"Si regreso ahora... más adelante no podré irme."
-by Tom
Después que Marcus asegurara que mis sospechas eran ciertas con una sonrisa en los labios, fui directamente a un bar cercano, donde bebí unas cuantas botellas de licor. Sin importarme si alguna tragedia sucedía en el camino, subí a mi vehículo y le dí unas tres vueltas a la casa, sin detenerme; sin querer bajar y entrar a ver a Bill.
Veía nuestra vivienda... la que esperaba que fuera nuestra vivienda de manera melancólica y con cierto aire de tristeza.
Me cansé pronto de verla una y otra vez, imaginándome a mi chico... al que había resultado ser mi hermano llorando en la cama, con el corazón destrozado... si es que ya lo sabía.
Me dirigí a casa de Andreas. El muy maldito aún no llegaba de su "viaje de negocios". Caminé a la cocina en silencio, atraído por los ruidos. -Shalala... shalala...- Ceci parecía distraída, preparando una ensalada; dándome la espalda. -¡Pero qué aburrición! ¿Dónde demonios se metió ese maldito chico? Se supone que después de haberse enterado...- suspiró. -...ya debería estar aquí.
-¿Enterarse de que todo éste tiempo se ha estado metiendo con su hermano?- mi voz la sobresaltó. Dió la vuelta, dejando caer al suelo parte de la ensalada.
-¡Tom!- palideció. Seguramente pensaba que iba a "hacerla pagar" por todo lo que le había causado a Bill.
-Supongo que el maldito del que hablas soy yo.- el alcohol comenzaba a a hacerme efecto. haciéndome ir de un lado al otro. -¿No?
-N-no.- tartamudeó. Comenzó a temblar al tiempo que me acercaba. -No hablaba d-de tí.
-Oh, vamos... sé que sí.- como no se movía, pude acercarme a ella entre tropiezos y encerrarla con mis brazos.
-En serio que no.- Retiró su rostro de mí. -No te esperaba...
-¿Y lo que dijiste?
-No era a tí a quien esperaba.- repitió.
-¿Sabes? Necesito a alguien que me haga olvidar las cosas.- regresó a verme fijamente. -Tú lo hacías bastante bien, ¿recuerdas?- sonreí, ocultando lo devastado que estaba por la noticia.
-Cuando me hacías caso... cuando era alguien para tí.
-Ahora te daré toda mi atención.- la besé.
-¿Qué pasará con tu novio?
-Él no importa.- volví a besarla.
-¿En serio?- asentí. -¿Por qué si antes lo protegías demasiado ahora dices que no te importa?
-Giros que dá la vida.- puse las manos en su cintura. Ella se dejaba hacer, como antes.
Sin más palabras de por medio... sin más preguntas, fui introduciendo las manos por debajo de su ropa, paseándolas por su espalda, invitándola a que ella colocara las suyas por detras de mi nuca.
La ropa fue cayendo poco a poco, perdiéndoce en las orillas de la mesa; los movimientos de nuestros cuerpos hicieron de lado el recipiente en el que estaba preparando la ensalada, desparramándola por el suelo.
-Mmm... Tom... extrañaba ésto.- no le respondí. Desviaba la mirada de su rostro para que en algún descuido no se diera cuenta de lo que estaba pasando.
Abrió un poco más sus piernas, invitándome a violar su intimidad. Cerré los ojos al tiempo que su cara se perdía en mi cuello y mi miembro se introducía en su interior.
Sus gemidos inundaban mi mente, confundiéndolos a veces con la voz de Bill: nada tenían en común, pero aún así me recordaba a él.
Mantuve cerrados los ojos para no ver sus gestos, para no ver nada... pero era inútil: la cara de Bill se dibujaba en mi mente; esos gestos al estar en su interior; las palabras que me decía... sus gemidos al correrme dentro de él... maldición, me hacía falta... mi cuerpo lo extrañaba demasiado.
-¡Tom!- el gritar mi nombre fue como la manera de sacarme del trance en el que estaba.
Reaccioné demasiado tarde: mi semilla ya escurría por sus piernas. -Olvidaste la protección.
-Para eso existe la pastilla de emrgencia. ¿Nunca escuchaste de ella?- sonrió de lado. -¿Qué?
-Ya hablas como el de antes.
-¿Y eos te gusta?
-Me encanta.- se puso de pie y comenzó a recoger la ropa. -Si eres el de antes, quiere decir que ya podré tenerte de nuevo.
-Ni que fuera de tu propiedad.
-No, pero soy la favorita de tu harem, ¿qué no?
-No. Sólo eres una golfa más...- me dió una cachetada. Yo reí. -¿Ahora te enfadas? Sabes que es la verdad.
-Eso no es cierto. Soy algo serio para tí... ¡Tú eres mío!
-¡Yo no soy de nadie!- la tomé de la muñeca con coraje. -¿Entiendes? ¡De nadie!- la arrojé al suelo. -Que te quede bien claro, "primita".
Le dí la espalda. El que me diijera eso me recordó a él. "Tú llevas mis marcas en las muñecas, yo ya llevo tu nombre grabado en mi alma..."
Qué tonto fui al enamorarme de un chico idiota... de mi propio hermano gemelo...

o dios mio q pasara ahora cn bill... ya no aguanto sube otro cap please :)
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