"Cierto es que te amo con toda el alma; pero también es cierto que me muero lentamente con cada roce y caricia tuya, pues la vida que se perdió en tus manos clama venganza contra tí al entrar entrar en contacto con mi piel, aumentando la presión en mi ya desgastado corazón... y aún así no hago nada para detenerte. Me gusta la manera en la que me matas..."
-by Bill
Llevaba días así: observando la manera en que preparaba todo por las tardes; viéndolo partir antes de que llegara el anochecer y pasando las noches en vela, esperando que volviera con bien. Me mataba el tiempo que estaba lejos de casa y cuando regresaba, me mataba el que me tocara con sus mano teñidas en sangre. Últimamente le gstaba demás con ciertas "víctimas" y terminaba con las palmas y el borde de su playera manchados en rojo... me daba un poco d emiedo el verle así, pero no me atrevía a decirle algo.
Yo lo había regresado al camino del asesinato y ya no tenía manera de sacarlo de ahí.
La noche no es diferente: recostado en el sillón, con la vista fija en la entrada, luchando contra el sueño y el cansancio.
Al escuchar abrirce la puerta, cerca de las 2 de la madrugada, salté del sillón y corrí a recibirlo. -¡Tom! Qué bien que...- no me dejó completar la frase; dejó caer sus labios sobre los míos, de manera violenta. Al separarce, mordió un poco mi labio inferior, haciéndo que un dolorcillo apareciera en mi boca.
Automáticamente me llevé los dedos a los labios, para comprobar que me había rasgado.. y que un poco de sangre salía. -¡¿Qué te pasa, Tom?!- No respondió, sólo recogió con su lengua el rastro de sangre que se había colado a sus labios. -¿Te gusta?- pregunté un tanto molesto.
-Es lo más dulce que he probado en mi vida.- sonrió lujuriosamente.
-Púdrete, Tom.- le dí la espalda despuésde mostrarle el dedo medio.Caminé hasta el baño de nuestra habitación; enjuagué mi rostro y limpié lo que haía quedado de sangre... que a penas se veía, pero igual me molestaba.
Yo esperaba recibirlo de otra manera... ¿por qué demonios había hecho eso?
Aún molesto, me dirigí al enorme ventanal de la habitación. Abrí completamente las cortinas, viendo el patio trasero bajo la luz de la luna.
Escuché los pasos de Tom a mis espaldas, pero ni siquiera me molesté en verlo. Me concentré en el centro del patio, para evitar ver su reflejo en el cristal. -¿Sabes? Me dolió.- dije cruzando los brazos al tiempo que él me abrazaba por detrás, besando mi cuello. -Me hiciste sangrar.
-Ajá.- en vez de ponerme aatención o siquiera escuchar lo que le había dicho, seguía besándome.
-¡Tom, detente!- traté de golpearle el estómago para alejarlo un poco, pero me detuvo el brazo.
-Tranquilo, Billi.- su lengua recorrió cada milímetro de mi cuello, succionando de vez en cuando.
Por un momento cerré los ojos, disfrutando de sus juegos, hasta que el ardor en los labios al apretarlos me hizo recordar que estaba molesto con él.
Tenía que hacerle entender que a mí no podía hacerme eso.
Traté de alejarme de él, pero no pude: a cada movimiento apresaba un poco más mi mano. -Tom, por favor.- su mano fue bajando junto con la mía a mi entrepierna. -Tom...- colocó mi mano sobre mi miembro. -...detente.- pedí en un susurro.
Sin pensarlo, coloqué la mano que tenía libre sobre el cristal, al tiempo que colaba la suya debajo de mi playera.
No decía nada, sólo se limitaba a recorrer mi piel con sus labios y juguetear con su lengua. Poco a poco fui sintiendo cómo su erección iba aumentando. Inconcientemente eché mi cuerpo hacia atrás, haciéndolo reir bajo.
Fue soltando mi mano para desabrochar nuestros pantalones.
-Espera, tomi.- Hice mi rostro un lado, lo que aprovechó para besarme de manera más tranquila. -Deberíamos cerrar las cortinas.
-¿Por?- bajó mi pantalón por completo. -No nos caería mal un poco de público.
-Estas loco.- bajé la cabeza. -No quiero.
-Te gustará.- presionó la unta de mi miembro, abriéndoce paso en mi interior.
Abrí un poco más la s piernas, facilitádole la entrada y coloqué ambas manos sobre la ventana, dejando recargado mi rostro en ella.
Tom sujetaba mi cadera con fuerza, embistiéndome lento pero profundo, arrancándome gemidos de placer.
A veces paseaba su mano por mi erección, aumetando el placer; pegando su cuerpo al mío y aumentando la velocidad.
El salvajismo con el que me estaba haciendo suyo me encantaba.
Al llegar al unto culmine de su pasión desenfrenada, pegó su frente a mi espalda, estallando en mi interior. yo, por mi parte, lancé un grito, echándo la cabeza hacia atrás.
Sentí su semilla escurrir por mis piernas. Agaché la cabeza lentamente, respirando entrecortadamente.
-Eres un idiota... ah...- al separarce de mí, suspiré.
-Lo siento.- me dió la vuelta, colocando sus manos en mi cintura y me besó, pegando mi cuerpo al ventanal. -No podía esperar.- sus manos siguieron paseándoce por mi cuerpo.
-¿Qué piensas hacerlo... toda la... noche?
-No es mala idea.- comenzó a arrastrarme hasta la cama, entre besos y caricias.
Le dejé quitarme la playera sin problemas, quedando completamente desnudo frente a él.
Me apoyé en los brazos y junté las piernas, impidiéndole ver mi interior. A pesar de ya estar acostumbrado a que me viera así y que me conociera de pies a cabeza, aún me daba un poco de pena el mstrarme así.
-Te ves ermozo...- y, para colmo, sus palabras me sonrojaban -... más cuando te pones rojo.
-Idiota.- le sonreí.
Se tiró encima de mí, besándome y acariciando mis costados. Para facilitarle la tarea, fui elevando una de mis piernas, recibiéndolo gustoso.
Besó cada parte de mí; sus manos se abrieron paso por mi cuerpo, trazando sus caminos... y, una vez cansado de ir y venir, me pidió que me colocara de lado. sin hacer preguntas, obedecí.
-Ya teníamos tiempo sin ahcer ésto.- dijo elevando mi pierna y colocando su erección en mi entrada. Yo pasé una de mis manos hcia atrás, hasta tomarle del cuello.
En mucho tiempo no lo habíamos hecho... y me alegraba el que éste momento hubiese llegado...

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