(Bill)
Mi madre... de todas las personas que podían haber llegado en ese momento, ¿por qué tenía que ser mi madre?
-Mamá...- volví a susurrar. Empujé a Tom, casí tirándolo al piso. Corrí a la puerta, dándole un poco más de tiempo para que se pusiera su estúpida playera.
-Pensé que llegarías...- Antes de terminar, Andy apareció atravezando la entrada.
-¡Hola, Bill! Lamento haber venido sin invitación, pero encontré a Gus en el camino y me dijo que mi hermano estaba contigo...
-¡Hola, cielo!- mamá venía detrás, con algunas bolsas del super mercado. -Me topé con Andy en el camino y me pareció buena idea invivtarlo a comer.- me sentí palidecer en cuanto pasaron a mi lado.
-¡Esperen!- tomé el brazo a mi madre. Andreas volteó a verme.
-¿Te sientes bien, Bill?- Mamá me vió con cara de preocupación. -Estás pálido.
-Yo... yo...
-Yo-yo. Siempre tú. Vámos bill, no me digas que enfermaste de repente.- Se giró de nuevo y suguió hasta la cocina.Mamá se acercó a tocar mi frente para asegurarce de que no tuviera fiebre y, al darce cuenta de que no, lo siguió, no sin antes decirme que estaba raro...
-¡Hey!- El grito de Andreas me hizo reaccionar. Corrí a la sala, sólo para encontrarme con un Tom recostado en el sofá, tocando la guitarra, como si no hubiese pasado nada... maldito. -¡Tomi!
-Andy...- puso cara de fastidio. Dejó el instrumento a un lado y se puso de pie en cuanto vió a mi madre. -Mucho gusto, señora. Mi nombre es Tom.
-Pareces un muchachito muy educado, Tom.- sonrió dulcemente. Si, claro. Si hubiese llegado unos cinco minutos antes, no pensarías lo mismo. -Andy me ha hablado mucho de tí en éste corto tiempo.
-De seguro todo lo que le dijo fueron mentiras.- se acercó a ella y, amablamente, le ayudó con la carga. Maldito dos caras.... hijo de...
-¡Hey, Billi! Ven acá.- Ni siquiera me dí cuenta de cuándo se había deshecho de las bolsas que mi madre le había cargado a mi amigo. Me tomó por detrás y comenzó a revolver mi cabello, haciéndome reir y hacer un poco de lado la situación de hace unos momentos.
Andreas era como mi hermano mayor: siempre estaba ahí cuando lo necesitaba y jamás me fallaba. Sabía que con él siempre podía contar, sin importar lo mal que se pusieran las cosas, al igual que con los G's... pero nunca me había hablado de su "hermano".
-¡Ya basta, Andy!- le dije entre risas. Había comenzado a hacerme cosquillas y terminamos en el piso.
-Muy bonitos, Andreas.- Tom estaba sentado en el descansabrasos del sillón, viéndonos con los brazos cruzados. -¿Aún son niños pequeños?
-No, pero Bill aún es divertido. No como otros, como tú comprenderás.- Él hizo cara de disgusto.
-Espero que se queden a comer, muchachos.- Mamá ya había puesto manos a la obra en la cocina. Nos pusimos de pie y caminamos al comedor.
Andy se sentó a la derecha. Iba a sentarme a su lado, lejos del rastafario, pero me jaló del brazo. -Tú vienes conmigo.
-¿Qué te pasa? ¿Quieres arrancarme el brazo o qué?
-Tenemos que hablar.
-¿Todo bien?- preguntó Andy.
-Sí, sí. Sólo necesito hablar con Bill del asunto de la guitarra.
-¿No puden aguantar hasta que terminemos?- Volteé a ver a a Tom, quien me mandó una mirada asesina que decía "si no me sigues, te mato." Quizás estaba delirando, quizás fue mi imaginación, pero me pareció que eso quería decir.
-Es importante. Regresamos en un momento.- Volvimos a la sala.
-Tú sí que estás loco. ¿Cómo es que actúas como si nada hubiera pasado?- como pude, me safé de su agarre, poniéndo de nuevo mi cara de enfado.
-Porque no pasó nada.- se rió burlonamente.
-¿Cómo que nada? ¡Si acabamos de tener...!- Me tapó la boca a prisa.
-No hay necesidad de gritar.- Me arrastró hasta el sofá, tirándome en él y colocándoce encima, de nueva cuenta. -Sé muy bien lo que hicimos, pero nadie tiene por qué saberlo.- En eso tenía razón, pero aún me quedaba con la duda de por qué había dicho que no había pasado nada. -Pasa algo cuando alguien no lo quiere aceptar, pero cuando las personas aceptan las cosas, entonces no pasa nada.- Era como si pudiera leer mi mente.
Retiró de poco su mano,dejándome hablar. -No te entiendo.
-Lo entenderás después, Billi.- Me besó delicadamente. Yo me quedé clavado en mi lugar, viéndolo fijamente. ¿Cómo podía hacer eso sin el más mínimo rastro de nerviosismo?
-No ha pasado nada entre nosotros que me haga arrepentirme.- se levantó despacio y se fue.
Me quedé solo, helado, en la misma posición en la que me había dejado, pensando las cosas: quizás sí me había gustado, quizás hasta lo había disfrutado... o tal vez sus palabras estaban tratando de convencerme... si, de seguro era eso, porque no me había... no podía haberme gustado aquello... no. ¿o sí? No, no... Bill, ¿en qué líoas te metes, por Dios?
-¡Bill!- mamá me llamaba del comedor. Me costó trabajo volver en mí, peor lo logré. Me senté a un lado de andy, frente a su hermano, quien me veía tan lujuriosamente...
-Y, dime, Tom: ¿te la has pasado bien en los días que llevas aquí?
-Sí. Me ha ido de maravilla, señora.- movió sensualmente su perforación. Sentí cómo subía el calor a mi rostro, así que bajé la mirada, tratando de no volver a verlo.
-Llamame Simon.- le dugirió mi madre. Se la estaba ganando tan fácil...
-De a cuerdo.
-¿Por qué no nos habías hablado de él, Andy?- pregunté, tratando de ocultar mi nerviosismo.
-A mi querido hermano no le gusta hablar de mí.- Por momentos se puso serio. De nuevo asumiendo el papel de doble cara. -No es muy agradable tener por hermano a un chico buscapleitos y relegado de la sociedad...
-Oh, Tomi.- Mamá alargó la mano hasta tocar la suya. -Tú no puedes ser así...
-Ya no importa.- volvió a sonreír.
Pasó el resto de la comida sin más preguntas acerca del chico nuevo. Era tan difícil entenderlo: de repente actuaba sensual... por lo menos frente a mí o cuando nadie más miraba; era bien portado y sumamente educado frente a mi madre y cuando hablaba de él, se volvía un poco frío y lígubre. Un total caso para el psiquiátrico... Pero lo que más me molestaba, era la sensación de empezar a sentir algo por él.

No hay comentarios:
Publicar un comentario