lunes, 21 de febrero de 2011

Contra Voluntad

(Tom)

Los días pasaban; Bill se recuperaba de manera sorprendente. Los chicos se enteraron al día siguiente de haber despertado, gracias a Jenni. Winckler no se despegaba de su lado, igual que su madre, así que no tenía tiempo a solas con él, más que en las noches, gracias a que el doctor había convencido a Simone de descansar un momento y me dejara a cargo de su hijo.
Bill dormía la mayor parte del tiempo, así que no podíamos hablar mucho: sólo me sentaba a su lado, contemplando la aparente serenidad de su rostro y hablándole bajo; haciéndole promesas que, como él decía, quizás no cumpliría.
Que ya no me liaría más con chicas... sin importar lo sexys y hermosas que fueran... como sus enfermeras; que me concentraría sólo en las grabaciones sin pensar en nada más; que me alejaría de su hermana a cualquier costo; que en cuanto llegàramos a casa llamarìa a Marcus y me alejarìa por completo de "mi trabajo"; que no estarìa màs solo... y si necesitaba a alguien a quien golpear para descargar todas sus decepciones y corajes, podrìa hacerlo conmigo... podrìa abrirme el pecho y arrancarme el corazòn si con eso lograba hacerlo sentir mejor...
-¿Siempre haces promesas imposibles de cumplir?- La voz de Gustav resonò a mis espaldas. Volteè a verl, sin pararme de mi lugar.
-Creì que ya nadie estaba afuera.
-Georg ha ido a casa... estaba bastante cansado; Simone y Jenni se fueron hace unos minutos. Yo preferì quedarme al pendiente de ustedes.
-¿Temes que lo mate en un descuido?
-No.- se colocò a mi izquierda. -Sòlo quiero quedarme por si hay novedad, es todo.
-¿No confìas en mì?- preguntè regresando la mirada a Bill.
-Me has demostrado que no lo puedes cuidar todo el tiempo...- arrastrò una silla a mi lado. -Pero tambièn me has demostrado que te preocupas por èl y le quieres màs de lo que muchos imaginan...
-¿Què tanto?
-Demasiado.- al igual que yo, clavò la mirada en su rostro. -Me alegra que pueda contar con alguien como tù en èstos momentos... asì que sì: confiò plenamente en tì ahora.
-Bueno... gracias.- dije sin darle mucha importancia a sus palabras.
-Ahora recae en tì su cuidado.
-¿Què?
-Bueno, ahora vive contigo... lo quieres como un hermano, ¿no?- esa palabrita aùn me daba un poco de nerviosismo cuando se referàin a Bill. -Ahora es tu trabajo cuidar todo el tiempo de èl.
-No soy niñera... y èl no necesita una.
-No. Necesita alguien que se preocupe por èl y le sirva de guìa para no perderce en el camino.- hubo una pausa. -Ya ves lo que ha pasado por no tener a nadie con quien contar en esos momentos. Geo y yo no hemos estado tan la pendiente de èl como antes... quizàs por las grabaciones, quizàs por las chicas... no sè bien, pero tù lo has tenido cerca...
-Yo no puedo servirle de ese modo...
-...Si no fuera por tì, ya estarìa... tù sabes.- asentì, sin decir màs. -Si no te molesta, me gustarìa quedarme con ustedes.
-Eres bienvenido.- dibujè una media sonrisa màs por compromiso que por simpatìa.
La noche se me hizo eterna por no poder hablar con èl... necesitaba estar a solas con Bill; haciendo planes para cuando despertara y pudièramos regresar a casa.
Me quedè dormido en mi asiento, soñando con la sonrisa de mi chico, hasta que escuchè hablar a Gustav con èl.
-Està un poco desvelado. El muy idiota no se ha ido a descansar.
-¿En serio?- su voz se escuchaba baja y ronca, pero ya podìa entablar una conversaciòn màs extenza.
-Sìp. En serio le urge que salgas de aquì... igual que a nosotros.
-¿Ya te agrada?
-No del todo. Por lo menos ya lo tolero.- dijo entre risas. Yo permanecìa con los ojos cerrados, escuchando atentamente. -Le debemos demasiado por haberte salvado.
-Me trajo al hospital... los doctores me trajeron de regreso.
-Gracias a que èl los presionò. Ademàs, fue tan terco al ofrecerse a la transfuciòn que terminaron hacièndole los estudios, ¿y sabes què? Su tipo de sangre es compatible, asì que ahora llevas su sangre en las venas.
-Eso... ¿es cierto?
-Muy cierto.-  Jenni entrò a la habitaciòn. La sentì pasar al lado contrario de nosotros, seguramente evitàndome. -Te salvò la vida, hermanito.
-Es bueno verte de nuevo, pequeña.- su voz se escuchaba tranquila y un poco alegre. -Me alegra haber regresado.- abrì lentamente los ojos, enfocando la mirada sòlo en èl.
-Buenos dìas.- la voz del chico rubio era alegre. -¿Has dormido bien?- asentì en silencio.
-Que bueno que despiertas, Tomi.- Jenni me hablaba como si nada hubiese pasado entre nosotros, pero no pasaba la vista sobre mì. -¿Te unes a la plàtica?
-Claro... pero serà despùes de salir un momento, ¿sì?
-¿A dònde vas?
-A estirar las piernas y mojar un poco mi cara.- Bill me dijo con la mirada que no querìa que me fuera de su lado. -Tranquilo, ¿està bien? Te dejo con buena compañìa.- le sonreì y salì de la habitaciòn.
Ya habìa pasado noches a su lado, reciviendo escasas palabras de su parte, pero con eso me conformaba. Suponìa que era justo dejar que los demàs disfrutaran un poco de tiempo a solas con èl.
Bajè al primer piso, caminando en cìrculos, observando a toda esa gente que se me quedaba viendo extraño... como bicho raro.
-Ellos se rìen de tì porque eres diferente, ¿no?- me girè.
-No soy diferente nada màs: soy ùnico, lo sabes.- ni siquiera le saludè. -¿Què haces aquì, Marc?
-Vine a ver còmo seguìa el chico de Matt.
-Bill NO es su chico.
-Le interesa, le preocupa y parece que le quiere... eso lo convierte en su chico.
-¿Què es lo que quieres en verdad?- dibujò una sonrisa.
-Salgamos un momento, ¿Quieres?- le seguì al estacionamiento. -El encargo de Mattew saliò a la perfecciòn; les has dado a la policìa en què pensar: no dejaste huellas ni rastro alguno. Eres el mejor en èsto y...
-Sì, sì, lo sè. Siempre dices lo mismo. ¿Què quieres como respuesta? Soy un maestro para èstos asuntos. ¿Contento?
-Lo eres... y es por eso que ahora el trabajo llueve a raudales, como al principio.
-Escucha, Marc, acerca de eso...
-El primero de la lista se te harà fàcil, es...
-Escucha, Marc...
-...Es un pobre diablo que se topò con las personas equivocadas...
-...Yo no...
-Y no serà problema el terminar con èl por què...
-Ya no seguirè con èsto.
-¿Què?- por fin me hizo caso. -¿Còmo que no seguiràs con èsto?
-Ya no harè el trabajo sucio de nadie.
-¿Es por la paga? Sabes que puedo hacer que te paguen lo doble o lo triple...¡Puedo hacer que te paguen cinco veces lo que han ofrecido! La paga no es problema, puedo hacerte rico en una noche.
-No es el dinero. La paga es bastante buena, pero yo ya no trabajarè en èsto.
-¿Pero por què?
-Hay otras cosas de por medio.
-El por èl, ¿Verdad?
-Le he prometido que ya no me liarè en èsto; ni con nadie màs... que todo serà tranquilo y eso.
-¿Y desde cuando cumples promesas asì?- se echò a reir.
-Las promesas son sagradas, lo sabes.- apretè los puños a los costados de mi cuerpo.
-Las promesas no eran nada para tì; las hacìas y a los cinco minutos las rompìas sin sentir ninùn tipo de remordimiento, ¿y ahora me dices que son sagradas? ¿Qué es lo que te han hecho? ¿Dónde está el Tom al que nada le importaba?
-Murió junto con Dani, Marc.
-Eso que dices es mierda, chico. Aún después de que ella muriera, seguiste en ésto y fuiste mejor; te convertiste en el maestro y en el más ruin de todos los que he conocido. ¿Por qué dejar todo ésto?
Quería decirle que por haberme enamorado de un chico al que tenía que pagarle de algún modo el sufrimiento que le había causado. -Seré famoso, Marc.- así que no se me ocurrió otra sali8da que utilizar lo del contrato con la disquera a mi favor. -Llegaré alto y no quiero que ésto se sepa.
-Tú podrías seguir con ésto si quisieras sin darlo a conocer: nunca dejas rastro, ¿quién podría saberlo? Y siendo artista, ¿quién sospecharía de tí? Anda, sigue. Ya encontraremos la manera de administrar el tiempo entre tus presentaciones y ésto.
-No. ¿No me escuchaste? Ya no quiero estar en ésto.
-Sabes que no es así de fácil.
-Nunca, nada ha sido fácil, Marc. Pero quiero intentar ésto.- pasó la mano por su barbilla. riendo un poco más, de manera baja. -Me retiraré antes de que cometa un error y no pueda remediarlo.- froté mis manos e hice lo que jamás se debe hacer con una persona como él: le dí la espalda, creyendo que me dejaría ir sin más.
Me tomó rápidamente de los brazos, estrellando mi cuerpo contra el cofre de su auto; colocándome de frente a él. -Escúchame bien, niño: tú estás aquí gracias a mí; sobreviviste y aprendiste a defenderte gracias a mí; porque te enseñé todo lo que sé... No me puedes dejar por un maldito marica que supo enredarte en su vida.
-Ese que llamas marica me ha enseñado muchas más cosas en días de lo que tú me has enseñado años. Él vale la pena desafiarte para vivir de manera "normal".
-Un asesino no puede vivir de manera normal después de haber matado a cientos de personas, Tom.- sus manos hacían presión en mis brazos; como si quisiera sumirme en la carrocería de su vehículo. -Tú no puedes dejarme así, con todos éstos trabajos...
-Si tanto te urgen, hazlos tú, como antes de que me encontraras.
-¡Te quieren a tí! ¡Sabes mejor que nadie que te has vuelto un experto en ésto! Yo tuve mis errores en el pasado, pero tú tienes un futuro brillante por delante, ¿por qué desaprobechar tus actitudes?
-Consiguete a otro, Marc. Yo no lo haré más... ni aunque amenaces mi vida.- su fuerza disminuyó conciderablemente, con lo que pude quitármelo de encima. -Yo paso.- me retiré unos pasos, ignorando las marcas que había dejado por encima de mis codos.
-Quizás no sirva de nada amenazar tu vida, ¿pero qué tal la de Bill?
Me detuve a un escaso metro y medio de él. -No te atreverías.- dándole la espalda.
-Te interesa... y no sólo como amigo. ¿Qué si muere?
-No lo digas ni en broma.
-Podemos ayudarlo a cruzar a la siguiente vida... sin errores, esta vez.- regresé a verlo de nuevo: una sonrisa adornaba su rostro.
-Es un hospital, está lleno de vigilancia... no lo harías.
-En un hospital pueden ocurrir muchos accidentes, Tom.
-No te atrevas.- regresé sobre mis pasos, de nuevo frente a él.
-Si haces lo que te pido, nada ocurrirá, en serio.- Como si no hubiese tenido suficiente con el incidente de Bill, ahora ésto.
Lo de menos hubiera sido ignorarlo... pero lo conocpia demasiado bien. si quiere algo, siempre lo consigue a cualquier precio.
-¿A quién debo exterminar ésta vez?- termminé por rendirme, preguntando con la cabeza baja.
-Así me gusta.- sacó de su chaqueta un sobre bastante pesado.
-¿Es toda su información?
-Son todos los trabajos que tenemos.- sacó unas tres hojas. -El primero de la lista es un doctor que se ha negado a cooperar con los Jäger. Los recuerdas, ¿cierto?
¿Cómo olvidarlos? Eran la familia "concentida" de Marcus, ya que eran unos clientes frecuentes en ésto... digamos que eran la fuente de riqueza principal de ambos... osea: tenían decenas (sino es que miles) de enemigos de los que me encargaba.
Asentí. -Pues resulta que éste tipo no quiso quedarce callado al saber que fueron ellos los que han mandado matar a un paciente suyo y...
-Sabes que no me gusta que me den detalles: mientras menos sepa de la víctima, mejor.- le interrumpí friamente.
-Se llama William Winckler.- la sangre se detuvo momentáneamente en mi cuerpo. -¿Qué te ocurre, chico?
-No puedo hacer eso. Será mejor que lo hagas tú.
-¿Quieres que te vuelva a decir lo que podría pasar si no haces tu trabajo?
-No es por él solamente ésta vez.
-¿Entonces?
-Le salvó la vida a Bill; se ha mostrado bueno conmigo... y parece que es amigo de la familia.. yo no...
-Te dije que no era bueno encariñarce con nadie. Los lazos sólo arruinan la vida de uno mismo.
-No lo haré.
-Está bien, pero si Billi no abre los ojos mañana, no será mi culpa.- le puse las manos encima.
-¡No te atrevas a tocarle ni un pelo!
-Eso depende de tí, niño.- pensé las cosas: tenía que andarme con cuidado en ésto. Lo solté y acepté el trabajo. -Te pagaarán bastante bien. No te preocupes.
-Déjame en paz.- me alejé del estacionamiento, directamente a la habitación de Bill, tratando de no moestrarme enfadado.
Dentro no había nadie más que una enfermera. -Con permiso.- que se fue apenas me vió.
-Es linda.- traté de sonreir y esconder mi disgusto.
-Deja eso, Tomi.- alargó el brazo, invitándome a tomar su mano. Al ver sus cicatrices, sentí un par de puñaladas al corazón.
-No debiste.- dije sin pensar.
-Lo sé. Pero no te preocupes: ya no me duelen.- sonrió.
-Fue por mi culpa... y me siento terrible.
-Usaré muñequeras: así no tendrás que verlas.- me hizo sonreir. Las promesas que has dicho...
-Las cumpliré... trataréde cumplir la mayoría de ellas.
-No tienes que cumplirlas.
-Pero...
-Te perdono.- me vio dulcemente. -Me basta con estar de regreso.
-Escucha, yo tengo... aún tengo un trabajo pendiente.
-Pensé que Ronald era el último.
-Yo creí que sería el último. Me equivoqué.
-¿Qué pasa, Tom?
-Es buena la paga y...
-Lo haces por otra cosa. Dime.
Después de todo, tenía razón: yo era transparente a sus ojos. ¿Cómo mentirle? -Es contra mi voluntad, ¿de acuerdo?
-Escapemos entonces.
-No es tan fácil.- me puse de pie. Si quería terminar con ésto pronto, sería mejor que comenzara ahora. -Tengo que irme, Bill. Volveré más tarde, lo rpometo.- besé su frente y salí de la habitación.
Caminé por el pasillo, preguntando por Winckler. Un par de sus colegas me enviaron al laboratorio, en la planta baja.
Entré sin hacer ruido. tomé un pequeño alambre que tenía a la vista y me acerqué a su espalda. -¡Tom! Pero qué susto me has metido.- no respondí. -Si quieres estar aquí será mejor que te pongas ésto.- me entregó un par de guantes y un tapabocas. Los acepté, sin ponérmelos. -Simone quiere unos resultados cuanto antes...
-¿Teme que algo le pase a Bill?
-No. Más bien, sospecha de algo... y quiere... queremos...- se giró y me sonrió. -...confirmar o desmentir algo.
-Tiene que ver conmigo, ¿verdad?
-¿Te lo dijo?
-No, pero no ha dejado de mirarme.
-No puedo decirte nada hasta que tenga los resultados.- me dió la espalda de nuevo. -Pero en caso de que sea cierto, déjame decirte que ...
-Lo siento.- dije bajo, acomodándome más cerca de él.
-¿Qué?
-Espero pueda perdonarme, doc.- coloqué el alambre rodeándo su cuello y lo sujeté con fuerza, cortándole la respiración; escuchando sus jadeos, tratando de encontrar un poco de oxígeno; luchando contra mi fuerza. -Es por Bill... lo siento.- no ví su rostro deformarce, pero me lo imaginaba.
Lo dejé caer al piso, sujetando lo que me había servido como arma con una mano. -Era su vida o la de Bill. Lo lamento tanto... le agradezco todo lo que hizo por él, pero no podía dejarlo con vida sabiendo que él podía morir a manos de un maldito desalmado. Entiende, ¿verdad?
-¿Tom?

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