sábado, 2 de abril de 2011

Llamada

"No puedes ocultar del todo tu vida. Por lo menos, no conmigo. ¿Por qué te empeñas en mantenerme al margen de la situación?"
-by Bill

Después de la plática entre Tom y Gustav, las cosas fueron mejorando un poco: la vista de nuestro amigo no se despegaba casi de nosotros, pero ya no hubo más preguntas incómodas ni sermones largos de su parte.
Frente a David y el resto del equipo no parecíamos más que hermanos normales, pero estando sólo con Geo y Jenni (ya que muchas veces Gustav se alejaba de nosotros) podíamos tomarnos de la mano, o podía dejar mi cabeza descanzando sobre el pecho de Tom... eso y nada de besos, ya que a Geo le incomodaba.
Varias veces escuchaba el celular de Tom sonar, pero o no contestaba o lo hacía cuando me alejaba lo suficiente para no escucharlo. Me parecía demasiado raro, ya que, según me había comentado, había cmabiado de número para que no lo molestaran.
Varias veces le pregunté quién era. "número equivocado, pequeño", era su eterna respuesta.
No era que me molestara, simplemente se me hacía raro.
-¡Bill!- Jenni se había convertido en toda una hermana sobre protectora desde que Tom y yo regresamos: por las mañanas era la primera en saludarme; la última en irse de la habitación al anochecer; la última en salir de la salilla antes de los conciertos... siempre detrás de mí vigilando que no se me ocurriera hacer alguna de mis acostumbradas estupideces... o que Tom no cometiera algún error.
-¿Qué pasa, nena?- de mañana y Tom aún dormía, así que tuve que salir con ella al pasillo para poder platicar.
-Mamá llamó hace unos minutos.
-¿Qué quería?- no hablaba con ella desde que salimos de gira. No tenía ánimos de escuchar su voz... no para que me preguntara por mi hermano.
-Saber cómo estaban... y por qué no respondes sus llamadas.
-Bueno... ella sabe que no se me da mucho eso de cargar conmigo el celular en los ensayos o en las presentaciones...
-O en las entrevistas o cuando estas con Tom. Si nunca lo cargas más que cuando Tom se queda en el hotel y sales con nosotros.- sonrreí.
-¿Qué le dijiste?
-Que mis queridos hermanos y yo estábamos bien. Le dió gusto el saber que ya nos llevábamos como una familia.
-Le dará un infarto si se llega a enterar de lo mío con Tom.- dije cabizbajo.
Jamás me había gustado causarle dolores de cabeza a mamá, aunque siempre terminaba haciéndolo de todos modos.
-Bill.- la voz adormilada de Tom llegó a nosotros. -Bill.
-¡Ya voy! ¿Quieres pasar a terminar de despertarlo?
-Am... no. Se molestará y me gritará como siempre.- hizo pucheros. -No le gusta la manera en que lo despierto.
-Quizás si no te la pasaras brincando en la cama encima de él...
-¡Es la única manera de despertarlo!
-Tú y yo sabemos que eso no es cierto.
-Yo ya no me le voy a subir encima a besarlo y hacer...
-¡Hey! ¿Quién te ha dicho que hacemos eso tan temprano?
Levantó una ceja. -Por favor, Bill, hablamos de Tom: es un obsesivo sexual de primera.
-Cierto. Pero no...
-¿Me dirás que no lo han hecho desde...?
-¿Y desde cuándo le interesa mi vida sexual a mi hermanita?- Tom salió con cara adormilada. Jenni se puso roja y bajó la mirada.
-Lo siento, Tom. Es que soy muy...
-...curiosa, lo sé. Es de familia, pequeña.- él le sonrió dulcemente. -Bill, ¿regresarás a la cama?
-Ya es de día, Tom. ¿No piensas salir un rato?
-No. Quiero que regreses conmigo a la habitación.- me tomó de la cadera. Jenni dió media vuelta, disculpándoce y dejándonos solos. -Anda, ven.
-Tom, hay que ir con los chicos. ¿No quieres ver el lugar?
-Nos queda mucho tiempo para eso.
-No es cierto: hoy después del concierto hay que subir al autobús y viajar a la siguiente ciudad.
-¿Tan pronto?
-Ajá.- se las ingenió para besarme, tomándome desprevenido. -¡Tom! Pueden vernos...
-No creo.- me besó por segunda ocación. -Anda, adentro.- me arrastró aentro de nuevo, sin dejar de besarme, pasando sus manos a mi espalda.
-Después de días de no querer tocarme así, ¿ahora me...?- ni siquiera me dejaba completar las frases.
-Vamos, Billi.- una vez que llegamos a la cama, me cargó delicadamente sobre él.
Comenzó a pasar sus manos por debajo de mi playera, pegándome a su cuerpo, mientras mis manos rodeaban su cuello.
Su legua chocaba contra mi paladar; tocando las paredes de mi boca... buscando quizás llegar hasta mi garganta.
Mis gemidos se ahpgaban entre nuestras bocas, al tiempo que nuestros miembros se exitaban más y más.
Bajé las manos para desabrochar mi pantalón, pues la entrepierna empezaba a dolerme.
Tom me detuvo. -Tego qué, Tommi.
-Déjamelo a mí.- sonrrió. Desabrovhó mi pantalón y colocó su mano en la punta.
-Mmm, Tomi...
-Ya necesitábamos ésto... ¿no?- la lengua recorrió sus labios pícaramente.
Apretó un poco; yo escondí el rostro en su cuello.
Mientras su mano dejaba al descubierto mi miembro por completo, su celular sonó insistentemente. Intentó dejarme de lado para contestar, pero lo retuve entre besos. -Por favor, Bill...
-No contestes.- le tomaba de la nuca, para profundizar más mis besos y mantenerlo unido a mí, pero no fue suficiente.
-Tengo qué.- Me cargó con suma facilidad, haciéndome a un lado. -No tardo, pequeño.- dijo en cuanto vió el origen de la llamada. Salió un momento.
-¡Mierda!- jalé la sábana, tapándome. En mi mente se dibujaban los gestos de Tom al estar en mi interior... sus gemidos me parecía escucharlos claramente a mi alrrededor... en lugar de tratar de esperarlo tranquilamente, yo sólo me estaba sobre exitando.
-Ah... Bill...- su cabeza se asomó desde la puerta. -..creo... creo que...
-No me digas que tienes que salir.
-Tengo que salir.
-¿Me dejarás asi? ¿en serio?
-Lo lamento, pero temo que sí. Es algo... urgente. Cuando vuelva te compensaré, ¿si?- ni siquiera esperó respuesta... y me dejó solo.
-¡Tom!- grité, esperando que se arrepintiera y regresara. -¡No me puedes dejar así!- pero nada.
Mi erección ncesitaba de él... mi cuerpo me lo pedía... él, el que había empezado con el juego, se había ido.
Las imágenes del sudor bajando por su rostro; la manera en que abría los labios al sentirce llegar al clímax; el tacto de sus manos al apresar mis caderas o pasarse por mi espalda... ¡Maldición! Tenía que encontrar la manera de deshacerme de ésto.
Inconcientemente, mi mano fue bajando, colocándoce sobre mi miembro. El recordar el rostro de Tom al sentir cómo se cerraba mi boca alrededor de su pene aquella ocación, me llevó a subir y bajar la mano, apretando los labios para que los gemidos no escaparan de mi boca.
Estaba un poco enfadado con él por haberme dejado así... pero eso no era suficiente impedimento para dejar de imaginarlo y querer decir su nombre aunque no estuviese ahí.
Comencé a echar la cabeza hacia atrás, ahogando los susurros... imaginándome que era la mano de Tom la que se paseaba por mi miembro. -Mmm... ah...- mis labios se fueron abriendo poco a poco, dejando escapar los sonidos... y entre ellos, su nombre, de manera baja. -Ah... Tomi.. mmm.- subí la velocidad en cuanto sentí correrme, al igual que aumenté el volúmen de mis palabras, hasta correrme en mi mano.
-Tom...- susurré al vacío. -...no debiste... irte así.- traté de normalizar mi respiración. -No debiste...dejarme...así. Te odio.- sonreí. Bien sabía yo que por más que lo dijera... y por más veces que se le ocurriera dejarme así, no podría odiarlo.
Seguramente al regresar me dejaría hacer, sin más... porque... porque simplemente era vulnerable a sus caricias, a sus besos y sobre todo... a sus deceos...
Si esa maldita llamada no hubiese sido tan urgente para él, hubieramos terminado lo que él había empezado y quedarnos lo que restaba del día juntos, uno al lado del otro en la cama.

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