(Tom)
Desde que entré al salón ya lo había avistado en el fondo y, la verdad, pensé que era chica, pero al acercarme y darme cuenta que no lo era, no me importó. Había algo en él que me atraía... por los mil demonios... ¿atraerme a mí un chico? ¡Qué va! Quizás sólo quería experimentar y ahora ahí, en el suelo, sobre él, se me daba la oportunidad perfecta.
Su calor era tan agradable... sus ojos vidriosos por las lagrimillas pasadas y su labios rosados eran tan tentadores...
Me acerqué a él lentamente, sin moverme mucho. Él no hizo nada, aunque creo que ya sabía muy bien lo que yo quería. Rocé mis labios con los suyos, consiguiendo un estremecimiento por parte de los dos. Me gustaba el sentir este nerviosismo extraño, así que seguí. Profundicé un poco más el beso, esperando que me dejara hacer.
-Tom...- entreabrió más la boca, dándome acceso total. Paseé mi lengua por su interior, topándome con su percing metálico. Sonreí.
Me acomodé mejor para poder jugar con mis manos, sin soltar sus labios. Pasé una de ellas por debajo de su playera. -Tom...- separé nuestras bocas despacio.
-¿Qué pasa?- su rostro mostraba un poco de inseguridad.
-No creo que...- fui bajando la mano, llegando a su entrepierna. -Mmm...
-No me digas que no te gusta.- dibujé una sonrisa divertida. Me gustaba verlo así: sonrojado y lleno de nerviosismo. -Anda... te gusta.
-Yo... no...- cerró los ojos e hizo la cara a un lado. -No es cierto.
-¿Que no?- apreté un poco. Lo escuché gemir, agrandando mi sonrisa. -Te gusta.- repetí.
-Yo... duele.- se coloreó un poco más. Se veía tan dulce... y apetecible.
Bajé el cierre del pantalón y sus bóxers, dejando a la vista su erección. -Espera.- trató de taparla con una mano. Si supiera que sólo me exitaba más el verlo así, no lo hubiera hecho. -Por favor... espera...
-¿Por qué? Me gusta.- recorrí mis labios con la lengua. -Sólo mírate...
-Basta, Tom.- estaba totalmente rojo. -No sigas...- Lo decía, tratando de sonar firme y de parecer decidido a detenerme, pero ni siquiera interponía las manos... sólo para cubrirce, pero no para hacerme a un lado.
Era divertido: yo, un lobo jugando con una oveja temerosa de lo que fuera a pasar.
Al ver que no me dejaría tocarlo más abajo de la cintura, seguí recorriendo su cuerpo, subiendo poco a poco su playera y su chaqueta
Su piel era blanquecina, suave... como de porcelana... era... hermoza... una delicia. Sus tatuajes, una estrella y una gran "B" en el costado, al igual que su percing en el pezón eran adornos que enriquecían su ser...
No me resistí más y empecé a recorrerlo con mi lengua, jugando más con sus pezones, mientras seguía pidiendo que parara.
Logré desacerme de su ropa, tirándola lo más lejos que pude. Él se quedó acostado en el suelo, viéndome fijamente, tembloroso como un pequeño asustado. Me quité la playera; tomé una de sus manos y la posé sobre mi abdomen. -Puedes tocar, si quieres.- clavó su vista en mí y tragó saliva. Aprovechando que estaba perdido en otros pensamientos, fui bajando aún más sus prendas.
-No. Espera.- Ya era tarde. Logré quitarle la ropa por completo. -Dices que no quieres... que no te gusta, pero "él" me dice otra cosa, Bill.- señalé su miembro, totalmente erguido.
-No es por tí.
-Entonces es por las caricias... ¿o fue el beso?- ya no dijo nada. Creo que empezaba resignarce.
Cogí su miembro con una mano, acariciándolo suavemente de arriba a abajo, haciéndolo emitir algún gemidito de vez en cuando; llegaba a la punta y apretaba un poco, haciéndolo gemir un poco más alto.
-No...
-¿Seguirás diciéndome que no siga?
-No pares...- dijo en un susurro. Me sorprendió... y alegró. Significaba que ahora sí tenía libre acceso a todo él sin reproches o intentos vanos de detención.
El calor estaba empezando a quemarme por completo. Me deshice del pantalón, quedando desnudo igual que él. Al ver mi pene totalmente exitado, abrió los ojos a más no poder. -Es... es grande.
-¿Te gusta?- no respondió. Me incliné una vez más sobre él. Con un dedo me fui abriendo paso en su entrada. Estaba apretado... demasiado. Se quejó un poco.
-¿Dolerá?
-No si te relajas.- cerró los ojos con fuerza. Metí el segundo. Un quejido más... pero aumentó el volúmen de sus quejidos al introducir el tercero. -¿Quieres callarte?
-Duele.
-Verás que pronto dejará de dolerte.- le susurré en el oído, dejando después un beso en su cuello.
Levanté un poco su cuerpo, colocando mi miembro en su entrada. Fui metiéndolo lentamente, observando sus gestos de dolor. -Tranquilízate.- Seguí, tratando de ignorar sus quejidos y sus gestos. Su interior se sentía tan cálido; tan estrecho... tan delicioso.
Por fin, estaba totalmente en su interior. Comence por meterlo y sacarlo despacio, con delicadeza. Intentando que se relajara y empezara a adisfrutar... aunque fuera un poco.
Pasados algunos minutos, comencé a escucharlo a gemir nuevamente. -Mmm... Tom... Ah...
-Te dije que dejaría de dolerte pronto.
-Sigue... por favor... no te detengas...
-Tus deseos son órdenes.- aumenté la velocidad de mis embestidas. Su cuerpo se estremecía con un poco de violencia a cada remate; su cuerpo se estremecía y echaba la cabeza hacia atrás, enconrvándece más y más...
-¡Tom!
-Ah...- justamente cuando estaba por correrme en su interior, él hizo lo propio, salpicando mi estómago.
-¡Ah!- gritamos al mismo tiempo. Caímos rendidos, yo con el rostro sobre su pecho, sin salir por completo de él. Podía escuchar su acelerado ritmo cardiaco.
-Tom... tom...- y su respiración entrecortada. -¿Qué... qué acabamos de... hacer?
-¿Por qué?
-Sólo dime... ¿qué acabamos... de hacer?
-Acabamos de... tener sexo.- Subí mi rostro, viéndo cómo cerraba los ojos de nuevo. -Acabamos de tener sexo... en la sala de tu casa.- sonreí.
-Maldición.
-Sí: maldición.- repetí. Se movió, sacándome de su interior en un suspiro. Me hizo a un lado y se puso de pie,buscando nuestra ropa.
Reunió la mía y la aventó a mi rostro. -¡Hey! Cuidado.
-Vístete. No quiero que mi madre te encuentre desnudo.- puso cara de enfado. Se retiró de mi vista, supongo que para ir al sanitario y limpiarce... me vestí tranquilamente. Para cuando volvió, aún no me había colocado la playera. -¿Qué esperas?- puso sus manos en su cintura.
-Nada.- me acerqué a él, jugando con mi perforación.
-¿Qué quieres?
-Nada.- repetí. Al tenerlo lo bastante cerca, logré robarle un beso. Y, como esperaba, me empujó.
-¿Estás loco?
-Loco es no aceptar lo que acaba de pasar...- lo tomé de la muñeca. -...Yo lo admito: me gustó hacerte mío.- Trató de escapar. -De escucharte gemir y pedir que no me detuviera...- Me vió a los ojos, incrédulo. -...De ver cómo te retorcías de placer debajo mío.- Hasta que lo harté y me golpeó.
-No digas eso. Fue un error...
-Sí, claro. Te gustó, lo sé. Aunque lo niegues mil veces, yo sé que te gustó.
-Basta ya.
-Te morías de gusto...
-Cállate.
-Te dí placer, ¿no? Te encantó... no puedes negarlo.
-¡Cállate, cállate! ¡Basta!- se llevó las manos a los oídos y cayó al piso de rodillas.
Me acerqué. traté de tocarlo, cuando escuchamos claramente cómo abrían la puerta...
-Mamá.- susurró. Busqué por todos lados mi playera, mientras él intentaba aparentar que nada había pasado...

nooo esta muiii buenoooooooooo
ResponderEliminarplisss el proximo cap yaaaaaaaaa
estoy impaciente por saber que pasará... Pon el siguiente plis!!!!!!!!!!!
ResponderEliminar