lunes, 28 de marzo de 2011

Aislamiento

"¿Es que en verdad no lo entiendes? El amor no sólo es de hombre a mujer... ya no."
-by Tom

-Tienes que acostumbrarte, Tom: ahora eres de él.
-Recuerdo eso.- Bill sonrió, al igual que nosotros.
-¿En serio estás bien, nena?- la abrazó. Ella no respondió, sino que sólo bostezó, descansando su cabeza sobre el pecho de su hermano... de nuestro hermano.
-Será mejor que vayas a descansar, pequeña. Mañana supongo que hay cosas qué hacer.- Fantástico: ya sonaba como todo un hermano mayor.
-Sí,papá.- Dijo en tono fastidioso y divertido a la vez, haciéndolo reir y a mí, dejándome un poco... extraño. Jamás había actuado de esa manera con nadie. ¿Es que de verdad era tan débil... o blando y transparente con ellos?
Aún después de todo lo que había pasado, no podía creer que ellos podían regresarme todo lo que había perdido... o jamás había tenido en mi vida: valores, dignidad... amor.
-Ya, a dormir, nena.- se giró; besó la mejilla de Bill, para acrcarse en seguida a mí y hacer lo mismo, acompañada de un abrazo.
Por un momento me quedé con los brazos al costado de mi cuerpo, pero algo me impulsó a corresponderle.
-Hasta mañana, hermanitos.- se despegó de mí con una sonrisa y desapareció de la habitación.
-Será mejor... será mejor que yo...- inclusive su actitud para conmigo me dejaba todo idiota. -...que yo me...
-Tom.- Bill se acercó y me tomó de la mano.
-...que yo me vaya a acostar.
-Quédate.- le miré atento: su rostro estaba tranquilo... sereno... hermozo. -Por favor: quédate.
-Los chicos...
-Ellos no tiene qué saber que pasamos la noche juntos.Por favor, quédate.- me quedé callado, perdiéndome en sus ojos almendrados. -Quédate. Quiero abrazarte y estar seguro que no estoy soñando. Quiero escuchar el latir de tu corazón de nuevo.
-No puedo.- antes de que pudiese abrazarme, le tome de las muñecas, separándolo un poco. -No puedo. Lo siento.
-¿Por qué? ¿Es tan difícil pedirte que te quedes un poco más conmigo?
-Es que...- apreté los labios y entrelacé un poco más los dedos con los de él.
-Dímelo, anda.
-...tengo miedo.- dije bajo. Por primera vez en mi vida, era sincero y podía decirlo sin problemas.
-¿Miedo? ¿A qué?
-A lastimarte.
-¿Qué dices?
-Temo dañarte... de alguna manera: con mi tacto; con mis besos... con mis palabras. ¿Qué tal si te hago daño sin darme cuenta y te vuelvo a perder?- bajé la mirada.
Sus manos se acercaron hasta tocar mi rostro y levantarlo, obligándome a verlo a los ojos. Tú No me harás daño, Tom. Nunca me has perdido: siempre he estado aquí, a tu lado. He intentado alejarme de alguna manera... pero no puedo. Siempre termino regresando a tí.
-Bill...
-Tu tacto me quema, pero es agradable; puedes decirme lo que sea... cualquier mentira, cualquier cosa... y me lo creeré, sin hacer preguntas. Tus besos no pueden herirme, porque son lo más dulce en el mundo para mí. ¿Es que no entiendes que te amo y ya no me puedes hacer daño?
-¿Y tú no entiendes que puedo herirte más de lo que te imaginas? Eres delicado, Bill. No quiero ser yo quien termine rompiendo tan preciada obra de arte trabajada a base de porcelana... - se rió. -¿Qué?
-No sabía que podías ser tan poético.- me reí con él.
-En mi vida había sido tan cursi como ahora. Creo que es lo que provocas... pequeño.- se sonrojó. -Me encanta cuando te pones así.
-Me siento... no sé... como si en verdad estuviera "pequeño" cuando me llaman así... y me encatnta viniendo de tí.
Nuestros cuerpos se juntaron. Él pegó su frente con la mía. -¿En serio quieres que me quede contigo?
-En serio quiero que te quedes conmigo... por favor. Verás que no me vas a lastimar.
-Está bien, mientras sea sólo a dormir...
-¿Tom Trumper no quiere más que dormir hoy?- alzó la ceja.
-¿Qué?
-Nada. A dormir, entonces.- me jaló de la mano, llevándome a la cama.
-¿No te quitarás el maquillaje?
-Tienes razón. Ahora vuelvo.- se separó de mí un rato, regresando en seguida desmaquillado y sólo con una playera y su bóxer.
-Te veo diferente.
-e hice rastas y crecí un poco... nada más.
-No. Es otra cosa... te ves más... delgado.
-Oh... eso. Sí, supongo que si.- se tiró a un lado de mí, rodeándome con sus brazos y colocándoce sobre mi pecho.
-Estás muy delgado, Billi.- en verdad me preocupaba.
-No es nada, Tomi.- suspiró. Cerró los ojos, deseándome buenas noches.
Me le quedé viendo: se veía tan lindo... e inocente. En verdad parecía frágil y teía romperlo con algún mal movimiento.
Aprecié las facciones tan finas de su rostro: todo, todo sumamente lindo. Parecía el trabajo de unas manos expertas artesanas. Mi... mi hermano... mi hermano parecía irreal a mis ojos.
Un ángel... mi ángel.


Al día siguiente, Georg entró a la habitación sin siquiera tocar, levantándonos de una manera tan... molesta.
-¡Arriba, holgazanes!- corrió completamente la cortina. Yo entreabrí un ojo, molesto; Bill escondió su rostro en mi pecho.
-¡Idiota! ¿Qué quieres a éstas horas?
-¿Qué hora crees que es, Tom?
-No sé... pero es temprano. ¡Quiero dormir un poco más!
-Son más de las tres de la tarde.
-¿Y?
-Vamos. Tenemos que salir a conocer el lugar.
-No quiero.- tapé mi orstro con uno de mis brazos; Bill me aferró más a él.
-Geor: ¿podemos dormir un poco más? Por favor.- La voz aniñada de mi querido hermanito logró convencerlo un poco.
-Está bien... pero sólo porque tú me lo pides y eres más agradable que Tom.- se dirigió a la puerta. -Los epseramos en la recepción en una hora o nos vamos sin ustedes.
-YA, ya, Hagen. Deja dormir.
Sentí cómo Bill se removía un poco y se levantaba lentamente. -Ya, vamos, Tomi. Arriba.
-No quiero.- me giré, sin abrir los ojos.
-Vamos.
-No.
-Anda, levántate.
-No... no quiero.
-¡Arriba!- me tiró una almohada a la cabeza. Yo ni siquiera me molesté en responderle.
-¡¡¡No, no, no, no, no, no, no, no, no!!!
-De acuerdo, de acuerdo. Me iré a bañar y bajaré a desayunar algo, ¿sip?- se acercó de nuevo; besó mi frente y entró al baño.
En mi mente se dibujaba la imagen del cuerpo desnudo de Bill, empapado por las gotas de agua... tan deseable... tan exquisito... pero la pereza ganó y, en lugar de levantarme y alcanzarlo en la bañera, me quedé acostado, cubriendo mi rostro y durmiédnome en mis ilusiones.
-¡¡¡Tooooooooooooooooom!!!- Jenni saltó casi sobre mí, despertándome por completo.
-¡Mierda! ¿Qué nadie piensa dejarme completar mi sueño?- abrí lentamente los ojos: ella se sentó frente a mí, haciéndo pucheros.
-Primer día como mi hermano mayor y ya me gritas.- en verdad era cierto lo que había dicho la noche anterior: lo había superado por completo.
Me enderecé; tallé mi rostro y le sonreí lo más dulcemente posible. -Lo siento, nena. Es que sólo quiero dormir un poco más.
-Pues lamento decirte que no vas a poder dormir: iremos a concer el lugar.
-¿A, sí? ¿Quién ha sido el genio de la idea?
-¿Algún problema con salir un rato, Thomas?- Gustav se encontraba recargado en el marco de la puerta, serio... casi molesto.
-Buen día, Gus. Hallo, nena.- Bill salió de la ducha, con un conjunto negro. -¿Qué pasa, Gus?
-Nada. Apúrence que tenemos que aprovechar lo que resta del día.- dió media vuelta y se fue.
-¿Qué le pasa?- preguntó con inocencia.
-Aún no admite del todo lo que les dijeron ayer.- Jenni suspiró. Traté de hacerla sonreír un poco diciéndole que se le pasaría pronto.
-¡Ea! ¿_ya están listos o lo posponemos para mañana?- El castaño entró de nuevo al cuarto. -Ustedes, par de tórtolos, ¿ya?- parecía que a él no le importaba ada deésto. O era eso o simplemente lo aceptaba sin más. O quizás era un idiota que no comprendía las cosas.
-Ya vamos. Sólo me doy un baño rápido y listo.
-De acuerdo. Bill...- mientras le llamaba, Jenni bajó de la cama para situarce a su lado. -...¿Quieres bajar a desayunar o que lo traigan?
-Creo que bajaré. Te espero abajo, Tom.- se acercó. Iba a besarme, cuando él nos detuvo.
-No crean que les prohibiré hacerlo, pero por favor, no frente a mí... por ahora, ¿si? Una cosa es que les respete lo que tienen, pero dénme tiempo para hacerme a la idea de verlos así tan... tan...
-¿Cursis?- preguntó Billi.
-Acaramelados.- sonrió. Nosotros hicimos lo mismo. -Bien, nos vemos abajo, Tom.
Bill no hizo más que pasar su mano por mi rostro y bajó de la mano de nuestra hermana.
Georg ya lo estaba asimilando... sólo faltaba que Gustav no se disgustara con Bill. Yo podría vivir con su enojo sobre mí, pero no era justo que se enfadara con alguien que había llegado a ser como su hermano menor.

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