martes, 14 de diciembre de 2010

De nuevo... no.

Se fueron.
Ayudé a lavar los trastes, mientras mamá hablaba de "mi nuevo amigo". -Parece buen chico.
-Lo es.- aprovechando que estaba de espaldas a ella, le contesté lo que quería escuchar, poniendo mi cara de disgusto.
-Dijo algo de la guitarra, ¿no?
-Si.
-¿Sabe tocar?
-Toca hermoso.- era lo único que me gustaba de él y que me hizo sonreír y responder sinceramente.
-Entonces ya están completos, ¿no?
¿Lo estabamos? ¡Tenía razón! Eso significaba verlo a diario para los ensayos, y quedarnos hasta tarde solos... buscando el acompañamiento indicado para las letras... quedarnos... solos... Dios, no. ¿Y si se le ocurría hacerme lo mismo? ¿Y si...?
-¡Bill!- un plato resbaló de mis manos, cayendo al suelo y haciéndoce mil pedazos. -Pero ¿en qué piensas, cielo?
-En nada.- sequé mis manos y me dí la vuelta. -Creo que iré un rato a mi cuarto, ¿si?
-¿Te sientes mal?
-No. Sólo un poco cansado.- me dejó irme sin decir nada más.
Me tiré en la silla, delante del escritorio, dejando caer mi cabeza hacia atrás. Ella tenía razón: por fin estábamos completos. Cuando se entere,. nadie pondrá ningún pero: a Geo parece que le cayó de maravilla el rastafario; Gus no diría nada, porque era el hermano de su vecino... Andy se pondría feliz por su hermano, ¿no? Después de todo, eso es lo que hacen entre hermanos: se sienten felices si algo bueno le ocurre al otro. Por lo menos a mí me pasaba así con Jennifer, mi pequeña hermana a quien no veia desde hace un buen rato. Se fue de intercambio a Inglaterra por sus altas calificaciones y desde hacía un año no tenía contacto con ella más que por alguna que otra carta... me hacía tanta falta...
Se llegó la noche. Mi madre me deceó dulces sueños y se retiró a dormir. Yo no podía dejar de pensar en lo que había pasado con Tom y me dormí con la imagen de él sobre mi cuerpo.

Al día siguiente, para mi mala suerte, Tom y Andreas pasaron a recogerme. -¡Hey, Bill, sube, anda!- Andy me gritaba desde el asiento del conductor. Intenté poner excusas para no acompañarlos, pero fue inútil.
Subí a la parte trasera del cadillac negro, tratando de no ver a su hermano.
-Creí que el tuyo era un ferrari.
-Éste es de Tom. Lo acaba de recoger del taller.
-Y mi bebé quedó como nuevo.- sonreí. A parte de la guitarra, parecían gustarle enormemente los autos.
-EL muy tonto corrió hace unas noches y chocó con su rival.
-Él tuvo la culpa: se me cerró.
-¿Y no te pasó nada?- inconcientemente... muy en el fondo, creo que me importaba.
-Sólo un par de rasguños y moretones.
-Y una cuenta altísima son el mecánico.- soltó su hermano. Tom le dió un pequeño golpe en el brazo para hacerlo callar.
Dejamos a Andy en su estudio: trabajaba de publicista y le encantaba ese pequeño despacho que llamaba "estudio de arte". Si,como no.
-Sube, Bill.- Me ofreció el asiento que ocupaba mi amigo antes. Tuve que haberme negado, pero algo me hizo obedecerlo sin decir nada.
-¿Y qué tal pasaste la noche?
-Qué te importa.- contesté desganado. Él se rió.
-Huy, que geniecito. Te lo pregunto de buena gana. ¿Qué tal tu noche?
-Bien.
-¿No me echaste de menos?
-¿Qué?
-Vamos, puedes decirlo. Mi hermano se ha ido.
-No sé de qué hablas.- se orilló y se acercó más a mí. Me pegué a la puerta. -Tom...
-¿No me vas a decir que no pensaste en ésto?- me besó. Se las arregló para pasar una de sus manos por debajo de mi playera.
-Aquí no Tom...
-Quizás te sientas más cómodo si lo hacemos de nuevo en tu casa.
-No otra vez... por favor...

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