el paquete y un poco de fuego. -¿Por qué te molestas?- no respondí. -¿En verdad te enfadas si estoy con chicas?- rió.
-No me importa  con quién estés. Por mí puedes revolcarte con cuanta persona se te ponga en frente.
-No es mala idea... tal vez la ponga en práctica.- se sentó a mi lado. -Vamos, Billi...
-No me llames así.
-Billi: sólo son "amigas".
-Entonces regresa con ellas. Te veías contento abrazándolas.
--Por favor, niño...
-¡Thomas!- una voz gruesa sonó desde la entrada que daba al patio. Se puso de pie, dejándome por unos momentos y regresando con un tipo alto y fortachón... con cara de pocos amigos. -Así que tú eres el famoso "Bill", ¿eh?
-Sí... ¿quién eres tú?
-Amigo de Thomas y trabajador del señor Mattew.- estrechó mi mano a manera de saludo. -Hay muchas personas que se preocupan por tí, chico. Y creo saber por qué.- clavó su mirada en mi rostro. -Pareces buena persona... espero que le puedas enseñar un poco de la vida a mi querido amigo.- sonrió. Parecía sincero... y bastante simpático.
-Bill, él es Michel. Trabajamos juntos hasta hace algún tiempo... nos separamos cuando él nos separó.
-Tuve que aceptar: la paga es bastante buena.
-¿Más que la que recibíamos?
-No... pero era hora de encontrar lugar en algo "legal".
-¿Llamas legal a eso? Para mí que no es muy diferente a lo que yo hago.- rieron.
Me dí cuenta que él parecía ser el único amigo real que Tom tenía. Su conversación... su sonrisa me hizo olvidar por completo mi molestia de verlo con esas chicas.
-¡Bill!- Gustav salió de la mano de una chica. -Y tú eres...
-Michel, mucho gusto.
-Es amigo de Tom.- estrechó su mano y se presentó, pero no sonrió. El simple hecho de ser amigo de él no le gustaba para nada.
-¿Y ella, Gus? ¿Es tu novia?- preguntó el rastafario, tratando de que le quitara la vista de encima a su amigo.
-Ehm... no. Es una amiga que acabbo de conocer...
-Ufhaa, mucho gusto.- la chica era linda y bastante risueña. Me agradaba. -Chicos: son grandiosos. De seguro tendrán muchos éxitos en ésto.
-Eso esperamos.- le respondí con una sonrisa.
-Am... Nathaly y Ceci los están buscando.- Gus la tomó de nuevo y regresó adentro sin esperar que dijeramos algo.
-¿Sus novias?
-No juegues, Michel. Sabes que yo no...- se quedó en silencio de pronto.
-Que tú no qué, Tom.
-No caeré en eso.
-Vamos, anda, dilo.
-¿Decir qué?- me atreví a preguntar.
-¿No se lo has dicho?
-No exactamente... no directamente, pero él ya lo sabe. ¿Para qué decirlo?
-¿Decir qué?- volví a preguntar.
-Que él no...- iba a decirlo su amigo, cuando Tom le tapó la boca.
-¡Si lo dices juro que te mato!
-Tomi...- volteó a verme. -...anda, dilo, quiero escucharlo.
Se puso rojo mientras lo soltaba despacio. -Yo no... yo no tengo novia. Sólo...- pasó saliva. -...sólo un chiso... am... un chico muy especial en mi vida.
-Dilo bien, Tom.- se reía de su nerviosismo. Tom cerró con fuerza los ojos.
-Me enamoré de un chico.- me enterneció el gesto que dibujó al decirlo. Michel se mostró satisfecho. Me acerqué y besé su mejilla.
-Me he enamorado de un asesino.- abrió los ojos.
-Y yo me enamoré de un chico tonto.

jueves, 20 de enero de 2011

Temores

(Tom)

-Y tuve... se supone que tenía un gemelo...- una corriente de nerviosismo se apoderó de mi interior. Apreté los puños y bajé la vista, tratando que no encontrara mi mirada.
-¿Y sabes qué pasó con él?- en éstos momentos le daba gracias a "papá"  por enseñarme a ocultar mis emociones debajo de una mirada indiferente y fría.
-Mi hermano...- mi espíritu se sobresaltó al escucharlo decir eso. Contuve la respiración, esperando que no dijera lo que tanto me temía y dejara mi mundo tal y como estaba ahora. -...él... murió al nacer.- dejé escapar el aire en un suspiro aliviado. -Nunca me lo había dicho.
-Porque nunca lo preguntaste.- fui relajando más mi cuerpo. -Ella no tenia por qué decirte algo que sabía te iba a confundir... o a entristecerte.
-No me lo dijo por eso. Estoy seguro que "él" tiene que ver en eso.
-¿Crees que él pudo engañar a tu madre con eso?- asintió, desviando la mirada a sus espaldas.
-Tom, quiero saber si en realidad murió o sigue por ahí.- mi corazón comenzó a acelerar su ritmo. -Si sigue vivo, me gustaría conocerlo.- volvió el rostro a mí.
-¿Qué te hace pensar que lo está?
-Mi madre dijo que nisiquiera pudo verlo. ¿Cómo puede estar tan segura que en verdad lo perdió?- Tomó una de mis manos entre las suyas al tiempo que mi vista se desviaba a un lado. -Tú tienes contactos, ¿cierto?
-Cierto.
-¿Podrías... podrías ayudarme?
-¿Qué?
-Tú sabes: quizás puedas ayudarme a saber si estoy en lo correcto o no.- se quedó en silencio un momento. -Sé que estás ocupado vbuscando a tu familiay eso, pero si puedes... si quieres...
-¿En serio quieres encontrarlo?
-Sí. Me gustaría saber qué fue de él; si es feliz, si se la ha pasado bien todo éstos años. Me da curiosidad por saber cómo es y...
-¿Y si en verdad está muerto?- la chispaque había brotado en su mirada se habia apagado de golpe.
-Bueno, si él ya no está... me gustaría ir a su última morada.- me enterneció tanto su gesto que terminé aceptando.
-Hace frío. Ven.- lo llevé hasta mi auto, metiéndonos en la parte trasera, poniéndole mi chamarra encima.
Nos abrazamos en silencio. -Tom, dijiste que seguiríamos hablando.
-¿De qué quiers hablar?
-¿De qué quieres contarme?
-No lo sé. Pregunta y te respondo lo que quieras.
-Empezaste con ésto muy joven. ¿Por qué?
-Bueno...- dejé mis manos a los costados,dejando que él me sostuviera fuerte. -...cuando m eví lejos de la que fue mi familia, no tenía a dónde ir. Estuve tanto tiempo en las calles, tratndo de sobrevivir, hasta que alguien me tendió la mano y me ayudó a adaptarme al mundo: me enseñó a defenderme y me ayudó a reconstruir mi mundo y me dió una opotunidad en ésto.
-Pero ¿por qué?
-Cuando creces con rencor no hay manera más fácil de sacarlo que mediante el dolor ajeno, Bill. Para mí se convirtió en el mejor escape el ver cómo las personas que no tenían valor suficiente para vivir dejaban de respirar frente a mí.- pude sentircómo temblaba.
-Si por alguna razón alguien te pidiera que me...
-Prefiero que me maten antes a mí.- antes que siguiera con la pregunta típica de todos "¿por qué?", le rspondí. -Porque tú me has enseñado algo más allá de lo que conocía; te convertiste en mi reten y cambiaste mi mundo por uno mejor... y, supongo que te lo agradezco. Tú sí mereces vivir sin sifrimientos... yo podría pudrirme en el infierno si con eso lograra salvarte del dolor y las injusticias de la vida.

miércoles, 19 de enero de 2011

Pasado

Ya en el aeropuerto, decidí caminar un poco por entre las bancas, pensando en lo que me había dicho de Matt; en los problemas que tenía con Ceci; en la firma del contrato; en la escuela... en tantas cosas...
Jenni había bajado del auto platicando con Tom, así que no sentiría mi ausencia.
Las personas que pasaban a nuestro lado en la entrada no nos quitaban la vista de encima, con lo que las palabras de Geo regresaron a mi mente: "En serio, Bill: ¿no tenías un gemelo? ¿algún hermano del que no te hayan hablado?"
-El que Tom haya sido abandonado al nacer y se parezca a mí no tiene nada que ver.-  caminaba de manera errática frente a los negocios, viendo a la gente pasar. -Mi madre nunca habla de nuestra vida antes de Gordon... ni siquiera de lo que pasó con Jenni.- suspiré, dejándome caer en una silla, frente a la mesa de una cafetería. -¿Y si guarda más secretos?
-¡Bill!- mi hermana corrió hasta mí; me jaló del brazo mientras me decía que el avión donde viajaba mi madre acababa de llegar.
Se situó entre Tom y yo. Él no le quitaba la vista de encima, sonriendo por su reacción. -¡Mamá!- gritó a penas la vió acercarce. Corrió a barazarla; yo ni siquierame moví.
-¿Qué esperas?- Tom se acercó a mí, colocando una de sus manos en mi espalda. -Anda, ¿tienes días sin verla y ni siquiera la irás a recibir como tu hermana?
-Cuando tienesvarias cosas llendo de un lado al otro de tu cabeza no puedes reaccionar como esperas.
-Entonces te ayudo.- me empujó, haciéndome caeren los brazos de mi madre.
-¡Bill! Mi niño, ¡Qué gusto verte de nuevo!- siempre era lo mismo cuando regresaba de viaje: parecía como si no nos hubieramos visto en años.
No devolví el "saludo", sólo sonreí. -¿Tuvo buen viaje?- Tom se acercó con una enorme sonrisa en el rostro.
-Sí, muchas gracias, Tom.- caminamos a la salida,ambos con su equipaje mientras Jenni la bombardeaba con preguntas.
Subimos al vehículo de Tom: mi madre en la parte delantera, haciéndole compañía y mandándonos a nosotros a la parte trasera.
En todo el camino me dí cuenta de que no le quitaba los ojos de encima, al igual que la pequeña lata que iba a mi lado, empujándome la mayor parte del camino.
Nos dejó en casa; ayudó a meter el equipaje y se quedó a comer mientras ambas mujeres lo mimaban como no han hecho conmigo en mucho tiempo, así que puedo decir que me sentía un poco desplazado, pero los pensamientos me alejaban un poco de l asituación, así que no lo sentí mucho.
Se ufue cerca de las cinco, después de haberce despedido de mí con un beso, prometiéndome que regresaría por la noche. -Tienes que estar atento cuando llegue, ¿si?
-¿Qué tienes en mente?
-Bueno...- pasó su mano por mi rostro. -...hay unaplática pendiente. Además, no quiero quedarme en casa con Ceci.- sonreí.
Esperé a que su auto se perdiera a lo lejos. Abii había invitado a mi pequeñahermana a quedarce en su casa, así que podría hablar con amá de mis inquietudes.
Fui directamente a su recámara, donde estaba desempacando. -Mamá, ¿podemos hablar?
-Claro, cariño. Pasa.-Me recargué en su tocador, viendo las fotografías de cuando éramos niños y teníamos días felices... como cualquier familia.
-Bueno, quería preguntar... quería saber de algo... y en verdad me gustaría que me respondieras con la verdad.
-Bill, sabes que puedes preguntar lo que sea.
-Quiero saber demi padre.
-Bueno, sabes todo de él. ¿Qué es lo que te preocupa?- sonrió.
-No de Gordon. De mi padre biológico.- sus manos se quedaron quietas, dejando caer una de sus blusas en el interior de la maleta de nuevo. -Por favor, mamá.
-¿Por qué quieres saberlo? Sólo te hará daño.
-Es que... jamás hablas de él.
-No hay nada que decir de él, cariño.
-Por favor, quiero saber porqué no te gusta hablar de él. ¿Qué hizo para que te dejara tan herida?- suspiró. Dió media vuelta, dejándome ver su gesto de trsiteza. Me invitó a sentarme con ella, al tiempo que sostenia mis manos.
-Tu padre  no fue una buena persona, Bill. En cuanto se enteró que estaba embarazada de nuevo se marchó, después de haber hecho de mí una mujer que vivía en la depresión.- Sus ojos se pusieron vidriosos. -Sabes que fue Gordon el que nos sacó adelante sin importar las veces que le pedí el que se fuera, porque tenía miedo de vovler a caer en el mismo error con él.- Su voz temblaba. A pesar de haber pasado ya 18... casi 19 años de eso la herida seguía fresca en su interior. Jamás la había visto así. -Lo que vivimos a su lado fue tan doloroso...
-¿Por qué se fue?
-No quería más responsabilidades... y estaba metido en líos de apuestas y esas cosas.
-Yo... quiero saber otra cosa.- me vió fijamente, con temor de que fuera a abrir más la llaga. -No es de él.- apreté los labios, tratando de juntar el valor para plantear la pregunta. -Desde que Tom llegó, no deja de darme vueltas en la cabeza algo...- pasé saliva. -...Mamá: ¿tenía un hermano? ¿Un gemelo?
Las lágrimas dem i madre comenzaron a salri mientras asentía con la cabeza. Una corriente de electricidad bajó desde mi nuca hasta mis piernas, erizando cada parte de mi cuerpo. -Y... ¿Qué pasó con él? ¿Dónde está?
-Murió poco después de haber nacido, Bill.- una bomba de nervios estalló en mi pecho. -Los doctores dijeron que por falta de oxígeno... no logré verlo... no pude sostenerlo en mis brazos...- las lágrimas comenzaron a aumentar. -...Desde que Tom llegó a tu vida, no he podido dejar de verlo: mem imagino que si tu hermano viviera, tendrían una relación parecida.- Si en verdad supiera cómo nos llevábamos, no diría eso. -Se quieren, te cuida... todo un hermano mayor.
-¿Él era mayor que yo?
-10 minutos solamente.- sonrió. -Me imagino que siempre estarían juntos y jamás te dejaría caer... y que con él a tu lado, no te meterías en tantos problemas. En cierta forma, me alegra que ese chico haya llegado a tu vida. Espero que nunca se separen. No quiero perderte a tí también.
-Él prometió cuidarnos a Jenni y a mí, mamá. No te preocupes.- la abracé y me disculpé por haber preguntado.
Salí de ahí, dejándola sola, con sus recuerdos.
Salí al patio, esperando que llegara Tom. Escuchando los autos pasar; viendo como el cielo se oscurecía; adirando la salida de la luna... imaginándome cómo sería mi hermano... cómo serian nuestras vidas si "él" no hubiera lastimado tanto a mamá... cómo sería yo si él hubiese estado ahí para protegerme y sostenerme cuando estaba débil.
Los faros de un auto iluminaron un poco mi rostro. -Tom...- susurré. Me puse de pie y abrí lapuerta que daba al patio trasero.
-Hola, Billi.- me besó a manera de saludo. Se concentró en mi rostro; puso sus manos en mi cintura y me preguntó el por qué de mi gesto.
-Le pregunté a mi madre de nuestro pasado...antes de Gordon.
-¿Y?
-Resulta que mi padre era un maldito engendro que lastimó muchísimo a mi madre; no recuerdo de lo que me hacía a mí, pero por lo que ví en sus ojos, no fue nada agradable. Y tuve... se supone que tenía un gemelo...

lunes, 17 de enero de 2011

Amenaza

-...se metió con algo que quiero y que lleva mi nombre en su cuerpo.- lo djo de manera sombría, con su mirada clavada en mí.
 -¿Desde cuándo soy de tu propiedad?
-Desde que aceptaste estar conmigo; desde que me pediste que te contara de mí y me aceptaste a tu lado.
Tenía razón. Me quedé callado, sumergiéndome en el silencio del rededor, hasta que él siguió hablando. -Si se hubiera mantenido al márgen de las cosas que sucedían con su padre, a Matt le hubiera sido indiferente, pero no: tenía que continuar con el trabajo de su padre y además, meterce contigo.
-¿Quién te lo pidió?- me pareció reconocer el nombre, pero quería estar seguro. Levantó una ceja mientras me respondía.
-Matthew... no sé qué. Soy malo para recordar los nombres completos.
-¿Sabes a qué se dedica?
-Es un empresario, pero no recuerdo a qué se dedica exactamente. Lo que sí sé es que tiene contactos en varias partes y distintos mundos del espéctaculo, como eso de la moda.- si era el tipo que creía, tenía que andar con cuidado y buscar la manera de decírcelo a mi madre. -Me han dicho que está detrás de tí. ¿Qué tienes que ver con él?
Mi nerviosismo aumentó de manera conciderable. Se acercó despacio, tomó mis manos, tratando que no temblaran entre las suyas. -Vamos, dime. Tengo que saber si es cierto lo que me dijeron.
Mis labios temblaron al hablar. -Él es... es el jefe de mamá.- sentí que el cuerpo dejaba de temblar cuanto él se aproximaba más y más. -Es como de la familia. Siempre ha estado aquí para ayudarnos en los momentos más difícilies. ¿Por qué él...?
-Nunca puedes conocer del todo a las personas, Bill.
-Pero él es bueno con nosotros, Tom. Jamás haría cosas así.
-Ha hecho cosas malas que ni siquiera imaginas.- me dejé caer sobre su pecho. Él, el chico que se había ganado un lugar en mi corazón estaba destruyendo por completo la imágen que tenía del que se había convertido en una especie de "ángel guardián" para mí. -Es mi cliente más frecuente, así que conozco cosas de él. ¿Quieres saberlo?- negué con la cabeza, escondiéndome entre los pliegues de su ropa.
-Es mejor vivir en una mentira feliz que ver la cruda realidad, Tom. Si lo que sabes es algo muymalo, prefiero seguir creyendo que él es bueno y protege a mi familia.
-Bueno, en lo último estás en lo correcto: él te quiere y por eso le urge que termine con ese tal "Ronald". Le preocupa que te haga daño.- apreté los puños. -¿Por qué se preocupa tanto por tí?
-Reemplazó el dolor de la muerte de mi padre.- dije conteniendo las lágrimas. Él había muerto hacía varios años, pero aún no lograba superarlo.
-No me habías dicho eso.
-Nunca puedes conocer del todo a las personas, Tom.- me rodeó por completo con sus brazos, brindándome mayor seguridad y confianza.
-¿Quieres contarme?
-Si prometes terminar de contarme lo que te pasó, sí.- él parecia que era el único con el que podía sentirme en confianza para que mi corazón se pudiera liberar del peso que me había dejado el paso del tiempo.
-Lo prometo. De todos modos tendrás que saberlo tarde o temprano.
Suspiré. -A mi padre jamás lo conocí. Dos años después de que nací mi madre se casó con Gordon y pasó a ser mi padre.... el único que reconocía como padre, pero por un negocio lo puso en la mira de unos tipos y nada terminó bien.
-Lo mataron.
-Provocaron un accidente.- una lágrima cayó en su playera. -Murió días después en el hospital, de un paro cardiaco.
-Lo lamento.
-Han pasado casi cuatro años y aún no logro olvidarlo.
-¿Y tu hermana?
-Ella también lo sintió, pero creo que ya lo superó. Nunca hablamos de eso.- la puerta se abrió a nuestras espaldas.
-Tom...- la voz de Ceci era baja. -...te buscan en la entrada, cariño.
Subí mi rostro: su cara mostraba fastidio. -Ya bajo. Bill, tranquilo, ¿si? todo estará bien.- asentí.
Nos separamos despacio. Tom salió, dejándome con su prima, quien cerró la puerta con seguro y se acercó a mí. -Nathaly me dijo que no fuiste a su fiesta.
-Creí que ustedes no se llevaban.
-Te sorprendierería lo que las mujeres pueden lograr con un punto en común.- me tiró en la cama, colocándoce encima de mí y poniendo un dedo sobre mis labios, para indicarme que me mantuviera callado.
-¿Sabes? Si hay algo que tenemos en común es que los dos queremos a Tom. Yo llevo todas las de ganar porque soy linda y fui la que lo sacó del abismo en el que se había metido al saber que era adoptado. El problema es que no sé qué demonios tienes tú que yo ya no le intereso.- Mis ojos se clavaban en su rostro. -Nathaly te quiere sólo para ella y no quiere compartirte con nadie; a mí me pasa lo mismo con Tom, y ambas sabemos lo que pasa con ustedes.
-¿Se lo dirán a todos?-no era que a mí me interesara: a mí me podían destruir o matar sin que me importara, después ya estaba acostumbrado al rechazo y al dolor, pero no toleraría ver a Tom sumido en ésto.
-No.- sonrió. -Tenemos otros planes en mente.- se bajó y aminó hasta la puerta.
-¿Qué piensan hacer?
-Sorpresa, ya verás.- salió, con una sonrisa en los labios.

jueves, 13 de enero de 2011

"Nadie semete contigo"

(Bill)
Otro día para faltar a la escuela... y el día en que mi madre llegaba de viaje.
Comencé a empacar mi ropa en  la mochila que había llevado mi hermana con lentitud. Quería volver a casa, pero no quería dejar a Tom. Tomé su playera entre mis manos, estrechándola contra mi pecho. -Puedes llevártela.- dijo él desde la puerta.
-No, gracias.
-¿Por qué?- no le respondí. Alargué la prenda hasta él; se acercó y la tomó. En lugar de quedárcela, la colocó sobre mi pecho, tomando mi mano de nuevo, colocándola encima. -Llévatela. Anda: ya es tuya.- me besó dulcemente.
Alguien tocó a la puerta. Nos separamos de inmediato. -Bill, ¿ya?- Jenni tampoco había ido a la escuela; había preferido quedarce con nosotros a empacar las cosas e ir a recoger a mamá.
-¡Hola chicos!- había invitado a Abii, quien de la noche a la mañana se había convertido en su amiga más cercana y, a decir vardad, era la única que me daba confianza: era la más responsable de su clase, así que con ella no tenía por qué preocuparme de que se metiera en problemas.v
-Hola.- sonreimos a manera de saludo.
-Bill, Bill, Bill, Bill, Bill....- como estaba de espaldas a ella, mi querida hermana hacía lo posible para llamar mi atención. Siempre hacía lo mismo y siempre terminaba haciéndole caso, porque me hartaba la paciencia.
-¿Qué, qué, qué, qué, qué?
-¿Ya?
-Falta como una hora, pequeña lata.- le respondí y volví a lo mío. Tom sonrió al ver su cara.
-¿Siempre es así?- preguntó él.
-No. A veces es más molesto y más antipático.- por el espejo que tenía en frente, pude ver cómo me sacaba la lengua. Qué infantil... aunque tengo que reconocerle que en eso nos parecíamos.
-Tranquila, molestia.- cruzó los brazos mientras yo sonreía.
-Abii: ¿me ayudas a terminar de guardar mis cosas?
-Ni siquiera has terminado lo tuyo y ya te quieres ir... tramposa.- su amiga y Tom rieron. Las chicas dieron media vuelta y se fueron.
-Es linda.- doblaba la playera para meterla junto con el resto de la ropa, pero parecía ya no haber lugar para ella.
-¿Quieres que me den celos?
-¿Celos? No sabía que eras celoso.- apreté los labios. No debí haberlo dicho.
-¿Quién es tu víctima ésta vez?- cambié de tema. La plática no era de mi agrado, pero no se me ocurría hablar de otra cosa.
-¿En seiro quieres saber?- asentí dudando. No sabía si me gustaría escucharlo, pero igual ya había preguntado.
-Tal vez tú lo conozcas: se llama Ronald.- la sangre subió d egolpe a mis sienes y sentí cómo mis manos se qudaron quietas. El sólo recordar su nombre me hacia sentir miedo.
-Yo... creo que... ¿por qué?
-Estaba en tu colegio, ¿no?- se dirigió al armario y de la parte de arriba bajó un sobre, de donde sacó unas hojas sujetas con una grapa. -Ronald Walter, 19 años. Oh, mira: es el atleta del colegio... pero se vemuy delgaducho... sin chiste.-dijo pasando las hojas lentamente. -¿Sabes por qué lo quieren fuera del mundo?- negué. -Es por haber nacido en la familia equivocada en el tiempo equivocado; por haber aprendido de su padre...- bien sabía yo que su padre había sido un tipo corrupto y que había muerto en un "accidente", pero no me imaginé que eso lo pondría en peligro. -...y por haberse metido con el chico equivocado.- susurró en mi oído, haciéndome temblar.
-¿A qué te refieres?
-¿Sabes qué tan malo fue su padre?- se separó de mí, dejando sobre la cama el sobre. -Fue el cerebro detrás del asesinato de muchas personas que le "estorbaban"; lavó dinero; se mezcló con personas que no debía... y terminó cayendo en manos del señor "Yo lo puedo todo".
-¿Tú...?
-Fue uno de mis primeros clientes. Ya sabes: buena paga, buen trabajo.- me quedé plantado en mi lugar. ¿Cómo lo podía decir así como si nada? -Sólo era cuestión de tiempo y paciencia y...
-Ya entendí.-le corté.No queria saber todos los detalles de su trabajo.
-Pero, ¿sabes qué lo hace diferente esta vez?- negué en silencio. -Que se metió con algo que quiero y que lleva mi nombre en su cuerpo.- lo djo de manera sombría, con su mirada clavada en mí.

miércoles, 12 de enero de 2011

Trabajo

(Tom)

Salí de la casa sin voltearlo a ver, pues sabía que si lo veía a los ojos me iba a arrepentir. Esta vez decidí no tomar mi auto: caminar estaría bien para pensar las cosas y la manera de decirles que éste sería mi último trabajo.
El dinero que iba a recibir por liquidar al pobre diablo sería suficiente para comprar algún lugar dónde instalarme por algún tiempo... quizás permanentemente, y llevar conmigo a Bill. El resto me serviría para poder pagar algún investigador y encontrar de una vez a los que me abandonaron al nacer.
No podía llamarles "padres" porque nunca lo fueron... ni siquiera se habían tomado la molestia de buscarme o de saber un poco de mí. No podía llamarles "señores" o "personas"... las personas no hacen cosas así con los hijos... hasta los animales tienen más instinto "paternal" que ellos... aunque supongo que yo tampoco me puedo llamar así, porque me dedico a terminar con los que se hacen llamar mis "semejantes".
-¡Tom, muchacho!- no me dí cuenta de cuándo llegué al lugar citado. El tipo se me acercó de manera amistosa, dejando caer su mano sobre mi ombro a manera de saludo. -No sabes lo que me costó convencerlos de que eras el indicado para el trabajo.
Desde que escapé de "él", Marcus me acogió en su casa; me dió una oportunidad de abrirme paso en el mundo, después de que la familia de Andreas me rechazó; me enseñó todo a cerca de éste negocio; me protegió y atendió mis heridas después de alguna pelea o de alguna traición. De cierto modo era lo más cercano que había conocido a un padre.
-Me dijiste que habían ofrecido el triple. ¿Es cierto o sólo lo usastepara traerme aquí?
-¡Pero qué dices, Tom! ¿Cuándo te he mentido?
-Sería la primera vez.- pero a pesar de la cercanía, tenía que andare con cuidado: él me había "educado" en éste medio, pero aún guardaba algunos trucos bajo la manga. Y con sujetos como él tienes que aprender a pisar con sumo cuidado el terreno, porque nunca es estable donde pones tus pies.
-Escucha, Marc, tenemos que hablar de algo.
-Será después, muchacho.
-Es importante, por favor.
-Ya te dije que después.
Un tipo vestido de manera casual y escoltado por dos grandulones con cara de pocos amigos estaba recargado en un elegante auto negro, examinándome de pies a cabeza. -Tom, me da gusto verte de nuevo.- lo dijo sin mostrar ninguna emoción. No era que lo esperara, pero incluso una sonrisa, aunque fuere hipócrita, siempre le quita un poco d etensión y pesades al asunto. -Mírate: hace tres años aún eras un niño.
-Eso es pasado, Matt. Ahora ya no soy un novato.
-Se ve. Bien...- frotó sus manos y fue directo al punto. -...hace tres años que dejamos algo pendiente, ¿lo recuerdas?- asentí. -Quiero que termines el trabajo.
-¿Ya saben dónde está?
-Te dije que no te llamaría a menos que lo encontráramos, para ahorrarte el trabajo y pudieras dedicarte a tu problema.- mis antecedentes y el problema de mis "progenitores" no era secreto para ellos: me conocían bien. No era incómodo para mí, sino todo lo ocntrario, ya que en caso de necesitar ayuda,podría recurrir a ellos sin que hicieran preguntas.
Uno de sus guardaespaldas sacó del interior delauto un sobre y lo puso en mis manos. -Bonito traje, Michel, ¿es nuevo?
-Concéntrate, chico listo.- respondió en una media sonrisa. Ambos trabajábamos juntos hasta hace dos años y medio, cuando el "importantísimo ejecutivo Matthew... no sé qué" (jamás fui bueno para memorizar los apellidos de mis clientes) lo contrató.
-Su nombre es Ronald. Vive al sur de la ciudad. Ya sabes qué hacer.- la fotografía de un chico pelirojo con ojos oscuros estaba en primer plano, engrapada a unas tres hojas de información. Era la primera vez que me daban toda la información... incluyendo la que me era inútil.
-Muy bonito. Terminaré ésto antes de que el fin de semana. ¿El dinero?
 Matt sonrió. El otro tipo colocó un maletín sobre el cofre del auto y lo abrió en cuanto me acerqué. Estaba tapizado de billetes de todas nominaciones. -Es sólo la mitad. Recibirás el resto al término, siempre y cuando hagas bien y limpiamente el trabajo.
-Nunca te he fallado.- cerró el maletín bruscamente y me lo entregó. Les dí la espalda, despidipendome de todos con un simple "hasta luego".
-Tom.- Michel me dió alcance; jaló un poco de mi brazo y me susurró al oído. -Tienes que terminar con él rápido.
-¿Se puede saber por qué la prisa?
-Éste Ronald... está tras un chico muy importante para Matthew.
-¿Su hijo? Pensé que era soltero.
-Algo así. Es un chico al que aprecia mucho por su talento: dice que tiene mucho futuro en el mundo del modelaje y esas cosas.
-Pero si él no sabe nada de esas cosas.- sonreí divertido. De seguro no sabía lo que decía.
-Él tiene contactos en varias partes, Tom. Quiere ver si "él" acepta alguna de sus propuestas.
-¿Así que no sólo tengo que terminar con el chico en cuestión si no que tengo que hacerla de "guardián"?
-Digamos que sí.
-¿Cómo se llama?- pregunté después de pensar las cosas: ya sabía yo que no me habían ofrecido el triple por nada.
Sacó una foto de su saco y me la extendió. Sentí cómo la sangre bajaba a mis piernas y que palidecía. -Se llama...
-Bill... Bill Kaulitz.- sentí cómo mi voz tembló al decir su nombre.
-¿Lo conoces?
-Va en el mismo colegio que yo... y que Ceci.
-Entonces ya sabes que tiene una hermana y que... bueno, ha sufrido mucho.
-¿Qué tanto?
-Descúbrelo, niño.- antes que me dejara, le pregunté cómo, a lo que respondió con gesto de sorpresa. -Si encuentras una herida, ráscala; presiónala, lo sabes. Para obtener información, las heridas son una puerta abierta al alma. ¿Qué no te enseñé nada?
-No puedo hacer eso con él.
-¿Por qué no? Lo has hecho miles de veces, sin importarte nunca de quién se trata.
-Él es diferente. Él es...- suspiré. Miréa sus espaldas: Matt hablaba animadamente con Marc, lo que nos daba más tiempo para platicar. Si aún existía alguien en quien depositar toda mi confianza en ese mundo, era Michel, lo más cercano a una familia, aparte de Andy y mi mismo "maestro". Sabía que le podía contar lo que fuera, sin que me etiquetara o me rechazara o lo divulgara por ahí al primer idiota que se le pusiera en frente.
-No puedes confiar en alguien que acabas de conocer, Tom. Lo sabes.
-Él es diferente. Él nunca me traicionaría ni me lastimaría. Yo...- me vió con rostro serio. Mordí mi labio inferior, dudando... pero al final decidí no callármelo. -...lo quiero.- dije bajo. Él ni siquiera cambió su expresión. -Creo. Escucha, Michel: si me quieres tirar de marica, está bien. No me importa... creo que he encontrado algo en él que no había encontrado en nadie. Ni siquiera en Daniela.- hice una pausa al mencionarla: su recuerdo aún se sentía demasiado vívido en mi interior. -¿Recuerdas el vacío del que te había hablado tantas veces? Siento que él lo ha llenado. Él es... diferente.
-Se llama amor, Tom.- una corriente de nerviosismo me recorrió la espina. Quizás tenía razón. Su mano cayó en mi hombro, dándome un poco de calma. -El amor se presenta en las personas que menos esperamos: primero se te presentó en Daniela, ahora en éste chico. La vida te ha dado una nueva oportunidad de encontrar la felicidad en alguien más. No la desperdicies. Cuídalo.
-Es por eso que éste será mi último trabajo: tengo el dinero suficiente para establecerme aquí y llevarme a Bill conmigo.
-¿Ya se lo dijiste a Marc?
-Quería decírcelo antes del trato, pero ya sabes cómo es. Se lo diré después.
-Conociéndolo, no te soltará tan fácil, lo sabes. Le eres muy útil. Hoy en día no es fácil encontrar tipos como tú.- sonreí. -Bueno, será mejor que te vayas.- sonrió conmigo y volvió al lado de su "jefe".
Le eché un último vistazo. Bajé la vista, sonreí de nuevo y me dispuse a regresar a casa, con el maletín balanceándoce de adelante hacia atrás.
Suspiréal girar la perilla. El interior de la casa estaba a oscuras. Subí a mi habitación y abrí despacio la puerta, intentando no hacer mucho ruido: sobre la cama, Bill estaba acostado en pocición fetal, de cara a la entrada, apretando entre sus manos una de mis playeras. Se veía tan dulce... e indefenso.
Me senté a un lado, pasando mi mano sobre su cabeza. -Si alguien quiere hacerte daño, ten por seguro que no vivirá lo suficiente para acercarce a tí. Teminaré con todo aquel que te haga llorar... con el que se atreva a herirte aún con el pensamiento. Lo juro.- tal vez fue mi imaginación, pero podría jurara que le ví sonreír.


martes, 11 de enero de 2011

Llamada

-Por lo mientras podemos hacer algo para deshacernos de su perfume.- besó mi cuello, haciendo que de mis labios saliera un pequeño gemido.
Su lengua jugaba de arriba abajo, haciéndome gemir bajo. Fue alzando mi playera despacio, hasta sacármela por completo. Nuestros miembros se rozaban por encima de la ropa, exitándonos más.
Se deshizo de su playera y la dejó acer a un  lado de la mía. Desabrochó mi pantalón, dejando ver una especia de "carpa" con mis bóxers. -Déjame hacerlo.- le pedí. Desabroché sus pantalones y me deshice de ellos al igual que sus bóxers, quitándome los míos en seguida, lanzándolos juntos.
Esperaba que me dejara probar algo que tenía en mente, pero fue más rápido y se tiró sobre mí, besando mi pecho.
Su nombre salía de mis labios como susurros, mientras nuestras erecciones chocaban entre sí, dándonos un placer mayor.
Mis manos se paseaban por su espalda, entrelazando los dedos de vez en cuando. Giraba el rostro de lado, permitiéndole que se paseara por mi cuello mejor.
Me dió la vuelta, quedándo de espaldas a él, con la cara pegada a la sábana. Sus labios besaban lo largo de mi espalda. De pronto, sentí cómo se acomodaba, con su miembro en mi entrada, haciendo un poco de presión.
-¿Sabes que últimamente sólo lo disfruto contigo?- me sonrojé.
Presionó un poco más, hasta que lo metió de golpe en mi interior. Comenzó a embestir lentamente hasta el fondo. Yo seguía diciendo su nombre entre dientes, hasta que se acercó a mi oído. -Vamos, Billi, grítalo... sé que quieres hacerlo.- apreté un poco los labios. ¿Y si Jenni nos escuchaba? -Anda, por favor...
-Mi... mmm... mi hermana...
-Ella no escuchará, te lo aseguro... Tiene el sueño pesado.
-¿Cómo sabes? ¡Ah!- coló su mano debajo de mí, hasta apresar mi pene un poco.
-Me tropecé... y ni siquiera se... movió.- sonreímos. Tenía razón: no nos escucharía. Abrí lentamente la boca, dejando escapar su nombre entre gemidos subiendo el volúmen cada vez más.
Apretó la punta justo cuando estaba a punto de correrce: ambos gritamos al unisono; yo corriéndome en su mano, él en mi interior.
Se sentía tan delicioso el cómo llenaba mi interior...
Los minutos pasaban. Nuestras respiraciones se normalizaron, al igual que nuestros latidos. Tom se vistió; me besó en la frente y salió de la habitación, dejándome solo, aferrando la sábana entre mis manos, en medio de la oscuridad.

Los días pasaban... al igual que las presentaciones. La escuela había pasado a segundo término ahora que estábamos a punto de firmar nuestro primer contrato con la disquera.
-Tomi...- estábamos en la sala de su casa. Él estaba sentado, con mi cabeza sobre sus piernas, pasando sus dedos entre mi cabello y perdido en sus pensamientos.
Andy salía muy amenudo después de su cita de negocios: su cliente se había interesado muchísimo en su trabajo y ahora se ausentaba todo el día, llegando sólo a dormir unas pocas horas; Ceci aparentaba meterce demasiado en los estudios, haciendo pensar a Tom que ya no le interesaba y acosándome a mí cada que podía para recordarme su amenaza... y cada que la veía la sensación de sus uñas revivía en mi cuerpo. Jenni había ganado amigas en el colegio que lejos de distraerla, la metían en cada lío del que Tom la sacaba sin daño alguno.
-Tomi...- por fin reaccionó. -...dijeron que te llamarían en dos días.
-Sí... ¿y?
-Ya ha pasado casi una semana y no te he visto ni salir ni levantar el teléfono.
-Creo que decidieron darle el trabajo a otra persona.- suspiró.
-Mejor así.- clavó su mirada en la mía.
-¿Qué?
-Así ya no me voy a preocupar si te pasa algo malo o no te vuelvo a ver.
-¿A caso me crees tan tonto como para dejar que algo me pase?
-No.- sonreí. -Pero eres un distraído. Cualquier cosa podría pasarte.
-¿Así que distraído, eh?- iba a besarme, cuando Jenni entró de sorpresa. Ella aún no sabía nada de nosotros... al igual que el resto del mundo fuera de Ceci y Nathaly que, en vez de utilizar lo nuestro para su bien, se lo estaban guardando.
En un intento de aparentar "normalidad" (aunque nada fuera normal en mi vida), me caí. -¡Bill!- ella corrió a ayudarme, junto con Tom que reía al ver mi caída.
-Ya, ya... no me pasó nada. ¿Y tú dónde andabas?
-Con Abii.- sonrió. -Ella es buena, ¿verdad, Tom?- asintió.
De alguna manera, sentía que tomaba a Tom como un hermano más. -Es la chica más decente con la que has decidido juntarte, nena.- la abrazó.
-Billi... mañana llegará mamá. ¿Vamos por ella al aeropuerto?
-No sé. ¿No será mejor esperarla en casa?
-Qué educación, Bill. Yo los llevo.- Jenni le agradeció con un beso en la mejilla y subió a "su habitación provisional".
El teléfono sonó, atrayendo la atención de Tom, quien respondió a prisa. -¿Bueno? ¡Pero claro!... Espera, ¿hablas en serio? No, no hay problema. Ahí estaré, sí. Adiós.
-¿Quién era, Tomi?
-¡Me han ofrecido el triple!
-Tú no...
-Aceptaré, Bill. Es buen pago.- tomó su chaqueta y salió sin voltear a verme.

lunes, 10 de enero de 2011

Rechazada

Abrí los ojos lo más que pude, sin saber qué hacer. Sus manos me acorralaban y debido al poco espacio que había, no pude encontrar algún punto de escape.
Poco a poco su mano se empezó a colar por debajo de mi playera, deteniéndoce en mi abdomen. Separó su boca, mordiendo un poco mi labio inferior. -Vamos, Bill. No me digas que te pongo nervioso.- Bajó besando mi cuello, pasando sus manos a mi espalda... traté de quitármela de encima, pero fue más rápida. -Sólo relájate, ¿quieres? Yo puedo hacerlo todo... tú sólo tranquilo.- Una de sus manos bajó hasta mi pantalón, intentando colarce dentro, mientrtas la otra la colocó detrás de mi nuca, en un intento de besarme nuevamente.
Me desesperé: ella quería ir más allá de las caricias y los besos... eso era evidente. Como pude la empujé, haciendo que se estrellara contra un estante que se encontraba a unos centímertros detrás de ella.
Me quedé paralizado, viéndo cómo se resbalaba, tirando algunos libros, hasta que cayó al suelo. Se quedó quieta unos momentos, llevándoce la mano a la cabeza. -Nathaly, yo...
-¡Eres un maldito desgraciado, Bill!- alzó el rostro, dejándome ver su enojo.
-Lo siento, pero eso no...
-¿A quién demonios no le gusta hacerlo con alguien como yo?
Ella era la chica más deseada, no sólo en el colegvio, sino en la cuadra. Lo sabía bien: tenía una gran reputación y eran muy pocos los que habían logrado tener algo con ella... aunque fuese un beso.
Acomodé un poco mi ropa y traté de aparentar tranquilidad, sin responderle. -¡¿Qué demonios te pasa?! Deberías sentirte privilegiado de que yo me haya fijado en tí en lugar del estúpido de Thomas.
-Él no es estúpido.- enfoqué la mirada en su rostro. En cuanto lo dije, dibujó una media sonrisa.
-Ya entiendo: te traes algo con él... ¿verdad? Es por eso que te pusiste nervioso...
-No es cierto.
-De otra manera hubieras aceptado que es un estúpido... o me hubieras regalado unos cinco minutos de tu tiempo, aunque fuera.
-Él no es...
-Todo mundo está de acuerdo conmigo. Tom es un estúpido, un idiota... un maldito asesino.
-¡Esas son tonterías! Lo que tú dices... lo que todos dicen es...
-Es verdad, Bill. ¿Qué no lo sabías?- giré el rostro de lado. -Pregúntale la verdadera razón de su mudanza; el por qué de su actitud sombría cuando habla de su pasado... Anda.
-¿Cómo lo sabes?
-Tengo mis contactos.- Quizás tenía razón... o tal vez inventaba cosas para hacerme dudar de él...
Salí de ahí a prisa, casi cayendo de los escalones. -¡A mí nadie me rechaza, Bill! ¡Que te quede bien claro!- Abrí la puerta de golpe, sin preocuparme por cerrarla. Tom no estaba aún ahí, así que decidí caminar hasta casa, pensando.
¿Y si tenía razón? ¿Qué iba a hacer si llegaba a ser cierto lo de "asesino"?
La noche era tranquila: ni un ruido... ni una corriente de aire. La luna brillaba en todo su esplendor, alumbrando las calles... una noche hermosa para cualquiera, menos para mí.
Llevaba la mitad del camino recorrido, cuando su voz me llamó desde el otro extremo de la calle. -¡Hey, Bill!
Giré mi rostro en dirección suya y sonreí, ocultando mis pensamietos. -Vamos, sube o nunca llegarás a casa.
Subí en el lugar del copiloto. Lancé la mirada a través de la ventanilla.
-¿Por qué tan callado? ¿Tan mal se lo tomó?
-Me disculpó.- fue todo lo que dije. El resto del camino pasó en silencio.
Llegamos a su casa. Pregunté por mi hermana. -Está durmiendo. Es muy linda...- se acercó y me abrazó. -...casi como tú.- intentó besarme. Quité el rostro y me deshice de sus brazos.
-Iré a acostarme.- fui a su habitación. Me puse la playera que me había prestado para dormir... no tenía ánimos de estar con él... pero quería sentirme cerca de él de alguna manera.
Quería que me acariciara y que borrara el perfume que Nathaly había dejado en mí, pero las palabras de la rubia no me dejaban tranquilo. "Asesino" es una etiqueta muy grave... y que a muchas personas (si no es que a todas) les da escalofríos escuchar.
-Bill... ¿qué te pasa?- cerró la puerta tras él y cruzó los brazos.
-Nada.- me senté en el borde de la cama, revolviendo las manos. Si quería dormir tranquilo y que él me abrazara, tenía que aclarar ésto. -Tom...
-¿Sí?
-Nathaly me dijo algo que tiene que ver contigo...
-¿Que soy guapo, talentoso...?- sonreía.
-Es en serio.- Fruncí la frente. Él se acercó, sentándoce a mi lado. -Me dijo que eras un idiota.- no dijo nada. -Y que eras un asesino.- temblé al mencionar la palabra.
Cerró los ojos y alzó la cara. -¿Qué más?
-Que por eso te habías mudado y que ella tenía contactos que se lo habían dicho.
-¿Y tú le crees?
-No sé. Tú dime que no es cierto; que ella o inventó todo.
-Me dijiste que podía decirte lo que me pasó, ¿no?- asentí. -Ven aquí, te lo contaré todo.- nos acomodamos en la cama: yo con la cabeza en su pecho, él, abrazándome. -Sería más fácil si te digo que todo lo que te digan de mí es mentira, pero no es justo que te mienta.- un escalofrío recorrió mi espalda.
-¿Tú...?
-¿Quieres escucharlo todo?- asentí por segunda ocación. -No tienes idea de lo que pueden llegar a hacer las personas por odio. Yo ya me había cansado del trato que "él" me daba y no se me ocurrió otra cosa que deshacerme de él...- apreté con fuerza su playera entre mis manos. -...pero nunca se me pudo probar nada.
-¿Cómo...?
-Bueno, la madre de Ceci es muy buena abogada y...
-Me refiero a lo otro.- por espacio de dos... quizás tres minutos, no dijo nada.
-Tenía que salir de ahí a como diera lugar. Esperé a que se quedara dormido; tomé mis cosas y abrí las llaves del gas... un par de minutos esperando y una pequeña chispa fueron necesarios para terminar con él y ese maldito lugar...
-Fue la única vez... ¿verdad?- otra pausa. -¿Verdad?
-¿Recuerdas lo qué te dije cuando te pregunté por el culpable de los rasguños?
-Sí.
-¿Eso no te dice nada?
-No quiero que sea lo que me imagino...
-He terminado con muchos, Bill. Pagan muy bien por liquidar a unos cuántos.
-¿No te molesta hacer el trabajo sucio?
-No.- respondió secamente. -Empecé a los 12, oficialmente. Ya tengo práctica en ésto, así que es difícil que me atrapen. Además me escondo muy bien; puedo pasar inadvertido en un mar de estudiantes y siendo ya un guitarrista reconocido, mejor. Nadie sospecharía de mí.
-Por eso te mudaste...
-Aquí con mi hermano y siendo parte de tu banda, nadie podrá culparme de nada: aquí soy sólo un chico de 19 años tratando de encontrar un rumbo en su vida.
En este punto me sentí usado. Sentí que en verdad no quería nada conmigo, mas que para ocultarce. Seguramente después se iría y se olvidaría de todo: de la banda, de los chicos, de mí...
Me levanté. Me senté, dándole la espalda par que no viera lo enfadado que estaba. -Bill...
-¿Pero por qué aquí? Pudiste ir a otro lugar...
-La madre de Andy no quiere verme; la familia de Ceci es buena conmigo, pero no quiero más problemas con ella...
-Pero ahora ella ha venido a tu casa. Eso no cambia mucho las cosas...
-Aquí muy difícilmente me puede tener, porque estoy contigo...
-O con Nani o Zay o Abii o Nancy o...
-¿Ya vas a empezar?- me abrazó por detrás. -Es en serio, Bill: es porque estoy contigo. Ahora ella ya no me importa.
-Cuando te vayas no pensarás lo mismo.
-¿Y quién dice que me iré?- rió. -No me iré a menos que me pidas que lo haga.
-No te creo: de seguro te irás un día sin avisar y te olvidarás de mí.
-¿Cómo olvidarme de la única persona que no huyó o me dió la espalda al decirle la verdad? ¿Cómo dejar a la persona que he prometido cuidar y que ha sido el primero en mostrarme un poco de cariño sin conocerme del todo?
-¿Es en serio?
-Ve mis ojos y dime si miento.
Volteé. Sus ojos estaban cristalizados y reflejaban mucha sinceridad. No pude hacer otra cosa que sonreir y besarle, para después caer de nueva cuenta sobre su pecho, dejando que sus brazos me rodearan.
-Esas personas con las que te has visto son los que te dan ese tipo de trabajos, ¿cierto?
-Cierto. Quieren que termine algo que empecé hace tiempo. Les he pedido el doble... me han dicho que lo pensarán y me llamarán en dos días.
-Tom...
-¿Qué?
-No quiero que te metas en más líos. ¿Qué tal si te pasa algo?
-No me pasará nada. Tengo mucha práctica y...
-No quiero que cargues con más muertes. Eso te atraerá muchos enemigos.
-Ahora tego enemigos, Bill, y la mayoría están en la que concideraba mi familia y los que creí que eran mis amigos.
- Aquí nadie te traicionará, Tom. Tenlo por seguro. Sólo no quiero que te involucres más en eso, por favor.
-¿En serio te preocupo tanto? ¿Por qué?
¿Por qué? Buena pregunta. -Porque...- aunque sabía muy bien la respuesta, me daba nervios aceptarla, porque sería aceptar lo que muchas veces negué. -Porque...
Sonrió. -Yo también te quiero...- en sus ojos se reflejó una dulzura increíble. -...creo.- le devolví la sonrisa.

Pasaron los minutos. Seguíamos abrazados. -¿Pasó otra cosa con ella?
-Tomi...- subí a sus labios, rozándolos.
-Tienes su aroma.
-Quítamelo.- le besé. -Quítame su olor de encima.
-Te quería como su regalo de cumpleaños.
-¿Lo sabías?
-Era evidente.- Me coloqué sobre él, con las piernas a los lados. Sus manos se dejaron caer en mi cintura mientras nos besábamos.
-La rechacé.- sonrió.
-Eso no se le hace a una mujer, Billi. No tienes idea de lo que pueden hacer a manera de venganza.
-Me lo imagino.
-Por lo mientras podemos para hacer algo para deshacernos de su perfume.- besó mi cuello, haciendo que de mis labios saliera un pequeño gemido.

viernes, 7 de enero de 2011

Disculpas

Nos quedamos dormidos en el sillón, abrazados, hasta que, entre sueños, le escuché llamarme. -Bill... Billi...- no le respondí. Me moví un poco, buscando acomodarme  mejor en su pecho. -Billi, vamos... no querrás que tu hermana nos encuentre así.- Lo ignoré y aferré mis manos a su playera.
Ya no me habló. Logró safarce de mis manos y se puso de pie, tomándome entre sus brazos. Sentí cómo subíamos las escaleras y escuché cómo abría la puerta de su habitación.
Me acostó cuidadosamente en la cama y se sentó a mi lado un momento. -No sé por qué demonios hago ésto contigo... ¿qué tienes que me haces ser así tan transparente a tus ojos?- pasó su mano por mi rostro delicadamente. Aparte de extraño, parecía ser poeta... a algo por el estilo.
Me hacía el dormido para escuchar a mi alrededor; saber qué escondía su corazón. -Tal vez algún día te cuente todo, porque sé que no me juzgarás ni me reprocharás... por lo menos no como el resto.
Alguien tocó a la puerta. -Pasa.
-Hola, Tom.- Jenni acababa de llegar de su paseo. Entró despacio al decirle él que estaba dormido y se sentó a su lado.
-Parece un niño pequeño.
-Se ve indefenso, sí. ¿Es por eso que todos lo tratan así?- ella rió.
-Sí. Él es como se ve, Tomi: es frágil por dentro y no nos gusta verlo sufrir. A mí no me gusta que lo dañen.
-Yo me encargo que eso no pase nunca.
-¿Hablas en serio? Creo que te agrada.
-No dejaré que lo dañen... ni a tí tampoco.
-Bueno... gracias.
-¿Qué traes ahí?
-¡Ah, sí! es la ropa de mi hermano. Etaba ocupado hace rato y no me pudo acompañar.
-Oh, bueno. ¿Por qué no la dejas por ahí? Tenemos que dejarlo solo para que deurma un poco.
-Él se la vive durmiendo.- rieron y salieron de la habitación, dejando entreabierta la puerta. Me enderecé y ví la mochila que mi hermana me había traido: revicé su contenido y quedé satisfecho con las prendas... menos mal que ella conocía a la perfección mis gustos.
Me paseé por el cuarto, con las palabras de Tom en mi cabeza.
Suspiré y terminé por tomar un poco de ropa y meterme a bañar. Me despojé de la ropa, cuidando de no dañar más mi espalda. Abrí la llave, dejando caer el chorro de agua sobre mi mano para comprobar que no estuviera muy fría.
Me metí debajo del agua, sintiendo cómo mi piel se erizaba al contacto. Cerré los ojos, aún reproduciendo sus palabras: "Eso me enseñó a aparentar frente a los demás y a que sólo sobrevives por tu propia mano. Nadie más te va ayudar a esquivar los obstáculos de la vida, Bill. Estás solo en el mundo y si no te cuidas las espaldas, en cualquier momento alguien va a surgir de las sombras y te apuñalará; te traicionará y arruinará tu vida"
-Yo nunca te haría daño, Tom.- susurré. le agua corría libremente por mi cuerpo, haciendo que un pequeño ardor apareciera en mi espalda.
Comencé a enjabonarme con sumo cuidado. Una corriente de aire se coló por mis espaldas. -¿Me permitirías acompañarte?- su mentón se recargó sobre mi hombro. Sonreí. -¿Qué pasó aquí?- sus dedos dibujaron la trayecitoria de los rasguños.
-Nada. Una pelea...- mentí, bajando la cabeza, tratando de no voltear a verlo... o que me buscara mi mirada.
-Pelea... ¿en serio?- asentí. -¿Cuándo? Porque que yo recuerde, no los tenías cuando termianmos la presentación.
-Hoy...
-¿Quién fue?
-No creo que...
-Dime quién fue.
-¿Qué le harás?- pregunté con un poco de nerviosismo.
-Le enseñaré a no dañar a las personas que tengo cerca.- lo dijo de manera seca. ¿Y si le hacía daño? O peor...
Vamos, Bill, ¿no estás exagerando? Quizás sólo hable con... no puede estar loco.
-No le ví la cara.- se quedó callado. Esperaba que se diera cuenta que mentía, pero no hizo más que besar mi nuca.
-Ya me lo dirás después. Cuando quieras... o me tengas más confianza para hacerlo.- volví a sonreír.
-¿Ahora me dirás por qué estás conmigo cuando mi hermana puede enterarse que estamos juntos?
-No está.
-¡Pero si acaba de llegar!
-Nani vino por ella para que conociera a Nathaly. Le dije que no era buen aidea, pero parece quue es igual de terco que tú.
-¿Quién te dijo que yo era terco?
-Eso es evidente.- giré mi rostro. Me tomó desprevenido y me besó. El agua se coló entre nuestros labios, haciéndolo un poco más placentero.
Esperaba que hiciera algo más que eso, pero nada. Salimos del baño, ambos con una toalla sujeta a la cintura. Él tomó colocó sus manos alrededor de mi cadera, caminando detrás de mí hasta su cuarto.
-Dijiste que irías a disculparte con la tipa esa...
-Nathaly, Tom. Se llama Nathaly.- le corregí. Aún no entendía por qué tanta hostilidad hacia la chica.
-Ella.- dijo molesto. -¿Quieres que te lleve?
-Me encantaría.
Terminamos de vestirnos, dándonos la espalda.
Salimos en dirección a casa de la rubia. Jenny iba de salida, de la mano de Nani e Itzayana. -¡Hey, Tom!
-Hola, preciosas.
-¿Podrías llevarnos a casa?- preguntó Zay.-
-No creo que tenga que dejarlo solo.
-Bill se sabe cuidar, ¿cierto, hermanito?
-¡Claro! ¿por quién me tomas?
-Está bien. Suban, entonces. ¿Vienes, Jenni?
-Sipi. Billi, nos vemos después.- se depidió de mí con un beso en la mejilla, igual que sus amigas.
Ví cómo se alejaban. Al voltear a la entrada, Nathaly estába viéndome con los brazos cruzados, recargada en el marco de la puerta.
-Hola.
-Hola.- sonrió.
-Ehm, escucha: lo de ayer...
-¿Quieres pasar?- le agradecí. Fuimos a la sala, donde me ofreció un poco de agua, que le acepté mas no la probé, sino que ejé en la mesilla de centro.
-Lo de ayer...
-Espera. ¿Quieres venir conmigo?
-¿Qué? ¿A dónde?
-Bueno, los chicos me han dicho que eres bueno para escribir canciones y eso y quiero mostrarte algo que he escrito y que me des tu punto de vista.
-Está bien.- le seguí escaleras arriba, recordándome el recorrido al del cuarto de Tom. Llegamos hasta un cuarto pequeño... demasiado pequeño... que me pareció algo así como una bodega, por la cantidad de cosas que estaban en algunos estantes y otros cuantos tirados en el piso.
Me dió la espalda, haciendo como si buscara algo. -Escucha, lo de ayer... la fiesta... la invitación... lo olvidé por completo. Lo siento, pero la presentación ocupó toda nuestra atención y yo... lo siento.
-Estas perdonado, no importa.- Se giró de frente a mí, colocando sus manos a mis lados. Debido a lo estrecho del lugar, nuestros cuerpos quedaron demasiado juntos. -Y todo quedará perdonado de buena manera si me dejas hacer lo mío.
Acercó sus labios a los míos; sus manos las colocó sobre mi pecho. Abrí los ojos lo más que pude, sin saber cómo reaccionar...

jueves, 6 de enero de 2011

Secreto

-Quizás así ya no se te olvide, Billi.- sus uñas se clavaban de manera salvaje en mi cuerpo, haciéndome sentir unas pequeñas gotas de sangre que salían de los resguños. Seguí quejándome, pidiéndole que parara, pero me ignoró. -Ojalá cada que se te cruce por la cabeza el acercárte a Tom, recuerdes éste dolor y te alejes de él.
-¿Por qué lo haces?- la puerta se abrió sin ningún aviso previo.
-Oh, lo siento.- la cabeza de Jenni se asomó por la puerta entreabierta, alejándoce en cuanto la vió encima de mí.
-No hay problema, nena.- Ceci se hizo a un lado, cubriéndoce un poco con las cobijas... como si fuera tan decente. -¿Pasa algo?- Dibujando una sonrisa, me tomó del brazo, tratando de aparentar calma.
-Yo...- hablaba desde detrás de la puerta. -...venía a ver a mi hermano.
-Pasa, anda. No estámos haciéndo nada malo.- como lo dijo de manera tan tranquila, entró. -Si se te ocurre decir algo, te vas a arrepentir.- me susurró. Sus palabras fueron tan frías que me hicieron permanecer callado.
-Bill...- estaba sonrojada y no nos veía a la cara. -...saldré con unos amigos y después pasaré a la casa. Quería ver si venías conmigo, pero mejor no te interrumpo más.- queria decirle que me moría por que me sacara de ahí, pero en cuanto entreabrí la boca, sus uñas se encajaron un poco, ésta vez, en mi brazo. -No te preocupes, Bill: te traeré un poco de ropa.
-¿Tardarás mucho, nena?- la muy descarada parecía preocuparce por ella... lo malo es que actuaba tan bien que parecía sincera.
-No se preocupen: me traerá Itzayana.- dijo en una sonrisa, ahora sí, viéndonos a la cara. -No se preocupen: no le diré nada a Tom.
-¿Qué?- por fin pude decir aunque fuera una maldita palabra.
-Mamá dijo que estabas enamorado y a juzgar por cómo estás con ella... am, disculpa pero, ¿cómo te llamas? No quiero andar por ahí dicíéndote "hey, tú"...
-Cecilia, cariño. Pero puedes decirme Ceci.- sonrió a la par de mi hermana.
-Ahora ya sé por qué se la pasa con tu primo: de seguro mi querido hermanito es demasiado tímido para hablar con las chicas y le pareció más fácil pegarce a Tom para saber de tí... lo bueno es que te animaste a ser la que empezara con ésto, Ceci.- salió de la habitación sin decir más.
-¿Por qué le dijiste eso?
-Mejor que piense que tú quieres algo conmigo a pensar que te metes con Tomi como un maldito marica.- bajó de la cama y antes de salir, me dijo sus últimas palabras. -No tienes idea de lo que soy capaz de hacer por lo que me pertenece.
Me dejó solo. Me levanté de la cama y fui directamente al espejo y ver el daño que habia hecho: los rasguños comenazban en los omóplatos y se extendía por los costados, casi hasta llegar a la estrella que tenía tatuada.
Si a Tom se le ocurría "jugar" hoy de seguro los vería... maldita zorra... ¿Qué hacer? Si dejo que lo haga se dará cuenta; si invento algo se dará cuenta de que miento... y si no lo dejo hacer, sospechará... maldición.
Me apresuré a ponerme mi playera del día anterior y bajar a desayunar algo. Ya se me ocurriría una solución después.
Me senté tras la barra, después de haberme preparado un poco de café, a pensar las cosas: Ceci tenía razón en algo: era mejor que pensara que me liaba con ella a que creyera que me enredaba con Tom. Digo: no debe ser sencillo el enterarte que a tu hermano le gusta alguien de tu mismo sexo.
-¡Bill, buenos días!- Andy entró vestido muy formalmente... y verlo así me dió risa, haciéndome olvidar de eso un poco. -¿Cómo pasaste la noche?- dejó caer su mano sobre mi espalda justo cuando me llevaba la taza de café a la boca, haciándome devolver el trago y toser. -¿Te pasa algo?
-Creo que me torcí la espalda. ¿Por qué ese traje?- dije tratando de no quejarme.
-Tengo una cita de trabajo con un cliente importante.- tomó un poco de agua y se arregló el cuello. -Tomi me dijo que se quedarán un tiempo.
-Si no te molesta... mi madre estará de viaje.
-Sabes que siempre son bienvenidos.- volteó a ver el reloj. -Se me hace tarde, Billi.- se colocó el saco y termnó por revolver mi cabello, como niño pequeño.  -Tom regresará por la tarde, dijo que tenía que atender unos asuntos.
-¿Desaparecerá días otra vez?- rió.
-No creo. Bueno, adiós.- me dejó solo... solo con la desgraciada de Cecilia...
Fui al sillón y traté de recargarme, pero las heridas seguían frescas, así que me quedé con el cuerpo echado hacia adelante.
Escuché pasos en la escalera, aproximándoce a la sala. -Bill...- Ceci se colocó detrás de mí; se inclinó un poco sobre el sofá y me habló al oído. -..saldré un momento, cariño.- trató de besarme, así que me hice a un lado. -Regresaré tarde, amor.- su dejo de sarcasmo  me molestó en sobre manera.
Salió, dejándome solo completamente.
No sé cuánto tiempo me quedé así, con la mirada clavada en el suelo y el cuerpo encorvado hacia delante, pensando y sólo escuchando el tic-tac del reloj... una y otra vez...
-¿Hay alguien?- la voz deTom me hizo ponerme de pie e ir a recibirlo. Se me había olvidado el dolor, hasta que me abrazó, apretando un poco la espalda. -¿Pasa algo?
-No, nada.- le dirigí al sillón. -Andy me dijo que tenías cosas qué hacer.
-Tenía que ver a unas personas...
-¿Me contarás qué personas?
-Ya lo sabrás, Billi. Ahora ven aquí.- me tomó delicadamente, sentándome sobre sus piernas.
-¿Entonces me seguirás contando de lo que hablamos anoche?
-Será otro día, ¿sí? ahora sólo quiero un poco de compañía.

martes, 4 de enero de 2011

Hospedaje

Besaba mi cuello despacio mientras pasaba sus manos por mis costados, de arriba abajo por encima de la playera. Afuera se oían las voces de los chicos y el encargado del lugar, platicando animadamente, olvidándoce de nosotros.
En verdad no me importaba si se acordaban de nosotros; si se preguntaban el por qué de nuestra tardanza; si entraban o no... lo único que me importaba era que él estaba ahí, conmigo, después de haberme prometido cuidarme... y hacer lo posible por no hacerme sufrir. Eso era lo único que importaba de verdad.
La intimidad no estaba garantizada del todo, pues la puerta no estaba atrancada muy bien que digamos: cualquiera podía entrar, como mi hermana... no importaba.
Sus manos llegaron hasta mi entrepierna; su lengua seguía jugando en mi cuello. Mis manos aún se aferraban a él y mis gemidos se ahogaban en su cuerpo, tratando de hacer el menor ruido posible.
Esta vez no hub desnudos completos... creo que él sabía el riesgo que había. Me desprendió de los pantalones y los bóxers.
-Mmm... Tomi... Ah...- Su mano se deslizó bajo mi playera, acariciando mi espalda... haciendo que me arqueara; la otra la bajo hasta mi erección, acariciándola de arriba abajo sin dejar de besarme.
Nuestras respiraciones se aceleraban a cada segundo... Me impresionaba lo que él podía hacerme sentir...
-¿Listo?- asentí. En cuanto lo sentí dentro, un grito se ahogó en su cuello.
Sus embestidas eran cuidadosas al principio... mal momento para hacerlo así: yo quería que fuera más duro... igual que en su recámara...
-Tom...
-Ah...- su cara estaba empapada en sudor... se veía tan lindo...
-Tom... mmm... ¿podrías...? Ah...- no tuve que pedírcelo: él mismo empezó a subir la velocidad.
Aferré a un más mis manos alrededor de su cuello y rodeé su cintura con mis piernas, lo que hacía que penetrara, literalmente, hasta el fondo.
Quería estallar en gritos cuando la velocidad aumentó; quería dejar que mis gemidos se escucharan claramente y gritar su nombre... pero no se puede tenerlo todo...
Susurraba su nombre, pidiéndole más y más... hasta que me corrí, salpicando nuestros estómagos. Unos instantes más y se corrió en mi interior.
Al no poder gritar, suspiramos al mismo tiempo.
-¿Chicos?- Gustav tocó en el pequeño cuartillo.
-¿Qué pasa?- Tom trató de normalizar su respiración.
-Hay alguien que quiere hablar con nosotros.
-Ya vamos.- sonreimos.
-¿Bill está contigo?- no respondió. Intenté hablarle, pero me tapó la boca. -¿Están bien?
-Sí... ya vamos.- sonreímos de nuevo.
Se levantó, acomodando su ropa. -Tenemos que salir.
Le imité, demorando un poco más que él. -¿Tenemos qué?
-Ahora eres tú el pervertido... eso me gusta.- colocó sus manos en mi cintura. -Ya tendemos espacio para nosotros... muy pronto..- besó mis labios... un último beso antes de salir.
Terminé de vestirme y salí tras él.
Entre los chicos estaba el mismo hombre de aire simpático que ví en medio del tumulto. -Bill, él es...
-David Jost, mucho gusto.- estrechamos las manos. -El espectáculo que dieron allá afuera fue increíble...-mientras hablaba, noté que Gus no me quitaba la vista de encima.
-Ahm... ¿nos disculpan un momento?- jalé a Gustav del brazo hasta una esquina de la salilla.
-¿Por qué me miras así?
-Primero dime qué hacías con Tom ahí dentro.
-Nada.- crucé los brazos.
-No me mientas, Bill.
-¿Por qué lo preguntas?
-Sabes que puedes decirme lo que sea. Soy tu amigo y sabes que puedes decirme lo que sea...- me miró fijamente, esperando. No sabía qué hacer: él era de los que no te dejaban en paz hasta saber qué te traías entre manos... y no se tragaba una mentira tan fácil.
-Yo...
-Si no quieres decírmelo ahora, no lo hagas.- creo que notó mi nerviosismo... -Pero te recuerdo que normalmente soy algo terco para eso.
-Lo sé.- sonreí nerviosamente. -Gracias.
-Otra cosa, Bill...- me tomó un momento del brazo, acercándose a mi oído. -Ten cuidado. No quiero que "él" te meta en problemas...
-No te preocupes, Gustav. Eso no pasará.
Regresamos al lado de los chicos justo cuando... am... David, se iba. -¿Qué pasó?
-¡No lo van a creer!- Tom parecía niño pequeño de lo emocionado que estaba. -¡Es increíble!
-Tom, ¿puedes tranquilizarte y decírcelos?
-Mejor dícelos tú, señor "soy más maduro en estas cosas que tú".- hizo cara de fastidio y metió las manos en los bolsillos. Se veía muy divertido así....
-A ver, Georg, ¿qué pasó?- Gustav sonreía, por primera vez, al ver a Tom.
-David... el tipo que habló con nosotros mientras ustedes estaban con sus cosas, nos invitó a tocar para unas personas...
-Tiene contacto directo con una disquera y quiere ver si somos tan buenos.- completó Tom. -Pero una vez que nos escuhen, no nos dejarán ir... somos tan buenos que ya no nos soltarán.- terminó con un guiño.
-Eso es seguro.- Jenni entro de pronto con Nani de la mano y una chica que sólo había visto un par de veces en el corredor del colegio.  -Y si eso pasa, ya no los veré tan seguido.
-Si eso pasa...- me le acerqué un poco, poniéndome entre ella y la chica de nombre desconocido. -...yo no tendría inconvenientes en llevarte un par de veces con nosotros.
-Los chicos no creo que lo acepten, ¿verdad?
-Por nosotros está bien.- respondió Geo en una sonrisa.
-Yo estaría complacido con tu compañía, pequeña.- Tom le sonrió de manera coqueta.
-No hagas eso.- y todos se echaron a reir con mi actitud.
-Bill, te presento a Itzayana.
-Mucho gusto.- traté de borrar mi cara de celos y sonreír.
-Hola. Si no me equivoco... eres nuevo en el colegio, ¿verdad?
-Muy cierto.- los chicos se fueron, dejándome solo con ellas.
-Y Nathaly te había invitado a su fiesta, ¿no?
-Sí.- su mirada estaba llena de curiosidad.
-Pues es una lástima que no hayas estado ahí... fue muy divertida.
Cerré los ojos y me llevé la mano a la frente: ¡había olvidado por completo la fiesta!
-¿Había fiesta hoy? ¿por qué no me dijeron?
-Porque yo quería ver a la banda de tu hermano.- dijo Nani tomándola de la mano. -Le avvisé a Nathaly y me dijo que no había problema... mientras Bill fuera un par de minutos antes del concierto, pero parece que lo olvidaste, ¿no, chico?
-Lo olvidé... demonios...
-Lo olvidamos, Bill.- Tom regresó a la salilla. -¿por qué no me lo recordaste, muñeca?
-Pensé que tenías una memoria excelente.- sonrió. -Ahora tendrán que disculparce con ella.
-Lo haremos mañana, ahora...- la tomó de la mano y besó su mejilla, al igual que a Itzayana. -...tenemos que irnos.
-Pueden decirme Zay. Chicos tan lindos como ustedes no pueden andar gastando aire de más.-sonrió.
A mí los celos (ahora sí ya podía aceptarlo) me estaban empezando a surgir de nuevo. Me apresuré a despedirnos, tomar de la mano a mi hermana y jalarlo del brazo.
En el camino, tuve que complirle a Jenni,así que viajé en los asientos traseros, sin quitarles la vista de encima.
El celular de ella comenzó a sonar de pronto.
-¿Bueno? Sí, mamá, ya terminó... sí... genial, como siempre. ¿Qué? Está bien, pero sabes que... sí, eso... am, no sé..
-¿Qué dice mamá, nena?
-Espera...- se apartó unos momentos el aparato. -Mamá dice que saldrá unos días...
-¿Cómo? ¿A ésta hora?
-¿Me dejas terminar?- asentí.
-Acaban de llamarla y tiene que salir de viaje. Como sabe que no te gusta quedarte solo en casa...
-No me quedaré solo: tú estarás conmigo, ¿no?
-¿Me dejas seguir?
-Déjala seguir, Bill.- El rastafario... el muy demente se reía.
-Sabes que estaré ausente de casa mucho tiempo por estar con mis amigos y buscar un lugar en el colegio.- se quedó callada un momento, esperando que dijera algo, pero coloqué mis manos sobre mi boca, dándole a entender que podía seguir. -Tom: ¿podemos quedarnos con ustedes?- tanto  a él como a mí nos cayó de sorpresa. -¿Qué dices, Tomi?
Bien... en ese punto regresé a la realidad: ¿por qué le decía así? Tomi... sólo Andy, su prima y más recientemente YO le decía así...
De acuerdo... a ella le agradaba... quizás estaba exagerando.
-Tendría que preguntárcelo a mi hermano... pero creo que no habrá problema.
-¿Y tú prima?
-No hay problema con ella.
-¿Mamá?- regresó a su conversación. -Ya está arreglado... sí, con él... ajá... no hay problema. Sí... adiós... ¡buen viaje!- colgó.
Llegamos a su casa. Entramos, llamamos... y nadie respondió. -Vengan.- subimos las escaleras. -Te puedes quedar aquí: es la habitación de invitados.- abrió la puerta, dejando ver un cuarto bien arreglado en color azul. -¿Te gusta?- mi hermana le sonrió.
-Está bien para mí.
-¿Y yo?
-Bueno, Ceci está ocupando la otrta habitación...
-Dormiré en el sofá, no hay cuidado.
-Te quedarás en mi cuarto.- clavé la mirada en él. -Yo me quedaré en la sala.
-Yo...
-Ven,anda. Señorita...- se volvió a Jenni. -...si mepermite, me robaré unos momentos a su hermano. ¿Está bien?
-Sólo no lo vayas a dañar, ¿si?- sonrió mientras se sentaba en el borde de la cama.
-Entendido. Buenas noches.- cerró la puerta. -Ahora, ¿recuerdas dónde está o te llevo?- no me dió tiempo a responder; me tomó de la mano y me arrastró a su cuarto.