jueves, 9 de diciembre de 2010

Tom

Las clases siguieron lentamente... de igual manera: Tom me esperaba a la salida del salón,para dirigirnos a la siguiente hora, sólo que ya no hablamos, sólo lo seguía y nos sentábamos al fondo, con las miradas de los demás encima, hasta que llegó el momento de ir con los G's.
-¿Ahora a dónde?- me preguntó al ver que nolo seguía al patio.
-Quedé de verme con unos amigos en el salón 4...- ¡Fantástico! Había olvidado la letra... Maldición.
-4... ¿qué?- no pude responderle. -Ah, no importa. ¡Que te diviertas!- antes que pudiera dar media vuelta, le detuve.
-¡Espera! ¿No vienes?
-Son tus amigos, yo no los conozco.
-Ven, anda.
-No creo que quieran conocerme.
-Anda.- 4 horas habían bastado para aceptarlo como mi amigo... sólo conocía su nombre, pero ya le tenía cariño. -Por favor.
-No.
-Por favor...- hice pucheros como niño de 3 años. Nunca me fallaban... y esta vez no podía ser la escepción.
-Está bien, está bien. Sólo si prometes no volver hacer eso.
-¿Hacer qué?- pregunté divertido aún haciéndolos.
-Eso.- señaló mi rostro. Yo acepté el trato. Caminamos al primer piso, buscando entre el mar de estudiantes a mis amigos,hasta que dimos con ellos: estaban recargados en una de las puertas.
-¡Vaya! Empezaba a pensar que no vendrías...
-O que habías olvidado el salón.
-Si lo había olvidado, pero aún así dí... dimos con él.
-Y tú eres...- Georg se dirigió a mi acompañante. Lo examinó de pies a cabeza,como si lo etuviera escaneando.
-Tom Trumper, mucho gusto.- No hubo manos estrechadas, sólo intercambio de sonrisas.
-¡Qué bien! Ahora no eres el único "raro", Bill.
-Muy gracioso.- el único que parecía no aceptarlo muy bien era Gustav. Ni siquiera le dirigió la palabra, así ue tuve que ser yo quien los presentara.
-Eres nuevo, ¿verdad, Tom?
-Si. Llegué hace unos días.
-¿Y tienes a alguien conocido aquí o vives solo?
-Vivo con mi hermano Andreas.
-No es cierto.- por fin Gustav reaccionó. -Tú no puedes ser su hermano...
-¿Lo conoces?
-Es mi vecino. Nos llevamos muy bien, pero jamás me habló de tí.
-No es muy agradable hablar de tu hermano cuando está tan lejos desde hace tantos años... Ya casi no me reconocía cuando volví.
-¿Dónde estuviste?
-En un internado.- dijo de manera distante y un poco fría. -Así que es un placer estar de vuelta entre chicos y chicas lindas... y ya no estar más encerrado.
-No es un buen tema de conversación.- Georg giró el rostro y se sirigió a la salida. Nosotros nos quedamos en nuestros lugares. -¿Vienen o qué?
-¿Pero y las clases?
-Olvídalas, Bill.- Gustav siguió de inmediato al castaño.
-Quedan la mitad.- traté de hacerlos regresar, pero no pude. Tom me jaló de la chaqueta.
No es que me importe mucho la escuela, pero era mi primer día, además....
-¿Ahora te portarás como un buen niño?- me retó Georg... claro, ¿quién más? Después ellos sabían de mi historial de problemas en mi antigüo colegio. No me gustaba estar quieto y muchas veces me metía en líos por cualquier bobería...
-Síguenos hablando de tí, Tom.- llegamos al estacionamiento y nos subimos a la camioneta de Gustav.
-Bueno, tengo 19; me gusta el basquet... am...
-¿Por qué no hablamos de otra cosa?
-¿Sabes tocar la guitarra?
-¡Claro! Soy una mestro en eso.- dijo con una enorme sonrisa. -¿Por qué la pregunta?
-Nos falta un guitarrista para la presentación y...- ni siquiera me dejó completar la frase.
-¿Dónde firmo?- todos echaron a reir.
Pasamos unas dos horas hablando de ésto y aquello, hasta que Georg recibió una llamaada de su madre, que pareía urgente, pues se despidió de nosotros y nos dejó solos.
Como parecía que Gus no se llevaba con Tom y no le interesaba conocerlo mejor, se ofreció a llevarnos. -A menos que tengas auto...
-Está en el taller... lo destrocé en una carrera.
-¿Corres?
-A veces. Se gana muy bien en las apuestas.- él subió por delante, yo le seguí. Las mochilas iban en medio de ambos, como una barrera...
-¿Quieres que te deje en casa o tienes que pasar a algún otro lado?
-No tengo nada qué hacer, así que...
-¿Quieres pasar a mi casa? Puedes enseñarme qué tal tocas.
-Está bien, si no hay problema...
-¿Estás seguro, Bill?- Se preocupa demasiado... se parece a mi madre a veces...
-Estaremos bien, Gus.
-¿Y tu madre?
-Trabajando,como siempre. Tranquilo.
-¿Es tu niñera?- Aunque le divertía, era evidente que ninguno se caía bien.
-Vamos, Gus, sólo llévanos a casa, ¿si?- ya no dijo nada.
El resto del camino lo seguimos en silencio: Gus no despegaba la vista del camino; Tom lanzaba lamirada através de la ventana y yo mantenpia la mirada en frente, sin pensar en nada.
En una curva, Gustav inclinó de más el vehículo, haciéndo que Tom cayera sobre mí. Su cuerpo cayó de lleno sobre mis rodillas... ni siquiera las mochilas habían servido de nada.
Su calor se sentía tan bien... era una sensación diferente... muy agradable... demasiado...
-¡Chicos! ¿Están bien?- No nos dió tiempo de movernos. Tom seguía encima de mí. Subió el rostro, tratando de enderezarce.
-Sí... creo.- y, dándome espacio para volver a sentarme, volvió a su sitio. -Pero creo que no eres un buen  conductor.
-Lo siento. Un idiota se atravezó en el camino. Por poco lo atropello...- La cara de Gus estaba pálida... pobre. -¿Bill? ¿Estás bien?
-Yo... sí... creo que sí...
-Bien. Lo siento.- un par de disculpas más y regresamos al camino. No podía dejar de sentir el calor de su cuerpo sobre mí... no podía dejar de verlo... era inevitable.
-Llegamos.- Gus se quedó recargado en su camioneta hasta que entramos y estar seguro que estaríamos bien.
-Tu amigo es un haz detrás del volante.- Caminó directo a la sala, como si fuera su casa.
-Estaba nervioso, no lo culpes.
-Yo no lo culpo de nada.- sonrió. Traté de verlo a los ojos, pero retiraba la vista. -¿Vas a querer que te enseñe un poco de ésto?- dijo haciéndo como si estuviera tocando la guitarra.
-Claro, claro... espera.- Subí al cuarto de mi madre, tratando de quitarme la sensación de su cuerpo. Tomé el instrumento con nerviosismo.
Bajé y lo ví caminando distraídamente por todo el lugar. -Aquí está.
-¡Venga!- se giró muy alegre. -¡Pero mira nda más que lindura!- y por sus palabras, creo que le encantó la guitarra.Era la primera vez que veía que alguien se ponía así de contento con un instrumento así.
Sonreí con él. Se sentó en el sillón y yo en el suelo,frente a él. -Muéstrame.
-Con gusto.- y comenzó a tocar unos acordes ligeros... sutiles... hermosos. Nunca me había topado con alguien que tocara de esa manera.
De alguna manera, las notas tocaron lo más profundo de mi corazón. Era una melodía hermosa, pero triste, así que solté un par de lagrimillas.
-¿Pasa algo?
-No. Es que... creo que soy un tonto sentimental...- limpié las lágrimas con la manga de mi chaqueta. Tom dejó de lado la guitarra y se acercó un poco, pero algo pasó. No sé qué fue, pero algo o alguien lo  empujó, cayendo sobre mí, entre mis piernas.
Su mirada se concentró en la mía; la sensación de hace unos momentos volvió... el tiempo parecía haberce detenido... nada irrumpía en la sala o en la casa.
Estábamos solos, uno sobre el otro... ¿qué podía pasar si nos acercávamos un poco más?

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